Vie. Mar 6th, 2026
Adrián Mendieta en China

José Luis Puga Sánchez

El poeta hoy en Tlaxcala no es poeta por lo que escribe, es poeta por cuántos seguidores tiene. Los poetas tlaxcaltecas somos hoy hacedores de imagen, hacedores de una figura totémica, más, tal vez, que de una obra. El boom de las redes sociales ha orillado al escritor a la sola construcción de imagen, más que buscar contacto con la sociedad.

Adrián Mendieta Moctezuma está seguro de su percepción. Poeta sobre todo y “algo” de narrador, traduce lo que sus sentidos le dictan: El poeta es poeta “por quien conoces, por si la directora de tal museo te habla, por si tal cosa, por encima de una obra, por encima de una publicación, ya sea digital, incluso en las mismas redes sociales, no sé, que se conozca la obra. Si preguntamos, y me incluyo, qué ha escrito tal persona, pues muchas veces está la figurita del signo de interrogación en la cabeza”.

La poesía tlaxcalteca, desde su mirada, es de élites y los poetas locales son gente hablado al espejo, nada más que al espejo… ecos de sí mismos, harto alejados de su sociedad.

DESPERTARES

Adrián Mendieta Moctezuma “tropezó” con la poesía más de 15 años atrás, tal vez –busca recordar- por ¿error? ¿equivocación? tal vez llamado de… no sé, de la familia, tal vez como una especie de refugio.

Y por “accidente” avanzó leyendo poetas tlaxcaltecas. En la biblioteca pública de su natal Ixtacuixtla encontró un libro de Jair Cortés, antologías de poetas tlaxcaltecas, “y yo dije, hay escritores tlaxcaltecas”. Descubrió que finalmente Tlaxcala sí existe. “Los leí a todos en ese momento, y dije: sí hay, quiero pertenecer y quiero ser”.

Con esa determinación empezó a recorrer el sendero de la escritura, pero la mirada depositada en la profesionalización, más allá de solo practicarla como consumo, como entendimiento. El mundo vivía ya la explosión del internet, las redes sociales, el teléfono móvil… Un manto de despersonalización empezaba a cubrirlo todo.

Esas figuras señeras que marcaron su volátil y joven espíritu, Adrián Mendieta las identifica: Jair Cortés, Minerva Temoltzin, Isolda Dosamantes, Efrén Minero, Karen Villeda, quien en aquellos momentos había publicado sus primeros libros en el Instituto Tlaxcalteca de Cultura. Recuerda particularmente un escritor poblano de fugaz paso por Tlaxcala: José Javier Reyes, cuyos dos libros, ‘Inventario de sombras’ y ‘Nuestro amor’, dejaran marca indeleble en su embrionario espíritu.

Y del otro lado de los volcanes también le llegaron influencias: Rosario Castellanos, Octavio Paz… “Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio. Avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras…”, extrae de su memoria líneas de ‘Libertad bajo palabra’, de Octavio Paz.

Y se dijo: la libertad sí se puede conseguir con palabras. Y más que era una etapa en donde uno tenía esta necesidad de encontrar, reinventar o inventarse una identidad. Yo pensaba que con la literatura lo podía lograr.

Rosario Castellanos –divaga Adrián- alguna vez contestó a un reportero que el poema era un feto, “un feto del que usted algún día hará elogio”. El impacto en Adrián al leer esto fue contundente: Ese tipo de palabras, ese tipo de ideas, de imágenes, me llenaban de significado. Y cuando vi, una obra te lleva a la otra, te lleva a otro género, te lleva a leer novelas, a leer narrativa, ensayo, filosofía. Y llega un punto en donde se vuelve una avalancha, se vuelve un motor que ya no tiene pare, y después se vuelve un caos y un tormento, pero en ese momento se volvió una identidad, hasta desembocar en lo que ahora hacemos, una búsqueda incansable por medio de la poesía. 

LA CONSTRUCCIÓN

Apenas treintón, Adrián Mendieta no tiene gran problema para recordar sus primeros maestros, como Amelia Domínguez, aquella escritora y periodista hidalguense que le recetara su primer taller de cuento en la Casa del Escritor Poblano, de donde también resultaría su primera publicación, un cuento que se llamaba “Cada caricia, cada jadeo, cada gota de sudor”, al que la editorial le cambió el nombre y le puso “La Rabia”, porque “según sonaba muy intenso”.

