Lázaro I. Rodríguez Oliva

En América Latina y el Caribe, durante la última década, “el hábil manejo macroeconómico, aunado a una relación de intercambio favorable a lo largo del período, redundaron en que el producto interno bruto (PIB) de la región se duplicara y en que la región tuviera un mayor acceso a financiamiento” (BID, 2015: iv). A pesar de ello, esta sigue siendo la más desigual del planeta (Cepal: 2015: 22), aspecto que la Actualización de la estrategia institucional 2010–2020, del BID, toma en cuenta, al identificar tres desafíos de desarrollo: exclusión social y desigualdad, bajo nivel de productividad e innovación e integración económica rezagada (2015: iii). Para atender estos retos, el BID plantea prospectivamente: “Lo que los países de la región demandan ahora son soluciones más avanzadas, innovadoras y específicas, así como alianzas para ejecutar políticas, programas y proyectos que partan de los logros que han obtenido hasta la fecha y les permitan abordar los problemas de vieja data y las dificultades emergentes. Tal como ha hecho invariablemente desde 1959, el BID continúa evolucionando para adaptarse a la transformación de la región” (BID, 2015: 1). Una de esas soluciones avanzadas, innovadoras y específicas sería el financiamiento de la economía creativa como un motor y facilitador del desarrollo sostenible.

En la Actualización de la estrategia institucional 2010–2020, del BID, no hay una mención explícita al sector cultura, las industrias culturales ni a los emprendimientos creativos, todos estos comprendidos y a veces usados como sinónimos de economía creativa1. A pesar de ello, es clara la apuesta del BID por las industrias culturales y creativas en la región de América Latina y el Caribe, y así lo confirman diversas operaciones de inversión del BID en áreas claves de la economía creativa como el fortalecimiento de alianzas público-privadas para revitalizar centros históricos como el de Colón (Panamá), el de Río de Janeiro (Brasil), así como la promoción de las industrias culturales como motor de desarrollo socioeconómico del centro histórico de Quito (Ecuador). En Brasil, se exploraron modelos de cómo la economía creativa contribuía a la generación de renta y trabajo. En gestión de conocimiento, se han apoyado iniciativas como el análisis y la cuantificación de la industria cultural en Guatemala, y se ha explorado el uso de la propiedad intelectual para promover la competitividad de pequeñas y medianas empresas en Jamaica; así como la generación de innovación y competitividad a través de la propiedad intelectual en Colombia.

En Ecuador, se han reforzado las capacidades en los derechos de propiedad intelectual y fortalecido la cadena productiva y comercialización de textiles artesanales. También en Colombia se ha invertido en la plataforma de innovación y diseño para el sector textil, confección y moda, así como en el desarrollo de las industrias culturales de Popayán, el norte del Cauca y Cartagena de Indias. En Argentina, se fortalecieron las industrias culturales en el interior del país, así como la educación a través de la cinematografía. El fortalecimiento de las capacidades para comercializar la artesanía tradicional en Chile y la inserción internacional del diseño y marcas en Argentina estuvieron dentro de los proyectos apoyados en distribución.

Toda esta experiencia de campo, aunada a la Actualización de la estrategia institucional 2010–2020, hacen de la economía creativa un área con posibilidades de financiación para el desarrollo en el contexto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, impulsada por las Naciones Unidas. Para tomar decisiones informadas y efectivas, es necesario contar con datos que confirmen que la inversión es efectiva, pertinente y sostenible. De forma específica, con relación a los “datos, vigilancia y rendición de cuentas”, la Agenda 2030 contiene dos metas:

• De aquí a 2020, mejorar el apoyo a la creación de capacidad prestado a los países en desarrollo, incluidos los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, para aumentar significativamente la disponibilidad de datos oportunos, fiables y de gran calidad, desglosados por ingresos, sexo, edad, raza, origen étnico, estatus migratorio, discapacidad, ubicación geográfica y otras características pertinentes en los contextos nacionales [Meta 17.18].

