Amador Montes en el MAT

José Luis Puga Sánchez

Sus animales son mayas como la tortuga que da a luz a tantísimas hijitas y las avienta al agua del océano, aunque mueran en el intento. El agua se lo lleva todo, hasta la obsesión de Carmen

(texto de Elena Poniatowska en la exposición de Amador Montes)

La invitación a Amador Montes para exponer en el MAT fue personal, reveló públicamente Lorena Cuéllar. Amador Montes agradeció muy efusivamente el gesto personal de la gobernadora con su invitación. Los funcionarios locales presentes subrayaron el valor de la invitación personal de la gobernadora al pintor… al final, todo pereció converger en el guiño personal y no en la calidad de la obra.

El interés general pereció estar, como en tantas ocasiones antes, en dar y recibir elogios, en proferir palabras no aptas para diabéticos, en llenar un discurso con dulces palabras y no en observar analíticamente, plásticamente, estéticamente, la exposición montada.

Lorena Cuéllar expresó su placer por recibir “a un gran artista, a un gran maestro, a un gran amigo” en este estado lleno de cultura y de tradición, pero sobre todo que “sin Tlaxcala no hubiera existido México, así de grande es este Estado. Y tú eres grande”.

Hizo la gobernadora rápido recuento: llegan a Tlaxcala 64 obras que posibilitan conocer el universo creativo de un artista mexicano con más de 25 años de trayectoria, cuya obra ha sido presentada en distintos recintos de México y del extranjero. “Hace un momento escuchaba cómo varias personas llegaban a Tlaxcala, de diferentes partes de México, seguramente del mundo, a conocer las obras, el arte de este gran artista”. 

Subrayó la significación de haber expuesto una pieza dedicada a Benito Juárez en la sede de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, presente, además, durante la visita del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador a la ONU en 2021.

Y recordó las ocho esculturas monumentales de bronce que Amador Montes donó al Bosque de Chapultepec, hoy integradas permanentemente a su jardín botánico.

“Desde el gobierno del estado hemos trabajado para que la cultura tenga cada vez más espacios, más oportunidades y mayor presencia en la vida de las y los tlaxcaltecas. Queremos que nuestros espacios culturales estén vivos, que las familias puedan habitarlos, las nuevas generaciones encuentren en ellos inspiración, conocimiento y nuevas posibilidades para su propio desarrollo”. Es un gusto saber –agregó- que el día de hoy en los hoteles aledaños hubo gente que venía de diferentes partes a conocer precisamente la obra o a estar cerca de la obra del maestro Amador.

Amador Montes agradeció la oportunidad de exponer en este “maravilloso”

museo, en esta “maravillosa ciudad que quiero mucho. Creo que un pueblo sano es un pueblo que piensa en arte”. Y siguió un hilvanar agradecimientos para todos y por todo.

Karen Álvarez Villeda, secretaria de Cultura en el estado, pidió, antes que nada, aplausos: para su jefa, la gobernadora Lorena Cuéllar, y para el pintor Amador Montes.

Recalcó la actitud de Lorena Cuéllar, quien desde el inicio de su administración -dijo Karen Villeda, pese a estar ella en ese momento viviendo fuera del estado- ha sostenido que la cultura debe estar cercana a la gente -¿cómo puede ser posible de otra manera, si la cultura la hace y la vive la sociedad, la colectividad?-, llegar a todas las comunidades –donde nace, crece y se reproduce- y convertirse en una herramienta que fortalece nuestra identidad, preserva la memoria y genera bienestar social. Y su elogio a la política oficial lo respaldó con un dato: De 2021 a la fecha se ha registrado un incremento del 50 por ciento de visitantes en la red de museos de Tlaxcala… Y pidió nuevo aplauso para la gobernadora.

Pero inmediatamente llamó la atención sobre la inversión estatal superior a 80 millones de pesos para enseñanza artística, con lo que dio por sentado el cumplimiento de compromisos de campaña en materia cultural. Pero no quedó ahí, pues “también dialoga con nuestra presidenta Claudia 

Sheinbaum, quien ha transmitido a cada entidad la encomienda de formar parte de una república cultural. De esta manera, la cultura forma una parte esencial de lo que somos. En ella vive nuestra historia, tradiciones y creatividad. La cultura también es donde encontramos nuestras más profundas raíces y nos brinda la posibilidad de construir un mejor futuro”.

Y agradeció nuevamente a la gobernadora “por su sensibilidad, su voluntad y por la decisión de invertir en cultura”, por su invitación personal al artista Amador Montes y al propio Amador Montes por su magnanimidad expresada con su aceptación a la invitación para exponer en Tlaxcala.

Solicitó, entonces, nueva ronda de aplausos…

Pidió palabras del pintor invitado…

Invocó, para terminar, más aplausos…

Luz Magaly Cruces Arteaga, directora de patrimonio cultural de la Secretaría de Cultura, leyó un párrafo encontrado “en uno de los catálogos” de Amador: “La obra de Amador Montes está poblada de palabras que sobrevivieron al viento y objetos que atravesaron sus latidos y cobraron vida propia. Presenta una combinación vibrante, como si de un juego de lotería, edición especial, se tratara. Aves de plumas coloridas, escarabajos que se aferran a la vida, jaidas que parecen contar secretos del mar, flores que en su inquietud susurran historias de arraigo y nostalgia. Cada pincelada es una ofrenda al nacimiento, no solo de su tierra, Oaxaca, sino a la herencia de sus padres que lo llevó a tomar el pincel y a encontrar oxígeno en sus lienzos”.

Inició entonces el tránsito por los bártulos y las visiones de Amador Montes.

Las salas del Museo de Arte de Tlaxcala lucen profusamente enfloradas, flores de diferente tipo y diverso color, aunque la pintura aun no puede replicar el olor.

Una sala ofrece una vista en esculturas de una flota de naves con reminiscencia vikinga, en ordenada navegación hacia… ¿?

Hay dos gobelinos monumentales… uno de ellos hecho en Oaxaca, en Teotitlán del Valle, “una pieza muy linda que habla de los circos en Brasil. Es un gran trabajo como de año y medio para hacerlo”, comentó Montes.

Hay en la muestra reflejadas cosas cotidianas. Su obra respira de su natal Oaxaca: por aquí un paisaje oaxaqueño, por allá una vista de Mazunte, más allá una pequeña isla tan familiar. Y aves, muchas aves, varias de ellas exóticas.

Los detales íntimos no faltaron, como la “maquinita” de coser de su madre, pero están también muchos apuntes de viajes en forma de cuadros, así como una pieza relativa al reciente mundial de futbol de, obviamente, muy reciente hechura, llamada “La magia del fuego”.

Pero Amador Montes reservó lo más importante, lo más importante de su exposición a su esposa Carmen… y su esencia recorre sin parar la muestra toda.

En “Cien años de soledad”, García Márquez le pone nombre a las cosas para que un pueblo recuerde qué es una taza y no la confunda con una gota de agua. Amador Montes quiere que reconozcamos a los chichicuilotes de pico largo y patitas quebradizas que rodean un lago blanco de salitre en el que debió afincarse una ciudad. (texto de Elena Poniatowska en la exposición de Amador Montes)

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