Gustavo Mauleón

José Luis Puga Sánchez

Tenemos aquí todas esas primicias y podemos seguir hablando de la primera vez, el primer lugar, el primer ejército, la primera iglesia, porque así es la escala. Realmente aquí sí tenemos las primicias reales, tal fue el reconocimiento del etnomusicólogo Gustavo Mauleón Rodríguez a la historia de Tlaxcala, durante el quinto foro hacia la construcción de un observatorio cultural ciudadano.

El módulo, quinto en la secuencia y dirigido hacia “Tlaxcala y el paradigma histórico del encuentro cultural”, sirvió para descubrir que Mauleón es uno de los artífices de la propuesta de ley de derechos culturales del estado de Tlaxcala, entrampada aun en el Congreso local. Otro artífice es el antropólogo Luis Martín Martínez García, conductor de toda la serie.

En el foro Mauleón y Martín Martínez informaron de su participación, años atrás, en un programa de inventarios de bienes culturales en comunidades en un área de 15 kilómetros alrededor del Popocatépetl, “después hubo una serie de robos y gracias a ese inventario se pudieron reconocer y recuperar, por la información proporcionada a la Interpol, una serie de objetos del siglo XVI”. En este ejercicio de gobernanza ciudadana, “sabemos perfectamente quién controla las parroquias. A pesar de que es patrimonio de la nación, el custodio o el resguardo de los templos religiosos es el sacerdote, pero se debe involucrar a la ciudadanía en las políticas culturales, así ya seríamos todos responsables”.

Mauleón señaló el “gran trabajo” que se han hecho en varios archivos en el estado, para inventariar y conocer el universo de los archivos de Tlaxcala, que “es también un pendiente muy importante”, trabajo en el que destacó la enorme labor de recopilación y catalogación hecha por el extinto etnólogo Luis Reyes sobre los documentos pictográficos de Tlaxcala, trabajo que solo ha sido publicado en 50 por ciento, “pero la otra mitad está por publicarse. Habría que dar continuidad a ese universo de los documentos pictográficos”, alentó Mauleón.

Y empezó aquí un tremor de saltos de tema en tema. Primero el investigador se refirió a la pérdida del idioma náhuatl en Tlaxcala, desgaste que atribuye a la acción de grupos evangélicos que atibaron al estado en la década de los 30, pero no especificó siglo, quienes, “según testimonios”, pedían a la gente no hablar más náhuatl, sobre todo en la parte oriental y al sur de Tlaxcala, el volcán, la zona que va hacia San Martín Texmelucan… “y se dejó de hablar náhuatl en esas zonas”.

Ubicó después a Diego Muñoz Camargo como “nuestro primer canon historiográfico”, quien establece los parámetros de la historia de Tlaxcala. Él había hecho “la gran recopilación que tenía que llevar a España, junto con el cabildo, para que el rey viera los documentos de Tlaxcala, porque siempre había que estarle recordando al rey que había privilegios, que había pactos y que había compromisos con la gente de Tlaxcala”. Se hizo en varias épocas durante el siglo XVI, pero el más importante fue el de 1585, cuando están el cabildo y Diego Muñoz Camargo en la corte. 

Otro importante registro historiográfico de Tlaxcala es un pequeño manuscrito de papel hoy conocido como Códice Glasgow, porque está en esa ciudad escocesa. Están ahí reflejadas las pinturas murales que estaban en las casas de cabildo en Tlaxcala, en el Palacio de Gobierno de la República Indígena, “no en el gobierno hispánico, porque en Tlaxcala no había gobierno hispánico. Desde 1535 había alguaciles de la ley hispánica, pero no había un gobierno, había representantes. En realidad, los gobernadores eran indígenas desde 1535”.

Muñoz Camargo reúne su manuscrito y “junto a su manuscrito vienen las copias de esas pinturas que estaban en los muros de las casas de gobierno. Algunas de ellas están también en el Lienzo de Tlaxcala, cuyo original no se conservó dado su elevado grado de deterioro a la mitad del siglo XVIII”. La copia que se conserva es de Juan Manuel Yllañez.

