Vie. Mar 6th, 2026

Editorial

Los fatalistas dirán que es un sino, un destino, que los conceptos indígena y pobreza siglos tengan en tórrido abrazo.

Los optimistas dirán que nada es eterno, todo tiene un fin, y la redención para los pueblos originarios está en el amanecer de mañana.

La salida de 13.5 millones de personas de los niveles de pobreza hace percibir más cerca el alba de una nueva era, así se trate de cubrir el hecho con gruesas telas de tiña.

Sin embardo, el camino es aún muy largo y muchos los escollos.

En Tizatlán el presidente de comunidad reclama salir de la fotografía y caminar el camino verdadero de justicia e igualdad.

Dejemos de solo folclorizarlos, reprocha el INPI. Son ya, constitucionalmente, sujetos de derecho

Y descubrimos ahora que pueblos, como Tizatlán, “disponen” de presupuesto por alrededor de 100 mil pesos mensuales para resolver todas sus necesidades, de infraestructura y de servicios.

¡100 mil pesos cada 30 días para atender las demandas de 10 mil habitantes o más!

Se organizan actos multitudinarios para festejarles el día de los pueblos originarios. Se arman actos solemnes para entregarles cheques por pequeñas cantidades. Y en todos, las fotografías muestran funcionarios sonrientes frente a indígenas taciturnos.

En los hechos, social e institucionalmente, si bien la oxigenación social que desprende la reducción de la pobreza es altamente promisoria, también es innegable que las laceraciones con que se ha marcado la piel cobriza en este país y en este estado deberán recibir, por largo tiempo, un intenso y profundo tratamiento de sanación individual, social, física, anímica y cultural.

La infraestructura legal avanza hacia la justicia social.

Los obstáculos se localizan en las voluntades, en las ideologías, en las conciencias…

Pero la meta se acerca, más ahora que empieza a multiplicarse, poco a poco, la certeza de que los tlaxcaltecas son indios conquistadores…

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