• De aquí a 2030, aprovechar las iniciativas existentes para elaborar indicadores que permitan medir los progresos en materia de desarrollo sostenible y complementen el producto interno bruto, y apoyar la creación de capacidad estadística en los países en desarrollo [Meta 17.19] (ONU, 2015: 31).

Urge a los actores del desarrollo a encontrar vías alternativas para el cumplimiento de esta meta de transformación como es el caso de la economía creativa. Su financiamiento sigue necesitando datos que especifiquen, por ejemplo: ¿dónde invertir? ¿Sobre qué criterios hacerlo? ¿Qué iniciativas deben tener la prioridad de financiación para resolver los desafíos mencionados de América Latina y el Caribe? ¿Qué información es necesaria para tener una actuación más efectiva en el desarrollo?

El Informe de las Naciones Unidas sobre economía creativa de 2010 ya reconocía que “el análisis de la economía creativa en Latinoamérica adquiere gran significancia dentro de las políticas culturales regionales y un desarrollo visible de las estrategias en áreas sociales y económicas” (Unctad, 2010: 92). Este mapeo del BID explora la economía creativa en los países prestatarios de la institución. Se trata de una compilación crítica de las fuentes y las actualizaciones de los instrumentos de gestión de conocimiento que han aportado datos para la toma de decisiones. Se han identificado los datos más recientes disponibles en las fuentes más confiables sobre economía creativa sobre la contribución económica de las actividades culturales (producto interno bruto cultural o valor agregado bruto cultural, entre otros), al igual que por sectores culturales más específicos en aquellos países que así lo midieron. Se reunieron las cuantificaciones de las exportaciones de bienes y servicios creativos, así como del empleo creativo.

El primer capítulo, comparte algunas de las reflexiones y ejercicios internacionales sobre la gestión de conocimientos para la innovación en economía creativa. Al no ser este un mapeo con un fin académico, se han priorizado las fuentes oficiales de los países, así como de los foros internacionales y multilaterales en los que participan los países incluidos en esta medición. El segundo capítulo, explora los datos de los indicadores recientes por país.         

Por último, se ofrecen algunos puntos claves de esta exploración sobre la contribución económica de la creatividad y se recomienda un conjunto de futuras decisiones en el marco de la gestión de conocimientos en economía creativa para el desarrollo en América Latina y el Caribe.

MÉXICO

La “participación económica del sector en el PIB nacional” fue de 3,3% en 2016, a partir de un cambio de año base en 2013, según la Cuenta Satélite de Cultura del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. La participación sectorial en el PIB fue: medios audiovisuales (37,7%), artesanías (17,8%), producción cultural de los hogares (17,5%), diseño y servicios creativos (8,3%), artes escénicas y espectáculos (5,5%), formación y difusión cultural en instituciones educativas (4,8%), libros, impresiones y prensa (3,9%), patrimonio material y natural (1,7%), artes visuales y plásticas (1,5%), y música y conciertos (1,2%) (INEGI, 2017)2. Según la misma fuente, en 2016, estos sectores tuvieron un millón 359 mil 451 puestos de trabajo ocupados.

Otros cálculos como los de The Competitive Intelligence Unit (CIU), refieren que la contribución de las industrias culturales y creativas es de 7,4% en el PIB y que generan dos millones de empleos directos e indirectos (Piedras, 2017).

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) reveló otras cifras relacionadas con la participación de la economía creativa en el PIB. Su cálculo del aporte al PIB de las industrias creativas es del 4,5% (2015). Este centro de investigación aplicada independiente creó “un modelo basado en agentes” (IMCO, 2015: 14)3.

Las exportaciones de las industrias creativas mexicanas sumaron en 2012, un monto de 4.651,88 millones de dólares. De esta cifra, 4.491,81 millones de dólares corresponden a bienes culturales exportados, y 160.000, a servicios creativos (Unctad, 2016: 100).

