¡Artistas acosan a artistas en Tlaxcala!

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

 

El instinto social de los hombres no se basa en el

amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad

(Arthur Schopenhauer)

 

La cultura nos sacará de la barbarie…

La cultura es el antídoto contra la violencia…

La cultura nos humaniza…

La cultura nos sensibiliza…

 

Proponer a la cultura y al arte como llave que abre la puerta de una vida mejor es ya práctica común hoy… Y no es falso.

 

Frente a la agitación social que impone la impune práctica del narco, de la violencia de género, de la desigualdad, de la desesperanza, frente a todo ello se blande la bandera del arte y de la cultura… Y tiene fuerte dosis de verdad.

 

Pero en este jardín no todo son flores perfumadas.

 

Hay en el campo de la cultura y de sus practicantes olores fecales, tumores malignos, llagas malolientes.

 

¡En Tlaxcala las mujeres artistas sufren acoso de los hombres artistas!

 

Desde su mismo acercamiento a las artes y durante toda su trayectoria, las mujeres tienen que sortear el asedio de sus compañeros, de sus mentores, de los funcionarios… de los hombres.

 

Seis mujeres del ámbito del teatro, de la danza, de las letras y de la música en Tlaxcala dan cuenta de ello. Lo han padecido y aún lo hacen. Pero claman, luchan por modificar nuestra cultura, la del machismo, la de la misoginia, la de la desigualdad.

 

No. No identifican aún a sus agresores. El miedo aún no las abandona. Pero están en el proceso. Saben que tienen, deben llegar a eso. Pero no es su momento. No todavía.

 

LA COTIDIANA PESADILLA

 

Abre tus ojos, mira dentro.

¿Estás satisfecho con la vida que estás viviendo?

(Bob Marley)

 

Cuando tenía doce años mi maestro de pintura se quiso aprovechar de mí dándome un beso y por terror lo callé. Nunca regresé a clases de pintura.

 

Alguna vez caminando unos chamacos de secundaria me dieron una nalgada; agarré la mano del agresor, no lo solté y los demás corrieron.

 

En Tlaxcala la agresión es real, no es un mito y no tiene nada que ver con el arte. Hay una agresión continua, permanente, hacia la mujer. Es Isolda Dosamantes quien deja un momento su poesía para adentrase en su agreste experiencia personal.

 

Su posición es compartida por la actriz y directora de escena Ana Laura Lima, quien sin titubear enfatiza rabiosa que conoce casos de mujeres artistas que en Tlaxcala han sufrido acoso. Es el acoso de la condicionante: te puedo dar tal cosa, pero a cambio te conviertes en mi dama de compañía, en una amante, en varias circunstancias.

 

Califica a la actual como una etapa muy difícil no sólo por los índices de acoso. Añade a eso los feminicidios y todo en una misma licuadora se transforma en una grave problemática. Vivimos en Tlaxcala y en el país momentos muy preocupantes.

 

Reconoce que las mujeres del medio artístico están expuestas a muchas cosas: hay desnudos, existen cuestiones físicas, porque como actrices su instrumento de trabajo es el cuerpo

 

Como mujer he estado expuesta también a muchas circunstancias porque tristemente seguimos considerando a la mujer como… como una res, incluso en los concursos de belleza. Y eso ha ocasionado muchos problemas que en este momento se están viendo reflejados en hechos como los feminicidios. Es una problemática muy grave.

