Jue. Abr 3rd, 2025
En el encuentro alfarero

José Luis Puga Sánchez

En el país se ha detectado un importante incremento de la enfermedad renal crónica y Tlaxcala está en los primeros cinco lugares, con altas tasas de mortalidad en incremento y de discapacidad y muerte prematura. La advertencia urgente proviene de Cuauhtémoc Arturo Juárez Pérez, investigador del Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, con trabajo con artesanos por 8 años y 3 años con los artesanos de Tlaxcala.

En un paréntesis durante su ajetreada participación en el Tercer encuentro de alfareros, desarrollado en el teatro universitario y en la Infoteca de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Juárez Pérez reconstruyó un segmento de historia: Hace más de 500 años los españoles trajeron el vidriado. Antes era el bruñido. Hoy hay 20 estados de la república con alfareros que usan el plomo para esmaltar las piezas y dicen que son cerca de 50 mil artesanos, de los cuales se estima que solo un 5 por ciento ha cambiado y abandonado el vidriado.

Ya hay esmaltes sin plomo –recalca-, pero se requiere el apoyo gubernamental no solamente para mostrárselos a los alfareros para ser aplicados, sino además apoyos para mejorar sus hornos, dado que los que tienen no levantan la temperatura requerida para estos nuevos esmaltes.

Y no se trata solo de la alfarería, pues afirma que también se maneja plomo en la extracción minera, la refinación de metales, la producción de soldaduras, las placas de protección contra la radiación, la industria electrónica, el reciclado de baterías.

Otro problema que el doctor-investigador refiere es el cambio de hábitos alimenticios y de consumo. “De la rica cocina tradicional mexicana pasamos a una imposición en las comunidades y es descomunal el consumo de refrescos embotellados, de comida chatarra, lo que ha desplazado la comida tradicional, muy rica en proteínas, con sus inevitables consecuencias en los índices de diabetes e hipertensión”.

Pero no solo es la exposición ocupacional, sino también ambiental, por múltiples empresas –apunta- que han contaminado el río Atoyac-Zahuapan, a los que se suman otros contaminantes como los plaguicidas. Es urgente –convoca- tomar medidas para reducir y, si se puede, eliminar esos factores de riesgo.

Las enfermedades renales y cardiovasculares van para arriba, en incremento, advierte.

“Algo está pasando en la atención primaria a la salud que no se controlan adecuadamente los primeros síntomas de enfermedad. Los vimos con el covid, que arrasó con nuestra población enferma de diabetes e hipertensión. Eso puede estar pasando con los tóxicos”.

El Tercer encuentro de alfareros tuvo como su matriz fundamental la atención a la salud, a la eliminación del plomo en los procesos de producción, informó Luz Estela Hernández Téllez, coordinadora de cultura del proyecto Conahcyt (Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías), organizador del encuentro, quien añadió que además, llevan a las comunidades sugerencias sobre mejorar su comercialización, la elaboración de nuevos diseños, cómo ellos pueden “re-dignificar” su mismo oficio, cómo ampliar sus mercados…

Sin embargo, sobre el tema central añade que el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) tiene 30 años implementando un programa para promover el cambio hacia las piezas libres de plomo, pero “no han cuajado como se quisiera”, debido a una multiplicidad de factores como “abrir un mercado, atraer consumidores… (para las nuevas piezas). Es una relación entre el usuario, el productor y las instituciones”.

Reveló un trabajo conjunto en San Pablo del Monte tendiente a que los productores de talavera eliminen el plomo de sus productos, con lo cual ya no se llamaría talavera, pues “su proceso está registrado ante la Unesco como talavera con plomo. Por ello estamos trabajando con ellos en una nueva línea que será de cerámica tipo talavera, sin llamarse así, pero sin plomo, pues los productores ya tomaron conciencia de los daños que implica a ellos y a sus familias, pero también porque ellos ya piensan en la exportación y los clientes piden sus productos sin plomo”.

La nueva línea se llama ya “Loza San Pablo” y “estamos en el proceso de registro de la marca. Se cuenta ya con nuevos diseños, hechos por tlaxcaltecas”.

Luz Estela Hernández, en una vista más panorámica, afirma que, en general, la producción alfarera en el estado de Tlaxcala es “muy buena”, tanto que producen para Puebla, aunque solo como maquiladores, pero empiezan ya a quitar de sus productos la leyenda “Hecho en Puebla, para sustituirla por “Hecho en Tlaxcala”. La mayor parte de los talleres de San Pablo del Monte maquilan para Puebla.

