Youngho Kang: 99 Variations

Piedra de Toque
 
   

 

Youngho Kang es un fotógrafo nacido en Seúl, Corea del Sur, donde es muy conocido como fotógrafo comercial. Su apodo es “Dancing Photographer”, un apodo que se le ha dado debido a su estilo fotográfico, el cual realiza comunicándose con sus modelos a través de la danza o ejerciendo de director de orquesta con la música siempre de fondo. Se graduó en la universidad de Hongik, especializándose en literatura francesa, lo que significa que no tiene una formación especial en fotografía, aunque en poco tiempo se convertiría en un gran fotógrafo en el área comercial. Posee una poderosa capacidad de planificación basada en humanidades, brillando a través de la capacidad de dirección para sus convincentes historias visibles en sus imágenes, así como su capacidad única para comunicarse y extraer las expresiones internas ocultas de una persona.

 

A partir del 2009, Youngho Kang extiende su imaginación hacia las bellas artes. Es el comienzo de su obra principal “99 Variations”, una serie de autorretratos que realiza frente a un espejo representando diferentes personajes, utilizando distintas escenografías, maquillajes, vestuarios y posturas, mientras baila y se transforma continuamente. El resultado es una serie de hilarantes y magníficas fotografías donde no existe ningún tipo de retoque. Un ejercicio de pura expresión donde el artista hace de modelo (a veces con colaboraciones de fotógrafos o bailarines), de performance y de fotógrafo.

 

“99 Variations es la metafórica alquimia de la cámara y el espejo dentro de mí, hay dioses, hombres y mujeres, y mutantes andróginos. Ellos coexisten con mi yo actual, y ‘nosotros’ estamos todos relacionados entre sí. He traído una clave, una cámara, abierto la puerta de un pasadizo secreto, un espejo. He despertado mis arquetipos míticos y los he atraído hacia el mundo para conectarse a otro ‘yo’ reflejado en el espejo, con un punto de conmutación sin fin, es un tipo de comunicación que difumina la distinción entre la imagen y la realidad, lo cual descubrí al final de mi trabajo. Puse la música e hice fotos de mis yoes mientras bailaba y actuaba. Es en esos momentos que mi otro yo y yo mismo nos mezclamos en el espejo. Y el claro y objetivo ‘yo’ pronto desaparece. El sujeto y el objeto sin fin cambia de lugar, haciendo que mi identidad fija desaparezca”.

 

“Mi trabajo nunca está planificado. Es algo que no se hacia dónde va, como un sueño. De hecho, cuando trabajo con mi equipo, les mando únicamente el tema musical para la preparación de las obras, nada más. Todos nos reunimos en una fecha determinada con los materiales que a cada uno se les ocurre y que les ha surgido del tema musical. Siento la música en busca de inspiración

 

Siento la música en busca de inspiración mientras me miro en el espejo, me fotografío y actúo. Maquillaje, pelo y los diseñadores de efectos especiales van haciendo su trabajo con la música, como si fuese bailarines. En el espejo me encuentro con todo el personal, mientras fuera “mi otro yo”, o “nosotros”, o “ellos”, se reúnen entre sí, se ven y miran. Es un método de trabajo sin un plan, como en un sueño. Después de que todo está hecho me digo a mí mismo: “Ah, todo era para llegar a esto” y racionalizas la causa de acuerdo con el resultado. La cantidad de trabajo es enorme. Durante el trabajo hago unas mil 500 fotografías y luego, de todas ellas, selecciono una imagen. Hacer las fotografías es importante, pero la elección lo es más. Después de elegir una pieza, las mil 500 restantes racionalizan la elección. Es exactamente como se interpreta un sueño”.

 

“Lo que quiero para el público –prosigue- es que al ver las imágenes tengan la sensación de que ellos mismos son espejos mientras se enfrentan a mis obras. En todas ellas el público es capaz de ver la cámara sin ninguna dificultad. La cámara es utilizada como mi endoscopio con el cual puedo penetrar profundamente en mí mismo, pero la misma cámara puede ser vista como un pasaje que conecta la audiencia y lo que está dentro de mí. Así, cada una de mis obras de vuelve más viva y puede dejar a la audiencia con una simpatía y sentimientos compartidos. En la creación de mis imágenes, creo que estas recuerdan la antropología, así tal vez cuando el público vea mi trabajo no se sentirá solo delante de un espejo, sino que utilizará esa sensación para mirar profundamente en sí mismos”.

 

“Un aspecto muy importante de ‘99 Variaciones’ para mí, ha sido que nunca retoco las imágenes digitalmente. Esto es porque considero mis obras como una especie de documental de lo que está dentro de mí”.

 

Youngho Kang explora su propia identidad a través de esa extraña mezcla donde la cámara siempre está presente, donde el reflejo en el espejo se convierte en el “yo” real, en perfecta comunión con su propio ser y se ofrece libremente al espectador para que indague en sí mismo. Hay una gran riqueza expresiva y un gran contenido metafórico tanto en el proceso creativo (la idea de fotografiar danzando parece sublime), como en el comunicativo. Youngho Kang no hace fotografías, hace magia.

 


 
 
 
     
 
     
 
     
 
     
 
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