 

Dice que son frecuentes en su labor cotidiana las insinuaciones, las sugerencias, las condicionantes:

 

tienes tal trabajo, ha mira, te invito a comer pero

 

¿No te gustaría tal vez tal cosa? Yo te puedo apoyar

 

La poeta y cuentista Alba Tzuyuki Flores Romero abona a la construcción del mural de la ignominia: Fui testigo, a mí no me sucedió, de maestros más grandes que nosotras tirando el can a las nuevas autoras, jovencitas de 15-18 años que están empezando y no saben si sentirse halagadas o sentirse acosadas, porque a veces es una actitud intimidante. De repente dan ganas de decirle: ‘no te dejes’. Que el maestro no se aproveche de la situación. Son personas mayores. Son personas casadas. Son figuras públicas: poetas, escritores, etc. Y cuando jovencitas nos quedamos calladas ante la agresión porque no sabemos qué hacer. Viene desde casa. No nos enseñan a que si alguien se quiere propasar con nosotras, hablar, denunciar inmediatamente, pero no sabes porque es una figura de poder, un maestro que te está enseñando y tú vas con todas las ganas de aprender… y de repente te caen encima.

 

No acoso pero sí actitudes machistas acusa haber enfrentado la actriz Celia Osorno, micro machismos dice, en lo que debe hacer una mujer y lo que no… los roles que debe cumplir cada quien, que también es como un estereotipo del actor, de la actriz: que la mujer no cargue, que no realice labores técnicas. Es difícil encontrar técnicas en un teatro; es difícil encontrar escenógrafas o mujeres dedicadas a procesos creativos porque siempre excede la demanda en hombres que de mujeres en cuestiones manuales o técnicas que impliquen aparatos, o mecanismos… esfuerzo físico. Entonces no: las actrices son más para sentir y sacar y no para la realización.

 

Y ejemplifica: Me ha tocado enfrentarme con técnicos, por ejemplo en el teatro Xicohténcatl, creo que se llama Luis Miguel, que por ser mujer en cierta ocasión ni a los ojos me vio cuando le pregunté algo. El hecho de que les hables de luz, de cosas técnicas y te tomen por ignorante del tema. Eso es algo abominable porque no tiene sentido.

 

Para la directora de Casa de Música, Rosa María Vázquez, el acoso es un tema cotidiano pero niega haberlo sufrido. Yo sé que existe en Tlaxcala. Lo sé por comentarios. Entre las mujeres estamos personas en las que sienten confianza y te dicen. Pero tanto como para aseverarlo y decir que le pasó a alguien, a ciencia cierta no.

 

UN EXTRAÑO CASO

 

El hombre es capaz de verse al espejo

cincuenta veces al día y no verse ni una.

(Laura Montes Tena)

 

Dana Reyes Flores es bailarina desde los 7 años de edad. Primero fue el ballet y después la danza contemporánea con la afamada Rosa Romero, hasta hoy que tiene un grupo con otras amigas.

 

Y en la danza ha entendido que el instrumento de expresión es el cuerpo. Desde los primeros pasos se lo han remarcado. Por eso ella, como toda bailarina, se ha desapegado de su cuerpo para hacerlo un instrumento más dúctil, más maleable, más libre, más expresivo y eso tiene que ver con el cuerpo físico, pero también con todas las demás capas, con aspectos anímicos. Se mueven muchas cosas, mucha energía. Hay un enfrentamiento, un caos, un redescubrimiento de cosas que no están resueltas… y eso siempre es fuerte.

 

Estar conectado con el cuerpo y las emociones –recalca- te hace estar como mucho más despierta en el sentido del acoso.

 

Pero el campo de la danza tiene sus particularidades. Es conocimiento general en la disciplina que hay maestros, o directores, que insinúan que aquella bailarina que quiera estar en su grupo, o llevar el papel principal en determinado número, debe aceptar una invitación a un café o algo más. Todas lo sabemos. Sin embargo una también decide.

 

Son frecuentes este tipo de insinuaciones… y no se ocultan. Es común que algunos maestros, los heterosexuales, lancen su anzuelo y las bailarinas interesadas saben si lo muerden o no. No hay engaño, la proposición es abierta y clara, la bailarina decide si acepta o no. Dana duda por eso que se trate de acoso. Aunque en todo caso sí se trataría de chantaje puesto que el ingreso al grupo o el papel en la coreografía lo obtienen generalmente quienes sí aceptan. Quienes rechazan o desoyen la propuesta no entran en la selección.

