Una reivindicación de Miguel N. Lira

Olimpia Guevara Hernández
 
   
 
 
Vista superior actual de la parroquia de San José, en Tlaxcala

 

Qué hacer con Miguel N. Lira después de tantos años en el olvido, en la sombra, a la luz de otros escritores como Los Contemporáneos.

 

Es imposible dejar de percibir en Lira esa sombra que tuvieron Los Contemporáneos.

 

Para mí, entonces, Lira necesita, como lo he estado diciendo casi desde el inicio de mis primeros estudios, y más acentuadamente a partir de los últimos años, necesita una reivindicación por parte de sus coterráneos y de los críticos literarios.

 

Y creo que ahí ya tengo eco. Ya hay otros estudiosos de la literatura no sólo tlaxcalteca sino nacional, que han visto en Miguel N. Lira la posibilidad de un gran escritor que por múltiples circunstancias se quedó atrás de los otros.

 

Y nos toca a nosotros, en primera instancia, tener esa seguridad de por qué su obra tiene el valor que nosotros consideramos que tiene y que trascendió las fronteras de la geografía política tlaxcalteca… y lo seguirá haciendo, si pensamos que Miguel de Cervantes en su inicio no fue el gran escritor, por qué no pensar que el siglo XXIV también Miguel N. Lira estará en otras esferas.

 

¿De qué lo quisiera reivindicar?

 

Sobre todo en este mundo que ahora se nos plantea como el mundo que trabaja por la tolerancia, por la diversidad, pues ahí está Miguel N. Lira con su paisajismo provinciano. Y digo provinciano considerando que siempre tenemos esta visión del centro y de la provincia, una visión muy colonialista también sumamente menospreciable para los que desde la ciudad ven a la provincia, y creo que no es momento de mantener esa dicotomía de ciudad y provincia. Afortunadamente las circunstancias han cambiado mucho, pero falta que también nosotros cambiemos nuestra percepción.

 

Pensaba en cómo nuevamente Miguel N. Lira estaba en esta dinámica de un mundo distinto que pretende, normalmente, el desarrollo civilizatorio.

 

En una conferencia reciente sobre la ecocrítica, el tema hizo clic con lo que yo estaba pensando de Lira y que no le había puesto el título exacto de ecocrítica, pero por ahí va.

 

¿De qué trata la ecocrítica?

 

Es una nueva visión teórica que acerca la literatura con el paisaje, pero esta es una teoría anglosajona, por lo tanto no siempre válida para los estudios latinoamericanos ni para la literatura que producimos, porque para nosotros esta unión ha estado siempre presente. La naturaleza es algo intrínseco a nuestra forma de pensar.

 

Y es ahí donde me estaba dando vueltas el tema de Lira y esta reivindicación, juntándolo también con el día mundial de la lengua materna, que fue el 21 de febrero, porque esta obra “Donde crecen los tepozanes” Lira cita en un diálogo cómo ya no se les permite a los jóvenes tlaxcaltecas hablar en náhuatl. Tienen que hablar en castilla si quieren avanzar, si quieren dejar de ser esos provincianos. Es decir: hay la vergüenza pública por una lengua que ahora queremos reivindicar, que ya no sabemos cómo hacer para que ya no se pierda esa y muchas más, porque al perder una lengua no se pierde solamente un abecedario, un conjunto de fonemas, sino que perdemos realmente una visión del mundo y mientras más visiones del mundo vamos perdiendo, más homogeneizados estamos en cuanto a formas de visión, por tanto tendemos más a la discriminación y a otras más situaciones culturales que nos están llevando a lo que estamos viviendo.

 

Me parece, entonces, que a Miguel N. Lira hay que rescatarlo porque él, al hablar de la provincia, del paisaje de la provincia, de las tradiciones de la provincia, en esta dicotomía que para mí ya no es válida totalmente, también menciona de paso esta transición que la literatura mexicana está teniendo de los 40 a los 50, donde Los Contemporáneos tienen un papel fundamental. Ellos como cosmopolitas, Lira como el provinciano, Lira como el autor que sigue como en el atraso cultural, reflejando, recreando más bien, en su literatura lo que para los habitantes de la ciudad de México en ese momento y tal vez ahora mismo, ya no sea tan valioso. Es decir, si no hay ejes viales, si hay caminitos de tierra, si no hay capa de smog pareciera que estamos muy atrasados en cuanto a cultura y civilización.

