Vie. Mar 6th, 2026

José Luis Puga Sánchez

Finalmente, cuando iniciado está ya el proceso, la Secretaría de Cultura dio a conocer los objetivos que persigue con la integración de su laboratorio de gestión e innovación. Cuatro son los puntos en su hoja de ruta:

Uno: Generar un espacio de encuentro, diálogo y reflexión en torno a los desafíos y oportunidades que enfrenta el patrimonio cultural inmaterial en el estado. “Buscamos analizar cómo se puede lograr un equilibrio entre la conservación de las tradiciones y la promoción de la innovación creativa, elementos fundamentales para asegurar la transmisión y salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial (PCI) a las futuras generaciones. Explorar estrategias de salvaguardia, analizar y discutir las políticas y programas que se están llevando a cabo para proteger acciones y promover el PCI en Tlaxcala. “Se busca identificar las buenas prácticas, los obstáculos y las áreas de oportunidad para mejorar las estrategias de salvaguardia existentes.

Dos: Fomentar la innovación creativa. Reflexionar sobre la importancia de permitir que las tradiciones evolucionen y se adapten a los nuevos tiempos. “Se busca explorar cómo se puede estimular la creatividad de los artesanos y creadores, sin perder de vista el valor cultural y la autenticidad de las manifestaciones del PCI.

Tres: Promover el diálogo intersectorial. Generar un espacio de encuentro y diálogo entre diversos actores sociales involucrados en la salvaguardia del PCI, incluyendo comunidades portadoras de tradiciones, artesanos, gestores culturales, investigadores, representantes de instituciones gubernamentales y sociedad civil en general. “Se busca fomentar la colaboración y el trabajo en red para lograr un impacto más efectivo”.

Cuatro: Generar propuestas de acción. Elaborar conclusiones y recomendaciones concretas que puedan servir de base para el diseño e implementación de políticas públicas y programas de acción destinados a la salvaguardia y promoción del PCI en Tlaxcala.

Descubiertas las intenciones, el 26 de junio se dio paso a tres mesas de diálogo, una conferencia y la presentación de un libro, en una maratónica jornada de seis horas ante un escuálido e indefenso público como tal, sin creadores, sin promotores, sin investigadores, sin medios de información, sin interesados, fuera de los participantes en las actividades programadas. Incluso al final casi sin representantes de la Secretaría de Cultura, los principales excusados antes por “otras actividades”.

La primera mesa “Estrategias y herramientas para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial de Tlaxcala”, estuvo integrada por María del Carmen Ruiz Hernández, de la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas; Virginia Polvo, de la UAM Azcapotzalco; Isabel Aquino Romero, en representación de la comisión comunitaria e interinstitucional que busca la inscripción de las alfombras y los tapetes de Huamantla en la lista representativa del PCI Unesco; Jazmín Tlapale Pérez, miembro de la camada nueva Ocotelulco; Ana Laura Hernández Varela, creadora textil y artista visual; Cristina Ángeles Contreras Capilla, del Consejo Comunitario de la Talavera de San Pablo del Monte y Fátima Ibarra Luna, de Talavera del Carmen. Como moderadora fungió Karen Villeda… bueno, un corto tiempo antes de salir apresuradamente a otro evento.

Solo mujeres… Y precisamente Karen Villeda justificó el solo quorum femenino con el argumento de haber recibido instrucciones de la gobernadora Lorena Cuéllar y de la secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel. Así, justamente lo que ellas, las mujeres en su gran generalidad, han criticado y atacado, con la mano en la cintura lo hicieron: desaparecieron a un género. La pluralidad, la inclusión que tanto y tan justificadamente exigen, pareció en ese momento, para ellas, solo un eslogan publicitario.

Y en la mesa se repitió la dinámica de anteriores ejercicios de este tipo: a una pregunta todos contestan, después otra pregunta y otra respuesta… y así sucesivamente. Las preguntas fueron presentadas, inicialmente, por Karen Villeda y a su salida por Jaqueline España Capilla, jefa del departamento de innovación artística y cultural de esa misma secretaría.