 

Asegura no conocer un solo caso de acoso en el campo de la danza, un solo caso en que se haya intentado violentar una decisión, y creo que es porque en la danza somos muchas mujeres y creo entonces que no hay tanta necesidad. Hay como un abanico, tan pocos hombres y muchas opciones supongo para ellos.

 

Además, interpreta que estar en constante apertura y comunicación corporal, forma otro tipo de relaciones más directas. Ejemplifica: hay muchos varones que son homosexuales, pero muchos que no; sin embargo, en los grupos donde yo he estado en todos invariablemente todos se cambian en el mismo sitio… y nadie está viendo al otro… o a lo mejor sí pero yo no me he percatado. O cuando una chica tiene la ropa sudada por el trabajo, simplemente se voltea, se la quita y a lo que sigue. Es como una relación sin tapujos y creo que eso es sano. Pienso que en los lugares donde exista más censura, puede surgir la enfermedad.

 

EL INTENTO…

 

Todo lo que somos es el resultado

de lo que hemos pensado.

(Buda)

 

Cierto domingo hace alrededor de seis años, en el 2012, Dana terminó sus actividades dominicales. Estaba con otras compañeras en la etapa intensiva de un proyecto cuya asesora sólo podía venir de la ciudad de México los fines de semana. Esa noche –aproximadamente los ocho- salió del Palacio de la Cultura, tomó una combi colectiva con ruta a Santa Ana Chiautempan, donde vivía en ese tiempo, e inmediatamente se sumergió en el repaso mental de lo trabajado. Esa abstracción le cubrió los ojos y no advirtió que en el transporte era ella la única pasajera. Despertó de su ensimismamiento cuando la combi giró para desviarse y tomar el camino real frente a casa de gobierno, en lugar de proseguir, como todas, directo por la vía Tlaxcala-Chiautempan.

 

- ¿No vas a Santa Ana?, inquirió sobresaltada al chofer

 

- Sí, pero voy a cortar por aquí, recibió como justificación.

 

Dana inocentemente aceptó la excusa y regresó a su meditación. Pasando el panteón de Tizatlán se estacionó la combi y ahí Dana reaccionó. El lugar estaba oscuro, las puertas cerradas y no había ningún pasajero más. Buscó su teléfono entre las “mil” bolsas que llevaba y no lo encontró.

 

Demandó al chofer entonces le abriera la puerta pero fue ignorada. El chofer, muy joven, 21 años a lo sumo, estaba con un teléfono, viendo por la ventanilla, y con la otra mano masturbándose.

 

Mi mente no vio otra cosa más que yo estaba encerrada y que tenía que buscar una salida. No sé cómo lo hice, supongo que me ayudó mi entrenamiento físico, pero logré salir por un pequeño alerón de la ventanilla lateral trasera. Corrí y corrí hasta la entrada del Jardín Botánico de Tizatlán donde había un policía y me auxilió.

 

Fue una muy fea experiencia porque esto de sentirte acorralada, encerrada por completo, ahí dependes de lo más primitivo de la mente: del puro instinto de sobrevivencia. Por eso salí de ahí. No sabría ahora qué hice primero, si sacar una pierna, contorsionarme… no. Simplemente salí. Era un espacio muy pequeño en el que apenas cabía mi cabeza y me lastimé dos costillas. Esta persona –el chofer- ya estaba hablando con alguien, esperaba a alguien, porque era tan joven, tan delgado, tan bajito que él solo no hubiera podido hacer algo conmigo.

 

Hice la denuncia, cuyas investigaciones pudieron identificar al agresor y localizar su vivienda, pero cuando acudieron para la detención ya había huido del estado

 

LA MUJER VISTA POR LOS ARTISTAS

 

Odio a las víctimas

que respetan a sus verdugos.

