Muestra el pintor reporte de su primer incendio

José Luis Puga Sánchez

Años clamando por espacio para exponer. Años de exigencia perpetua para que las instituciones de cultura volteen a verlo. Años implorando respuesta a su “dolor” por no encontrar resguardo adecuado para toda su obra después de su muerte. Años exigiendo continua exhibición para que su trabajo sea convenientemente valorado por la gente…

Y llegó su exposición retrospectiva, propicia para celebrar los 60 años de actividad artística de Teódulo Rómulo, montada en el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), la Pinacoteca del Estado y en el Museo Regional de Tlaxcala.

Todo parecía extraordinario, inusitado, emocionante… Pero Teódulo Rómulo llegó, vio y montó en cólera. Reclamó, alzó la voz, acusó, habló de chingaderas…

El selecto grupo de inaugurador@s, vari@s de ell@s sin justificación real para su presencia ante las cámaras y los micrófonos, esperaba una tajada de incienso y gloria. El regalo de Teódulo fue una andanada de reclamos y descalificaciones.

No es una retrospectiva, aclaró en primer lugar, pues la lista de 450 obras que presentó para la muestra, resultado de más de un año de trabajo de curaduría con Uriel Carreto Salgado, coordinador académico de la Escuela de Arte de Tlaxcala (Edart), abruptamente fue reducida a 169, sin su conocimiento previo, menos su aceptación. “Yo no estoy nada de acuerdo, para nada. No es una retrospectiva porque no está completa”.

Junto a él, frente a él, lívidos, le escuchaban la secretaria de Cultura, Karen Villeda; el coordinador de comunicación del gobierno estatal, Antonio Martínez; el director del Centro INAH, José de la Rosa; la ex candidata a la gubernatura, Maricarmen Ramírez, además de representantes y funcionarios de casa.

PINACOTECA FÉNIX

En ese acto inaugural Teódulo regresó en el tiempo, a aquellas etapas iniciales de la Pinacoteca del Estado, abierta mucho por el esfuerzo y sudor de los propios artistas plásticos durante la gestión de Tulio Hernández, cerrada intempestivamente y sin justificación alguna después del fin de su gobierno. Transcurre el periodo de Beatriz Paredes sin cambios, igual que el interinato de Samuel Quiroz de la Vega. Es hasta el gobierno de José Antonio Álvarez Lima que algunos pintores deciden reiniciar su lucha por la reapertura de la Pinacoteca e intentan entrevistarse con el gobernador, pero no son recibidos, lamenta Teódulo.

“Y llega un momento que nos cansamos. Hubo un día un evento cultural en (Ciudad de) México al que me invitaron. Tenía yo como dos años, o dos años y medio, tratando de ver al gobernador. Para hacerme entender, ¿saben qué hice?, quemé obra, le prendí fuego a mi obra para hacerme escuchar, porque es injusto lo que nos hacen a los artistas”, restregó el corrosivo artista.

Las personas que nos representan –acusó entonces-, como presidentes, o diputados, o senadores, yo considero que son analfabetas, analfabetas culturalmente, porque no les importa el arte.

Pero Teódulo Rómulo relata tendenciosamente el episodio del cierre y la reapertura de la Pinacoteca.

El espacio se abrió mucho por la pujanza de los propios artistas, cierto.

El espacio fue cerrado inopinadamente sin explicación de por medio, cierto.

Años pasaron sin respuesta oficial a la exigencia gremial para su reapertura, cierto.

Durante la gestión de Álvarez Lima el espacio, inerte por años, repentinamente empezó a recibir trabajos de rehabilitación. Paralelamente, el gobierno del estado rescató una semiderruida vecindad frente a la Plaza Xicohténcatl. Tales sucesos avivaron la llama de la inconformidad gremial. La señora especulación empezó a caminar entre los artistas y las conjeturas circularon desmedidamente. Ambas construcciones, una vez rehabilitadas, serían destinadas para oficinas administrativas de la USET, se rumoraba con insistencia, ante la ausencia de información oficial.

El gobernador José Antonio Álvarez Lima, pero sobre todo su esposa Verónica Rascón, quien en los hechos asumía la conducción de las políticas de gobierno en materia cultural, guardaban silencio, pese a la presión de un pequeño grupo de artistas y algunos medios de información.

Y ese insolente pequeño grupo de artistas tenía a la cabeza a uno de los más importantes artistas plásticos en el estado. No, no fue Teódulo Rómulo, más en la ciudad de México que en Tlaxcala. Las diligencias inconformes fueron comandadas por Leopoldo Morales Praxedis, quien iba y venía de las oficinas gubernamentales a las redacciones periodísticas, en abierta pujanza por vencer la inoperancia oficial. Meses transcurrieron en esa brega.

