Lejos mujeres artistas
de los temas de género

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Participantes de la mesa de disertación

 

El tema de género parece estar aún lejos de muchas de las mismas mujeres. No hay en ellas una perspectiva activista continua, persistente, de defensa de sus derechos y de combate a los agravios que minuto a minuto reciben por ser mujeres, cuando menos esa fue la posición demostrada por las cinco damas que se sentaron a la mesa de disertación ‘Las mujeres en el arte’, dispuesta por el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT) en marzo reciente.

 

Cinco fueron las convocadas: la fotógrafa Carol Espíndola Sánchez, la artista gráfica Mayra Violeta Sosa Muñoz, la cineasta Ariadna Chávez, la actriz y promotora cultural Edith Ahuactzi, y la poeta y narradora Alba Tzuyuki Flores Romero. La mesa contó con un publicitado eslogan: “El arte y los artistas de Tlaxcala. Balances y perspectivas”. Se trataba, como secuela del reciente Día Internacional de la Mujer, de hacer una somera revisión del desarrollo de la mujer, las mujeres, en este pequeño estado.

 

Pero no. No hubo tela para cortar…

 

La moderadora, Jazmín Zárate, les planteó dos preguntas generales. No más. La primera fue sobre sus inicios como mujeres en las artes. La segunda buscó sacar a la luz sus planes futuros inmediatos desde su condición de mujer artista.

 

El nacimiento

 

Violeta Sosa presumió un andar relativamente fácil en sus años juveniles, acompañada por uso padres consentidores. Sale del estado para estudiar en el Instituto de Artes de Puebla y es ahí donde la vida la alcanza. De esa experiencia narró dos episodios que podrían atribuirse a su condición de mujer: alguna vez sus compañeros le reclamaron: “¿Oye, los de Tlaxcala no tienen escuela? ¿Por qué vienen a Puebla?”, aunque parecería también una manifestación clasista discriminatoria contra mujeres y hombres coterráneos por igual.

 

La otra experiencia la fincó en un ya experimentado maestro acuarelista del instituto. “Yo era una chamaquita de 19 años. Me discriminó por ser mujer y por ser casi tlaxcalteca (nació en Puebla pero estuvo ahí a lo sumo un mes y fue registrada, mientras que todo el resto de su vida en Tlaxcala): le mostré mi trabajo, apenas lo vio y a otro compañero le dio diez. Llega otro maestro y dice: ‘guau… tienes 12’. Es uno de los precios de ser mujer en el arte”.

 

Carol Espíndola tuvo una infancia entre algodones, culturalmente hablando, pues vivió esa etapa prácticamente en el centro cultural de Chiautempan, donde su madre impartía clases… y todo fue coser y cantar… hasta que…

 

“Recién inicié en la fotografía gané un premio en el 2005. Mi esposo era fotógrafo desde antes y se dijo públicamente que mis fotos ganadoras seguro eran de mi esposo. Y no fue un rumor o un chismecito; sacaron una nota en el periódico”. “En el mundo artístico tlaxcalteca sufres discriminación por ser mujer y discriminación por ser tlaxcalteca, una discriminación que no entiendo”.

 

Y no hubo más experiencias de género.

 

Ariadna Chávez habló de los altos costos que conlleva hacer cine y de lo difícil que es capacitarse.

 

Aceptó que como mujer no ha sido víctima de discriminación, pero sí cuando era estudiante. “Estudié Ciencias de la Comunicación y hacía reportajes para un periódico local; me tocó cubrir deportes donde me decían: tú vete a cubrir espectáculos, qué haces aquí en deportes. Esas cosas te calan; no tiene por qué ser un tema de género el deporte… o cualquier disciplina. Todos somos capaces de dar una buena cara en la disciplina en que nos desarrollemos”.

 

Coordina actualmente en Tlaxcala el programa de Imcine Polos Audiovisuales, dirigido a la capacitación de gente incluso alejada de la industria para hacer documentales… “y ahí la mayoría son hombres. El espacio está abierto para hombres y mujeres, sin embargo el final son muy pocas las mujeres que se mantienen. Los espacios están pero falta la participación de las mujeres”.

 

Remarcó la falta de difusión y de participación del público como asignaturas pendientes, pero sin ninguna relación con el género.

 

Nacida en una familia muy conservadora, Edith Ahuactzi vira, contra lo que serían mejores los deseos paternos, hacia el teatro. Inicia, como tantos y tantas, en el taller de Guadalupe Alemán, para finalmente recalar a la organización de festival Oshpanistli, donde vivió un rasgo propio de la mujer: “en los trabajos de organización llegaba yo con mi hijo de brazos, y eso llamaba mucho la atención”. Nada más.

