Dino Valls: La psicología de la escena

Piedra de Toque
 
   

 

Dino Valls es un pintor nacido en Zaragoza en 1959 que vive y trabaja en Madrid. Aunque se licenció en medicina en 1982, pronto la abandonaría para dedicarse a la pintura, trabajando ocho horas diarias en sus lienzos. Su obra está marcada por una representación del dolor y las patologías físicas y mentales con una atmósfera que recuerda los pintores clásicos del renacimiento, el barroco el medievo o el surrealismo del siglo XXI, todo ello en medio del arte conceptual de nuestros días muy presente en toda su obra.

 

Las pinturas de Dino Valls se mueven con delicada precisión entre lo clásico y lo contemporáneo. Su obra es comparada a los maestros de la pintura flamenca y el Renacimiento, pero para Valls lo importante no es la forma, sino el fondo. “Uso una forma depurada, recupero lenguajes en desuso, y todo ello es válido para transmitir un fondo, unas ideas, una inquietud, un sentido de la belleza”. Del mismo modo, al no utilizar modelos reales ni para las figuras ni para los escenarios, su pintura se aleja de los postulados del realismo, elaborándose mediante una idealización impregnada de un fuerte contenido inconsciente.

 

En lo conceptual, las pinturas de Dino Valls se centran en la psique humana. Sus obras tienden a tener un aspecto inquietante entre lo religioso y lo pagano, llenas de simbolismos donde también hay un sutil espacio para el erotismo y la sensualidad en sus personajes femeninos, bastante asexuadas y de facciones suaves, que miran directamente al espectador con una belleza ambigua en la edad, el sexo o el tiempo histórico. Contrariamente a lo que podríamos deducir en una primera impresión, Valls no se considera un pintor realista, pero tampoco surrealista. Sus imágenes nacen en su mente para ser elaboradas en decenas de bocetos que va perfeccionando y desechando.

 

“Mi pintura tiene un contenido inquietante, no placentero, de desasosiego. No me interesa el arte que atrae o repele, sino que mezcla ambas cosas: mi pintura es un espejo que refleja nuestro inconsciente, nuestra fragilidad. El contenido de nuestro inconsciente tiene una carga de angustia vital, pero no debemos olvidar que mi obra también es una elaboración intelectual de los conflictos que padecemos (identidad, dolor, angustia, ira, soledad, etc.), por eso no me considero surrealista”.

 

“Mi pintura sirve para aportar oscuridad, inquietud, tormento. Lo que hago como artista es ahondar en la parte más oscura y más desconocida del ser humano. Mi pintura vendría a ser una manera de manchar lo blanco”.

 

 

 


 
 
 
     
 
     
 
     
 
     
 
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