La estrategia se definió en una reunión en el Café Avenida, entonces en la Avenida Juárez. Ahí un grupo de seis personas, tres periodistas y tres artistas: Hermenegildo Sosa, Teódulo Rómulo y el propio Leopoldo Morales Praxedis, intercambiaron puntos de vista hasta desembocar en un plan, que explotó pocas semanas después, cuando Hermenegildo inauguró una amplia exposición retrospectiva en céntrico museo de la ciudad de México. En el acto inaugural, el pintor tlaxcalteca, ante prensa, críticos y especialistas capitalinos, pronunció un demoledor discurso contra la cerrazón del gobierno de Tlaxcala en la reapertura de la Pinacoteca. Pocas semanas después Teódulo Rómulo inauguró una exposición suya en una importante plaza comercial, también en la ciudad de México. Fue su turno para enviar obuses a la administración de Álvarez Lima y para rematar, quemó obra de su autoría. Y pocas semanas después, Praxedis inauguró exposición en Rectoría de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, evento que hizo resonar la voz del artista plástico contra el ninguneo al que había sido sometido el gremio plástico local por el cierre de la Pinacoteca. El plan había sido aplicado… ¡Y funcionó!

Solo pocas semanas después se haría el anuncio, y pocos meses después la reinauguración de la Pinacoteca del Estado en la Calle Guerrero, así como la inauguración del Museo de la Memoria en la Plaza Xicoténcatl.

Hoy Teódulo retoma ese episodio y lo plantea como un acto de heroísmo individual, personal, de él, sin mención alguna a sus otros dos compañeros de campaña: Hermenegildo Sosa y Leopoldo Morales Praxedis, ambos tan importantes como él en la plástica tlaxcalteca, y en aquel periplo incluso Praxedis con mayor relevancia por su papel motor.

TEÓDULO PARA TEÓDULO

Cuando menos 20 años han transcurrido desde que Teódulo Rómulo empezó a reclamar públicamente al gobierno un espacio para su obra. Dice no aceptar que su trabajo quede en la orfandad a su muerte, reclama el derecho ciudadano a conocer su trabajo, criticarlo y, si esa fuese la valoración social, incluso mentarle la madre. Esa petición la reformuló hoy en el MAT.

Sugirió nuevamente la compra o se solicite la donación de las oficinas aledañas de correos, como en su momento propusieron varios artistas para las oficinas aledañas de Hacienda, que finalmente pasaron a engrosar la capacidad del MAT, lo que permitiría, en opinión del tozudo pintor, se expongan las “otras mil piezas que nos tienen escondidas, patrimonio de Tlaxcala que nadie conoce”, en referencia al acervo en poder de la Secretaría de Cultura.

Se atribuyó aquella diligencia ante la Secretaría de Hacienda. “Yo lo anduve gestionando con la persona que se dedica a cobrar impuestos para los artistas que pagan en especie. Lo vi como tres veces, y después se lo comenté al gobernador en turno, Mariano González Zarur, y cuando Mariano da su último informe de gobierno, me enteré que él dijo que el edificio que era de Hacienda ya era parte del museo de aquí”.

Pero esa insistencia suya para más exposiciones, para más espacios, no ha sido, en su esencia, para Tlaxcala y sus artistas. Teódulo Rómulo ha sido vehemente en su demandan de más y mejores espacios, pero para su obra, para su trabajo, para su legado, para su gloria…

Una breve revisión de sus intervenciones públicas en los años recientes lo comprueba: Pide un museo para SU obra, pide espacio permanente para SU legado… Teódulo Rómulo No habla en plural.

TEÓDULO Y SU ESPÍRITU SOCIAL

Dos años han transcurrido desde el dramático episodio de la desaparición del Tebac (Taller de Estampa Básica y Avanzada Camaxtli), un espacio nacido en la sociedad, mantenido en espíritu por alumnos, maestros y simpatizantes y ultimado por el gobierno.

El Tebac nació más de 20 años atrás en un germinal taller de grabado, cuyos integrantes, maestros y alumnos, rehusaron la vida en días de la escuela y buscaron espacios y apoyos para mantenerlo en activo permanentemente, fuera de los ámbitos oficiales.

Aquí la historia vuelve a unir a Leopoldo Morales Praxedis y a Teódulo Rómulo, pues ambos abrigan aquel parto del Tebac, taller que trabaja desde ese momento en San Bartolomé Matlalohcan, municipio de Tetla, lugar de nacimiento de Rómulo.

