Vie. Mar 6th, 2026
Aspecto del conversatorio sobre el laboratorio de gestión e innovación en Tlaxcala

José Luis Puga Sánchez

Planteado como una herramienta para detectar, apoyar e impulsar proyectos artísticos y comunitarios en el estado de Tlaxcala, el laboratorio de creación e innovación en ciernes es apenas conocido y menos entendido por quienes serían sus directos beneficiarios: los artistas y los gestores culturales, como quedó constatado en el “Conversatorio Creación e innovación. Proyecciones y nuevos derroteros de la cultura y las artes, rumbo a la construcción de un laboratorio de gestión e innovación”, realizado en la Pinacoteca.

La mesa de comentaros estuvo integrada por Lucina Jiménez López, titular de la Dirección General de Formación y Gestión Cultural de la Secretaría de Cultura federal; Karen Álvarez Villeda, secretaria de cultura en el estado;

Antonia Luna, artesana y gestora cultural en San Isidro Buensuceso; Emilio Alejandro Cruz, músico y director de orquesta; los hermanos y artistas textiles Ignacio y Pedro Netzahualcóyotl Nava; la gestora cultural Cristina Zempoaltécatl y Jaqueline España, jefa del departamento de innovación artística de la Secretaría de Cultura local, quien solamente fungió como presentadora del cuestionario.

La mecánica del conversatorio consistió en una serie de preguntas construidas con antelación, cada una contestada por todos los participantes en orden aleatorio. A continuación se publican extractos de cada participación, en su orden de intervención…

Pregunta: En un mundo cada vez más digitalizado ¿cómo perciben los creadores/artistas/artesanos su rol en la preservación y evolución del patrimonio cultural? ¿Sienten una responsabilidad particular en este sentido?

Antonia Luna: El creador o el artesano tiene en sus manos las técnicas ancestrales que transmite, es la gran responsabilidad que tenemos. Además de enfrentar los cambios de la modernidad sin modificar la esencia.

Cristina Zempoaltécatl: Las nuevas generaciones viven y trabajan en ambientes digitales. El proceso creativo va de la mano con nuevas herramientas tecnológicas que nos permiten ver cosas nuevas, por eso nuestra responsabilidad como creadores ya adaptados a lo digital, está en tomar los saberes que nos anteceden, respetarlos, honrarlos, aprender de ellos, para después abrir nuevos mundos y nuevas posibilidades, que no nos imaginamos ahora, pero seguramente veremos.

Emilio Alejandro Cruz: Ante el inevitable avance de la tecnología, el artista tiene que adaptarse. Estamos en un proceso de transformación, sin olvidar nuestras enseñanzas. En la música hay cosas que se hacen, se sienten; hay que diferenciar cuando hacemos cosas con técnicas ancestrales, o cuando lo hacemos con la computadora. Hay que tener en cuenta siempre esa diferencia, para evitar la superficialidad, tenga sentido nuestro trabajo y adoptar nuevas técnicas.

Ignacio Netzahualcóyotl: Los artesanos en la mayoría de los pueblos adoptamos un rol de protector. Nuestro deber es contribuir para que se preserven las artesanías como lo pensaban nuestros ancestros. Trabajar con técnicas ancestrales va más allá de solo pensar en cuestiones sociales o en la tecnología. En primera instancia debemos enfocarnos en conservar lo que nos heredaron. Si asumimos el rol protector, podremos convivir correctamente con la tecnología y con la época moderna.

Ignacio es parte del cuerpo organizativo del programa federal Original, orientado al apoyo en el país de la producción artesanal textil en todas sus fases. De su experiencia en ese programa, afirmó que “cuando calificamos los concursos nacionales o concursos estatales de artesanía, siempre está ligado a priorizar las técnicas que están en riesgo, porque eso es el rol del artesano, priorizando las técnicas que están en riesgo, se garantiza que toda una comunidad indígena o no indígena que se dedica a la artesanía, vaya asumiendo este concepto y vaya gestándose poco a poco una recuperación de técnicas, o en el caso de transmitirla a otra generación, sin embargo tampoco está peleada la artesanía con la época actual”.

