Cultura sublime y perversa

Editorial
 
   
 
 

 

Los demonios viven fuera y dentro de nuestro cuerpo. A unos y a otros hay que combatir con igual encono, con similar vigor, con absoluta convicción.

 

El acoso existe, es muy poderoso y está a nuestro alrededor.

 

Despojémonos de nuestras máscaras fáciles y entendamos lo que somos: una sociedad machista, excluyente… suicida.

 

La cultura no solamente es un concepto, es la manera en que nos relacionamos entre nosotros y con el mundo. Es también la cultura el espejo que nos devuelve la imagen de nuestros actos… pero sin maquillaje.

 

Los artistas de Tlaxcala, aunque claro hay excepciones, y cada vez más, son machistas, misóginos, clasistas.

 

Eso lo dice un grupo de mujeres artistas, un grupo de seres humanos que tiene que convivir en el espacio de la degradación, de la infamia. Una convivencia que tiene lapsos burbujeantes, de franca y abierta camaradería, y otros momentos de sordidez, de obscenidad, de rapacidad.

 

Y todos los hombres nos llenamos la boda de purezas, de idealizaciones, de santidad: la cultura es el rito que todo purifica.

 

¡Mentira!

 

La cultura es un producto humano… y como todo lo humano la cultura es enormemente contradictoria. Sublime y a la vez perversa. Es nuestro espejo.

 

La mujer lentamente empieza a levantar la cabeza y la voz. Pausadamente empieza a tomar confianza en sí misma. Sostenidamente rompe diques y construye un nuevo sitio desde donde ver el mundo… y que el mundo la vea.

 

Pero aún no es suficiente. Debe empujar su miedo y descubrir culpables, señalar criminales y acabar así con impunidades.

 

Debe también alimentar su conciencia gremial, su papel en la vida, ¡en su vida! Todavía hay vestigios de desapego, de falta de conciencia, de visión parcializada. La mesa organizada por el Museo de Arte de Tlaxcala es muestra más que palpable de los pendientes.

 

Son millones de mujeres marchando lado a lado, juntas. El miedo que inmoviliza debe tornarse en furia que empuja… y muevan el mundo.

 

Cierto, con nuestros roles y nuestras responsabilidades, la sociedad más igualitaria, más justa y más equitativa debemos construirla todos, mujeres y hombres… aunque los hombres estamos gravemente enfermos.

 

Y la epidemia está muy extendida.

 

Sin embargo, la propia cultura proporciona la cura, el antídoto:

 

Consciencia, sensibilidad, ética… pensemos en el otro.

 

Es una urgencia.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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