Hicieron entonces un somero repaso memorístico de las principales manifestaciones de patrimonio cultural inmaterial aun vivas, pero en peligro.

Se aceptó que la cultura es dinámica y con el tiempo se ha ido transformando. Las comunidades y los individuos se han ido adaptando a su tiempo y sus circunstancias, pero hay prácticas que perviven y, como ejemplos, en la mesa se citó la bajada de la Virgen de Ocotlán, con más de 350 años efectuándose. Las mayordomías en las fiestas patronales y los tlachiqueros son otros ejemplos.

La atención la puso Virginia Polvo, de la UAM Azcapotzalco, en aquellas expresiones en riesgo de extinción, como los conocimientos ancestrales relativos a la salud, como tratamientos para curar la tiricia, llamar los pulsos, aliviar el empacho, bajar la mollera, los remedios naturales a través de la arbolaria, augurios y supersticiones.

El carnaval de Tlaxcala, cultivado en muchas regiones de estado, pero se está perdiendo por falta de apoyo y su centralización en el zócalo de la capital. “Falta de visión hacia las comunidades”.

Las alfombras de Huamantla, expresión ya registrada en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, así como el pan de helado y el agua de barranca de Zacateco, la talavera artesanal de San Pablo del Monte, los bastones de Tizatlán, el barro bruñido de San Sebastián Atlahapa, los textiles.

En gastronomía mencionó platillos como el tamal de ajolote, el mole prieto, el mole de huitlacoche, que se está perdiendo por falta de ingredientes. Se subrayó el grave riesgo de extinción en que se encuentran las lenguas otomí y náhuatl.

Aquí María del Carmen Ruiz, representante de la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, regaló a los presentes un cuadro de deliciosa inocencia y honestidad: “no sé cómo abordar el tema del patrimonio cultural inmaterial en un foro”, confesó. Pero sí habló: el tema del patrimonio cultural inmaterial se gestiona a partir de las comunidades que sostienen y han sostenido por años, o por siglos, las prácticas culturales, quienes tienen sus propias formas de organización, sus propias estrategias de salvaguardia.

Empero, entre sus riesgos está el relevo generacional, cuando los jóvenes, por diferentes motivos, rehúsan recorrer el camino de sus antecesores. Es importante, subrayó, “analizar la forma cómo pueden ser que las prácticas culturales se adapten a los nuevos tiempos, a las nuevas dificultades, para poderlas seguir manteniendo como parte de la identidad”.

Por ello, llamó a reconocerse que el patrimonio cultural inmaterial “es la cultura viva en primer lugar, es las prácticas que se sostienen a partir de una comunidad organizada de diferentes maneras. Obviamente este tipo de organizaciones que hacen posible el patrimonio cultural inmaterial, tienen diferentes formas, dependiendo del tipo de práctica que se lleve a cabo, el tipo de saber que se transmite y que se revalora también igual al interior de las comunidades”.

Recriminó que sucedan prácticas oficiales, como declaratorias, sin el conocimiento y menos la autorización previa e informada de las mismas comunidades.

Marcó el camino a seguir con la implementación de un enfoque comunitario, educativo, colaborativo y tecnológico, lo que permitirá revalorizar oficios y saberes locales, fortalecer identidad cultural intergeneracional y crear fuentes de ingresos sostenibles. El modelo resultante en Tlaxcala llamó a promoverlo en “escuelas de tradición, documentación comunitaria, museos vivientes, redes públicas y privadas y el uso responsable de las tecnologías para un futuro, para fomentar la participación de las nuevas generaciones en la valoración y transmisión del patrimonio cultural inmaterial”.

Y más adelante la funcionaria federal quitó lustre a una medalla que insistentemente ha buscado colgarse al cuello el gobierno del estado: La inscripción de los procesos de la talavera como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la Unesco –recalcó-, fue una iniciativa del estado de Puebla, “justamente porque quería que se reconociera en la producción de talavera a partir de las ordenanzas de la elaboración de este tipo de cerámica y fue una inscripción con España. Puebla contacta a España, se ponen de acuerdo y se dan cuenta que lo que hacen en España y lo que se hace en México, en Puebla en particular, es muy parecido. Aquí se hacen acuerdos internacionales y decidieron presentar un expediente para esa inscripción de la talavera.

