
Editorial
En tanto la fecha de la elección del 2027 se aproxime, el piso se vuelve un barrial cada vez más y más intransitable.
El golpeteo, los señalamientos, las acusaciones, los posicionamientos y todo aquel movimiento con matiz de urna, estremecen un incierto escenario político estatal.
La cultura no está exenta de tales estertores.
Hoy, parece, son solo dos equipos en contienda: el comandado por el alcalde de Tlaxcala y el comandado por la senadora. Aquel inicial equipo que comandaba la secretaria de Turismo, se disolvió en borrajas.
Vistos los aspirantes, es posible empezar a imaginar escenarios hipotéticos para el campo cultural en cada eventual triunfo.
Alfonso Sánchez García parece el resultado de un acuerdo cupular, de la confluencia de intereses y aspiraciones que buscan prolongar en el tiempo aquel viejo pacto entre los discípulos de Emilio Sánchez Piedras: todos gobernadores. Pacto ahora extendido a la segunda generación, explícito en Lorena Cuéllar y después lo buscarían con Sánchez García.
Alfonso junior empieza a recorrer un muy agreste y rasposo camino hacia la gubernatura. Le cubre el velo de las viejas vanguardias priistas, sello hoy profundamente venido a menos, frente a una sociedad que paulatinamente valora más el peso de su voto y en su poder de reencausar el avance social y de gobierno.
¿Cómo podría ser un eventual trabajo político e institucional en la cultura, ante su hipotético triunfo electoral?
Difícil especular el devenir de esa Secretaría de Cultura en un gobierno de Sánchez García, ante las pocas luces que en su incipiente camino ha podido encender sobre el tema.
Algunos puntos:
En sus primeras apariciones públicas como alcalde, tuvo que leer el nombre de su director de cultura, pues no recordaba el nombre… y aun leyéndolo, fue titubeante. Interesante sería saber cómo Vladimir Monpeller Prado llegó a ocupar el cargo y por qué no es reconocido por el alcalde.
En muy contactos eventos de cultura hace el alcalde acto de presencia, salvo aquellos donde el matiz político es fuertemente evidente, sean o no organizados por su ayuntamiento.
La conmemoración de los 500 años de la fundación de Tlaxcala, apenas en octubre reciente, parece dejó al presidente municipal más heridas que sonrisas. Esa explosión de fuegos pirotécnicos, ampliamente difundidos en casi toda la prensa, sucedió cuando el país era presa de un muy inusual periodo de lluvias torrenciales, cuya huella fue las varias inundaciones registradas en la capital y sus desastrosos efectos en sus calles, intransitables varias de ellas.
La extremadamente lenta e insuficiente, en su momento, respuesta a la emergencia, cuando paralelamente los reflectores iluminaban las varias actividades conmemorativas, dejó en muchos ciudadanos el sentimiento de orfandad, de desamparo. Luces y fotografías a granel mientras la vida cotidiana de la ciudad se desplazaba en silla de ruedas.
La valoración y la consecuente atención de gobierno para cada caso, fue muy diferente… y esa priorización ha dejado honda huella en el ánimo y en la percepción del ciudadano, sensación no proclive hacia Alfonso Sánchez García.
Su eventual ascenso a la gubernatura ¿pondría a Monpeller en la Secretaría de Cultura? Difícil afirmarlo, aunque el director pica y pica piedra, se cuela en toda foto a su alcance y avienta sonrisas a granel.
Alguien más con posibilidad de ocupar la secretaría: Nadie, hasta hoy, lo suficientemente visible.
El panorama no es halagüeño para el sector cultural en general.
La senadora Ana Lilia Rivera parece tener hoy muy amplia ventaja en las preferencias de voto.
Las intenciones pueden mutar en cualquier momento, es indudable, pero no ha sucedido.
La fuerza de Ana Lilia Rivera tiene su raíz en su imagen y su trayectoria, muy alejadas de las tradicionales estirpes políticas locales.
No es parte de algún grupo político enraizado en Emilio Sánchez Piedras.
Su experiencia, para bien o para mal, está construida, por décadas, sobre un trabajo real con corrientes e ideologías de izquierda.
Visible mediáticamente con cierta amplitud en su periodo como diputada local en la 59 legislatura, es ahora en su paso por la Cámara de Senadores, donde incluso ocupó la presidencia de la mesa directiva, cuando se le menciona para la sucesión en la gubernatura de Tlaxcala.
Ha sido fuerte defensora del maíz nativo, frente al transgénico
Su eventual ascenso a la gubernatura perecería llevar a las políticas en cultura, un importante alineamiento con las necesidades sociales y comunitarias.
Empero, tampoco hay muchas pistas a seguir para delinear una potencial Secretaría de Cultura en su hipotética administración.
Esa aparente cercanía de la senadora con la cultura comunitaria, es posible conceder, podría significar sensibilidad hacia la identidad cultural e histórica tlaxcalteca. ¿Puede esto indicar, así sea lejanamente, cierta valoración de los procesos artísticos y culturales en su conjunto? Difícil afirmarlo.
Y en este hipotético periodo de gobierno, la persona que podría ser nombrada titular de la Secretaría de Cultura, es un misterio absoluto.
La elección será el 6 de junio de 2027, poco más de un año para eso.
El tiempo se escurre entre los dedos…