Frondosa, la rama del arte
indígena contemporáneo

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

 

El arte indígena contemporáneo se desarrolla y se extiende hoy en una exuberante fronda de visiones, pulsiones y técnicas. El espectro de arte autóctono oscila entre las expresiones que lindan ya con lo urbano, hasta aquellas que nacen y crecen en las comunidades más apartadas. El arte indígena es multifacético… como todo México.

 

La investigadora Ingrid Suckaer ha invertido mucho de su tiempo en adentrarse a las venas de ese México que tercamente se mantiene en su ruta y su sino como guardas de las identidades, y de ello rinde cuenta esta ocasión en la Jornada de Muralismo Mexicano que el Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC) organizó en noviembre reciente:

 

El arte indígena contemporáneo mexicano –afirma- tiene diferentes aspectos que lo mueven. Quizá entre las experiencias más polémicas e incisivas a su parecer estén “Tlakolulocos”, una propuesta muralista y de grafiti gestada por dos hermanos en Tlacolula, Oaxaca, que camina en el borde de lo tradicional, por un lado, y lo vanguardista, por otro. Pero también está el lado contrario del espejo, que sería Juana López López, artista tzotzil que prácticamente no habla español. La representa una religiosa, Carlota Duarte, quien además de monja es una artista visual que tiene, desde hace muchos años, un proyecto colectivo de fotografía que está encaminado directamente a mujeres tzotziles.

 

“Con ese proyecto hizo una carpeta con alrededor de cien fotógrafas tzotziles. Es una carpeta hermosa que se encuentra en las colecciones más importantes de fotografía a nivel internacional”.

 

Y como deseo personal –continúa- Juana quisiera hacer retratos, pero el pueblo Chamula tiene completamente prohibido tomar retratos, puesto que creen firmemente que el retratado pierde el alma si se le toma una fotografía. Y esto llega al punto de que si Juana tomara fotografías de algún poblador de Chamula, sería expulsada de la comunidad.

 

Entonces Juana hace un ensayo visual bastante grande donde va sacando fotografías de las sombras de las personas.

 

Estos son los contrastes: Tlakolulocos con todo este discurso abierto, combativo, muy firme en su postura como indígena, teniendo muy claro que son discriminados y desde esa marginalidad en la que han vivido, responden con esta obra de excelente calidad que incluso ya está presente en la biblioteca pública de Los Ángeles, California.

 

La contraparte sería Juana López López, pero hay también muchos otros artistas indígenas que están haciendo arte contemporáneo, quienes para empezar tiene la claridad de que les interesa asumirse públicamente como indígenas.

 

“Tlakolulocos”, en cambio, está señalando algo que está sucediendo entre las jóvenes indígenas de Tlacolula: el alarmante y elevado nivel de alcoholismo entras las jóvenes lugareñas que si bien aún no desemboca en violencia, no debe dejar de combatirse.

 

Tlakolulocos es una suerte de indígenas semi urbanos, mientras que Juana sí es una campesina.

 

Ingrid Suckaer recalca que el arte indígena mexicano tiene muchas particularidades. Cada artista responde a dinámicas muy distintas. Hay artistas indígenas que han tenido estudios en Estados Unidos, en Canadá… y su mundo es como esta relación académica. Otra artista, Patricia Martín, que estudió en La Sorbona y estudió otra especialidad en España… en fin.

 

Hay artistas –concluye- que podemos decir que viven en una situación de marginación, como Juana López López, que es una marginación de falta de educación, prácticamente nulo conocimiento del idioma español, a la parte contraria que sería gente como Patricia Martín que habla cuatro idiomas.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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