Lun. Mar 16th, 2026

José Luis Puga Sánchez

Una composición del cholo fronterizo México-estadounidense, deshilachado y su colorido parduzco, con la vitalidad y el ritmo colombiano, cumbia y vallenato “rebajados”, una forma de vida y de relacionarse muy focalizado en México y una expresión fundamentalmente juvenil nacida de la construcción de un entorno propio, eso es la exposición “Cholombianos”, montada hoy en el Museo de Arte de Tlaxcala.

El trabajo se debe a fundamentalmente al empeño investigador, observador y recolector de Amanda Walkinz, fotógrafa y diseñadora inglesa, quien después de entrar en contacto con la tribu “cholombiana” en el mero centro de Monterrey, en la colonia Independencia, destinó cinco años de su vida para convivir con ellos, conocerlos y entenderlos. “Me gustó mucho estudiar en la calle, el contacto con la gente. Me gusta este estilo, que es lo que estoy buscando. Amigos haciendo cosas para amigos, muy en lo cotidiano”.

Y lo que encontró Amanda Walkinz lo explica Deborah Holtz, escritora, periodista, locutora de radio y empresaria, fundadora de la asociación de editoriales mexicanas independientes y fundadora de su propia casa editorial Trilce Ediciones.

“Cuando nosotros decíamos cholombiano, nos dijeron que nos referimos a los colombianos. No, nos referimos a los ‘cholombianos’, cultura que ha sido portada de revistas de moda, de noticias de primera mano por estos chairos. Yo creo que es algo más que real, inventaron una nueva manera de pelearse, de vestirse, de bailar, de lanzar la música”.

Amanda –informa Holtz- daba clases de moda en Cuba. Y cuando supimos de ella, que era un trabajo que precisamente le da un igual al resto de chavos, no como asunto sociológico, ni de investigación política, sino de creatividad, de rollo, de todo lo que ellos representan, nos volvimos locos. Así que acabamos editando el libro de los villanos que van a poder ver. El libro salió en 2013, y luego se nos obligó a hacer esta exposición, que ha estado en varios museos de México, en Francia, en Londres, y varias ciudades más.

La exposición muestra el sentir de un grupo de chavas y chavos que, sin ser diseñadores de moda, sin deberla ni temerla, diseñaron estos trabajos mezclando muchos preceptos tanto de la cultura mexicana como de los mexicanos en los Estados Unidos, de ahí que se llaman cholos, por eso son “cholombianos”.

Aquí tenemos el largo trayecto iniciado por todo el continente, de Colombia a India, Perú, Ecuador, etcétera, pero en la esquina de la línea está Colombia. “Y cómo llegamos a un punto de entrada en los Estados Unidos y en Monterrey, en la colonia Independencia, donde se asentó una devoción por la cultura colombiana, a tal grado que hay lugares donde a la gente se le conoce como “la línea Colombia”, con toda la parafernalia colombiana como el acordeón, los instrumentos, las tumbadoras, los sombreros… Es de aquí de donde vienen todos los DJs, muchos de los grupos colombianos. El más famoso es Celso Piña, el que mayor difusión logró tener, pero hay muchos otros. Hay videos que hicieron varias chicas sobre la cultura colombiana. Se citó también la película ‘Ya no estoy aquí’, que se trata del primer documento

que existe sobre los “cholombianos”, que fue base de todo lo que se generó después, como el libro que se creó con la investigación de Amanda Watkins”. 

Yo conocí a Celso Piña hace muchos años, confiesa Deborah Holtz. Viajé con él en el “Piñabús”, con sus hermanos, con toda la tropa, mucho antes de que hiciéramos “Cholombianos”, porque somos unos devotos de la música. Y Celso era un genio. Agarró exactamente como el germen de la cumbia, pero lo transformó en algo totalmente diferente. Si un colombiano oye cumbia mexicana te va a decir: eso no es cumbia, para nada ¿Por qué? Porque es un ritmo diferente, se baila diferente. Y ahorita vamos a ver por qué se baila diferente. Pedimos a la familia que nos prestara el atuendo típico de Celso Piña, con los zapatos, la camisa onda hawaiana, el pantalón y demás, con varios de sus trofeos y demás. Aquí van a ver esta maravillosa camisa, la más icónica de Celso, que estamos muy orgullosos de tener en esta exposición.

Y la periodista siguió conduciendo el andar inaugural de la exposición: Aquí tenemos una pieza excepcional, porque muestra los sitios donde ha habido manifestaciones cumbieras importantes. Ustedes agarran estos audífonos y pueden oír una música representativa de cada lugar. Aquí tenemos las orquestas de Chile, de Perú, de Ecuador, de Venezuela, de Colombia, de México y de varios lugares de Centroamérica. Así es que, si ustedes se ponen los audífonos, van a oír diferentes tipos de cumbia de alguno de los grupos representativos de cada lugar. 

Holtz hizo alto en otro altar, el dedicado al sonido Dueñez, “Es el creador de la cumbia rebajada. Fue un milagro, fue un chilazo. Él con los chavos que se juntaban a bailar cumbia, de repente le bajó el pitch por algo al tocadiscos y la música empezó a sonar así, y los chavos con ese ritmo empezaron a crear este baile que hoy todos ustedes conocen, pero que no existía. Fue producto de estas reuniones junto al río, donde el gran maestro Dueñez inventó la cumbia rebajada de puro churro”. Y aprovechó entonces para mostrar la colección expuesta del sonido Dueñez: sus trofeos, sus sombreros, las fotografías de todos los viajes con su música que ha hecho infinitos por Estados Unidos y por México, hasta volverse uno de los DJs más populares en la onda cholombiana sonide

ra. Su disco de plata y la cereza del pastel: la tornamesa original del sonido Dueñez. Es el origen de todo. También está su segunda tornamesa y el megáfono que utilizaba para todos los bailes, sobre todo los primeros en la Colonia Independencia, en Monterrey.

Y casi siempre se habla de las cumbias adaptadas, pero el vallenato es otro ritmo adoptado en Monterrey. “En ningún otro lugar se ha dado este fenómeno. Esto viene directamente de la gente de Monterrey. Quién hubiera imaginado que uno de los máximos movimientos de baile viniera del norte del país… y ahí lo tienen”.

“Cholombianos” muestra también mantas que hacían para promocionar sus grupos, sus tocadas, su identidad: Elisa de la Noria, Póker de la Morelos, Antonia de la Gloria Mendiola, Janet Peque de Madero. “Si no tenías tu manta de identidad del grupo al que pertenecías, prácticamente no eras bienvenido al baile”. 

La vestimenta es también uno de sus distintivos, como las testas (cabezas) locas, con sus alucinantes cortes de cabello. “Imaginen esto hace 30 años, para que vean la originalidad brutal de estos chavos que se rapaban. El elemento más distintivo del peinado de los cholombianos son las larguísimas patillas, peinado aderezado con una gorra siempre intervenida. Las chavas sobre todo con el pelo recogido para arriba, como una especie de plumero”. Y los paliacates, diseñados por cada quien con las imágenes de San Judas Tadeo y de la Virgen de Guadalupe.

Deborah Holtz remata su recorrido al hablar del lenguaje de señas con las manos, toda una forma de comunicación y de identidad entre ellos. Además, desde la misma colonia Independencia operaba una radiodifusora, estación que se convirtió en su nervio central, pues no contaban en aquellos iniciales momentos con celular, por lo que la radio fue su forma de difundir tocadas, música, ideas, formas, leguajes…

Y ese universo tribal está hoy montado en el Museo de Arte de Tlaxcala…

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