E. E. Cummings, poeta antipopular

Piedra de Toque
 
   
 
 

 

Resulta interesante comprobar que no ha decrecido el interés por la obra de E. E. Cummings, pese a las dificultades formales que encierra o, quizás, precisamente en virtud de tales dificultades. La poesía de Cummings ha sido y sigue constituyendo una tentación para los traductores, que ven en ella una suma de apasionantes experiencias, susceptibles de ser compartidas mediante su trasvase a otras lenguas.

 

Paradójicamente, la popularidad de este poeta tiene su raíz en un total antipopularismo. Jamás pretendió hacer concesiones: su rebeldía ante toda posible concesión a la facilidad lo convirtió en un ser numinoso, envuelto en el misterio de sus oscuras fórmulas, cuyas incógnitas, una vez despejadas, engendran un placer parecido al de la resolución de un problema matemático.

 

Con cuanto acabo de decir, podría pensarse que la poesía de Cummings no rebasa los límites estrechos del esfuerzo formal, evaporándose al ser descifrada, sin dejarnos entre las manos algo que no sea un cúmulo de frases descoyuntadas, de palabras rotas, de letras perdidas. Se equivocaría quien no viera más que eso en la poesía de Cummings. Su lucha a brazo partido con el lenguaje no es, por supuesto, como en los poetas barrocos, un afán por conseguir la belleza, a base de ejercicios con el lenguaje mismo, sino, más bien, un esfuerzo denodado por hallar la propia expresión íntima, demostrando al lector la difícil transferibilidad de la experiencia poética.

 

Jamás quiso Cummings ser conocido extensivamente, sino serlo en profundidad, tal como proclamaba Plinio el Joven: «Nescio que pacto magis homines iuuat gloria lata quam magna». Este conocimiento hondo lo suscita el poeta precisamente a base de dificultades que debe salvar el lector.

 

 

 

 

 

1

mi amor

tus cabellos son reino

    cuyo rey es lo oscuro

tu frente es un vuelo de flores

 

tu cabeza es bosque vivo

     lleno de pájaros que duermen

tus senos enjambres de abejas blancas

     sobre la rama de tu cuerpo

tu cuerpo para mí es abril

en cuyas axilas está la aproximación de la primavera

 

tus muslos son caballos blancos atados a una carroza

    de reyes

                   de reyes

son el toque de un buen juglar

entre ellos hay siempre un dulce canto

 

mi amor

tu cabeza es un estuche

para la fresca joya de tu mente

en tu cabeza el pelo es un guerrero

     que ignora la derrota

tu cabello en tu espalda es un ejército

     con victoria y trompetas

 

tus piernas son los árboles del sueño

cuyo fruto es el verdadero alimento del olvido

son sátrapas de púrpura tus labios

     cuyos besos ensamblan a los reyes

tus pulsos

son sagrados

     custodios de las llaves de tu sangre

tus pies en tus tobillos como flores en vasos

de plata

tu belleza es dilema de las flautas

tus ojos son perfidia

de campanas metidas entre incienso

 

 

 

 

 

2

la luna se oculta en

sus cabellos

El

lirio

del cielo

colmado de sueños,

se desploma.

 

cubre su brevedad en el canto

encierra en redes pájaros desmayados

por margaritas y crepúsculos

La ahonda,

 

declama

sobre su

cuerpo

de la lluvia

 

esparcido murmullo.

 

 

 

 

 

5

quiero mi cuerpo cuando está con tu

cuerpo. Es algo tan nuevo.

Los músculos mejor y aún más los nervios.

quiero tu cuerpo, quiero lo que hace,

quiero sus modos, quiero el tacto de su espina

dorsal, sus huesos y la palpitante

lisura-fiel que he de

otra vez otra y otra

besar, quiero besarte aquí y allí,

quiero, lentamente palpar, rozar el vello

de tu eléctrica piel, y aquel que nace

sobre la hendida carne… Y ojos grandes migas de amor,

 

y tal vez quiero el estremecimiento

 

bajo de mí de ti tan nueva

 

 

 

 

 

6

Señora del Silencio

de la dulce jaula de

tu cuerpo

se alzó

      en la sensitiva

noche

un

pájaro veloz

 

(tierra sobre

el prodigioso rostro de lo oscuro

tu

voz

       extiende alas colmadas de

perfume

escoltando de pronto

con soleados

pies

 

la punzante belleza de la aurora)

 

 

 

 

 

12

desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo

 

cercado en el enredo de tus brazos hasta

una oscuridad donde nuevas lucen nacen y

crecen,

hace tiempo tu ánimo ha entrado en

mi beso como un extranjero

en las calles y colores de una ciudad—

 

que tal vez he olvidado

cómo, siempre (con

qué apresurada crudeza

de sangre y carne) Amor

acuña Su más gradual gesto,

 

y aguza vida a eternidad

 

—después nuestras mitades separadas llegarán a ser museos

repletos de memorias bien colmadas

 

 

 

 

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