CONCLUSIONES

La apuesta por la economía creativa del Banco Interamericano de Desarrollo sería una estrategia para mejorar su cartera de instrumentos, reforzar el diseño de proyectos y la supervisión de la ejecución, así como para seguir mejorando sus prácticas operativas en el terreno (BID, 2015: 2).

A partir de este mapeo, se advierte un interés escaso aún por la internacionalización de los datos de la economía creativa, aunque es cierto que existen algunos intentos de adaptaciones de las metodologías nacionales a los criterios internacionales (como es el caso de las aún escasas cuentas satélites) con el Convenio Andrés Bello. Hay un camino recorrido tanto en las mediciones del sector cultura desde la perspectiva económica, pero todavía son incipientes, por ejemplo, las mediciones de otros sectores como publicidad o tecnologías, que abren el campo cultural al sector creativo en un sentido amplio.

Mapeos, baterías de indicadores, cuentas satélites, estudios de comportamiento de exportaciones, investigaciones del mercado de trabajo, son algunos de los instrumentos más recurrentes.

La diversidad de fuentes para realizar la gestión de conocimientos de las economías creativas locales y nacionales da cuenta de marcos conceptuales y operativos diversos que obedecen muchas veces a los discursos institucionales, sesgos políticos o coyunturas de cooperación. Instituciones como el BID, Unesco, OEI, OEA, OMPI, Cepal, Mercosur, Convenio Andrés Bello, han enfocado diversas aristas, pero este esfuerzo, si bien se reconoce como pionero, es insuficiente aún para establecer criterios de comparación, análisis comparados y prospectivos.

Se hace necesario un programa sostenido de gestión de conocimientos que involucre diversas contrapartes, con sentido crítico, con valor comparativo y enfoque multisectorial que permita avanzar en un criterio marco como el que ha estado intentando hacer las Naciones Unidas a través de Unctad, PNUD y Unesco. El informe más reciente de las Naciones Unidas señala que como parte de la Agenda 2030, los países en desarrollo deben desarrollar sus capacidades estadísticas que les permitan tomar decisiones basadas en la evidencia. Según estas recomendaciones, nuevas mediciones estadísticas son necesarias para conocer, por ejemplo, las prácticas culturales digitales y los servicios creativos (Deloumeaux, 2017: 141). Se reconoce que “la gran brecha de datos” podría obstaculizar el logro de estos resultados, sobre todo los relacionados con “la movilidad de artistas y profesionales de la cultura, así como los beneficios de los servicios culturales” (Unesco, 2017: 23). Por otra parte, se necesita implementar la caracterización de los emprendimientos creativos para conocer la naturaleza de estos y así establecer modelos de inversión sostenibles, si se quiere enfocar a las microempresas como agentes de transformación para el desarrollo sostenible.

Como instancia regional, el BID debería canalizar y acelerar el consenso de diversos actores como Cepal, OEI, Unesco, Segib, entre otros, para reforzar las capacidades de las mediciones y estas sean confiables. Su prestigio y solidez institucional en América Latina y el Caribe podrían articular las diversas iniciativas y avanzar hacia un lenguaje común que tome en cuenta e integre la diversidad de enfoques, con el horizonte de la Agenda 2030 para el desarrollo, y otros instrumentos. Este liderazgo del BID estaría en sintonía con el Plan de trabajo de cultura de la Unesco para América Latina y el Caribe 2016–2021 que recomendaba:

• Compartir e intercambiar metodologías que permitan analizar de manera cuantitativa y cualitativa el impacto real de la cultura, de las industrias creativas y culturales en las economías y el desarrollo social de nuestros países;

• Trabajar para construir un sistema de información cultural que logre alcanzar a todos los miembros de la Celac que permita conocer y hacer valer la participación de la cultura en las economías y el desarrollo social de nuestros países con la Cepal, con una metodología consensuada que cuantifique el impacto de la cultura y de las industrias culturales para contribuir con el logro de los objetivos de la erradicación de la pobreza y la disminución de las desigualdades sociales en América Latina y el Caribe, así como un catálogo sobre las buenas prácticas en la materia (Unesco, 2016: 3, 4).