Su capacitación continuó en el Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC), donde, “morrillo de 16, 17 años”, recibió otro impacto que marcó su escritura y su visión de la literatura: un taller con el poeta, ensayista y crítico Eduardo Milán, quien lo envolvió de tal manera que aquel morrito se preguntaba, anonadado, “¿qué es este señor? ¿qué es? ¿es una máquina? ¿es un robot? Me sorprendió mucho su capacidad de entender la literatura”.

Tomó taller en la escuela de periodismo Carlos Septién García y aun pudo tomar clase con Dolores Castro, antes de su fallecimiento. Y tallereó con Mario Bojórquez, con Fausto Alzati, con Luis Santillán, con Ricardo Chávez Castañeda. Hasta que se alejó de los talleres por encontrar en ellos, más un conflicto de egos que aprendizaje.

EL POEMA… LA POESÍA…

Provisto ya de un importante caudal de reflexiones, técnicas y filosóficas, lo que le provocaba asombro, caos… entrar en contacto con la realidad, definir el poema filosóficamente le generaba “mucho conflicto”, “como un artefacto para qué” … ¿Cómo podía leer a Huerta, a Idea Vilariño, a esos monstruos de largo aliento como Octavio Paz, de Gilberto Owen, “Muerte Sin Fin”, de Gorostiza? ¿Cómo podía caber toda esa significación en algo tan chico? Como ese poema que dice: al poeta le costó un verso lo que el filósofo toda su vida. Quería entender para qué servía el poema. No la poesía, sino el poema como artefacto, el poema como el medio. 

Y se fue haciendo de un arsenal de posibles respuestas, todas cambiantes, como la poesía misma. Se sumerge en reflexiones: “no es la misma luna la que ven los enamorados, que la que ve el moribundo. Tiene que ver también con las etapas de nuestras vidas, nuestras búsquedas personales”. Su espeso sendero reflexivo le fue acercando respuestas: la poesía como la vida, la poesía como el medio exacto, la verdadera patria, el verdadero vínculo. La poesía me da acercarme al mundo, preguntarme qué es, no con ánimos de dar miles de respuestas o respuestas totales, sino en la pregunta qué genera el poema: poder sentir calma.

Acepta que se ha dicho mucho, pero lo vuelve a decir: la poesía no comunica, la poesía entra en comunión. No es lo mismo comunicar que generar un proceso de comunión, comunión entre seres sensibles y seres con hambre de símbolos, de significados, con miedo. “Esa fue mi respuesta y sigue siendo todavía”. 

Había concluido el proceso de su modelación humana, artística y espiritual.

Vendría ahora el proceso de enriquecer el mundo interno y externo de Adrián Mendieta Moctezuma.

Asombro… asombro… asombro… es esa la emoción que le describe en este su incipiente contacto con el mundo. Descubre que “el mundo me quita y te quita y nos quita constantemente la vida laboral, la vida económica, el poder, el deseo, las obsesiones, la materialidad…”.

Su capacidad de asombro es su conexión con el arte, esa capacidad de maravillarse por lo mínimo, de maravillarse siempre de esta realidad abrumadora, es lo que le hace conectar con la poesía, con el poema.

“Creo que el poeta es un profanador de asombros, un rescatista del asombro, porque es lo que tenemos, es nuestro principal nervio, nuestro nervio y sangre a la vez, asombrarse por todo. Es ahí que el poeta puede hacer poesía de lo más mínimo hasta lo más grande. Porque es ahí en donde puede y se conecta con el primer homínido que vio el cielo y vio la luna. Ese asombro por estar vivo”.

EL MUNDO AQUÍ Y ALLÁ

Adrián despierta, con la mente y la mirada nublada por ver lo que ve y sentir lo que siente… “Comencé escribiendo con los temas cercanos a mi edad: el deseo, la búsqueda del amor, el encuentro con el amor, la identidad. Veo mucho mi poesía inicial con esa necesidad de entender el yo”. 

