Encrucijada sin salida

Editorial
 
   
 
 

 

El rumor de la insatisfacción es cada día más estruendoso en el cauce de la cotidianidad. La frustración y el desengaño visten con más fuerza el lenguaje de los artistas. Pasan las administraciones, circulan los funcionarios… y no hay avances. Incluso hay casos de retroceso… pero los artistas tampoco aciertan a diagnosticar los males… y menos administrar tratamientos.

 

La edición de libros algunos años tiene que ha disminuido sustancialmente en el sector oficialista; los escritores por convicción u obligadamente recurren con más asiduidad a la edición de sus libros con recursos propios, o a través de mecenas. Las imprentas públicas han enmudecido.

 

Las artes visuales se estremecen en sus hervores: aumenta sustancialmente el número de pintores, grabadores, fotógrafos… pero en correspondencia inversamente proporcional el número y disponibilidad de espacios para exhibición decrece, disminuye… cae.

 

Tebac y Tipav como viejas fábricas perfectamente engranadas arrojan hornadas y hornadas de nóveles artistas a los polvosos caminos del mundillo cultural tlaxcalteca. Y todo lo encuentra enmohecido, degradado, reducido. Un enorme cuello de botella amenaza estallar.

 

Los caminos de la danza son transitados casi en exclusiva por el folclor… y eso refugiado fundamentalmente en las escuelas; los particulares son muy pocos, aunque de buena factura. Lo contemporáneo y lo clásico está relegado a uno o dos espacios sagrados… Y ningún tipo de danza tiene espacio en la programación oficial. La danza no existe para las instituciones.

 

El teatro permanecía casi aletargado en las catacumbas de los espacios públicos… hasta que un año el jurado de la muestra estatal determinó declararla desierta por falta de calidad, pero no sucedió así por la intervención del titular del ITC. Pero en la siguiente muestra estatal no pudo evitarse: el nuevo jurado la declaró desierta… y ahí ardieron los fuegos del infierno.

 

Y sucedió reunión tras reunión. Los teatreros rebeldes primero pusieron una vista amplia y envolvente en la infraestructura, en los programas, en la capacitación y en la muestra. Quería reformar todo… pero paulatinamente y debido al acercamiento de los operadores con el ITC, el movimiento se redujo, los horizontes se achicaron… y perdió aceptación. Como una sangría imparable poco a poco los teatristas se fueron alejando de los operadores… hasta dejarlo descobijado. Pero aun así este comité ha organizado las tres muestras más recientes, pero bajo un esquema reducido en extremo. Todo lo quieren meter en un vaso… y el agua se derrama.

 

El cambio de administración estatal esparció, por sí solo, sin ningún elemento de motivación real, un hálito de esperanza. Y alrededor de 50 artistas de varias disciplinas sostuvieron diversas reuniones al amanecer del año que corre. Querían aprovechar la coyuntura e incidir, dijeron, en la conformación de las políticas públicas. Y el resultado de estas reuniones lo hicieron público ellos mismos: propusieron que dos artistas: Carol Espíndola y Rafael García Cázares, ingresaran al cuerpo consultivo del ITC. Las varias reuniones de tanta gente tan enterada de la situación gremial resultó en más burocracia, más gente en nómina. ¿Y esa mayor burocracia para hacer qué? No lo sabían, confesaron, pero algo harían –prometieron- desde los intestinos del aparato de gobierno.

 

¡Y no quedaron!

 

Ahora en día de muertos se levantaron los teatristas de su tumba y realizaron una jornada de protesta, de llamado de atención, de desesperación.

 

Más de diez grupos de teatro y uno de danza lanzaron al aire su impotencia. Gritaron su ansia alrededor del zócalo capitalino y por la tarde presentaron funciones en varios foros. Todo lo que quieren, así lo dijeron, es que se les asigne espacio para dos carteleras. Su grito se desgranó en ¡dos mamparas!

 

Sí, también dejaron ver su desencanto ante la organización de las muestras. Y por la ausencia de programas y acciones para profesionalizar al gremio de teatro. Pero el día de muerto gritaron para pedir ¡dos mamparas!

 

La situación de las artes en Tlaxcala es, lo dicen casi todos los artistas, desesperante. Y no hay visos de mejoría. Antes, el temor es que la situación agrave ante la ausencia de recursos, de presupuestos, de programas, de intenciones.

 

El Festival Internacional de Títeres es año con año más delgado. La escuela de títeres Mireya Cueto está parada y nadie sabe si se reabrirá…

 

Pero los artistas tampoco encuentran el hilo. No hay, cuando menos visiblemente, una propuesta honda, acabada, general y viable que englobe las carencias de todos, les proporcione solución y reencauce el fluir armónico y esplendente de las artes en Tlaxcala.

 

Nadie ha presentado públicamente la dosis precisa del medicamento indicado.

 

¡Ni funcionarios ni artistas!

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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