Pero llegó finalmente una administración de gobierno y el Tebac recibe apoyo oficial en instalaciones, materiales y recursos económicos para salarios y se traslada a la Casa del Artista, en la capital tlaxcalteca, y después al Centro de las Artes en Apizaquito.

El taller marcó un periodo de suma importancia para la producción plástica tlaxcalteca, por su calidad en otra y en egresados.

Pero cuatro años atrás la Secretaría de Cultura decide su desaparición para dar pie a la naciente Escuela de Artes de Tlaxcala. La decisión provoca airadas protestas dentro y fuera del estado, se registran expresiones públicas de apoyo al Tebac y reclamos contra las medidas oficiales… Pero Teódulo Rómulo permanece hermético. Salvo un mensaje de 20 palabras en Facebook por el cual exige a la autoridad dar marcha atrás en la decisión oficial, no emite otro posicionamiento. El Tebac muere y Teódulo Rómulo ni un responso publica para el taller-escuela con tan importante impacto social y las decenas de alumnos, ex alumnos y docentes damnificados.

Pero Teódulo Rómulo exige, reclama, demanda un museo para su obra, la suya.

TEÓDULO ES EL TEMA

Hoy, en el acto inaugural de su retrospectiva que no es retrospectiva, afirmó a los presentes que la creación de una escuela de las artes es también una propuesta suya planteada a Mariano González Zarur… y “ahí está la Escuela de las Artes en Apizaquito”. Y dijo más: “Editó (Zarur) un libro de mi obra que se llama El Arte de Trascender”.

Instalado ya en la adulación al poder, Teódulo Rómulo pidió un aplauso para Héctor Ortiz, porque “en su administración” llegaron a Tlaxcala las esculturas de Juan Soriano. Lo que no dijo es que las esculturas antes habían realizado una itinerancia en varias entidades, hasta que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura propuso a Tlaxcala una etapa de exposición pública en calidad de préstamo, para así instalarse en el zócalo capitalino, aunque hoy, después de ampliarse el periodo de exposición en Tlaxcala, las esculturas se encuentran desbalagadas entre el zócalo y el nuevo parque rivereño en la garita. No fue, por tanto, la llegada de las esculturas de Soriano una iniciativa orticista, como dio a entender Rómulo al solicitar un aplauso para el exgobernador.

Y otro regreso a la autocomplacencia, aunque en este punto con razón. Reclamó airadamente la ausencia del mínimo texto que hable de la exposición. “No he encontrado un recibimiento que hable de mi persona, una pequeña semblanza en la entrada. No hay nada, a diferencia, por ejemplo, de Toluca”, donde a su exposición se le acompañó por un “pequeño cataloguito”, pero “uno no es profeta en su tierra”.

Esa ausencia de cualquier información textual no fue un error, no un olvido, no una equivocación. En las sesiones de coordinación preparatorias para la exposición, donde participaron los titulares de la Secretaría de Cultura, de la coordinación de comunicación y del INAH, se habló del punto, se pusieron sobre la mesa varias alternativas, pero fue insalvable el escollo de la Secretaría de Cultura. No hubo voluntad política.

Teódulo Rómulo enderezó luego sus reclamos contra lo que catalogó como falta de promoción y difusión de su exposición, pues a su juicio debió promocionarse con un mes de antelación, pero “no ha habido nada”. Exigió también la reinstalación de la placa alusiva a la inauguración del MAT, en la administración de Alfonso Sánchez Anaya, “desaparecida” –acusó- en la posterior administración del museo.

Karen Villeda buscó urgentemente mitigar en algo, por mínimo que sea, el impacto de las palabras de Teódulo. Dijo que la Secretaría de Cultura a su cargo invirtió un millón de pesos en el montaje de la exposición. Aceptó que hay piezas que no se montaron, por lo que “tenemos que buscar más recintos. Yo me comprometo que lo hagamos así”.

Un millón de pesos en el montaje de la exposición, monto superior al destinado, como ejemplo, a todo el festival de títeres Rosete Aranda en su edición 2025, cuando recibió 800 mil pesos. Importante sería un informe detallado sobre la aplicación de recursos en la exposición en el MAT.

Villeda puso otro parche ante la evidente falta de fichas, reseñas, información escrita en la muestra. Reveló que escribió un “largo” ensayo sobre la obra expuesta, ensayo que le entregaría directamente a Teódulo Rómulo, pero no dijo que estará a la vista del público. Y para rematar su intervención, leyó un poema de su autoría inspirado en la obra de Rómulo, escrito “esa mañana”. Lo que debió ser información general, quedó en discurso entre dos.