Pedro Netzahualcóyotl: Coincide con Ignacio en lo esencial, aunque pone mayor énfasis en la convivencia de la tecnología con lo ancestral, pues sus incursiones en el cine le han mostrado que “las nuevas tecnologías sí son necesarias, siempre y cuando sean enfocadas a un buen punto. Necesitamos ser muy cuidadosos de ver qué sí podemos hacer y qué no”.

Pregunta: ¿De qué manera las nuevas tecnologías están transformando sus procesos creativos y la forma en que interactúan con el patrimonio? ¿Las ven como aliadas o como posibles amenazas a la autenticidad? 

Emilio Alejandro Cruz: Dice ver las nuevas tecnologías más como aliadas que como amenaza, pues la tecnología es un apoyo. El impacto de las nuevas tecnologías en su campo de trabajo lo ejemplifica con la manera en que se escribe la música, pues antes se pautaba en papel y ahora se emplea la computadora. “En ese caso sí lo vería como una amenaza, porque nos quitan nuestro trabajo. La producción musical la hago en mi computadora y puedo hacer maquetas orquestales o cosas para el cine, para la televisión. Ya no tengo que ir a un estudio de grabación. De alguna forma sí lo facilita, pero al mismo tiempo nos deja sin trabajo a muchos”. 

Ignacio Netzahualcóyotl: Separados, los conceptos pueden coexistir de forma muy orgánica. En las artesanías somos protectores y conservadores de técnicas y con ese sentido en Tlaxcala hemos trabajado mucho para recuperar procesos de tintes naturales, técnicas de tejido, iconografías… Tlaxcala ha sido siempre una clave del desarrollo contemporáneo de los textiles en México, entonces todo este bagaje no puede estar en conjunción con una tecnología actual, porque son procesos completamente distintos.

Desde ese sentido, lo que hacemos como creadores, como artesanos, es dividir, primero, nuestra parte prioritaria, que es el ser protectores y conservadores de técnicas, para después eventualmente transmitirlo a otra generación; ahí posiblemente ya viene acompañado de la tecnología, de lo social, de la educación, de la difusión.

Antonia Luna: Usó su imaginación para dibujar una posibilidad: Con inteligencia artificial crear, como ejemplo, una pieza de talavera de San Pablo del Monte y, además, con una impresora 3D hacer la pieza. ¿Ficción? ¿Posibilidad real?

Enfrentó, como ejemplo, la diferencia en tiempos de cada proceso. El artesanal, que es manual, tiene fases lentas y muy definidas, de días o semanas, frente a los procedimientos basados en el uso de nuevas tecnologías, muy rápidos, más baratos y casi en serie.

Esa posibilidad Antonia Luna dijo verla, sí, como amenaza; enfatizó por ello el trabajo intenso en la ética individual y grupal.

Cristina Zempoaltécatl: Las tecnologías y los nuevos recursos si pueden generar una amenaza, si hay un desconocimiento, si no se saben usar, si nos rebasan. Habló de la falsificación y de la producción en serie, por lo que “la tecnología genera piezas o productos independientes”.

Lucina Jiménez: Creo que esta conversación nos abre muchos relieves y la multidimensión que tiene la realidad, la creación. Y pienso que una cuestión clave en esta conversación es reconocer que las tecnologías no solo son digitales, que en realidad hay una gran diversidad de tecnologías y están asociadas a formas de producción de cada tiempo y de cada momento.

El hecho de que ustedes que son portadores, portadoras, de esas sabidurías y conocimientos que vienen del tiempo, que vienen de las generaciones, que vienen de atrás, y se consideren personas protagonistas que salvaguardan mucho de ese conocimiento y esa memoria, es fundamental, porque están asumiendo una postura ética frente al mundo de la creación y frente a todo este universo que de pronto puede llegar a ser avasallador, de producto, producto, producto, producto cuando en realidad lo que importa, muchas veces, no es solo el objeto, producto, sino lo que encierra, los procesos que guarda, la memoria que encierra y la experimentación que lleva consigo.