Una cuestión clave sería la concepción de instrumentos innovadores que permitan “mejorar el acervo de información, emprendiendo una recopilación de datos rigurosa como inversión preliminar esencial para la adopción de políticas coherentes del desarrollo de la economía creativa” (Naciones Unidas, Unesco, PNUD, 2014: 157). Oxford Economics recomendaba seguir desarrollando los atlas culturales y las cuentas satélites cooperativamente, lo cual “alentará y ayudará a los países más pequeños a alcanzar y coordinarse mejor en el desarrollo común de una economía creativa hemisférica” (2013: 6). La Unesco de igual forma recomienda “construir capacidades y mejorar la infraestructura en los países en desarrollo para generar estrategias de comercio para los bienes y servicios culturales, y para negociar los acuerdos comerciales más activamente y en línea con las metas de la Convención” (Unesco, 2017: 23). Según el documento, las implementaciones efectivas de los tratos preferenciales para los bienes y servicios culturales exigen un enfoque más integral.

Otro aspecto significativo es cómo la inversión en generación de datos que detonen la economía creativa puede acelerar la innovación económica, social y el de sociedades más inclusivas, transparentes y sostenibles.

Desde la perspectiva de la contribución de la economía creativa al desarrollo sostenible, son necesarias unas instituciones sólidas de gestión de conocimientos en los ministerios, en las agencias independientes especializadas del sector privado, en las organizaciones no gubernamentales que produzcan y fiscalicen, desde un enfoque intersectorial, los procesos de generación y uso público de dichos datos. Los ministerios de Cultura, a pesar del trayecto e interés de algunos países han demostrado en la economía creativa, tienen aún capacidades institucionales limitadas para abordar de una manera compleja la gestión del sector creativo, el que en la mayoría de los casos excede su campo de acción.

La participación de diversos actores en la gestión de los conocimientos podría ser una estrategia de sostenibilidad, considerando que mientras más instituciones estén implicadas, mayores posibilidades habrá de continuidad, incluida la participación del sector privado en estas mediciones.

El apoyo a la participación del sector privado en la formulación, implementación y fiscalización de las políticas públicas en la economía creativa es otra de las zonas inexploradas por el BID que son estratégicas hoy, tomando en cuenta las recomendaciones de políticas culturales que protejan y promuevan la diversidad cultural en un contexto de economía creativa (Unesco, 2017; OEI, Cepal, Sicsur, Unión Europea). Todos los instrumentos estratégicos dan cuenta de la necesidad de tomar decisiones públicas y privadas informadas por datos rigurosos que en estos momentos no están disponibles. Incluso se habla de la necesidad de recoger datos desagregados que respondan a unas metas de desarrollo sostenible que hay que replantear, tomando en cuenta que “las asociaciones público-privadas proveen un espacio para el equilibrio entre innovación de las políticas públicas, el acceso y la diversidad (Unesco, 2017: 41). De modo específico se remarca la necesidad de recopilar los datos e intercambiar información con fines de monitoreo, considerando que “los buenos sistemas de información permiten la evaluación del impacto, mejores decisiones de política e intercambio de información entre las partes, las organizaciones internacionales y los investigadores” (Baltá, 2017: 43).

Se recomienda la mediación y financiación de la cooperación internacional y regional para realizar el levantamiento de datos de economía creativa para, de esta forma, en el contexto de la globalización de bienes y servicios culturales y del tránsito de personas, se encuentren las soluciones adaptadas a las realidades regionales y a los países.

