Poemas para las imágenes

Diego Felipe Rosete Sosa
 
   
 
 
La muerte tiene permiso. Imagen: Estefanía Huerta

 

Imagen de la tarde (I)

 

La tarde ha sido un fraude,

se ha llevado la luz de las ventanas,

se ha llevado a la abuela

que dormía como un canario en el balcón.

 

Ahora no sabemos qué hacer con su dentadura

ni con sus pesadillas que la hacían despertar de la muerte

como a un faraón egipcio,

y agitando con fuerza su bastón gritaba

que sus hijos iban a ser abuelos,

que sus nietos también serían abuelos

y que entonces el tiempo

se desquitaría con nosotros.

 

La abuela soñó a ser joven tantas veces

y perdía la cuenta –y volvía a contar-

porque la abuela fue buena en matemáticas

y en llevar a sus hijos por el camino recto

que a veces se torcía cuando se descuidaba

o alzaba la cabeza para hablar con Dios.

 

La abuela nos decía que sería como un viento,

que cuando se durmiera

ese viento rampante de la tarde

cargaría con ella entre sus garras.

 

Tan fue así que ahora las palomas

ni siquiera se atreven a acercarse al balcón.

 

 

 

 

 

Imagen del mar

 

Tú sabes muy bien que el mar es una ausencia

donde las semejanzas se diluyen,

donde los pasos –firmes o inseguros- se borran.

 

Alguien nos dijo algún día que el infinito era azul.

Entonces lo creímos –y lo seguimos creyendo.

 

Cercados por la intemperie, en esta

sucesión de transparencias,

el infinito acuoso nos dibuja.

Somos como la espuma que cabalga

en la cresta de la ola,

somos como los restos de una embarcación.

 

Náufragos de nuestra firmeza, nuestros cuerpos

avanzan lentamente

sobre la marejada de las horas.

 

 

Tú esperas recuperar la tierra de retorno.

Yo llevo ahogado más de veinte minutos.

 

 

 

 

 

 

Imagen del mundo (I)

 

No me gusta la muerte,

pero si hablo de ella

lo hago de manera lateral,

como burlando el tufo de su aliento,

como cambiando el hilo del discurso.

 

La tristeza es la carne arrinconada en el refri,

la carne que atesora el mausoleo

-la carne menos carne que puebla los cementerios-

Esa que ha sido polvo desde el principio del mundo

Y lo será –a pesar de los esfuerzos-

Como las nebulosas que palpitan a distancias lejanas

De la tierra.

 

Y hablando de la tierra

¿Alguien se ha dado cuenta de lo pequeña que es?

Cercada por el inmenso todo se diría

que para nada sirve,

se diría que solamente sirve

para jugar a las canicas.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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