Citlalli: El arte no es la
inmediatez de la vida

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

 

Sin proponérselo y tal vez sin querer, Citlalli H. Xochitiotzin dejó ver algunas esquinas de su visión del mundo, de su sensibilidad, de sus fijaciones.

 

En la presentación de su nuevo poemario “Fulgor de alimentos”, realizada en el museo Miguel N. Lira el primer día del recientemente sepultado febrero, para ganar tiempo en espera de la llegada de tres de los seis presentadores anunciados para el acto, y a despecho de quienes puntualmente ocupaban una silla desde las cinco de la tarde cuando debía iniciar el evento, tomó el micrófono media hora después de la cinco para calmar impaciencias y soltó reflexiones, recuerdos y algunos retazos filosóficos personales.

 

Trabajar como poeta en este país –confesó- es trabajar contra corriente, incluso hasta de uno mismo como ser humano. Pero trabajar la palabra, trabajar la poesía, trabajar el arte en este país urgido de espacios de luz, de espacios de honorabilidad, de valores es trabajar para crear humanidad, para crear lazos estrechos.

 

Obrera de la construcción poética desde 1973, Citlalli sustrajo de su memoria aquella lejana primera publicación de su obra realizada por una etérea Maricela Guarneros Chumacero, la huidiza promotora y pintora tlaxcalteca que se reguarda en las sombras.

 

Y recordó también sus primeras refriegas en el campo de batalla de la burocracia cultural: “Por insistencia de mi padre mandé mis poemas a un concurso en Tabasco… y resultaron ganadores. Pero de esas cosas que pasan a algunos poetas, que los poemas se esconden, pasaron los años y yo no me enteré hasta que mi amiga Maricela Guarneros compró uno de los primeros números de la revista Tierra Adentro y ahí se difundía el premio y quienes ganamos el premio… casi dos años después”.

 

Y la misma Maricela Guarneros provocó que empezara a considerar en su vida escribir como un oficio.

 

Ser escritor no es una carrera de una licenciatura, “afortunada y desafortunadamente. Desafortunadamente porque los contenidos de la creación no los encuentra uno en la academia. Ahí encuentra uno el rigor del conocimiento, encuentra uno el rigor de la tradición lingüística, de la literatura, pero el escritor se hace a través de un trabajo arduo en torno a los amigos, los talleres, los congresos, el rechazo, la no publicación, la publicación, los premios; salvar el alma de todas esas vicisitudes que tiene el entorno para dejar al espíritu volar”.

 

Y Citlalli aprendió años atrás que si quería dar un salto a otros niveles, tendría entonces que “entrar en las rutas de todas estas frecuentes” que ahora son parte de la cultura: formar parte de las microempresas, formar parte de los contadores, formar parte de los modos cambiarios del dólar, de los idiomas, de salir del país. Tener otra movilidad como escritor.

 

Aprendí –remarcó- una lección muy grande del gran Miguel N. Lira: Él, un gran personaje que ha dejado una huella profunda en Tlaxcala, a quien debemos que todas las instituciones de cultura en el estado sean lo que ahorita son. Quizá en su momento histórico él no alcanzó a ver la casa de la cultura, pero junto con el maestro Xochitiotzin soñaron en construir la casa de la cultura.

 

Reveló que en el acervo que tiene el Instituto Tlaxcalteca de Cultura, existen bajo inventario varios dibujos a tinta sobre la casa de cultura que ellos soñaban.

 

Además, la poeta hija del muralista apuntó que Lira y Xochitiotzin crearon la cátedra de Tlaxcala. “Llevaron a la dignificación todo ese discurso desagradable que predominaba contra los tlaxcaltecas después de la independencia”.

 

40 minutos después de la hora señalada para iniciar la presentación de “Fulgor de alimentos” y sólo estaban presentes tres de sus seis presentadores: Isolda Dosamantes, Porfirio Hernández y Carlos Blázquez.

 

¿Y Miraceti Jiménez?… ¿Y Yazmín Zárate?… ¿Y Patricio Lima?

 

El hilo se adelgazaba, tanto como el discurso introspectivo y distractor de Citlalli H. Xochitiotzin, pero continuó.

 

El arte –sentenció imperativa- es para trascender más allá de las fronteras. El arte no es la inmediatez de la vida. Se construye con lo más profundo del hombre y cuando el hombre no apuesta a eso, cuando el artista no apuesta a eso, la posmodernidad ha dado mucho en creer que nada más es el oficio. Y sí es el oficio con su preciosismo, pero tiene que estar más allá del sueño de lo humano, el sueño de la humanidad, el sueño de lo que nos permite mejores como comunidad, como historia, como país.

 

Durante el proceso de preparación para el acto que tenía lugar en se momento, la poeta estableció contacto vía internet con un pintor marroquí, quien había subido a la red una imagen que hizo onda mella en su espíritu. La imagen tenía un diálogo en un lenguaje inaccesible para Citlalli, pero ese amigo marroquí le proveyó de la urgente traducción. Decía: “cuando los países se corrompen empieza la decadencia”.

 

¡Qué fuerte!, dije. Y así es. El arte salva eso. El arte hace que la gente regrese a su naturaleza. El arte rompe las fronteras y la inmediatez el otro, que a lo mejor sufre un drama, a lo mejor está enojado, a lo mejor está sintiéndose solo, abandonado, a la mejor se siente superior a mí, a lo mejor racionaliza todo, nos permite ser el yo que se está viendo con el otro.

 

¡Eso hace el arte!

 

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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