Las coreografías, medio escondiditas

José Luis Puga Sánchez

Este año en la Feria Geek la cultura K pop fue desplazada por el anime y los gamers, pues la mirada estuvo más enfocada los rasgos culturales juveniles más significativos en el Asia oriental, Japón predominantemente, que en coreografías que identifican fundamentalmente a Corea.

Se trató de la renovación de vínculos entre los seguidores y amantes locales y la cultura K pop, desde prácticamente el corazón de Tlaxcala. La 5 edición de la feria Geek reunió nuevamente abigarradas nubes de lectores de mangas y visores de anime.

El patio central del Palacio de Cultura, su zona frontal y los espacios y jardines aledaños sufrieron exuberante invasión de jóvenes que portaban imaginativos atuendos reflejo fiel de esa forma de expresión cultural juvenil.

Y la distribución de espacios en el Palacio de Cultura fue poliédrica: zona para expo-venta, zona para ejecutantes de coreografías y para batalla de baile, zona para juegos, zona para experiencias lúdicas, zona para torneos y zona para alimentos.

El área más extendida y más concurrida de oferta de productos. Ahí se pudo encontrar lo mismo stickers que figuras, o ropa intervenida que lucía dibujos, animes, colores, diseños. Había photocards, pulseras, stickers, lightsticks, llaveros, sí como fanarts como joyería basada en anime, material de arte, videojuegos.

El K pop es una subcultura y un fenómeno global que fusiona pop, hip-hop y R&B con elaboradas coreografías, moda vanguardista, conceptos visuales impactantes y una intensa cultura de admiración hacia sus artistas, quienes a su vez son un producto hecho con base en estrictos entrenamientos en canto y baile antes de su debut en los escenarios.

Todo este entramado tiene un soporte vital: los seguidores o fandoms, quienes a través de las redes sociales se organizan para coordinar proyectos, reuniones locales, aprender coreografías y provocar que las canciones de sus grupos favoritos rompan récords en las listas mundiales.

Y precisamente la feria Geek fue una expresión robusta de las y los fandoms, pues el Palacio de Cultura de Tlaxcala lució un plumaje multicolor y centelleante: niñas en pequeñas falditas y coloridas pelucas, niños con trajes casi galácticos y algunas armas de plástico. El lenguaje era común y todos lo entendían y dialogaban. El espíritu de comunidad circulaba libre y alegremente.

Aunque esta ocasión fue muy llamativo que el área para coreografías, esencia fundamental del K pop, se situara en uno de los jardines laterales del palacio, donde sucedieron verdaderas batallas de ritmo y sincronía, presenciadas por un animoso grupo de espectadores.

En tanto, al fondo del patio central la ya tradicional tarima para espectáculos fue ocupada por un par de animadores, quienes invitaban a los aficionados al canto y al baile para subir y mostrar sus dotes al público. Así sucedió con una niña de 8 o 10 años de edad, quien muy insistente desde el piso trataba de llamar la atención de los conductores, hasta que se le permitió usar el karaoke. Subió al escenario desde donde cautivó al saturado patio. Espectadores con su cosplay, que es un disfraz de personajes ficticios, como vendedores, expositores y solo visitantes la escuchaban embebidos, hechizados. Desde niña, confesó al terminar, veía, por su hermana mayor, una serie japonesa y la pieza musical principal quedó marcada en su memoria… y un estruendo de aplausos rubricó su participación.

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