
José Luis Puga Sánchez
El libro ‘Mundos de maíz en México’ contiene muchas cosas: alerta sobre los sobre los riesgos en la salud, alerta sobre los riesgos alimentarios, alerta sobre los riesgos en el medio ambiente, alerta sobre la toxicidad, etcétera, pero, ante todo, es un estudio poliédrico sobre la cultura del maíz. Y, también, aporta datos acerca de las dimensiones rituales, simbólicas, y todo lo relacionado con la cosmovisión en torno al maíz, advirtió Milton Gabriel Hernández García en la presentación del citado volumen.
Número final de la maratónica jornada que llevó a cabo la Secretaría de Cultura local, en ruta a la creación de un laboratorio de creación e innovación, el volumen ‘Mundos de maíz en México’ es un compendio de estudios e investigaciones en torno al maíz, realizadas por muchas y muchos investigadores a lo largo y ancho del país. La presentación del libro corrió a cargo de Milton Gabriel Hernández García, investigador del INAH y uno de los coordinadores del volumen, así como de Verónica González Sartillo y de Rogelio Paredes III. En repetidas ocasiones se disculpó la ausencia de Nazario Sánchez Mastranzo, otro de los coordinadores del volumen y programado para participar en la presentación, aunque se aseguró que el investigador habría estado presente minutos antes en la Pinacoteca, lugar del acto, quien, sin embargo, nunca tocó el piso del espacio.
Ya en su intervención, Milton Hernández subrayó que, en muchos pueblos, en muchas comunidades, se parte de la idea de que el maíz antecede a la humanidad y que la humanidad es producto precisamente del maíz, que estamos constituidos del maíz. En muchos lugares se siguen practicando rituales de bendiciones de semillas, rituales de petición de lluvia, rituales de agradecimiento por una buena cosecha, en fin, hay incluso comunidades, por ejemplo, en la huasteca potosina, en la huasteca veracruzana, donde existen deidades específicas para una buena cosecha de maíz.
El libro busca ofrecer una argumentación de tipo cultural y con datos, con evidencia, sobre cuáles podrían ser, hipotéticamente, los efectos negativos, a nivel cultural, en la introducción de maíces transgénicos en la agricultura mexicana.
Los transgénicos –nueva alerta de Milton- es una biotecnología rebasada, “ahora ya estamos en la agricultura 4.0, ya estamos en otra cosa, pero finalmente los transgénicos no han dejado de ser una amenaza, aunque hoy las amenazas biotecnológicas van mucho más allá de los transgénicos”.
El libro ofrece trabajos relacionados con la reproducción ritual, simbólica, de cosmovisión del maíz, entre los pueblos de Chiapas, de la sierra norte de Puebla, los pueblos totonacos, los pueblos de la montaña de Guerrero, los pueblos rarámuris, los tepehuanos de Durango. Se trató de hacer una cartografía nacional, pero hay pueblos a los que no se llegó. Hay un trabajo sobre Tlaxcala, elaborado por Nazario Sánchez Mastranzo, sobre la cosmovisión relacionada con el maíz en San Pablo del Monte.
Sobre el libro, Verónica González Sartillo resaltó la presencia directa o indirecta de investigadores como Narciso Barrera-Bassols, Enrique Florezcano, Víctor Manuel Toledo, López Austin o Héctor César.
Después sobrevoló los relatos y estudios contenidos, como la historia y el valor cultural del maíz, comparándolo con el mito de Prometeo, en su “aventura para podernos hacer llegar el regalo de fuego”.
Habló de la enorme presencia del grano en la frondosa cocina mexicana. Valoró su introducción en la educación ambiental de las infancias, “pues no nos damos cuenta de esa dimensión política, biopolítica, diría uno también, a lo mejor un poco light y disfrazada y de cómo este sistema hegemónico implantaba la política neoliberal”. El libro –agregó- nos ofrece una cronología de cómo el maíz se vio afectado por el narcotráfico.
Se detuvo en el ejercicio de roles en los campesinos y llamó a estudiar el enfoque de género en ese sector, pues demandó mayor visibilización en el trabajo de la mujer en el campo, porque “casi siempre se habla, y lo vemos en el texto, de los campesinos, los ejidatarios, pero tenemos que distinguir esa diferenciación de roles”. Desde años atrás –recapituló- se habla de la necesidad de acceso, “a ciertos apoyos”, de las mujeres como ejidatarias y poseedoras de tierra, predios heredados como viudas o “dejadas” por esposos e hijos ante actividades de migración.
En su repaso del libro, halló textos con carácter científico, con información biológica, con descripción técnica, otros con párrafos y descripciones un poco más poéticas. El maíz –dijo- no es sólo alimento, también es bebida, es medicina, es el vínculo de afecto y asociación entre los grupos y entre los miembros de la familia y un enlazamiento fraterno que se manifiesta en el compadrazgo. “El maíz es hijo de la Virgen, de la madre tierra y es método de adivinación y medio de castigo, entonces su referente se ve ampliado si se le considera como sangre, esa sangre que cayó dispuesta en gotitas de acuerdo a mitos aquí expresados”.
Habló de la urgencia de políticas públicas de transparencia, de rendición de cuentas, sobre todo ante el tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá TMEC. Pidió ir más allá de esta idea de que el maíz es solamente un asunto de los pueblos indígenas o de las comunidades rurales. “Somos todos, todo México”, pues “sin maíz no hay país”.
Rogelio Paredes III, trabajador de la Secretaría de Cultura local, dijo, en su oportunidad, que el libro se refiere al maíz como el “corazón simbólico, ritual y alimentario de Mesoamérica, el maíz se extiende como cordón umbilical hacia los muchos pueblos de esta región del mundo, moviéndose por medio de rituales agrícolas, narrativas orales, gastronomía, arte popular y luchas por la soberanía alimentaria”.
El texto leído por Paredes III señala que la milpa se reconfigura como un espacio agroecológico, político y espiritual. Las semillas, el conocimiento tradicional, la reciprocidad comunitaria y las festividades del ciclo agrícola, adquieren una vigencia renovada. Muchas veces se convierten en formas de lucha contra la homogenización global. El libro explora cómo los pueblos de la tradición agraria mesoamericana, como los nahuas, mixtecos, zapotecos, mayas, otomíes, entre otros, han mantenido y transformado sus vínculos con el maíz.
El maíz –asentó- deja de ser sólo un alimento para convertirse en un símbolo en disputa, donde se entrecruzan los intereses del mercado, la defensa del territorio y la memoria colectiva. Este enfoque permite entender al maíz como un entramado que articula territorio, cuerpo, historia y futuro. En donde los pueblos indígenas y campesinos del México actual siguen habitando y creando mundos diversos, complejos y profundamente enraizados de dignidad y vida.