José Luis Puga Sánchez

Desde varias décadas atrás se percibe una lenta pero firme reapropiación de la identidad étnica, de la identidad cultural, en muchos pueblos, pueblos que están empezando a revalorar su historia, su pasado, sus tradiciones, su organización social, tal es la apreciación de Milton Gabriel Hernández García, antropólogo adscrito al Centro INAH Tlaxcala.

Esta evolución social, sin embargo, tiene aún mucho trecho por recorrer, pues acusa que la desigualdad social es todavía muy evidente en regiones y estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, por ejemplo, lo que hace evidente la deuda histórica que México, como país, tiene con los pueblos indígenas.

De acuerdo a indicadores oficiales, del propio Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, el investigador señaló que esas condiciones de desigualdad, de pobreza, que se registran en muchas regiones del país, en Tlaxcala no son tan extremas. Hay evidentemente –dijo- aspectos que se tienen que trabajar, que se tienen que fortalecer, pero en las comunidades hay, “mucho interés en recuperar sus tradiciones, su cultura. Es un fenómeno antropológico cómo las identidades culturales se van recreando o se van transformando”.

A propósito de la celebración del día internacional de los pueblos indígenas, el antropólogo trazó un dibujo de la situación en el país de los pueblos originarios: En México se hablan 68 lenguas indígenas, hay aproximadamente 30 millones de personas que se reconocen como indígenas. “En Tlaxcala hay una fuerte presencia indígena, particularmente náhuatl y otomí, pero no olvidemos que Tlaxcala ya se está convirtiendo en un lugar a donde están llegando a vivir los migrantes de otros estados. Hay totonacos, hay mazatecos, hay zapotecos… Ya no son solamente los pueblos nahuas y otomíes, también son los migrantes que se están quedando a vivir aquí, pues están encontrando en Tlaxcala una opción para vivir, pero siguen hablando sus lenguas, siguen practicando su cultura, sus tradiciones”.

Piedra de Toque: En un mundo tan globalizado y cada vez más interdependiente, ¿por qué y cómo se está dando esa revalorización? 

Algunos teóricos planteaban que la globalización iba a hacer que las identidades culturales desaparecieran, incluso hasta los nacionalismos. Se disolverían estas ideas nacionalistas tan fuertes, aunque todos íbamos a ser parte de una aldea global.

Pero lo que se ha visto es que justamente esta globalización provocó que en muchas partes del mundo hubiera como una sensación de atrincherarse en lo propio, una resistencia, porque “está bien conectarnos con el mundo global, el internet, todo eso está muy bien, pero también tenemos nuestra tradición, nuestra cultura”.

Lo que hemos visto es que en realidad la globalización no ha disuelto, no ha borrado las identidades culturales, más bien en algunos casos las ha transformado, las ha modificado, pero no las ha eliminado, incluso a veces las ha fortalecido. Y eso lo podemos ver en muchos lugares del mundo, no solamente en México, en donde la gente reivindica con mucho orgullo su identidad cultural, su historia, su pasado. Lo que sí es crítico es el desplazamiento lingüístico que se registra en muchos lugares del mundo, Tlaxcala entre ellos.

Se dice que en el mundo anualmente se dejan de hablar cientos y hasta miles de lenguas. “Está habiendo un lingüicidio, como dicen los lingüistas. Y en México también la tendencia es esa, muchas comunidades están dejando de hablar sus lenguas, pero en Tlaxcala vamos a un ritmo más acelerado”. Fundamentalmente se han dejado de hablar las lenguas por todo un tema de discriminación, ser indígena o hablar una lengua indígena se asocia con la pobreza, con el atraso, con la ignorancia. Los grupos culturales citadinos, apoyados ahora en mucho por las redes sociales, siembran esa semilla. Por supuesto, existe también a influencia de otras lenguas, de otros idiomas.

Otro factor que califica como decisivo es la migración. La gente se mueve de un lugar a otro y donde llegan se habla otra lengua, por tanto tienen que adoptar la nueva lengua.