Sus sentidos florecen y descubre junto a él otras gentes que caminan su sendero, con su propio ritmo y paso, con propuestas, al menos en poesía, variopintas. Poetas que habían salido del estado y regresado con una visión experimental, con una fractura del lenguaje, una necesidad de romper ciertas tradiciones y de hacer del lenguaje, “como ya han dicho muchos críticos literarios, mayor valor al significante que al significado, autores como Karen Villeda, tal vez el referente más destacado fuera del estado”.

Percibe también otro grupo de poetas que perseguía el lirismo, mayoritariamente los premiados por el Dolores Castro. “Después vi que este premio iba marcando tendencia, iba marcando, en cada edición, lo que se estaba escribiendo, pero no lo vería muy distinto”. Desde 2012, “cuando comencé a inmiscuirme en esto”, a la fecha percibe en el trabajo poético general, si bien una variabilidad de propuestas, una línea general. Los experimentales, incluso en este momento ya en diálogo directo con la cibernética, con temas que tengan que ver con lo pop, con lo absurdo, con esos poemas más juguetones. Y aquellos que tienen una visión más ortodoxa, que dialogan todavía con la tradición del lirismo y hacer una poesía un poquito más estructurada, un poco más melódica. “Creo que esas dos son las dos vertientes que estaban en ese momento y que se mantienen”.

A la fecha –abunda- se mantiene un poco más potente el lirismo, un poco más potente el tema de la poesía ortodoxa, pero sería eso como más un dialogo con la tradición, en tanto que aquella que buscaba fragmentarla, creo que sigue menos manoseada, menos buscada.

A partir de Enrique Chávez y de David Olivares le parece se está generando una propuesta “medio nueva, no nueva”, una propuesta no tan vista, una propuesta un poco menos frecuente en Tlaxcala. “Pero fuera de esto la veo (a la poesía) en esta línea, un poco más pausada en estos tiempos”.

Adrián Mendieta regresa en el tiempo, a un periodo del 2012 al 2015, aproximadamente, y observa que en aquel momento en Tlaxcala había más movimiento, más lecturas. “Incluso por ahí un grupo medio underground, algunos poetas que se quejaban de la institución, se quejaban de los que ganaban los premios y las becas. Ahora creo que este grupo, esta disidencia, ha sido absorbida también por las becas y los premios. De lo que se quejaban, de lo que criticaban, creo que ya no hay”. Ese grupo disidente Adrián lo identifica como egresados de la universidad (Autónoma de Tlaxcala), entre ellos recuerda a Joaquín Landeros, grupo “arropado” por Ramón Ayala, hoy prácticamente desaparecido. Ellos “como que intentaban darle un poco más vista a la bohemia, hablar de temas que según salieran un poco más a la crítica de lo institucional”. Luego, unos desaparecieron en el panorama literario y otros se anexaron un poco a la institución. 

Y reconfirmó: los premios de literatura marcan tendencia, marcan moda.

Piedra de Toque: – ¿Hablaría eso de una literatura aun inmadura?

No sé si inmadura, porque en Tlaxcala ha dado muy buenos poetas, muy buena obra, gente como Jair Cortés, Karen Villeda, Deyanira Mendieta, Tzuyuki Flores, Marisol Nava… Veo propuestas muy buenas, pero son las menos, aunque son las que marcaron cierta etapa.

Las nuevas generaciones, más que marcar un parteaguas, una obra, estamos marcando más, y me incluyo, más una construcción de una figura, más que de una obra, más como estar cerca de una imagen que de una obra. El discurso no es el trabajo, sino la persona. El mito detrás del poeta, el mito detrás del que se intenta dedicar a la literatura y se esconde, se aísla, el mito del que está dentro de las redes sociales, el mito del que está, según, aislado de los poetas institucionales. Ah, pero ya ganó el Dolores Castro. Ah, pero ya ganó el Pecda. Ah, bueno… somos eso, y me incluyo, porque creo que también conscientemente esa fue la primera marca. Nos estamos haciendo hacedores de la imagen, hacedores de una figura totémica, más que de una obra.

Piedra de Toque: Esa construcción de imagen, esa construcción de egos, ¿para quién? ¿Quién la recibe? ¿Qué contacto tienen los poetas con la sociedad? 

