
Editorial
Hay una evidente ambivalencia en la política de abrir ciudades temáticas en el estado.
Una de sus mayores consecuencias es la concentración, pues se reúnen en un solo lugar los servicios que en determinado rubro ofrece la administración pública estatal.
Esa situación puede ser benéfica en casos y asuntos administrativos, pues disminuye tiempos, costos y desplazamientos.
Pero esa misma consideración opera en sentido negativo en casos, por ejemplo, la salud.
La capital del estado, desde que se cerró el hospital general de SESA, carece de servicios de emergencia médica por parte del estado, para personas sin seguridad social.
Los servicios disponibles de IMSS e Issste son exclusivos para derechohabientes.
El ciudadano sin seguridad social debe ahora desplazarse, en caso de urgencia médica, a la zona de hospitales, más de 10 kilómetros fuera de la capital, situación cuya gravedad depende del nivel de emergencia médica. Y si la emergencia es nocturna, un costosísimo taxi.
Y si en la prisa, al tratarse de una emergencia, se olvidó algún documento indispensable… regresar por él… al costo y tiempo que sea.
Ahora el gobierno del estado construye una “ciudad de la cultura y el entretenimiento” en zona entre Amaxac y Yauhquemehcan.
La fundamentación es que se abrirá un espacio digno y amplio para la presentación de espectáculos de gran calado, con gran carga de escenografía, escenario de amplias dimensiones…
Se arguye que el aforo de su auditorio es de 7 mil personas, muy superior a cualquier foro disponible hoy en toda la entidad.
Se anuncia una inversión global de 156 millones de pesos.
Impresionante, a primera vista.
Pero basta recurrir a la memoria, de cualquier tipo, para corroborar lo extremadamente difícil que es llenar los foros ya existentes, sea cual sea su capacidad.
Es frecuente tener que recurrir al viejo truco de llevar alumnos de escuelas cercanas para aparentar respuesta de público.
Y cuando no llegan alumnos, muchos eventos suceden casi en el anonimato.
¡Ahora deben pensarse eventos para un auditorio de 7 mil personas!
Y los tiempos y costos de traslado para los espectadores, lastre casi insalvable cuando de espectáculos nocturnos se trate.
Y se habla de un auditorio, no de un teatro. ¿Menores condiciones tecnológicas para eventos de mayor exigencia técnica?
En tanto, los once centros culturales de la Secretaría de Cultura navegan casi sin combustible, sin aparejos y en mar encrespado.
Años tiene que empezaron a lanzar bengalas en demanda de ayuda, pero no son detectados. Navegan en la oscuridad.
Y más aún: la ciudad de la cultura y el entretenimiento concentrará, lejos de los principales núcleos poblacionales, los espectáculos de mayor exigencia.
La palabra clave es: ¡concentrar!
Los gobiernos de izquierda, por su mismo carácter social, se han caracterizado por acercar los servicios y los programas a la mayor cantidad de personas. Descentralizan muchas de sus funciones para conectar con una mayor cantidad de población, sobre todo aquella apartada, ignorada, olvidada por décadas.
Los actuales programas y servicios culturales continuarán como hasta ahora, podrá contestarse… ¡Y hasta ahora no es lo óptimo!
Parece un tiempo y una inversión destinada, si se toma en cuenta el pronóstico climático, al naufragio, baste recordar el estadio de futbol para primera división profesional, construido muy cerca de ahí, en Santa Cruz. Dos años se mantuvo activo como casa del Atlante, entonces del IMSS. Hoy, y desde décadas atrás, el estadio es una reliquia histórica, en el abandono, signo de una quimera pensada y ejecutada a la ligera.
Hoy, cuando las necesidades debieran ser más visibles y atendibles, y con ello extender el paraguas de protección hacia zonas ancestralmente segregadas, acortar el haz de riego parece ser el camino de la actual administración. Y es un camino, pareciera, al precipicio.
El hambre crece, la sed intensifica y la memoria no olvida…