La otra cosa importante es subrayar el hecho que se trabaje en una tecnología ancestral no la hace menos contemporánea.

Cuando se está trabajando justamente en esos procesos de investigación y de renovación, donde ese conocimiento tan valioso puede estar en la esfera cinematográfica, pero desde la dignidad de esa sabiduría ancestral. Eso es muy poderoso, es muy fuerte.

Es importante que reconozcamos que efectivamente este es el entorno en el cual nos desarrollamos. Sí o sí, porque además conviven varias generaciones en la relación con las tecnologías. Y porque no solo están las que tienen que ver con lo manual y con la materialidad y con la construcción de procesos que tienen memoria, pero que tienen un sentido también contemporáneo, sino de las diferentes maneras como nos relacionamos con las tecnologías.

Recuerdo en los años 90 cuando surgió el Centro Nacional de las Artes, el debate era ese y era un poco fatalista. Se decía: se está creando el centro multimedia y se va a acabar el lápiz. Lo único que funciona cuando no hay energía eléctrica es el lápiz, la única tecnología. No hay posibilidades incluso de trabajar en el terreno mismo de las artes visuales, procesos con la tecnología, si antes no se ha arrastrado un lápiz. Entonces hay una cuestión en donde los propios saberes se reivindican y se valoran y se convierten, en verdad, en el elemento central del proceso creativo.

También no hay que perder de vista que las tecnologías, sobre todo en la era digital, si nos ponen frente a muchos retos, que efectivamente pueden ser de complementariedad, pero que hoy en día que se está incrementando la presencia de la inteligencia artificial, el debate internacional que nos convoca efectivamente es ético, pero incluso no solo de carácter ético individual, que por supuesto es fundamental, es de carácter ético público, porque cuál es la postura que se asume para poder favorecer o no el libre flujo. Así nada más, ¿Ya somos víctimas del doctor cerebro? Me refiero al algoritmo, desde que hay mucha diversidad musical y demás, hasta te adivinan cuál es la música y te la ofrecen y te la ofrecen y te encasillan y te encasillan. Ahí hay ya un elemento “ordenador e inductivo”. Pero también hay música creada con tecnología.

En los encuentros de música contemporánea ya habrán visto la cantidad de locuras que existen, pero está muy bien que existan, es importantísimo que existan esas experimentaciones en donde la tecnología ya no es un soporte, en realidad es un lenguaje y está construyendo una diversidad de propuestas estéticas que son fundamentales que existan. Me encanta el diálogo de esos mundos, no uno en contra del otro, no de dominación, no de colonialismo, no de posicionamiento expropiador.

De no haber existido la digitalidad en la pandemia, yo no sé qué hubiéramos hecho. Después la organización mundial de la salud terminó reconociendo el papel del arte en la salud pública y ahí es donde tenemos que caminar.

Tlaxcala tiene una gran potencialidad en esas prácticas artísticas, porque están vivas y porque, a la mejor, justo con este laboratorio que estamos tramando, como la trama misma de las telas, nos puede ayudar a conectar todos estos fenómenos.

Karen Villeda: Presumió el “modelo Tlaxcala de educación artística”, que será ampliado en agosto con la licenciatura en arte textil, la licenciatura en artes escénicas con enfoque en títeres, además de iniciarse ya el estudio de una licenciatura en danza folclórica orientada hacia la etnografía. Floreó el ciclo de conferencias, el año anterior, sobre gestión cultural.

Subrayó la importancia que las instituciones promuevan normas para delinear el uso de estas tecnologías, para evitar daños en el patrimonio, para proteger los derechos de autor.