Creo que tiene que ver con la época. El boom de las redes sociales ha orillado a crear esa imagen. El poeta no es poeta por lo que escribe, es poeta por cuántos seguidores tiene. El poeta es poeta por quien conoce, por si la directora de tal museo te habla, por si tal cosa, por encima de una obra, por encima de una publicación, ya sea digital, incluso en las mismas redes sociales, que se conozca la obra. Si preguntamos, y me incluyo, qué ha escrito tal persona, pues muchas veces está la figurita del signo de interrogación en la cabeza. Se nos ha metido mucho la época a nosotros y no a la obra, porque también la época permitiría crear estéticas muchísimo más amplias, dialogar con otras tradiciones, dialogar con otros medios.

Y pienso, tal vez, no sé qué tanto haya, creo que sería una victoria para la institución qué tanto han marcado los premios, las becas, porque en Tlaxcala, si no ganas un Dolores Castro, no publicas. Creo es la única forma de publicar acá. Y creo que los libros que se han hecho últimamente han sido por medio de premios. 

Adrián fustigó a la Secretaría de Cultura por no publicar a quienes no estén en ese marco, “porque puede ser que existan otros escritores que a lo mejor no están dentro de los premios, pero tienen obra, están publicando”.

Y Adrián fustigó a los escritores, a los poetas tlaxcaltecas, por no buscar otras opciones, “más allá que no sea el premio o la beca dentro del estado”.

Especuló sobre las motivaciones para no buscar alternativas para publicar, “tal vez inseguridad, tal vez comodidad, tal vez algo más que abone a esa figura del poeta o del escritor de redes sociales. Creo que estamos muy invadidos de construir esa imagen, por encima de construir una obra”.

Y las temáticas que hoy abordan los escritores, los poetas, son “las de siempre, nada nuevo bajo el sol. Incluso tampoco de personajes Creo somos los mismos de hace cinco años, de hace diez años. Por ahí uno que otro nombre nuevo, que está iniciando, y que sería muy apresurado de mi parte dar una crítica porque… Muy nuevos, muy recientes. Los últimos premios que se han dado, no los he leído porque unos no se han publicado. Y si no se publica el libro, buscas en internet algo de ellos y no hay gran cosa”.

Piedra de Toque: – ¿Por qué no hay oxígeno, nueva sangre, nuevas visiones?…

Creo se ha institucionalizado la creación literaria en Tlaxcala. El hecho de que si no estamos bendecidos por el Estado nos ha hecho un mal. Creo que se debe de volver a crear grupos disidentes, que se debe volver a criticar a la institución y no en aras de negatividad, sino que se tiene que hacer. Para que exista un panorama rico y diverso, tiene que existir eso. Que no solamente si no publico, si no presento en tal museo, si no presento en tal instituto, ya no soy escritor. No, no, no. Se pueden crear espacios. De un tiempo a la fecha jamás he vuelto a escuchar una lectura en un café, por ejemplo, que hace diez años si había, ahorita no. ¿Ahorita las lecturas dónde son? En un solo lugar. Se perdió el impulso.

Adrián Mendieta situó el origen de esa purulenta situación en la comodidad, falta de voluntad o inmadurez de los escritores, al delegar la decisión y la responsabilidad a la institución, aunque puso a la inseguridad como el detonador principal. “Si no voy respaldado por una institución, no soy bueno. Si me respalda una institución, aunque digan que no soy bueno, no soy malo, ya hay alguien que me respalda, cosa que me parece ridícula. Darle ese epíteto a una obra, de buena o mala. La obra es, te guste o no te guste. Si no me respalda una institución, mi obra no es buena. Entonces, si me respalda una institución… ¡ah, bueno!, ya hay alguien al menos que sabe, que dijo, que me recomienda, que me apadrina. Y andar sin padrino creo que ha sido un tema de miedo. Entonces creo que es inseguridad por los autores y comodidad por la institución, porque la institución dice: bueno, tengo todo controlado, tengo quien me dice quien sí, quien no es escritor, tengo quien dice quien sí, quien no va a presentar en tal lado”. 

Y observa otra vertiente: Siempre hay y siempre habrá grupos preferidos. “Incluso puedo decir que en su momento lo fui, pero es necesario, es algo dialéctico, es algo humano. La dialéctica se presenta en todas nuestras actividades, da movimiento. El grupo que está hoy mañana no estará. Solo hay que esperar”. 

