Toca la puerta el México profundo

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
María de Jesús Patricio

 

No se trata de un movimiento político. No es la búsqueda del poder. Es una lucha de resistencia. Es el México profundo que reclama ser reconocido en su propia tierra. Es un compendio de culturas que exige el lugar que históricamente ha sido suyo.

 

Y en su nombre, con su representación, María de Jesús Patricio habló para los tlaxcaltecas que quisieron oírla. Ensamblada al pasamontaña simbólico que el zapatismo meses antes le había transmitido, arropada con la representatividad nacional que el Congreso Nacional Indígena le confirió, Marichuy reafirma que la suya no es una campaña político electoral. No. La suya es una lucha por los derechos humanos, por la restitución al lugar social que por derecho corresponde a los pueblos originarios, por la dignidad de ese país que se resiste a morir.

 

Marichuy reitera que a su movimiento lo que menos le importa es la silla presidencial. Confirma que su lucha no nace con las precampañas electorales ni muere el 2 de julio. El movimiento que ella representa viene de siglos y su único fin es la emancipación indígena.

 

Conocedora, se puede decir especialista, de la medicina tradicional, esta mujer nahua ataca por enésima ocasión el estado de destrucción que el sistema capitalista ha impuesto a los pueblos indígenas. Pero habrá más: “los que tiene el dinero y el poder están diseñando formas de despojo a nuestros pueblos”, advierte.

 

Su voz, la voz de los indígenas, sin embargo no es escuchada. La sensibilidad política es sorda a sus pronunciamientos. Sus comunicados permanecen sin respuesta “por parte de los de arriba”.

 

Por ello, como una medida emergente y solamente por el diálogo cancelado, el Congreso Nacional Indígena tomó la determinación de participar en el proceso electoral en marcha y nombró a Marichuy su vocera, su candidata. “Lo que hicimos con esta propuesta es justamente visibilizar la problemática indígena”. Ese es su verdadero camino.

 

Nacida en Tuxpan, Jalisco, en 1963, María de Jesús Patricio es activista desde el levantamiento zapatista de 1994. Hoy “los pueblos habíamos decidido no participar con los partidos, porque son los partidos los que nos están partiendo, pero nos vemos en la necesidad de participar porque de esa manera voltean a ver a nuestros pueblos, de esa manera los medios (de información) cuando menos prestarían un espacio para voltear y escuchar la problemática que se vive en nuestras comunidades”.

 

Apretujados todos en una habitación habilitada como salón de usos múltiples por Luz María Rivera, la enlace del movimiento zapatista en Tlaxcala, Marichuy habla de las culturas originarias y de su deseo de que los pueblos hablen a través de sus diferentes concejales, “a la vez que podremos dar una mayor cobertura y con esta gira podremos visitar a las diferentes comunidades de México, algunas que no están integradas en el Congreso Nacional Indígena y llevar la palabra, decir lo que estamos pensando: que nosotros confiamos en que desde abajo se tiene que construir este poder real, empoderar al pueblo y que el gobierno represente y realmente obedezca a ese pueblo organizado”.

 

Desde el poder –acusa-, juntos, “el mal gobierno y el dinero”, que son lo mismo, solamente están diseñando formas para hacernos obedecerles y también están diseñando estrategias de despojo. No hay diálogo. No hay acercamiento. No hay contacto. Siguen sin tomar consentimiento a los pueblos, sin preguntarles. Vienen con sus estrategias, las imponen y si el pueblo se opone viene la represión. Por eso participó en el proceso electoral. “No queremos llegar arriba pero sí queremos que se escuche a los de abajo y vimos que era la única manera”.

 

Marichuy es pesimista, como la experiencia histórica ha aleccionado a todos los indígenas: después del 2018 viene una implementación de los diferentes megaproyectos que ya tienen concesionados en las tierras de los pueblos indígenas… será solamente una consumación.

 

Menuda, morena, pero madura en cuerpo y espíritu, la doctora tradicional conmina a acompañarlos en este proceso de construir una organización amplia y profundamente representativa de la multiplicidad de pueblos y culturas de este México polifacético. Terminado el proceso electoral, sea cual sea el resultado, “esta organización tiene que continuar. Se tiene que seguir caminando. Se tiene que seguir construyendo. Se tiene que seguir agrupando todos del campo y la ciudad, jóvenes, ancianos, hombres, mujeres… todos. Para entre todos poder diseñar algo diferente desde abajo”.

 

LA TRATA… TAMBIÉN DE BLANCAS

 

Tlaxcala está enferma de misoginia, de machismo, de racismo, de exclusión. Tenancingo, con su creciente negocio de trata de mujeres, es una herida sangrante que confirma el desprecio social a la mujer.

 

Pero Marichuy no se sorprende. “Así es como nos han visto. Como mujeres que somos de segunda y de los pueblos hasta de tercera. En las ciudades hay mujeres que llegan desde los pueblos a trabajar y lo que se encuentran es esto: la trata de mujeres, aunque ahora ya también blancas”.

 

Es esta destrucción que está trayendo el capitalismo, donde solamente ven el signo de pesos, sentencia.

 

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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