La oscuridad de la luz

Editorial
 
   
 
 

 

Profundamente ilustrativa fue la reunión nacional de cultura efectuada en la capital tlaxcalteca apenas el mes reciente. Hay ahora elementos para entender por qué el sector cultural oficial camina a tropezones. Es posible ahora comprender por qué programas tan estruendosamente lanzados, como el de rescate de la gastronomía mexicana, o aquel otro de apoyo a proyectos culturales implementado en el segundo año de la administración peñista, agonizan ahora en el olvido.

 

Nada… nada… ¡nada!...

 

Reunidas en pleno las infraestructuras oficiales estatales y federal en el sector, se trataba de una ocasión invaluable para entender las maneras en que la reciente Ley General de Cultura y Derechos Culturales impactará todas las actividades, porque lo hará aunque no en la misma magnitud ni en el mismo tiempo. La reunión era momento para revisar y rediseñar las estrategias con alcance verdaderamente nacional, como las becas, los apoyos a festivales, la reingeniería de los estímulos a la actividad artesanal, la relación de la cultura con la educación, el turismo, la producción… con la sociedad. El internet, las redes sociales y las nuevas formas de comunicar y de hacer arte… y la temática puede crecer.

 

Pero no, como alguien que no se conoce, que nunca se ha visto y que no sabe del otro, todos, casi sin excepción, destinaron sus cinco minutos de tiempo –porque si bien fueron dos días también fueron muchos los hablantes- para presentarse bajo un esquema casi idéntico: "yo soy esto y estoy haciendo esto, muchas gracias...". Y eso que están haciendo o se trató de un programa muy local que ellos autocalifican como ejemplar, o fue la construcción de un espacio físico para las artes en su territorio, que también autocalifican como virtuoso.

 

Y la actitud fue igual en funcionarios estatales como en federales.

 

Sí, algunos recuentos de daños por los sismos, algunas cifras estadísticas sobre el comportamiento de la producción cinematográfica nacional y sus públicos… algunas cosas. Pero todos fueron momentos demasiado cortos, fugaces y descontextualizados.

 

Las siete mesas de análisis diseñadas para la reunión, tenían temáticas de suyo atrayentes, capaces de despertar expectativas: México y su riqueza cultural; Desafío de las instituciones estatales de cultura; Cultura, un derecho con libertad, dividida en los subtemas Rutas y horizontes para la creación; exploradores de las artes: universos de creación y El libro, la lectura y la era digital.

 

El cuarto terma fue Desarrollo cultural con sentido social, subdividido en Cultura: espejo de multiplicidad; México, cultura de culturas; Cultura para la armonía. El quinto terma abordó Recuperación del patrimonio cultural. Sexto tema: Cultura y conocimiento, que descansó en dos vertientes: Educar para la libertad y la creatividad, así como Sociedad digital: cine y cultura audiovisual.

 

El séptimo tema se enfocó a México para el mundo, subdividido en dos vías: Patrimonio cultural, raíz y mirada al futuro, además de Diálogo cultural de México con el mundo.

 

Pero no. Salvo una o dos, las 61 intervenciones programadas tomaron el rumbo que quisieron, que fue hablar de lo suyo, y la temática prevista se fue al infierno… ¿o al cielo?

 

Sí, hubo negociaciones en corto pues como un gran tianguis cultural, se dispuso de una serie de cubículos alineados para cada oficina federal, en donde de manera individual cada titular de cultura estatal pudo regatear y negociar acuerdos.

 

Años habían pasado desde la anterior reunión y la siguiente sería a fines de este año… ¿pero para qué?

 

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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