El documento presenta los principales momentos y sucesos en la historia de Tlaxcala, pero que, de acuerdo a Mauleón, tienen que ver con una revelación divina, “hay mucho de doctrina católica en esto. Había que darle importancia espiritual a cada uno de esos hechos portentosos o maravillosos que tenían que ver con la historia de Tlaxcala. Está el suceso de los niños mártires, como unos primeros mártires cristianos, la Virgen de Ocotlán, la Virgen Conquistadora…”. Una serie de hechos –añade- que a través de estos documentos se espiritualizan para tener constancia no sólo historiográfica, no sólo documental, sino una constancia espiritual, una constancia de portento, “por eso es que las glorias de la República de Tlaxcala, estos hechos históricos se inscriben en un ámbito milagroso, de maravilla, de portento. La presencia de la divinidad en un hecho histórico. Y eso, pues rara vez lo encontramos en otras historias”.

Y Gustavo Mauleón hizo un anuncio: Estoy por publicar un artículo, no me da para un libro, porque no me da la vida, acerca de cuál es el momento en que la montaña, el ombligo del mundo, como dicen los otomíes de Ixtenco, la montaña, la malinche, deja de llamarse Matlalcueye para adoptar el nombre de Malinche, la malinche de Cortés, la traductora, la mujer que en cierta forma, que no es una simple traductora, es realmente quien politiza la conquista, fíjense de la importancia de malinche, quien traduce a un lado y a otro lo que ella piensa que es óptimo para ambos grupos. Y de ahí partimos.

El investigador resaltó también la “enorme” importancia de Tizatlán, por ser el lugar del contacto político y del contacto religioso con los españoles, quienes habían tenido ya contacto con otros pueblos, desde su llegada a las costas de Veracruz.

Había muchos señoríos en Tlaxcala, señala. Los de Atlihuetzía reciben por primera vez a Cortés, y, así, por primera vez se erige un templo dedicado desde ese momento a Santa María, la Inmaculada Concepción de María. No hay otra iglesia en América dedicada a la Virgen antes que a Atlihuetzía. Esa es la explicación del por qué después Hernán Cortés se ve en la necesidad de regalar la Virgen Conquistadora, una pequeña réplica que traía de España, a Gonzalo Acxotécatl, quien la lleva a Atlihuetzía, porque ya se había fundado ahí, por vez primera, una parroquia mariana.

Gonzalo Acxotécatl entra a Tlaxcala, con la imagen, un 15 de agosto, pero el 15 de agosto es el día de la Asunción de la Virgen. Entonces, “los tlaxcaltecas asumen, en general, que es la imagen de la Asunción, pero realmente es una iglesia destinada a la Inmaculada Concepción. Esa es la duda que nuestro querido colega Jaime Cuadriello no acaba de clarificar en su libro”. Entonces, “durante mucho tiempo se va a hablar de la Asunción y se va a hacer la Concepción a la Conquistadora, o de la Inmaculada y se va a hacer la Concepción a la Conquistadora. Eso es una primera falla historiográfica”.

Y agrega Mauleón su propia experiencia: eso que me pasó a mí ahora que publiqué el facsímil de la historia de San Miguel del Milagro, la crónica del padre Florencia, pero encontré en la Catedral de Puebla documentos que cuentan otra historia del origen de la devoción de San Miguel del Milagro.

Más datos en este alocado recorrido: En el archivo del Museo Nacional de Antropología, “que casi nadie consulta, ni los arqueólogos”, hay registro de la petición en 1898 del estandarte de Hernán Cortés al ayuntamiento de Tlaxcala. Después está el comodato que del Museo Nacional de Antropología al Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec. “Es el mismo estandarte que tuvieron siempre en la casa de gobierno de la República de Tlaxcala, lo que de alguna manera prueba que se trata de un lienzo antiguo, aun con los repintes que se le hicieron”.

Otro documento que el investigador ubica es el de la creación del Obispado de Tlaxcala, en 1525. Es un documento de Fray Julián Garcés por el que se erige ya la diócesis, cuando se cambia a Tlaxcala la diócesis de Cozumel, la vieja diócesis carolense. “Es importante porque aquí Puebla todavía no existe, ni hay el plan de que Puebla sea la sede del Obispado. El Obispado se está fundando en territorios de Tlaxcala. Después, cuando se funda la ciudad de Puebla en 1531, resulta que también los documentos de la fundación dicen que la ciudad de Puebla se va a fundar en territorio de Tlaxcala. Entonces, sigue siendo territorio de Tlaxcala. Y a partir de Garcés, todos los obispos, los del siglo XVI y los del siglo XVII, siempre van a afirmar como obispos de Tlaxcala”.

