Aún pendiente que Lira
sea referente de lectura

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Al centro, Olimpia Guevara

 

El más importante escritor tlaxcalteca no alcanza aún el estatus que debe ocupar: ser un referente de lectura. Es urgente, sobre todo en época de masificación, enraizar nuestra cultura y Miguel N. Lira es el vehículo idóneo para anclarnos y no ser arrastrados por el alud unificador mundial. Miguel N. Lira debe ser más que sala de cine o biblioteca. O que sólo se le vincule con La Escondida y por lo tanto, con la primera actriz María Félix, que la protagonizó.

 

María Andrea Olimpia Guevara Hernández se extiende ante el nutrido público que satura el patio habilitado como foro del Museo Miguel N. Lira (¿dónde más?). Ese día ella, la diligente catedrática universitaria, la nerviosa investigadora académica, la cosquilleante difusora cultural, ella es el centro de la atención: el aparato oficial del sector cultural le rinde homenaje.

 

Y ella no dilapida la coyuntura. Se dirige directamente a Juan Antonio González Necoechea, director general del Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC), abutacado en primera fila y frente a ella: “Su paso por esta instancia es decisiva para que las artes avancen en Tlaxcala. Confío plenamente en su capacidad de trabajo (…), de gestión y también en su voluntad para que los escritores clásicos de Tlaxcala sean conocidos y reconocidos a través de su obra pues son, ellos, la tradición que da sentido a una historia literaria que aún falta por escribir y ahora se está continuando a quienes también se les apoya a través del instituto de cultura”.

 

Flotaba en el ambiente el 112 aniversario del nacimiento del poeta insigne de Tlaxcala, un 14 de octubre de 1905, motivo de la reunión y marco para el reconocimiento del oficialismo a Olimpia. Y la profesora sitiada por el muro de alumnos festinó la creación del Museo Miguel N. Lira, cuya creación fue “uno de los aciertos de un sexenio”, así, sin mayor precisión. Y recriminó también la fugaz existencia de la presea Miguel N. Lira, “la cual sólo se entregó en los primeros tres o cuatro años”.

 

Y el rescate de la presea, la ampliación y profundización del impacto del museo y el redimensionamiento del poeta, todo, se lo encargó a Necoechea, “por eso me parece crucial que esté al frente del ITC en estos momentos”.

 

Olimpia Guevara enlistó entonces a quienes han hurgado en la vida y obra de Lira: No soy ni la primera ni la última pues antes han tutelado esta empresa Alfredo Morales, Jeanine Gaucher Morales y Raúl Arreola Cortés, todos ellos no tlaxcaltecas. Y contemporáneos al mío están los nombres de mujeres como Mari Chumacero y su Huitzitzillin, Guadalupe Alemán y sus representaciones dramáticas de la obra de Lira, Citlalli Xochitiotzin como editora de varias obras de ella, Micaela Morales con una tesis de licenciatura dirigida por mí sobre Miguel N. Lira; Rocío Juárez y Pita Flores haciendo de Lira un escritor en la vida de escuelas contemporáneas. Y varones como Rafael García Sánchez, Jaime Ferrer, Efrén Minero, lista en la cual seguramente faltan muchos y se seguirán sumando más.

 

“A todos los que me acompañan, espero que ahora entiendan un poquito más por qué les he escatimado tiempo para la convivencia, pero Lira, les confieso, me enamoró desde la primera lectura y más cuando empecé a conocer parte de su filosofía de la vida, con la cual coincido al tener en parte la fe bien puesta en la cultura de un pueblo, como detonador del desarrollo social y evolución humana. He llegado a bromear, sobre todo con Carmina (Toriz Lira, nieta de Miguel N. Lira) que me hubiera hecho su novia de haberlo conocido en su juventud. Y en esta broma está el profundo afecto que le tengo a la familia Lira y a un escritor que ha sido, para Tlaxcala y para mí, una referencia poética perdurable, digna y siempre, siempre muy querida”.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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