Quienes escriben desde el margen, en la periferia, Adrián Mendieta dijo que “buscamos” fuera de Tlaxcala, fuera del espacio físico, porque la cibernética, la internet abren una amplitud gigantesca.

Adrián Mendieta Moctezuma acaba de tomar parte en el Festival Internacional de Poesía Joven China-Latinoamérica, realizado apenas en septiembre en aquella potencia oriental, evento que contó con solo dos representantes de México, el poeta tlaxcalteca uno de ellos.

Otra cosa que debilita –señaló- es la creación de grupos. Se me hace ridículo hacer grupos en estos tiempos. Y también se me hace curioso, aunque no nuevo, porque es algo que ha existido, que uno como escritor le rinda pleitesía a la persona que esté en el poder y se olvide de lo que en su momento consideró como arte, como obra. Y que esté por encima de la creación de la obra, de la propia identidad artística, la pleitesía, el aplauso y que eso sea mi moneda de entrada, algo que realmente se me hace muy… no quiero ocupar el término provincial o pueblerino, porque sonaría muy despectivo, pero algo cercano, algo que se me hace muy limitativo. Pensar que solamente si yo le aplaudo a… si yo le rindo admiración a… voy a estar dentro de un espacio literario, porque al final de cuentas la obra es lo que tiene que prevalecer”. 

Su experiencia le ha dicho que vivir de la obra es muy difícil, entonces aspirar que para sobrevivir en el arte tenga que aplaudirle a alguien para que pueda darme un trabajo, o darme algo como, no sé, una beca, un premio… Bueno, la beca y el premio se acaban, lo que queda es la obra. Pero es algo que vamos madurando con los años

Escéptico, pesimista, Adrián Mendieta no ve cambios en el corto plazo en el panorama literario, poético, local, por lo que se mantendría su percepción de un débil y contraído campo de la literatura estatal. O sea, “seguimos hablando de los mismos desde hace 10 años”, aunque en su intimidad anhela, sueña, así sea en el largo plazo, con una Tlaxcala burbujeante de voces nuevas, con nuevos mensajes, nuevas sensibilidades y mayor visibilidad, voces “un poco más críticas de la institución”. Y que se difunda más la obra, pues el poeta, el escritor, se vuelve no solo escritor, sino gestor, se vuelve promotor, se vuelve a veces hasta comerciante. “Ya tengo los libros publicados, ten tus 40 o 50 de tu premio, la mitad a bodega y la otra mitad en uno que otro festival que llevo a escuelas para decir que estoy promoviendo la lectura. ¿Y lo demás? ¿Qué pasa? ¿Qué pasa con la figura del escritor? ¿Qué está pasando ahí? Debe haber más diálogo con otros escritores, otras tradiciones, otros estados, otros países. Que no quede la literatura de Tlaxcala solo como algo que se hizo, que se palomeó, “cumplí como institución”. O sea –puntillea- ahí está la bodega, ahí están mis miles de libros que publicamos, a poco no hice mi trabajo.

No, no –restriega Adrián- esos libros tienen que estar en casas, tienen que estar en festivales, tienen que estar en todos lados. “Y desearía que no solamente de los consentidos por quien manda ahora, sino de todos, porque todavía podemos encontrar en bodegas libros publicados hace 20 años.

Entonces, ¿de quién es responsabilidad el movimiento de autores y productos literarios? Adrián Mendieta no lo duda: en primer término, es responsabilidad de los creadores, pues “la institución al final de cuentas tiene su motivación, sus para qué y sus motivos de quién dirige la institución. Y lo hará. Sin duda las personas que dirijan obtendrán sus resultados”. Ante eso, al escritor le toca –asentó- pedir lo propio de la institución. “Si se lo da, qué bueno. Si no, buscar otros espacios, otros medios”. 

Y sugiere un camino: aprovechar la muy amplia gama de posibilidades abiertas para crear y difundir obra. “Ya no dependemos completamente de que nos palomee alguien. Si no nos palomea ese alguien, hay otros espacios. Incluso en países donde está tajantemente domesticado el tema creativo, hay disidencia, hay underground, hay formas de crear. Y esto es que Tlaxcala no exista, sería ridículo”.

Y puso la cereza en la copa: hay que romper ese… no existo si no me premia el Estado.

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