(Jean-Paul Sartre)

 

Este universo de acoso, de presión, de asedio, tiene su espejo en los productos culturales locales, en su inmensa mayoría producidos por hombres.

 

Si bien la paridad en cuanto a la práctica de las disciplinas artísticas es cada día más equilibrada, no lo es cuando se observa el acceso de las mujeres a los cargos de dirección, o de producción, o de acceso a medios de información, o de créditos, o de reconocimientos, o de apoyos…

 

Y más profundamente, en el punto de contacto entre creadores, autoridades y público, el producto artístico, el uso de la imagen femenina ha cambiado muy poco en décadas, por lo menos si se contrasta el ser y el deber ser.

 

¿Cómo se ve a la mujer en los productos artísticos?

 

¿Cómo se traslada el machismo a la cultura?

 

¿Cómo ven las mujeres su reflejo en el arte?

 

Dana Reyes es una mujer segura de sí. Sabe a qué se enfrenta: en cuanto a la mujer como producto cultural, el estereotipo está muy, muy fuerte. A lo mejor no lo llamaría acoso, pero sí lo llamaría un abuso en cuanto a los resultados, o a lo que la gente espera ver en escena. La gente espera ver cuerpos determinados, espera historias determinadas, cosas que no sean abstractas, por ejemplo. Hay muy poco público y muy pocas oportunidades de escenario para realmente transmitir honestidad, cosas verdaderas, y no solamente cuentos de hadas como en el ballet.

 

Percibe esa aridez como una costra dura para el creador. Llama por eso a aventurarse en nuevos productos, en otros trabajos para poder seguir en la brega.

 

En Tlaxcala –añade- los productos culturales reproducen ampliamente la cosificación que se hace de la mujer… y es lo que vende. Conozco grupos que se dicen profesionales en las artes escénicas (danza, teatro y danza-teatro) y sus creaciones no van más allá de una imagen que siempre se va repitiendo: cosificación.

 

Celia Osorno extrae otro punto: el tamaño del estado, cuya pequeñez a su juicio exacerba los fenómenos sociales, como el acoso y su fase siguiente, la trata, hasta llegar a las violaciones y los feminicidios que han ido en aumento en Tlaxcala.

 

La tendencia de violencia hacia la mujer ha ido en aumento… Y el acoso… pues… ¡Vaya!...

 

Ya en la cotidianidad del trabajo actoral, en los procesos de producción y de presentación pública de los montajes, lo que Celia percibe es una distribución arquetípica del trabajo: determinadas cosas son para mujeres y determinadas cosas para los hombres.

 

La intensidad emocional que pueda tener una mujer tampoco se toma en serio. Se le banaliza como sus determinaciones o exigencias porque se explica como que es un proceso hormonal, porque no puede controlar sus emociones… cuando creo que es algo mucho más profundo.

 

No sé hasta qué punto se trate de una falta de empoderamiento de nosotros como mujeres. De responsabilizarnos de nuestra voz y decir ‘no, creemos que es de esta otra manera’. Hay mucho sometimiento, que es parte de la historia de la mujer, y entonces lo que te dicen lo tomas como una verdad… Y no es así. Nosotras también podemos poner un alto y decir: estamos de acuerdo, no estamos de acuerdo y yo creo que es así, o es así. De pronto es más cómo dejarle a alguien más la responsabilidad de la batuta, que entonces asumirte y hacer las cosas… ¡Y el miedo, que creo también existe! El miedo a perder el trabajo, El miedo a que te castiguen y no te den más funciones, no sé

 

Más mesurada, Rosa María Vázquez dice ver en los productos culturales una imagen femenina de trabajo, porque de otra manera ni siquiera se voltearía a ver; pasaría desapercibida. Y tan no pasa desapercibida que se habla… bien o mal no lo sé, esa ya es cuestión de quien habla, pero tan no pasa desapercibida que se habla de ella, se habla de su trabajo, se habla de su lucha constante, se habla de los espacios que abre, de lo que hace, de su creatividad, de su talento, de su disciplina. Sale a los escenarios, sale en busca de su público, se pone frente a él. Alguien decía: no importa que los perros ladren, Sancho, señal que vamos andando.