De acuerdo al Instituto Nacional de las Lenguas Indígenas, en Tlaxcala la lengua otomí o yuhmú está considerada en muy elevado riesgo de desaparición. El náhuatl no tiene ese nivel de riesgo, pues se dice que hay aproximadamente 25 mil hablantes de la lengua náhuatl en Tlaxcala, pero, “aunque numéricamente son muchos, están hablando náhuatl personas de 50 a 60 años de edad para arriba. Es decir, ya no hay esa transmisión hacia los jóvenes. De tal suerte que es muy probable que cuando mueran esas personas el náhuatl tendrá muy poquitos hablantes”. 

Por supuesto, subraya que el gobierno tiene responsabilidad hacia las comunidades originarias, con efectos en muchos casos negativos, como fue el siglo pasado cuando el propio gobierno prohibía hablar las lenguas indígenas, eliminaba la enseñanza y la práctica de lenguas en las escuelas, donde se permitía hablar solo el español. Esa política de castellanización, de “desindianización”, fue lo que se conoció como “el indigenismo”. Ahora hay una suerte como de cambio. No es que el indigenismo haya desaparecido por completo, pero sí hay ya un mayor respeto, incluso hay una suerte de fomento para que en las escuelas, en la vida cotidiana de las familias, se hablen las lenguas indígenas, que no desaparezcan.

Se están haciendo importantes esfuerzos en ese sentido. Está el Inali, que promueve las lenguas indígenas; está la Universidad de las Lenguas Indígenas, se están creando políticas, se están creando programas que van para allá, pero el reto es mayúsculo y hay muchas lenguas indígenas en México que en 5, en 10, en 20 años muy probablemente ya habrán desaparecido, entre ellas la variante tlaxcalteca del otomí, la lengua yuhmú.

Milton Gabriel Hernández ponderó la consulta nacional sobre los derechos de los pueblos indígenas, pues –dijo- aunque hay comunidades, organizaciones, que se han expresado críticamente sobre la consulta, finalmente es algo que se debe hacer. “Me gustaría que la consulta no fuera tan apretada, pues creo que las comunidades necesitan más tiempo para analizar, para procesar toda esta información, para hacer sus propuestas, para que realmente sea una ley indígena que refleje la postura, el sentir de las comunidades. Sin embargo, se entrada es un avance, porque si lo comparamos con lo que pasó en 2001, con aquella ‘famosa’ ley Cocopa que se promovió en aquel entonces, pero al final de cuentas no se promulgó, hasta hoy que va a existir una ley de derechos de cultura indígena a nivel federal, me parece un avance muy importante. Esa ley tendrá que seguir siendo mejorada, perfeccionada, reformada, pero el hecho de que ya exista me parece muy importante. La consulta es algo inédito, nunca se había visto una consulta de este tipo para una ley indígena a nivel nacional.

El investigador observa un mundo actual en ebullición, con la inteligencia artificial y todos los avances tecnológicos, mientras paralelamente las comunidades indígenas están esforzándose para conectar con este nuevo mundo “tan digital, tan global, tan tecnológico, sin perder, o incluso, cómo utilizar esa tecnología a su favor para fortalecer sus estructuras”.

Asegura haber testificado casos de jóvenes indígenas que están utilizando la inteligencia artificial para, por ejemplo, crear diccionarios o crear videos o “los TikTok”, por ejemplo, para fortalecer sus propias lenguas; o aplicaciones para el celular para que puedan ellos, los jóvenes, practicar su propia lengua en su propia comunidad. 

Entonces, usan la tecnología, lejos de desplazar la cultura, más bien la incorporan y la fortalecen para ello. En la medida en que las comunidades

logren hacer eso, van a poder transitar este nuevo momento que estamos viviendo. Por supuesto, sí se necesita una política que los acompañe, que los apoye. Y ahí, es importante que el Estado no renuncie a su obligación, por el contrario. Con la ley en ciernes las comunidades ya van a ser sujetos de derecho, se va a respetar su derecho a la consulta, etcétera. Creo que son pequeñas conquistas. Va a depender también que las propias comunidades hagan uso de estos derechos que se les están reconociendo.

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