Vie. Mar 6th, 2026

Editorial

Cierra el primer cuarto de siglo. Empieza el tercer tercio de la administración en Tlaxcala de Lorena Cuéllar, su tramo final, cuando deberá consolidar lo ya construido. Es eso lo esperado, lo deseable. El tiempo es inexorable y no perdona.

El sector cultural termina el segundo tercio del periodo entre niebla. A veces es posible ver el sol y otras la penumbra ahoga.

El cambio en la titularidad de la Secretaría de Cultura no ha marcado rumbo hacia la construcción de condiciones que, efectivamente, mejoren la actividad artística, de investigación y cultural en el estado. La gran mayoría de disciplinas artísticas permanecen desatendidas integralmente por la institución.

No ha habido convocatorias abiertas ni reuniones generales con los oficiantes artísticos y los agentes culturales para compartir experiencias, ideas y/o propuestas que desemboquen en la creación y operación de un plan de trabajo integral, con su consecuente política, en cada disciplina.

Ah, sí, las mesas previas a la constitución del laboratorio de gestión, pero en esos casos los participantes fueron palomeados, preseleccionados, y en el graderío mínima respuesta.

En general, el área más atendida, la oficina de atención a la diversidad sexual, que en estricto sentido debería estar integrada a la Secretaría de Gobierno o a la Secretaría de Bienestar, trabaja casi en el anonimato, inadvertida para el grueso de su sector objetivo. Se asumen aquí decenas, o cientos, o miles de acciones, muchas reales, no se regatea, pero sin impacto real medible por sí misma. No hay en esta oficina un programa anual de operación, o se desconoce. Mientras en corto muchos de sus potenciales beneficiarios acusan sectarismo y desatención de su titular. Y es ésta la oficina consentida en la Secretaría de Cultura.

La otra área que a primera vista pareciera privilegiada es literatura. No tiene oficina específica de atención, igual que todas las demás disciplinas artísticas, pero recibe trato especial: hay una persona encargada de esta disciplina. Y hay continua disposición de talleres y presentaciones. El Museo Miguel N. Lira, epicentro institucional del área, mantiene actividad constante. La directora del museo, que por momentos ha sido tratada como responsable solamente, ella misma lo ha hecho, busca justificar una responsabilidad.

Esta profusa actividad no ha sido obstáculo, sin embargo, para acallar cuestionamientos, tales como que no hay un programa anual orgánico hacia los practicantes de letras; se aprovecha, y se hace bien, las posibilidades que brinda el gobierno federal, pero no hay, cuando menos explícita y públicamente, armónico y de largo aliento, ese andamiaje institucional local que brinde a los literatos un soporte que les acompañe y encamine hacia una mayor calidad, diversidad y profundidad en su trabajo individual y colectivo. Se reclama también que alrededor del Museo Miguel N. Lira se ha creado un grupo, pues hay escritor@s que señalan, incluso públicamente, exclusión, amiguismo. Y el feminismo abierta y tajantemente asumido en el museo, ha centrado su actividad en el trabajo de las mujeres, lo que de ninguna manera es reprochable, pero con ello se aparta el trabajo de los hombres. La argumentación de que la mujer ha sido invisibilizada por siglos, algo absolutamente cierto, ha sido ahora justificación para arrinconar el trabajo de los hombres. La gigantesca oportunidad de aprovechar un gobierno social, para así justamente eliminar, o cuando menos aminorar, desequilibrios en la construcción de una sociedad justa, democrática e igualitaria, no se aprovecha a cabalidad.

Mujeres, hombres, niñ@s, ancian@, indígenas, campesin@, obrer@s, la diversidad sexual… Cada grupo social tiene sus particularidades, pero el conjunto es, puede ser, una sociedad que se cohesiona por la inclusión, el respeto, la solidaridad, la comunidad… Es tarea pendiente.

Las restantes disciplinas artísticas no tienen una oficina ni una persona que les atienda en su individualidad

Desde la creación de la Escuela de Artes de Tlaxcala, la actividad institucional en las artes gráficas y visuales se ha concentrado en mucho en esta licenciatura, valiosa sí, pero restringida hacia quienes quieren y pueden estudiar una carrera a nivel licenciatura. Fuera han quedado quienes no puede, ya sea por trabajo, por edad, por tiempo… Concretada la muerte del Tebac con arma oficial, la participación social directa se ha visto reducida sustancialmente. Las exposiciones en museos se mantienen, pero la atención a una disciplina artística es más amplia que la exposición y difusión; la capacitación en diferentes niveles, la capacitación para ventas, talleres, conferencias sobre la amplia gama de estilos, escuelas y tendencias en las artes visuales y más….