 

La cosificación, la utilización como objeto sexual, es otra cosa. Afirma que la forma de ver a la mujer ahora depende mucho del trabajo que hace la propia mujer. Que todavía existan personas que nos vean como un objeto, por supuesto. Es una cuestión cultural que va a seguir trabajándose durante mucho tiempo. Remarca por ello la importancia de la denuncia, que se hable públicamente del problema y de sus casos para quitarle la etiqueta de tabú; evitar más silencio femenino por vergüenza o porque piensen que no serán escuchadas por esa falta de credibilidad en la mujer. Pero definitivamente se debe denunciar. Enseñarle a nuestras niñas desde que son pequeñas, que hay cosas que se tiene que decir.

 

Isolda a su vez señala que la frecuencia del acoso también tiene que ver parcialmente con la manera en que se muestran las mujeres ante los demás y cómo reaccionan. Si por ejemplo hay un grupo de escritores y hay un trabajo, pues eligen al hombre. Tú (mujer) eres como una sombra. Aunque tengamos las mismas capacidades, no tenemos las mismas oportunidades.

 

Y la presión –precisa- proviene en similar magnitud tanto de los funcionarios como de sus compañeros artistas. Y los artistas hombres emplean mucho la seducción, pero eso no es acoso. El acoso se da cuando no respetan tu decisión y presionan contra tu voluntad.

 

Ana Laura también ha hecho modelaje, ha hecho desnudos, y a los artistas con los que ha trabajado les reconoce su profesionalismo, pero asegura conocer casos de actrices o modelos que muchas veces por tener un carácter más débil, se sienten inhibidas ante muchos comentarios. Se sienten acosadas pero tampoco hacen nada. Las actrices y las bailarinas sobre el escenario muchas veces tenemos que hacer desnudos… y muchas veces son cuerpos estéticos, trabajados. Tiene mucho que ver el escenario porque se ve como algo inalcanzable, apreciado. Muchas veces nosotros como artistas tenemos que buscar apoyos. Tenemos que recurrir a políticos, a empresarios, bla, bla, bla. Y a veces cuando llegas a pedir un apoyo… “te lo doy, pero…”.

 

Celia Osorno es coincidente en este punto. Resalta la magnitud el acoso en Tlaxcala, y va desde la cosificación de la mujer, que es posible distinguir en escena; no es necesario divagar tanto porque en una obra de teatro se puede ver cuando hay una mujer que está siendo cosificada. Creo que el acoso está hasta cierto punto como permitido dentro del gremio, porque no es algo nuevo. Desde hace tiempo se permiten estos ejercicios y la gente del gremio lo ha sabido y no ha pasado nada. Hasta se protege.

 

En los productos artísticos locales subraya que la cosificación y el acoso están normalizados: que una pareja se golpeé, que la mujer sea la única que cuida a los hijos, que de pronto le dan una nalgada a una chava… como esas cosas que pueden pasar en escena y que de pronto uno las ve normal porque pasa mucho a tu alrededor y la televisión lo repite una, y otra, y otra, y otra vez.

 

Exige entonces responsabilidad sobre el mensaje desplegado en escena, desde qué textos elegimos, qué estamos montando, cómo lo estamos montando y a quién se lo estamos mostrando. Me ha tocado ver que de pronto aparece un desnudo en escena de una chica… que bien podría no haber pasado. Y ves a la actriz incómoda, expuesta, y no sabe qué hacer con su cuerpo, con las miradas, y quizá esa chica ya nunca vuelva a hacer teatro porque se sintió tan expuesta y tan vulnerable, que dijo: esto no es lo mío. Por miedo nos alejamos. Ahí es donde tenemos que ser más responsables como creadores, como directores y como actores. Falta una responsabilidad muy grande en eso.