 

Alba Tzuyuki nació entre papeles y libros en una familia de maestros por generaciones. Habló de los momentos difíciles que toda mujer tiene en algún momento. ¿Y los hombres no?

 

Remarcó la necesidad de un gremio unido, de abrir más espacios, “aunque ahora ya los hay más, independientes e institucionales… por todavía siguen haciendo falta apoyos, más espacios, que se siga fomentando la creación de públicos”.

 

Tampoco alusión alguna a problemas de género.

 

Pero sí una advertencia: El arte va a surgir con apoyo, sin apoyo, con artista, sin artista y por encima del artista.

 

La segunda ronda de respuestas a la interrogante de una vez iniciadas y ya con obra, ¿a qué se enfrentaron como artistas y como mujeres?, tampoco tuvo luces que iluminaran el perfil de mujer en cada una.

 

Violeta Sosa sólo reconoció su ignorancia sobre la forma de “hacer las cosas”, que dejara el grabado por la toxicidad de los materiales y sacó a pasear su alegría por la adquisición de equipo como un tórculo y un horno que avituallan poderosamente su taller personal… Y nada más.

 

Carol fue tajante contra el marketing para vender obra. “Te vas a convertir en qué. En alguien que vende porque es lo que está de moda. Pero sí debe haber una forma digna y honesta de vivir de tu obra como artista”.

 

Joven y casada a los 18 años obtuvo una beca Pecdat, ahora Foecat, y “me dije: con esta beca y lo que saque de mi trabajo puedo vivir. Yo quiero ser artista. Es dinero es estímulo para la producción”.

 

Si tienes una beca –continuó- eres un hijo del sistema y ya no puedes crear libremente. Eso es falso. Como artistas tenemos que ser congruentes con nuestra obra y si existe este recurso, hay que aprovecharlo.

 

“¿Y tengo que hacer fotos de bodas para vivir? ¡Tampoco! Y empecé y sigo buscando becas”.

 

Su mira está puesta en posicionar Tlaxcala a nivel nacional: Ya somos muchos, ya tenemos mucha producción pero ahora… ¿qué sigue? ¿Cómo vamos a colocar a Tlaxcala en ese mapa del arte nacional?

 

Y de cuestiones de género: nada.

 

Ariadna habló de los inconvenientes de su oficio y de su alto costo. Ubicó la creación y exhibición de películas como las etapas complicadas y largas: En mi último documental me tardé casi dos años y medio.

 

Sus retos: acercarse a temas difíciles y aproximarse a las instituciones que abran espacios para poder abordar temas complejos

 

Confesó sus primeros trabajos de exploración al fenómeno de la trata, pero por seguridad suya de los suyos se detuvo.

 

Se quejó de la falta de espacios para proyección de cine documental… pero también falta público, como lo pudo constatar en Plataforma Cinema México, el programa de Imcine que coordina en el estado.

 

Edith propuso a los artistas apoyar, asesorar a los funcionarios públicos “que no saben cómo”, además de contribuir al posicionamiento de Tlaxcala en el plano nacional.

 

Un amigo le dijo: “Vienen los 500 años… guau… ¿nos vas a invitar? Claro que los voy a invitar, es parte de promocionar a mi estado y de promocionar a los artistas de Tlaxcala, que son buenísimos…”.

 

Para Tzuyuki el paso siguiente es llevar los poetas, las palabras, a las propias comunidades, a los jóvenes que son públicos potenciales para mañana.

 

Y en nostálgica añoranza recordó aquellos talleres que tomó en el Palacio de la Cultura, hoy mausoleo, con maestros de la talla de Guillermo Samperio, Orlando Ortiz, Benjamín Rocha, Gabriel Bolson, Geney Beltrán, actual jefe de literatura del INBA, etc…

 

Esta fue la conclusión formal de la mesa de disertación… y el tema de género, que de acuerdo a la convocatoria tendría que haber sido su plato fuerte, apenas había sido rozado.

 

Tuvo que venir el público para enderezar medianamente el camino. La actriz Samantha Moreno las interrogó sobre el nivel de empoderamiento que cada una logra a través de su discurso artístico. La narradora y ensayista Gabriela Conde le preguntó sobre la clase de activismo que hacen… o si no lo hacen, “porque eso también es parte de una postura”.