Es preciso recopilar los datos y desarrollar las capacidades analíticas comparadas y prospectivas para tomar decisiones informadas que permitan “articular” los esfuerzos en la economía creativa como parte de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. “Solo la concepción de que los sistemas de información cultural —incluyendo las CSC, las ECC4 y otros instrumentos de medición asociados— deben ser parte de los sistemas estadísticos nacionales permitirá articular los instrumentos más ligados a la medición de la cultura con otra serie de instrumentos de medición (encuestas de precios, encuestas industriales y comerciales, encuestas de condiciones de vida, encuestas de empleo, encuestas de ingresos y gastos, encuestas de protección social, censos, cuentas nacionales, entre otros). También permitirá fortalecer la relación entre los subsistemas estadísticos, favorecer la regularidad y continuidad de las mediciones, y contar a largo plazo con una masa crítica de recursos humanos altamente capacitados en la medición y análisis de la actividad cultural en sus múltiples dimensiones” (OEI-Cepal, 2011: 320).

Se recomienda generar un marco teórico único que vincule la economía creativa al desarrollo sostenible y que sea aplicable y comparable. La Agenda 2030 está siendo el referente internacional para la interlocución en la financiación al desarrollo y podría generar un lenguaje común. Ya Cepal-OEI se refería a que una de “las críticas que se realiza a los estudios actuales es la carencia de bases teóricas”. Indicaron que “se hace necesaria la construcción de un marco global —o de un acuerdo con alguno de los ya existentes—, que se adapte a las necesidades y particularidades de cada país sin perder la capacidad de comparación” (OEI, Cepal, 2014: 94).

Mapear las economías creativas locales y los emprendimientos creativos es también estratégico más allá de los datos macroeconómicos de las cuentas satélites. Es importante asociar la medición de datos en economía creativa con la rendición de cuenta de los gobiernos a sus ciudadanos.

La toma de decisiones basada en la evidencia estadística es fundamental para el financiamiento futuro en economía creativa y el rol del banco puede marcar una diferencia estratégica con respecto a los esfuerzos anteriores de otras instituciones. Apostar por la economía creativa, con una perspectiva regional, permitiría superar lo que ya los gobernadores del BID identificaron, en la Reunión Anual de 2014 en Salvador de Bahía, Brasil, como uno de los desafíos del desarrollo de América Latina y el Caribe: la “integración fragmentada de la región y la concentración de sus exportaciones en unos pocos productos básicos sujetos a fluctuaciones y manufacturas poco elaboradoras” (BID, 2015, 1). Esta integración fragmentada, en la que la economía creativa no es excepción, puede explicarse, entre otros aspectos, por la falta de una visión estratégica común, basada en datos rigurosos y actualizados. La medición de las economías creativas sigue siendo una tarea en desarrollo en América Latina y el Caribe, y exigirá decisiones basadas en la evidencia, entre otras, de que lo hecho hasta ahora no ha logrado posicionar a la economía creativa dentro de las inversiones y estrategias del desarrollo sostenible y que su potencial sigue aún subexplorado.

1 Utilizaremos el término más amplio de economía creativa para englobar todas las referencias al sector cultural desde la dimensión económica, industrias culturales y creativas, industrias culturales, industrias creativas y economía naranja. Hemos respetado, no obstante, la referencia original en las fuentes que usamos.

2 Las cifras son preliminares. La suma de los parciales puede no coincidir con los totales debido al redondeo de cifras.

3 “Los modelos con base en agentes son una subclase de modelos de las ciencias de la complejidad, rama de las matemáticas y las ciencias computacionales que ha ganado espacio entre la comunidad científica en las últimas dos décadas. Este tipo de modelos parten del supuesto que cualquier fenómeno observable, sea en las ciencias naturales o sociales, puede reproducirse como un experimento computacional simple. Las reglas simples de comportamiento de agentes aislados determinarán conductas complejas del sistema” (IMCO, 2015: 14).

4 Encuestas de consumo cultural.

Por admin