 

Para Dana Reyes sobre el escenario hacen espectáculos, hacen shows que a mí no me dicen nada, sin embargo es lo que los ha mantenido como actores, entre comillas. Eso no tiene nada que ver con el teatro ni con las artes escénicas ni con la sensibilidad, porque eso no es verdad. Tener un traje, subirse a unos zancos, mostrar el cuerpo y un gran maquillaje y hacer algunas cosas escénicas, como ellos le llaman, en una fiesta o en un espacio público como una feria, no me parece para nada una educación, una sensibilización. No me parece artístico. Sin embargo, es lo que los ha mantenido a flote. No se han dedicado a vender maquillaje por catálogo gracias a eso… y ellos lo dicen: tengo un hijo, una hija que mantener y ahorita no puedo pensar en la creación. Pero no los juzgo, para nada; lo veo como resultado de un momento determinado y tenemos que ir más allá.

 

Alba Tzuyuki es punzante: Los hombres artistas en Tlaxcala destilan misoginia. Y es hasta contradictorio: se supone que hay más sensibilidad en el sector, que son personas intelectuales, que se enteran de la problemática social… y ocurre. De repente ningunean tu obra, lo poco o mucho que has hecho, porque no les hiciste caso. Y eso es una doble falta de respeto: a ti y a tu obra, que son cosas diferentes, pero ellos (los hombres) mezclan y este machismo, esta frustración que sienten cuando les dices no, se ve reflejada en los comentarios: “Ah, es que escribe muy mal… es muy mala… o si no le hubieran ayudado, etc.”. Este tipo de comentario los he recibido yo.

 

EL EXTREMO OPUESTO

 

En verdad, al comienzo la tierra no tiene caminos,

pero cuando muchos hombres marchan

en una misma dirección surge el camino.

(Lu Sin)

 

En el caos imperante, en la ley de la selva, en esta guerra abierta las ráfagas diezman a todas y a todos.

 

Y el péndulo puede, ocasionalmente, chocar del lado contrario.

 

Alba Tzuyuki Flores identifica el riesgo de ese reverso:

 

El acoso es general y el tema está muy polarizado. Machos contra feminazis. En redes sociales se presta a discriminar, a agredir más. El choque está siendo muy fuerte y muy agresivo.

 

Y esto se presta también para que muchas mujeres, actualmente, tomen también esta bandera del acoso para que ahora cualquier cosita que hagas tú como hombre, sea ya catalogado como acoso: “Ah no, es que fulanito me dijo que fuéramos a una entrevista y nomás me llevó a mí solita. ¿Quién sabe que quería?”. O editoras que no te cumplen la edición y que por ser hombre no les puedes alegar ni les puedes armar un pancho en Facebook, como muchas mujeres acostumbran ya a quejarse abiertamente en redes, y todos las apoyamos. Pero un hombre no puede hacer eso.

 

“Me empezó a presionar. Me llamó por teléfono y me dijo que era una irresponsable y no sé qué más… y me insultó”. Y no conocemos realmente la situación. Ante las dos versiones probablemente le creamos más a ella, aunque a la mejor incumplió con un contrato, incumplió con una publicación. Eso ya es cuestión de su cabecita. Como eres mujer cualquier cosita la puedes aprovechar y creo que hay gente que la aprovecha. Eso es lamentable: tanto el machismo como del otro lado, aprovecharte de tu condición de mujer para no hacerte responsable de tus actos y tachar al otro de culpable, de victimario, de acosador.

 

Y el choque en redes de ambas posiciones Tzuyuki opina que nos ha hecho más sensibles.

 

Incluso en el arte ya son criticados los hombres que por escribir sobre cierto tema en una novela ya son considerados como misóginos. Imagínate mis cuentos eróticos de mujeres que viven una vida sexual plena y abierta. Ajá, entonces qué... Yo también vengo siendo misógina porque maltrato a mis personajes femeninos y hago que hagan cosas que no deberían hacer… De repente eso ya es una exageración.