El teatro parece también en terapia intensiva para los programas oficiales. Por supuesto, hay gente que trabaja en montajes desde la dirección, la actuación, la dramaturgia, pero desde una perspectiva individual. La muestra estatal está sepultada en una tumba sin nombre. La fugaz, fallida y desarticulada “compañía estatal de teatro”, integrada por actrices y actores de Puebla e Hidalgo en los roles principales, igualmente fue incinerada y sus cenizas ni siquiera al viento esparcidas. Se anuncia la licenciatura en artes escénicas, importante paso, pero el área reclama mucha más amplitud y profundidad de acciones, no contempladas hoy en la Secretaría de Cultura.

El Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda, que décadas atrás tanta actividad y prestigio trajo a Tlaxcala, se encuentra hoy en grave postración, conectado a monitores cardiacos, de presión arterial, de temperatura… y la asistencia médica no llega. Sus hermanos: la escuela de teatro de Títeres Mireya Cueto murió en la indigencia; el Museo de Títeres Rosete Aranda cada día sale a las esquinas de las calles para implorar limosna y recoger grumos de cariño.

La música camina solo en las vertientes consolidadas como la Casa de Música o la Escuela de Música (aún inexplicado por qué hay dos escuelas absolutamente desconectadas entre sí). No hay programa de crecimiento y diversificación de los ejecutantes, individuales y grupales. No hay políticas que muestren a los ejecutantes las posibilidades estéticas y creativas en otros géneros musicales, aparte de la música clásica. No hay una intención real de contribuir a la consolidación y expansión de la música en su más amplia extensión, con su vitalidad, acompañamiento y fortalecimiento del género humano como tal. Inolvidable aquel comunicado emitido por la coordinación de prensa de una administración anterior, comunicado por el cual se anunciaba la inminente presentación en Tlaxcala de la “bailarina y coreógrafa Carmina Burana”. Baste esta joya para ilustrar lo dicho.

La danza es el ente olvidado en el discurso oficial. La danza es solo una actividad que sucede en las escuelas o en algún perdido foro-espacio sideral. No en los planes y programas de gobierno. La danza, tan íntima en las culturas originarias, hoy, como esas mismas culturas originarias que se adula en los actos, pero se rehúye en la realidad, vive por su propia fuerza, su propia energía, su propia sangre… La Secretaría de Cultura mira hacia otro lado.

Y los centros culturales, puntos de contacto directo de la institución con las comunidades, espíritu fiel de gobiernos que se asumen cercanos a la gente, son hoy reliquias propias para el INAH, restos físicos y políticos de una institución con la mirada solo en la gobernadora, en busca de su agrado. Con extenso surtido de fotografías en redes sociales, de actos de acercamiento con los municipios para la búsqueda de acciones en común, acciones para un futuro cuyo fin se percibe ya en la esquina. Los centros culturales, que deberían ser la red arterial de las políticas culturales, apenas sobreviven hoy con sus coordinadores en labores de conducción, de afanadores, de administradores, de difusores, de profesores, de todo lo que se necesite, con salarios de miseria y en el olvido.

Fuera de la entidad, en otros estados, en otros países, Tlaxcala es conocida mayoritariamente por dos razones: su historia y sus artesanías.

Un año de preparación multi institucional y el aniversario por los cinco siglos de vida de la ciudad de Tlaxcala quedó en fiesta y algunos destellos de estudio y reflexión, pero en general el nacimiento y la evolución en 500 años de la capital, sus etapas, sus características y su impacto en la cultura tlaxcalteca toda, no se abordaron. En todo el territorio tlaxcalteca previo a la conquista ¿cuántos señoríos existían? ¿solo 4? ¿alrededor de 20, como afirman algunos investigadores? Confirmar este señalamiento significaría echar por tierra el mito del gobierno tlaxcalteca colegiado, pues la autoridad recayó en solo 4 de 20 señoríos: una oligarquía. Tarea también la revisión necesaria a los reclamos por la violencia hacia los indígenas en la conquista de México, frente a la violencia de los indígenas conquistadores, mayoritariamente tlaxcaltecas, contra los indígenas locales en la conquista de Centroamérica. Son solo botones de un extenso lienzo que no se extendió para empezar a zurcir en este aniversario capitalino.

Las artesanías, que alimentan física e identitariamente a los pueblos, deberían ser atendidos, así está marcado en el organigrama, por la Casa de Artesanías, pero esa instancia vive solo para convocar concursos y pagar premios… no más, con un titular que permanece en el cargo solo por dedo político, después de su episodio público. La actividad artesanal, coherentemente y por propio perfil, deberá estar integrada plena y cabalmente a la Secretaría de Cultura, aunque, por lo visto, tampoco ahí sería atendida.

Lo anterior es un bosquejo, una fotografía que permite observar las posiciones en el mapa de la actividad cultural. Las radiografías deben ser por separado… y vendrán.

En tanto, el malestar en el gremio aumenta su temperatura.

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