
Piedra de Toque
Nacido en Sevilla el 26 de julio de 1875, Antonio Machado Ruiz fue el poeta más joven de la generación del 98. Su poesía de raíces modernistas, giró hacia un simbolismo intimista, con tintes románticos, que en su etapa más madura practicó una poesía de un fuerte compromiso social, a la vez que bebía de la sabiduría popular ancestral. Gerardo Diego diría de Machado que “hablaba en verso y vivía en poesía”.
Fue alumno del Institución Libre de Enseñanza, estando siempre comprometido con sus idearios.
En 1927 fue elegido miembro de la Real Academia Española, aunque nunca llegó a tomar posesión de su sillón.
El 22 de enero de 1939, ante la inminente ocupación de la ciudad por las tropas golpistas contra la II República Española, partió de Barcelona en un vehículo de la Dirección de Sanidad, que había conseguido el doctor José Puche Álvarez, junto con parte de su familia y unos pocos amigos, entre los que se encontraban el filósofo Joaquín Xirau, el filólogo Tomás Navarro, el humanista catalán Carles Riba, el novelista Corpus Barga, además de una larga caravana con cientos de miles de españoles huyendo de su patria.
El día 28 de enero, llegaron a Collioure, hospedándose en el Hotel Bougnol-Quintana. Allí quedaron a la espera de una ayuda que no llegó a tiempo.
Murió a las tres y media de la tarde del día 22 de febrero de 1939; un mes y tres días más tarde moría su madre, que de esta forma cumplió una promesa hecha en voz alta en Rocafort: “Estoy dispuesto a vivir tanto como mi hijo Antonio”.
El 5 de mayo de 1941, fue expulsado post mórtem del Cuerpo de Catedráticos de Instituto. Habría que esperar hasta 1981 para ser rehabilitado como profesor del instituto Cervantes de Madrid.
“Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente. Soy más autoinspectivo que observador y comprendo la injusticia de señalar en el vecino lo que noto en mí mismo. Mi pensamiento está generalmente ocupado por lo que llama Kant conflictos de las ideas trascendentales y busco en la poesía un alivio a esta ingrata faena. En el fondo soy creyente en una realidad espiritual opuesta al mundo sensible” (Antonio Machado: Autobiografía).
UN LOCO
Antonio Machado
Es una tarde mustia y desabrida
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
.
Por un camino en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,
y ruinas de viejos encinares,
coronando los agrios serrijones.
.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesca su figura;
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
.
Huye de la ciudad… pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
.
Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y sequiza
-rojo de herrumbre y pardo de ceniza-
hay un sueño de lirio en lontananza.
.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
– ¡carne triste y espíritu villano! -.
.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.
De: “Campos de Castilla”, 1912