Los obispos del siglo XVIII firman ya como obispos de Puebla, porque la ciudad de Puebla ya había adquirido una identidad como una república española, ya reconocida, por tanto, no les interesa mucho –recalca- seguir mencionando Tlaxcala como una sede episcopal. Pero esto es importante porque el documento es 1525, la creación del Obispado, o el cambio de sede del Obispado. Pero, diez años después, en 1535, el rey otorga a los tlaxcaltecas la república de indios de Tlaxcala. Diez años después de este documento.

1531, año de la fundación de Puebla, es el año de la aparición de la Virgen de Guadalupe. “Otro hecho portentoso fincado en realidades, en realidades que no son portentosas, que son políticas, o que son poblacionales, o que son territoriales, pero se espiritualiza de esa manera”. 

Al fundarse Puebla en territorios de Tlaxcala, a los tlaxcaltecas, aventura Mauleón, les da un poco de temor que la república de españoles tenga tanto éxito que vaya a invadir los territorios de Tlaxcala, pero no solo invadir territorios, también tomar el agua, tomar los bosques, etcétera. “Con el tiempo acaba siendo así, desafortunadamente”.

Permea, sin embargo, esa idea proteccionista de Tlaxcala. Hay un documento en el Real Palacio de Madrid “que no ha publicado nadie”, que asienta los festejos de la llegada de los tlaxcaltecas a la corte de Toledo en 1533. Se celebran fiestas fastuosas, porque ordenan se les celebre a los “reyes” de Tlaxcala, a los señores de Tlaxcala, que se les celebre como si vinieran los emperadores, así dicen los jueces; es decir, como si recibieran a un dignatario de Francia, o de Bruselas, o de Italia. Se les hacen grandes fiestas, unas mascaradas, unos arcos, una cosa espléndida. Eso deberíamos nosotros publicarlo, deberíamos tenerlo a la mano para sentir un poquito de orgullo: los “reyes” tlaxcaltecas eran recibidos como los grandes reyes de Europa.

Nuevo salto…:

Un día fui a la biblioteca del centro INAH Tlaxcala a consultar. De repente veo un mapa de pequeñas dimensiones que está en un folio mayor en tamaño, y pregunto:

– ¿No es una litografía? 

No, no tiene valor alguno. No es una litografía, me contestaron. 

Pedí lo bajaran y efectivamente es el original, que lo tuvieron siempre perdido, como una litografía. Entonces, cometí el error de entregarla al director del museo regional, porque ahora ya no la muestran. Imposible. Ya no existe. ¿Qué hacía en el museo? Pues cuando fundaron el Museo Regional, trajeron documentos del Archivo del Estado y de otros lugares, y ahí estuvo seguramente en la primera museografía. La de ahora me parece espantosa, con módulos de plástico y cosas extrañas que no reflejan la importancia de esa colección. Entonces, este (mapa) lo sacaron de servicio y lo fueron a colgar ahí, a la biblioteca. La buena noticia es que ya lo fotografiamos, lo pudimos contrastar y es fundamental porque es de una primera etapa, antes de 1550.

Punto y aparte:

El órgano en Matlalohcan es como los de Carlos V, con un sistema muy diferente a los demás, apunta Gustavo Mauleón en su especialidad. Señala también la existencia de los órganos en Zacatelco y en Tepeyanco, este último aun con su “cajita ahí, destruyéndose cada día más en el convento franciscano, sin que nadie le ponga un poquito de atención. Yo he ido tomando fotos de la degradación. Ahora son cuatro palos, pero en aquel entonces todavía tenía elementos”. Su importancia radica en que “estamos ante los órganos más antiguos de América”.

Por otra parte, existe registro de la visita de un gobernador a una comunidad y por esa sola visita, le regalaron un códice original. Existe el documento probatorio del regalo… pero esa información será ampliada posteriormente, una vez se consolide.

Y regala un hilvanado final de puntos para la reflexión:

Existen documentos que identifican a Tlaxcala como el primer centro histórico de América continental

Tizatlán es el lugar donde se erige, por vez primer en el continente, la cruz cristiana, según Muñoz Camargo y otras muchas fuentes.

En ese mismo bautizado pueblo de San Esteban de Tizatlán se impartió por vez primera el evangelio. Hubo necesidad de enseñarles lo básico de la doctrina y bautizar. Pero también al ejército, “porque en la cabeza de Hernán Cortés hubo la perversidad, si lo queremos tomar así, de que todos los soldados que iban a morir en ese sacrificio, serían los primeros mártires cristianos. Por eso es que se llama San Esteban, porque es el primer mártir cristiano, es el protomártir de los cristianos”.

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