 

Lira rescata estos paisajes y en esta literatura que hace entre los 30 y los 50 nos está hablando, yo diría de una manera muy visionaria y hasta apocalíptica de alguna forma, de lo que va a ser nuestra transición hacia la modernidad del país.

 

¿Qué hacer ahora? Bueno, a partir de este enfoque ecocrítico tenemos que dejar de ver el paisaje como el trasfondo, realmente para Lira el paisaje no es un escenario, es ahora algo que constituye nuestra propia visión de ser de este estado originario.

 

Y así nos va construyendo la casa materna, la escuela a la que fuimos, la amplitud o lo reducido de los patios, pero también el clima, lo sofocante que puede ser el calor. Él hablaba en “Itinerario hasta en Tacaná” del calor que sentía. Es algo constitutivo, no solamente a anexo.

 

La ecocrítica viene a fundamentar lo que los latinoamericanos hemos vivido desde siempre: la naturaleza como algo apabullante. No tenemos manera de dominarla del todo. Y hablo entonces del paisaje tlaxcalteca que Lira retoma de sus ríos, del cielo tlaxcalteca que pocas veces nos detenemos a ver. La flora, la fauna, las haciendas y hasta la gastronomía.

 

Por otra parte también el paisaje cultural. La ciudad contra el campo, una tradición que ya se venía trabajando en la literatura mexicana desde el siglo XVI, XVII y que en el XIX cobra total presencia en autores hispanoamericanos. El español contra el náhuatl. Cosmopolitismo contra la microhistoria local que nos cuenta Lira y que ahora, después de José Luis González y González, nos queda claro que tiene un valor tanto o más que el de la macrohistoria: siempre vemos a Cristóbal Colón o a Hernán Cortés muy puestos, pero ¿no iban al baño? ¿qué comían? ¿quién los atendía? La microhistoria realmente viene siendo la macrohistoria y en Lira podemos tener esa posibilidad.

 

También el pensamiento científico contra el pensamiento mágico. En México y en Latinoamérica en literatura puede llamarse realismo, hiperrealismo, absurdo, lo que quieran, pero tenemos otra forma de pensar, posiblemente para algunos menos valiosa que el pensamiento científico, pero nos ha funcionado muchos años. La ciencia es de lo más reciente en este planeta. Entonces ese pensamiento mágico presente habría que verlo con otros ojos en el siglo XXI, como Lira lo plantea en sus obras.

 

Otro aspecto que también está muy de moda, porque desgraciadamente a veces se trata de modas en nuestro país: modas sexenales, modas de trienio en el municipio, etcétera, es la condición de la mujer. Un buen estudio antropológico, psicológico de la mujer puede hacerse a partir de la mujer tlaxcalteca, puede hacerse a partir de las obras de Miguel N. Lira, donde los personajes femeninos están perfectamente trabajados en su sensibilidad.

 

Ahora que tanto hablamos de género y lo que estamos viendo y viviendo, al hablar de la condición de las mujeres en los años 30, 40 y 50, Miguel N. Lita está hablando de este machismo exacerbado de nuestra cultura mexicana.

 

Se anticipa, digo yo, al plantearnos los vertiginosos cambios de la cultura en favor de la urbe, de lo urbano, de lo científico, de lo cosmopolita en detrimento siempre de lo contrario, que es lo que vive el 90 por ciento de este país: la provincia, otro tipo de lenguas, otros pensamientos. Por tanto el abandono del campo, que nos está afectando a todos. El arraigo a la tradición cultural, a la tierra, también está en detrimento al darle ésta súper valoración a lo urbano.

 

Parafraseando a Ortega y Gasset, digo: Yo soy yo y mí circunstancia… y también mi paisaje, y mi clima, y mi orografía, y las lluvias que tengo al año y los temblores que siento… Y retomamos la frase original y con la ecocrítica y Miguel N. Lira visto con otros ojos y en la intención de redescubrirlo, de reivindicarlo, de no tratarlo como el bueno de una tradición nada más. Sí es el fundamento de una tradición tlaxcalteca que desafortunadamente no se ha podido continuar, pero, diría yo, también es el hombre y su paisaje. Y Miguel N. Lira nos entrega el paisaje tlaxcalteca poetizado y eso no cualquiera.

 

 

Nota: Versión extractada de la conferencia que la catedrática universitaria sustentó en el Museo Miguel N. Lira el 26 de febrero, en ocasión del LVII aniversario luctuoso del poeta tlaxcalteca

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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