 

A Samantha le respondió Carol:

 

Aseguró tener cinco años trabajando fotográficamente en el cuerpo femenino. Otra de sus “obsesiones” es dimensionar del total de obra que ve, cuanta de ella es hecha por mujeres, o que tocan temas relacionados a la mujer… “Entonces me empecé a enojar con el mundo. Estamos mal. Hubo un proyecto que nunca he terminado, siempre acaba mal, no sé por qué: hacer retratos a hombres, un poco para cambiar la idea de que la mujer a lo largo de la historia ha sido la musa de los hombres; hay poemas súper bonitos y delicados y la mujer el objeto del deseo. Eso quería cambiar yo”.

 

… Y empezó con auto retratos. “Yo me he enfrentado toda la vida a ser la niña gordita de la familia, a que tu hermana sea delgadita y tú eres chaparra, gorda y morena. Todo el tiempo para mí fue un estigma. Y empecé a ser fotógrafa porque yo no quería salir en la foto, por eso tomaba yo las fotos familiares”.

 

Pero en un momento decide virar y retrata su propio cuerpo desnudo, con su esposo desnudo al lado, ambos gorditos; entonces valora lo que tiene. Y “eso trato de transmitir por ejemplo a mis propias hijas como mujeres, sentirse bien con su propio cuerpo, no tener que cumplir ningún tipo de estereotipo de ninguna época”. Y toma entonces “cuadros que tienen que ver con Venus, o con Afrodita y estas representaciones tradicionales de la belleza en la pintura, para hacer fotografías donde yo soy esa mujer que sale retratada en esas pinturas”. Carol reemplaza a las musas.

 

Candidata a diputada en el pasado reciente, Carol se encuentra en la construcción de una serie sobre la participación política de las mujeres. “Hay mujeres que todavía tienen que pedir permiso de su esposo o de su familia para votar. Además, por el control machista de los partidos muchas veces las mujeres no tiene participación ni representación”.

 

Y trabaja en otro proyecto en cuanto a la omisión de la figura femenina en las representaciones de la teoría evolutiva. “El cuerpo de la mujer está perfecto para representar la belleza, muéstrenlo desnudo, muéstrenlo erótico, pero si lo vas a meter al terreno de la biología, no siempre encuentras cuerpos femeninos para mostrarte el aparato respiratorio, por ejemplo; no porque es sexual, que no lo vean los niños…”.

 

Carol deja salir su último lamento de la noche: con su teoría de la selección natural, “Darwin efectivamente quería probar que la mujer era inferior al hombre, por eso hacía la división de los sexos…”.

 

A Gabriela le respondió Ariadna:

 

De entrada reconoció no haber trabajado temas feministas, pero sí otros que “van un poco de la mano: hablar de la mujer, de protegernos entre nosotras”.

 

La trata dijo que es un tema obligado sobre el cual hay libros e información, pero cuando de conseguir testimonios se trata “nadie quiere hablar, sean políticos, sean directores de instituciones públicas, sean activistas sociales. Te encuentras en un dilema y en un vacío y el documental es eso, el documental es social, el documental es hablar de problemáticas que nos atañen y debemos estar conscientes que las temas aquí a un lado… y no podemos dar por hecho que no tenemos ese riesgo”.

 

Ariadna quería visibilizar la trata, pero paró en seco cuando un amigo cineasta le advirtiera que lo estaba haciendo sola y le habló de la necesidad de redes de apoyo, porque “no sabes de los que están aquí o allá afuera, quiénes están en ese rollo y te están echando el ojo y al rato no van por ti, van por tu familia… hay más gente que puede ser sensible a lo que estoy hablando”. El proyecto lo dejó descansar un lapso hasta que con el Colegio Tlaxcala lo retoma pero ahora bajo una óptica más académica.

 

La donación de órganos es otro tema difícil. Se habla de la muerte y todo el mundo le rehúye. “Yo hablo del activismo desde estos temas. Y desde el arte también se puede hacer. Hablar de temas que nos competen, es nuestra responsabilidad desde nos encontremos hacer activismo, de cualquier tema para poder unirnos socialmente. Si la parte política no lo hace, la parte social y la parte cultural pueden reforzar esa situación”.

 

Dos horas después de iniciada de la mesa de disertación se levantaron los platos. Las mujeres comensales apenas dejaron esparcidas algunas migajas de feminismo, de visión de género.

 

Continúa el ayuno para las hambrientas. Para los solidarios y corresponsables.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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