Confirma el Festival de Títeres
Rosete Aranda su gravedad

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Desde España, Zipit Company en el teatro Xicohténcatl

 

El recuento oficial es alegre, pero hasta el delirio. En los hechos el Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda mantiene inalterable su descenso. Este año hubo afluencia de público, después de 32 ediciones tiene ya su público cautivo, pero hoy sólo se cubrió la mitad de los municipios de Tlaxcala (en su mayor esplendor el festival llegó a la totalidad de municipios), no hay actividades paralelas, la calidad de los montajes no es la que antaño podía apreciarse en los participantes y sólo dos agrupaciones locales se programaron.

 

Sí, el festival tocó otros estados pero fue una decisión federal, una manera de apoyar a las entidades afectadas recientemente por los sismos de septiembre: Oaxaca, Puebla, Morelos, Guerrero, Estado de México, Hidalgo y la Ciudad de México. Fue un acto solidario, más que por la calidad misma del festival, puesto que en las tres más recientes ediciones, la segunda mitad de la administración de Zarur y de Willebaldo Herrera en el ITC, no hubo un sólo estado que solicitara una extensión.

 

Sí, el público acudió a las salas, pero la calidad promedio de los montajes estuvo muy, pero muy alejada de anteriores festivales. Casos sobresalientes de compañías que no ofrecieron lo que de ellos se esperaba fue Zipit Company, grupo español que presentó un espectáculo muy disminuido al que promociona. Los chilangos de “Marionetas del abuelo”, otro ejemplo, ofreció un trabajo elemental en técnica, elemental en diseño, elemental en la adaptación… inmerecedor del festival. Los chilenos de “Moviendo hilos” si bien no bajaron tanto, su camino tampoco los exaltaba.

 

En general, el promedio fue un festival cuya calidad experimentó un descenso. Pero no todo fue así. Llegaron también al escenario propuestas novedosas y con cierto riesgo asumido: Carlos Converso y el Teatro de hojalatería y catástrofe con un trabajo llamativo desde su mismo nombre: La espantosa y marginal vida de Godzilla.

 

Vía Converso y el Teatro de hojalatería el festival vio un trabajo no para niños donde se mezclaron títeres de guante, de sombras, efectos de luz pero sobre todo un libreto mordaz, satírico, que tocó temas como Donald Trump y los disparates, la migración y la explotación, “el monstruo del neoliberalismo”. Converso confirmó su experiencia y conocimiento.

 

Mención especial merecen las carpas. Su trabajo quedó ya relegado en el tiempo. Técnicas de hilo y manipulación rígida, acartonada. Temáticas anquilosadas como la consabida y desgastada corrida de toros. Incluso se suspendieron funciones por falta de público, como le pasó a la Carpa de Madera en Chiautempan. Las carpas son un valioso, imprescindible, ejemplar de museo, pero distan mucho de ser ya un producto atractivo, vendible, hoy en día.

 

Tuvieron lugar dos ceremonias de hermanamiento del Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda, una con el festival de títeres de Zacatecas y otra con el festival de títeres Nortíteres, de Sinaloa. Posibilidades ambas que pueden rendir buenos frutos para todos los firmantes, pero los resultados no llegarán al influjo sólo del documento. El éxito llegará con base en una planeación cimentada en amplitud de miras, en una curaduría inteligente, intencionada, ambiciosa. Sólo así. El tiempo permitirá medir su verdadero alcance.

 

Necesario es impulsar, después de 32 festivales, a los grupos tlaxcaltecas, lo que se ve difícil después de la inmovilización de la Escuela de Títeres Mireya Cueto, proyecto que tenía puesta la mira en la profesionalización de los titiriteros, en su capacitación, en la construcción, en el impulso a la imaginación… Ejemplos hay de su buen impacto: Kokonetes y su montaje El sótano, o Aliados Teatro y “De cómo se salvó Wang Fo”. El camino está abierto y la dirección señalada, pero las instituciones se niegan a avanzar.

 

El director del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura (ITC), Juan Antonio González Necoechea, clausuró el Festival Internacional de Títeres con un primero y alborozado corte de caja: en 15 días de festival tuvieron lugar 278 actividades a las que asistieron 72 mil personas fuera y dentro del estado, lo que da un promedio de 259 asistentes por evento.

 

Y la cereza del pastel fue la nominación de Armando Rosete Rivera para recibir la presea “Rosete Aranda”, destinada para reconocer el trabajo de ilustres titiriteros, investigadores, difusores y en general a quien con su trabajo haya hecho grandes aportaciones al arte de los títeres en el mundo.

 

¿Armando Rosete?

 

Rosete no es titiritero, no hace investigación, no escribe libretos, no es docente, no… nada. Armando Rosete Rivera no tiene ningún antecedente que justifique la medalla. Sus predecesores fueron angulares titiriteros, pero él seleccionó otro camino… y está en su derecho. Pero los títeres estaban fuera de su vida.

 

¿Hay mejor prueba de que al festival le urge cirugía mayor?

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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