
José Luis Puga Sánchez
Años atrás era uno fenómenos populares más atrayentes. Siempre itinerando, siempre en camino. Cada llegada a una ciudad, a un pueblo, siempre era una fiesta, un desfile. El circo convocaba un espíritu de algarabía… hasta que empezaron a cambiar las costumbres, los hábitos.
Las sociedades se volvieron más sedentarias, apegadas a una pantalla, antes de la televisión, ahora de la computadora y/o del celular. Los gustos cambiaron paralelamente. Y el circo, antes tan atrayente, hoy agoniza casi en el anonimato… pero…
“… Es complicado organizar un festival de circo, pedir a los artistas que vengan, la logística, la difusión, conseguir que el público acuda. La difusión ha sido lo más complicado”. César Augusto López Reyes detiene un momento el torrente de sus palabras, aspira el humo de su cigarro y observa el adormilado parque de Apetatitlán, todavía espejeado por la llovizna reciente.
César Augusto es licenciado en artes escénicas y circenses contemporáneas y es el organizador del Festival de Circo Tlaxcala, este año en su tercera edición. Se trata, como intención principal, de visualizar a los artistas tlaxcaltecas. Y el objetivo se alcanzó.
El festival en sus tres días de actividad, dos en el Teatro Xicohténcatl y uno, clausura incluida, en el foro escénico Trayecto 3 de San Pablo Apetatitlán, presentó 14 números de circo a cargo de 4 artistas de otros estados y de entre 15 y 18 cirqueros locales de Apizaco, Tenancingo, Huamantla y otros lugares. César Augusto resaltó la presentación de El Semillero, con alrededor de 40 niñas y niños en etapa inicial de formación en las artes circenses.
Aseguró sentirse satisfecho con la respuesta del público, aunque no olvida el aprendizaje, los escollos, tales como la difusión solo en redes sociales pues carece de fondos para mayores acciones. La Secretaría de Cultura de Tlaxcala, que difundió un comunicado de prensa sobre el festival, si bien no asienta haber sido la organizadora, se muestra como la presentadora del festival, pero no hace mínima alusión a la organización, por tanto, queda sola con los créditos para sí, antiéticamente.
César Augusto, dolido, no aparta su satisfacción por los resultados, pese a todo. Agradece a sus patrocinadores, como un estudio en Apizaco, o una empacadora en Huamantla que les proporcionó refrigerios, al boletaje vendido y a los propios artistas, quienes, “generosamente”, muchos se pagaron sus propios traslados. “Los artistas son los que dicen: voy, no te preocupes por el pago, nosotros asistimos. Sobre todo, gracias a ellos ha sido esto posible”.
¿Cuál es tu relación, como organizador, con la Secretaría de Cultura?
La única relación fue el préstamo del Museo del Títere y la utilización del Teatro Xicohténcatl, pero ahí no fue préstamo, fue por porcentaje… cobraron. Ah, y una entrevista que me hicieron, nada más. Nosotros –recalca- somos quienes hicimos el festival: gestionamos a los artistas, vimos sus viáticos, las comidas, todo, todo. El hecho de que ya estén aquí, viendo que lleguen todos, irlos a traer, todo, todo.
¿Cuál es la actualidad de circo como manifestación artística?
El circo, a diferencia de otras artes, como el canto, la actuación, la pintura u otro tipo de expresión, donde el artista dice: hoy me aprendo la canción y mañana la canto, o me la aprendo en una semana, un mes y la canto en mi concierto ciertos días, en el circo son cinco o seis años para desarrollar un acto; es difícil cambiar el acto de momento. Para llevarlo al máximo, a su potencia al máximo, son muchos años de entrenamiento.
En ese proceso de perfeccionamiento, el circo, dice César, asume su papel itinerante en busca de más público; se monta en una carpa y viaja mostrando su talento en distintas regiones. “Y justamente al hacerlo tan itinerante, no crea estos vínculos y estas necesidades que crean otras artes de decir: oye estoy aquí, dame un espacio. El circo ya tiene su espacio y como ha tenido su espacio y se ha movido en su espacio todo el tiempo”, pero los tiempos cambian.
Con sociedades más sedentarias, más apegadas a la tecnología. Con los cambios legales –reflexión con olor a lamento de César-, como el circo sin animales y otro tipo de cosas, el circo empieza a crear escuela y nace la licenciatura en circo. Las instituciones empiezan a acercarse, nacen otras vertientes de circo, los espectáculos se presentan ahora, también, en espacios cerrados y permanentes. “Abrimos compañías para vender nuestro trabajo en fiestas privadas, antros, eventos culturales, festivales, moviéndonos ya en otras áreas donde antes no lo hacíamos”.
Y este tercer festival tiene la participación de artistas no nacidos en el circo, que no tienen herencia circense, como antes que se dedicaban por generaciones. Hoy es gente que le gusta el circo y busca crear sus propias corrientes. “En su mayoría, las personas que se presentaron no pertenecen a ninguna familia de circo. Han sido personas que han decidido o estudiar la carrera o aprender por su propia cuenta o buscar otros espacios, pero ninguna de ellas ha sido de familia de circo, por lo tanto, no tienen y no pertenecen a una carpa”.
¿Abrir una carpa en Tlaxcala?
Es muy complicado… Para tener una actividad mucho más permanente a lo largo del año. Es muy complicado abrir una carpa, la verdad es que una carpa o un espacio es caro. “La pura lona o una carpa como tal, creo ha de tener un costo de unos 2 millones. Pensamos en un circo grande. Un circo pequeño, un millón más o menos; una carpa de circo, un millón. Una carpa pequeña con capacidad para 300 personas y hay carpas como para 800 personas. Sí, la verdad es que es muy caro. O sea, tener ese dinero para decir, ‘voy a meter en una carpa’, no es tan factible”.
¿Algún programa federal de apoyo?
Sí, y justamente también para eso es este festival. Primero, visibilizar, y dos, para poder acudir a ese tipo de programas necesitamos tener información de lo que hay. Por eso mismo estamos invitando a artistas locales y poder tener un censo de cuántos artistas hay, qué es lo que están haciendo y, además, crear un expediente donde se asiente que estamos desarrollando este tipo de espectáculos desde hace tres años, y con una carpeta llena de información, ahora sí poder acceder a esos recursos”.
Se clausura el festival –recalca- e inmediatamente evaluamos los resultados, empezamos a documentar, recabar toda la información para presentar un informe completo sobre qué es, cuánto público se capta, qué artistas hay, qué números hay, qué es lo que más se da acá, y a partir de ahí decir: ok, ¿cómo podemos hacer que estos artistas ahora trabajen? ¿Cómo buscamos ahora nuevas funciones? Justamente para eso es esto.
Y César Augusto López Reyes corrió entonces al escenario de Trayecto 3, para abrir la última jornada del tercer Festival de circo de Tlaxcala, donde ya un buen número de lugareños, muchos de edad mayor, más que niños, esperaban el influjo mágico de la tercera llamada.
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