El acto inaugural era atestiguado por un pequeño contingente de reporteros, fotógrafos y camarógrafos, así como por un entusiasta y gritón grupo de alumnos de la Escuela de Arte de Tlaxcala (Edart), que primero tímidamente y después con vigoroso entusiasmo aplaudían y respaldaban los señalamientos de Teódulo. También estaban presentes cronistas municipales y directores de cultura de distintos ayuntamientos. Algunos, pocos, artistas plásticos en el recinto, como Armando Ahuatzi, Juan de la Cruz, José Antonio Cabrera, Sergio Bretón y algunos más.

Antonio Martínez, coordinador de comunicación, reseñó que en 2023 la gobernadora Lorena Cuéllar envió una carta a Teódulo, para que pudiera presentar una retrospectiva de su obra en Tlaxcala, “y en ese momento parecía un momento muy oportuno para hacerlo, pero ahora lo es más, porque son 60 años de trayectoria lo que aquí encontrarán en escultura, grabado, acuarela, óleo”. Le reconoció su lucha, con otros artistas más, para la apertura del MAT, para que la Pinacoteca continúe abierta, su propio taller de grabado, “lo que hace en su propia comunidad, en Matlalohcan, Tetla. Y todavía le quedamos a deber, desde el gobierno, por su generosidad”.

El aire aún estaba impregnado de pólvora en el ombligo del MAT cuando se cortó el listón inaugural.

“No se agolpen. Pasarán por grupos”, se advertía en el sonido ambiente, todo listo para el recorrido explicatorio encabezado por el autor. Rápidamente el nutrido grupo de periodistas ingresó a la primera sala y tomó posición, entre ellos el director del Centro INAH, pero apenas José de la Rosa se percató que era el único funcionario en el grupo, inmediatamente se hizo ovillo y salió de la sala, donde, tan rápidamente como se había anunciado el inicio del recorrido, el público había ya hecho una gran cola, pero para la sala de los bocadillos… Cosas del arte…

En el lugar mismo donde se había cortado el listón, Karen Villeda contestaba preguntas de un pequeño grupo de reporteros, excusa ideal para eludir a Teódulo y sus dardos envenenados durante el supuesto recorrido.

Primera sala, cuatro cuadros, tres esculturas en pequeño formato y un nuevo lamento del autor sobre la negativa para montar más obra, ilustrativa en esta sala de sus inicios en la pintura. Segunda sala, solo tres esculturas y otra mueca de dolor ante el grupo de reporteros y algunos amantes del arte… pero empezaba Teódulo apenas a hablar cuando intempestivamente entró una persona y le dijo en voz audible para todos: dice el maestro Armando Ahuatzi que si sale para tomarse una foto. Teódulo no titubeó y salió de inmediato. No le importó dejar paradas a 15 o 20 personas. El maestro que exige respeto faltó rudamente al respeto a un puñado de asistentes a su exposición. Teódulo Rómulo ya no regresó y el recorrido explicativo abortó con dolor.

Algunos asistentes, muy pocos, por su cuenta hicieron el recorrido total, Pero la gran mayoría conversaba en el patio o en la explanada exterior, aun con bocadillos en la mano o en la boca.

La distancia física entre los funcionarios y el pintor era muy evidente.

Circuló entonces una fulgurante invitación: “¡Salgan! ¡Salgan! ¡el pintor va a quemar obra!”.

Afuera, Teódulo Rómulo desenrolló un lienzo de papel con trazos suyos, un trabajo que bien podría tratarse de un proyecto ya desechado, algo que bien pudo haber sacado del almacén, por el estado que mostraba: blanco y negro, descuidado, un poco sucio… abandonado.

Se colocó frente a la entrada principal del Museo y pidió a todos quienes aún permanecían en el interior, salir. La insuficiente respuesta lo motivó a ingresar por la secretaria de Cultura, pero Karen Villeda se negó a salir. Encendió la fogata y decenas de cámaras enfocaron el fuego. Solo minutos después las redes sociales se encendieron también, todos los mensajes periodísticos enfocados solo al momento, a la eventualidad del morbo, sin contexto, llevados solo por el efecto mediático, sin la historia que desconocen y no se preocuparon por averiguar: un pintor reclamando a las instituciones el real desamparo que tienden sobre el sector cultural, ahogándolo, pero un pintor motivado por el hambre de fama, movido por la búsqueda de su gloria, la suya, la personal. ¿Lo social?… buena pregunta.

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