 

LA REACCIÓN… LA DEFENSA… EL CAMINO

 

Lo que me preocupa no es la maldad de los malos,

sino el silencio de los buenos

(Martin Luther King)

 

Tenues, pálidos, acaso demasiado débiles y demasiado pocos para el tamaño de la infección, pero es posible advertir ya reflejos de defensa en las mujeres, actitudes de protesta en las artistas, embriones de mecanismos de protección.

 

Si bien todas saben y resienten el acoso, ninguna denuncia. Incluso en este trabajo periodístico las entrevistadas guardaron para sí la identidad de los acosadores, una actitud contradictoria con el llamado lanzado por todas a la denuncia.

 

Justifican su mutismo con la protección a las víctimas… y continúan calladas.

 

Pero algunos gestos se asoman a la cara gremial, gestos que, si se conservan y se vigorizan, puedan cambiar el maquillaje de la situación.

 

Ana Laura Lima reconoce que ha sentido el acoso en algunos eventos, incluso en algunos apoyos. Y se ha preparado: entrena box, artes marciales mixtas y esa misma preparación dice que le ha llevado a otro tipo de pensamientos, a defenderse de otra manera. Ahora levanta la voz.

 

Ubica la educación desde la casa misma. Habla de trabajar en mancuerna con los padres.

 

Las mujeres -reconoce- no levantan la voz por miedo. No identifican al agresor por miedo. Vivimos en un país donde el miedo se nos ha puesto como una bandera. El miedo paraliza y hace que muchas personas no identifiquen que lo que está pasando no está bien. Y también: “es que tengo hijos. Es que tengo familia. Es que les vayan a hacer algo”.

 

Hay una ola de violencia muy grande en el estado. Hay muchos desaparecidos en el estado. Eso -señala Ana Laura- hace que las voces de protesta sean cada día más y más fuertes. Por el miedo que les toque a ellas (la desaparición), muchas personas están tomando cartas en el asunto, cada quien desde su trinchera.

 

Celia Osorno, con otras teatristas como Samantha Moreno, o periodistas como Nora Rachel Ramírez, levantaron apenas hace pocos meses el colectivo “Esto no es un simulacro”, orientado a combatir el acoso sexual, tocamientos, proposiciones, comentarios. Evitemos que se normalice este tipo de conductas en el teatro, es muy peligroso. Hay una línea casi invisible para que se convierta en algo espantoso, como una violación sexual, como un feminicidio. Me parece muy preocupante que se use el teatro como un mecanismo de sometimiento y de agresión hacia quien sea. Es algo gravísimo.

 

Rosa María Vázquez une su voz al coro que clama por la reeducación. Subraya la existencia del acoso. No vamos a tapar el sol con un dedo. Y ubica la cura en la reeducación. Porque nuestras abuelas y nuestras madres tuvieron una forma de educarnos diferente, porque las circunstancias eran distintas. Hoy es otro momento: la mujer puede hablar. Tiene derecho a manifestar su inconformidad y tiene derecho a decir no.

 

El consenso es el diseño y operación de políticas educativas realmente transformadoras, humanizantes.

 

El consenso es vencer el miedo para fortalecer la denuncia.

 

El consenso es impulsar formas de arte autocríticas y sensibilizadoras.

 

El arte es liberador, humanista, restaña heridas, cura las dolencias, construye mejores seres humanos y mejores sociedades. Eso dice el discurso.

 

¡No siempre es así!

 

¡LOS artistas tienen la palabra!

 

Tus creencias se convierten en pensamientos,

tus pensamientos en palabras,

tus palabras en actos,

tus actos en hábitos,

tus hábitos en valores

y tus valores en tu destino

(Mahatma Gandhi)

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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