Solidificó el festival de la resistencia

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Escena del grupo Contigo América en La Libertad

 

La consigna circuló profusamente: resistencia... resistencia… resistencia. Y todos la siguieron, y aunque nunca fue verbal, nadie lo dijo, sí estaba en el ánimo de todos. Fue el festival de la terquedad, de la necesidad de hacer arte pese a los desdenes institucionales, contra la minusvaloración del trabajo artístico y de su trascendencia.

 

El Festival Internacional de Artes Escénicas Tlaxcala Cuna del Teatro (Cunafest) tuvo este 2017 todo en contra… pero…

 

Desde el amanecer del año la actividad cultural toda recibió el aviso de la falta de recursos… y a la organización del Cunafest se le confirmó que no tendrían presupuesto. Se lamentaron, recularon y se escondieron. Pero súbitamente el espíritu, el coraje, el carácter emergió y en los últimos 15 días de noviembre el comité organizador se decidió, planeó, convocó y se lanzó de cabeza al festival, que se llevó a cabo los tres primeros días de diciembre.

 

Y todo fue colaboración. Todo solidaridad. Todo empuje…

 

Patrocinadores, muy pocos, sirvieron para ofrecer una conferencia de prensa previa. Alguna publicidad sólo mediante mecenas. Pocos impresos auspiciados por benefactores… y todos los grupos participantes sin excepción lo hicieron desinteresadamente.

 

El centro cultural La Libertad, en Apizaco, fue el único foro. No hubo dinero para sufragar otras sedes.

 

Alberto Palmero y Titirisol abrieron el festival con su espectáculo de títeres, un ejemplo de experiencia y de solvencia técnica y conceptual en un montaje para niñas y niños.

 

Esta preinauguración contó también con un viaje sideral del alma del festival, Gloria Miravete, el alma del festival, montó un tour de forcé: la tigresa y el chivito, una fábula con sus buenos deseos, sus buenas enseñanzas y sus buenos momentos.

 

La inauguración fue una declaración de principios: el rescate, en primer lugar, del festival. Así, desposeídos y apartados, fijaron posturas: el teatro, el arte todo, está fuera de toda decisión política. El arte es esencia del pueblo, de Tlaxcala, de Apizaco y de La Libertad… y declararon inaugurado el festival.

 

Y llegó el público, poco todavía ante la falta de publicidad. Y llegaron los medios de información, pocos porque no había orden oficial, pero dos sí estuvieron. Y llegaron los representantes: del secretario de Educación, aunque no haya abierto la propuesta dormida meses sobre su escritorio; del titular del ITC, aunque haya cerrado la llave del presupuesto; del presidente municipal de Apizaco, aunque faltara a su responsabilidad como miembro del consejo de administración del fideicomiso. No hubo apoyo (bueno, algunas migajas soltó el ayuntamiento y el ITC ofreció otras que no se han liberado), pero al momento de la fotografía todos adoptaron pose. Buscaban medallas ajenas.

 

Consumada la inauguración, Contigo América, un grupo de emigrados uruguayos avecindados en México desde años, atrás habló de algo tan nuestro, tan mexicano, tan latinoamericano: el hambre.

 

Y fue también un interesante ejercicio de cambio de roles, ya que un personaje femenino fue interpretado por un hombre, en tanto que otro personaje masculino fue interpretado por una mujer. Limpieza y ritmo en esta pieza dramática.

 

El segundo día de festival marcó el regreso del hijo pródigo: José Luis Pérez Hernández, el “guicho”, quien llevó su montaje ganador del programa nacional de teatro escolar el año pasado para Tlaxcala: “El viaje de Ulises”, una obra infantil.

 

De Michoacán el Teatro de Acumulación de Objetos y Estorbos montó “Memorias domésticas de Marquitos Lambert”, curioso e imaginativo soliloquio semi enterrado en títeres, trebejos y una casita.

 

La tarde cambió. Se tornó más fría pero sobre el escenario de La Libertad el calor subió. La compañía de danza contemporánea de Rosa Romero mostró un avance de la coreografía en creación. Un trabajo sencillo y sin grandes expectativas pues se trata de bailarines nuevos que aún deben consolidarse… y Rosa Romero bailó. Pausada, con una gran economía de movimientos, paseó por el escenario su experiencia, su sensibilidad… su clase.

 

Llegó el turno de “Leche de gato”, no el montaje ganador de la reciente muestra estatal de teatro. Se trató de un grupo reciente, mucho urdido en la Universidad Veracruzana. Caminito Teatro es dirigido por la apizaquense Ana Laura Lima y su “Leche de gato” es un trabajo sencillo, sin aspavientos pero con dos muy buenas actuaciones que dan brillo al montaje.

 

Cerró la fría noche con un trabajo que tiene en este momento la beca Pecdat. “La misa del gallo” es conducida por un director Jonathan Muñoz que, como lo hizo en su anterior trabajo escénico, “Ni princesas ni esclavas”, mete en una licuadora dos o tres temas, lo lanza sobre el público y que cada quien agarre lo que pueda.

 

El tercer día del festival registró ya importantes afluencias de público. La primera sesión de la jornada fue para Bacanda Teatro, el grupo teatral del Cobat de Ixtenco y ligadito siguió otro ejercicio escénico de los alumnos de Tlaloque, el grupo de casa. Dos presentaciones buenas para que los bisoños actores controlen el miedo escénico y empiecen a agarrar tablas.

 

La decoloración de la tarde tomó sobre el escenario del patio de La Libertad a Teatrubu, quien presentó un espectáculo de cabaret mordiente, como el frío crepuscular. Sorna, crítica y albures agrietaron la solemnidad del recinto.

 

El broche de oro, así se dijo, fue para el grupo de rock español Bosco y su espectáculo “El mosto de la vida”, pasable trabajo que trató, con algunas lecturas y otros juegos, de disfrazar un concierto de rock de mediana monta en un acto artístico. Pero hubo gritos y más gritos.

 

El Festival Internacional de Artes Escénicas Tlaxcala Cuna del Teatro fue una demostración de obstinación, de terquedad.

 

No hay dinero o no lo liberan, no hay recursos, no hay apoyos oficiales… pero se puede… si se quiere…

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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