Y no hay aun empresas locales porque “no se les ha dado el reconocimiento, la importancia, y ellos tampoco se han dado la importancia para ello”. El proyecto que ya empezó en San Pablo del Monte se ubica “entre la empresa y el taller, pero ya están encaminados a hacer pequeñas empresas culturales”.

No han sido valorados –recrimina- porque las instituciones y la sociedad no lo han hecho, todos… todos. “La gente les regatea el trabajo, le piden bajar sus precios, califican como fácil su obra, hecha con tierra o lodo. Esos comentarios son una constante, lo cual los ha mantenido en un estado de minusvaloración y no salir adelante”.

Y pese a ello, la producción ha aumentado. A consecuencia de la inscripción de los “Procesos artesanales para la elaboración de talavera de Puebla y Tlaxcala, México, y la cerámica de talavera de la Reina y el Puente del Arzobispo, España”, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, “hubo un “boom y ya hay varios talleres que producen cerámica tipo talavera, o comercial, como ellos le llaman, no la tradicional, pero aun así hubo un boom. La producción se ha duplicado”.

Pero he aquí que chocan de frente con otro perturbador inconveniente: el desabastecimiento o agotamiento o los bancos en riesgo de sus materias primas, lo que –matiza- no es exclusivo de los alfareros. “El fenómeno se registra en general en todas las manifestaciones de arte popular, en todas las ramas artesanales, pues ese no ha sido tema, por generaciones, para su preocupación, En Santa Anita Nopalucan, donde hacían petates, ya no hay de dónde extraer las fibras, por eso se ha dejado de hacer; creo que ya solo quedan una o dos personas que hacen eso. En El Carmen Tequexquitla, en palma de sotol también hay solo un productor, porque ya no hay materia prima. Lo mismo pasa con los bastones de Tizatlán, donde hay un grave problema con el tlaxixtle de donde se hacían las piezas. En este caso ha habido proyectos para que se siembre, pero no culminan”.

En el caso de la alfarería, afirma que no hay conexión real entre las instituciones, los proyectos y los alfareros… o los artesanos. “Se dice que se harán muchas cosas, pero en la realidad no pasa”.

Los bancos de materias primas –lamenta- se están acabando, ya no hay. “Los artesanos de talavera están muy preocupados por la situación, porque saben que en determinado momento el dueño del terreno de su banco ya no los va a dejar entrar, porque ese banco tiene un dueño, además de estar acabándose. Han estado proponiendo al gobierno y a instituciones que compren ese terreno, pero no ha sucedido porque hay un procedimiento en el gobierno, porque no se puede, en fin…”.

En San Pablo del Monte –recapitula- hemos estado haciendo proyectos culturales, que aprendan a hacer proyectos de financiamiento. Estamos trabajando ya con Fonart en un proyecto para hacer tabiques refractarios y hacer hornos nuevos para elaborar piezas libres de plomo; con el instituto de pueblos indígenas tenemos un proyecto para trabajar los nuevos diseños…

En cuanto al proyecto de ley de derechos culturales que se trabaja actualmente aún en el Poder Ejecutivo local, Luz Estela Hernández Téllez aseguró que “nadie sabe”, que los alfareros en específico y los artesanos en general no ha sido consultados en ninguna forma para la elaboración de esa ley que les impactará directamente. “No tienen computadora, no la saben abrir, no tiene información, tocan puertas institucionales y se las cierran o les hacen dar diez vueltas o ya no les contestan. Cuando eso sucede, ya hay un corte, una división entre las reales necesidades de la comunidad y las instituciones. Entonces las instituciones acaban haciendo sus proyectos a su modo”.

Finalmente mapea la producción alfarera en Tlaxcala: en La Trinidad Tenexyecac hay “muchísimos” productores y bastantes talleres, alrededor de 40 o 50 con producción constante, y uno de sus productos insignia son las grandes ollas moleras. En Españita existen alrededor de 15 a 18 talleres con producción constante. Los talleres de Tzompantépec se dedican más a los comales, producto con menor riesgo porque no ocupan el vidriado, excepto productos de cocina y utensilios de mesa.

contacto: piedra.de.toque@live.com

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