En el expediente se mencionaba en repetidas ocasiones el trabajo artesanal en talavera en San Pablo del Monte y la Unesco hace la observación. “Hay diferentes etapas y esto es así muy largo contarles, les digo que luego me entran nervios porque es tanto lo que hay que decir y tan poco el tiempo para decirlo”. “Se hace la observación de que se menciona a San Pablo del Monte y San Pablo del Monte para allá y San Pablo del Monte para acá y entonces la Unesco dice ¿Por qué entonces no se incluye en el expediente a San Pablo del Monte? Pero en San Pablo del Monte no se había llevado a cabo ningún proceso comunitario, ni de información siquiera respecto de una candidatura y cuáles eran los impactos de estar inscrito en una lista internacional, el reconocimiento de un lugar, de un territorio, San Pablo del Monte, donde hay gente que se ha dedicado por siglos a elaborar la talavera”.

Es entonces que –prosigue la representante de Culturas Populares- la Dirección de Patrimonio Mundial, que también forma parte del Secretariado Técnico, junto con la Dirección de Culturas Populares de esta Comisión, deciden, en coordinación con el gobierno del estado de Tlaxcala, incluir a San Pablo del Monte. “Ya después veremos cómo les informamos que su talavera está inscrita en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y qué significa eso, qué beneficios le trae a una comunidad este tipo de inscripciones”.

Reveló así que el proceso faltó al requisito de iniciar un procedimiento ante la Unesco, como requisito obligatorio, solo bajo la aprobación informada y consciente de la comunidad portadora. En San Pablo del Monte, de acuerdo a esta confesión, no sucedió así.

Un rasgo posterior que evidenciaría justamente esa falta de conocimiento y consenso previos, brotó en la conformación de la comisión interinstitucional para la elaboración del plan de salvaguardia de la talavera. Conformar la parte de los artesanos significó largas e interminables jornadas de negociación entre los grupos de artesanos, enfrentados entre sí a veces hondamente. Tuvieron que pasar más de dos años de tensas negociaciones de las instituciones con los grupos de artesanos en pugna, para que el borrador del plan de salvaguardia de los procesos de la talavera en San Pablo del Monte saliera a la luz. Hoy todavía no se ha presentado públicamente, aunque está ya disponible en línea.

Y esa historia, del choque, parece repetirse ahora en la candidatura, en un expediente conjunto, de la elaboración de alfombras de Huamantla y los tapetes florales de varias comunidades de Michoacán, hacia su inscripción en la Unesco como patrimonio de la humanidad.

Aquí el trámite institucional ha seguido cabalmente el proceso en todas sus partes, pero en Huamantla se ha desatado una confrontación entre los artesanos. Los más conocidos -relata Isabel Aquino Romero, representante de la comisión comunitaria e interinstitucional- reclaman para sí el reconocimiento de su “alta” contribución a la difusión en el país y el mundo de esta expresión cultural, frente a otro grupo que busca posicionar la elaboración de alfombras como resultado de un rasgo cultural social, comunitario, “de todos”.

María del Carmen Ruiz fustigó aquí las viejas políticas de centralización, “asociadas a una idea de desarrollo”, cuando se declaró al español como idioma único en México, hecho que orilló al drástico adelgazamiento de la diversidad lingüística en el país y a la casi desaparición de muchas lenguas hoy, fenómeno que se reprodujo en muchas otras expresiones culturales. Y añade a ese panorama la piratería hoy de diseños de productos artesanales para fines comerciales de marcas establecidas.

Hoy ya la ley marca –subrayó- que es un delito hacer apropiaciones de la cultura de un pueblo sin su autorización. Tenemos más herramientas, “pero si no se hace este proceso de gestión comunitaria, es muy difícil que desde afuera propongamos dar y hacer y tal, cuando en realidad la gente tiene otras necesidades de una forma de auto diagnosticarse, incluso de reconocer qué es lo que quieren que siga vigente o qué es lo que va a desaparecer, porque tiene que desaparecer o transformarse”.

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