Editorial

El momento en la vida política, la vida social y la vida cultural se vive en dos facetas.

Una cara tiene que ver totalmente con la transición electoral, el cambio de gobierno, el cambio de funcionarios, el cambio de políticas, que puede ser angosto o ancho de acuerdo al signo partidista o ideológico de la nueva administración.

Otra cara tiene que ver con aquellas dependencias que navegan como si el puerto de llegada estuviese a miles de kilómetros de distancia, por lo que trajinan en general en la planeación, en la preparación para operar en un futuro.

Pero ese futuro ya no les compete.

Por reglas de operación, es tiempo de que los servidores públicos que aspiren o tengan ya amarrada una candidatura, se separen del cargo para así, cuando menos hipotéticamente, no hacer uso indebido de recursos, programas, presupuestos o personal oficial.

He ahí un epicentro del cisma que estremece hoy la vida generalizada en la entidad.

Pero esos estertores parecen no existir, o ser de mínimo impacto, cuando menos en su sismógrafo, para la Secretaría de Cultura.

Su accionar cotidiano mucho lo cimenta en la inmovilidad del tiempo, a un año del cambio de administración y dos opciones abiertas para la gubernatura, una que representa cierta continuidad, un camino similar con caras conocidas y comunes. La otra despierta mayor especulación, más incertidumbre, con un signo ahora sí claramente de izquierda, pero sin comprobantes ni actores para aventurarse a medir su impacto y profundidad.

Esa disyuntiva no se ve en la Secretaría de Cultura. Ahí se trabaja para firmar acuerdos para acciones a futuro, se lanzan surtidores de imágenes de Karen Villeda en mesas, en el extranjero, junto a la gobernadora…

En tanto, y en cinco años de gobierno, la actividad teatral agoniza en el olvido; las artes visuales caminan en el desamparo, al MAT llega mucho material foráneo y la capacitación se ha dejado exclusivamente a la Escuela de Artes de Tlaxcala, en el Centro de las Artes, aunque esa capacitación se oriente solo a los nóveles; la danza, parece su sino inalterable, permanece desaparecida para la mirada oficial; las letras parecen ser las más favorecidas por la institución, aunque la posición abiertamente feminista del Museo Miguel N. Lira, punto focal de las políticas para la disciplina, hacen que de los dos pies para caminar solo use uno.

Circula en el sector cultural un marcado espíritu de incertidumbre: ¿Qué puede ser más dañino? ¿La continuidad de políticas de exclusión, de desaire, o el ensayo de políticas desde el desconocimiento, desde la insensibilidad?

El tiempo, cuál sea el caso, solo muestra nubarrones para los anémicos creadores e investigadores.

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