Pregunta: ¿Cuál consideran que debería ser el rol principal del Estado en la salvaguardia del patrimonio cultural en la era digital? ¿Qué políticas y marcos legales son necesarios para fomentar la innovación, sin comprometer la integridad del patrimonio?

Pedro Netzahualcóyotl: Reconoce avances legales en la protección de las artesanías. “Antes robaban nuestros diseños y no había forma de protegernos. Ahora ya hay leyes en nuestro favor”.

En este caso, falta una mayor comunicación del gobierno hacia nosotros. A veces no entendemos ciertas normas, ciertas leyes. Necesitamos un “traductor” desde la abogacía hacia nuestros términos para tener leyes más claras.

Necesitamos más facilidades y confianza nuestra para acercarnos a las instituciones

Cristina Zempoaltécatl: Reconoció un camino avanzado por los artesanos en hacer del trabajo artesanal una forma de vida, preservando, además, sus raíces ancestrales, aunque aceptó que su experiencia ha estado más ligada a la Secretaría de Economía, ejemplificada, como ejemplo, en los apoyos para que el productor registre su marca, tener logotipo.

Puso, aquí, en entredicho la eventual colaboración entre los mismos grupos artesanales y de creación, pues si bien los gremios artesanales han avanzado en su gestión de un entorno más favorable para su labor, “¿dónde estamos los otros gremios trabajando por esas gestiones?”.

Dijo que esos avances “seguro” se dan también en otros gremios, pero como artista plástica interrogó al aire: “cuántos artistas tenemos nuestro nombre registrado, nuestra marca registrada o nuestros proyectos registrados. Creo que también eso depende de una exigencia”.

Subrayó la importancia de la educación en las funciones del Estado, para así tener mayor conocimiento de nuestra actividad, saber hacer nuestros trámites, nuestra promoción, nuestras ventas, nuestra contabilidad, sobre derechos de autor, capacitación…

Emilio Alejandro Cruz: A ver, ¿cuál considera que debería ser el rol principal del Estado en la salvaguardia del patrimonio” … pues principalmente salvaguardar el patrimonio como tal; tener acercamiento cercano con el artista, con el creador, con lo que se está haciendo.

Clamó por un acercamiento “claro” con las autoridades, que “nos entiendan”, pues muchas veces no sabemos hacer cosas burocráticas, no tenemos idea, no queremos hacerlo…. Debemos concientizarnos también.

Lo que tiene que hacer el Estado es darle lugar al trabajo del artista, cuánto realmente cuesta.

Ignacio Netzahualcóyotl: Pidió abrir un espacio de análisis sobre la situación en Tlaxcala del arte y de las artesanías. Que las autoridades escuchen en cada comunidad con prácticas conservadas por muchas generaciones, que “en Tlaxcala son muy poquitas y muy marcadas”.

Luego nuevamente se recargó en Original y señaló el nacimiento, en 2022, de la ley de los derechos colectivos de los pueblos originarios y afro descendientes. El concepto original de Original –dijo- fue equiparar la artesanía con la moda, con el diseño. Sin embargo, la práctica hace ver que el enfoque debía ser totalmente artesanal, por ser ese el campo que demanda exploración, protección, conservación y difusión. Eso sucede en la segunda edición de Original.

El ambiente creado impulsa a la senadora Susana Harp a la presentación de la iniciativa de ley de derechos colectivos, la que, después del trámite de rigor y su paseo popular, es aprobada.

El Congreso local ya ha declarado a algunas expresiones artesanales, como el sarape, como parte del patrimonio tangible e intangible estatal. Empero, separó procesos y lo ejemplificó en uno tan contemporáneo, tan reciente, como el pan de fiesta, al lado de una artesanía con muchas décadas,

muchos siglos, como los sarapes. Aunque ambos son patrimonio cultural material e inmaterial, con muy distintas particularidades.

Ante ello, llamó a las autoridades escuchar a cada comunidad, sus necesidades, para luego gestar leyes “adecuadas”, particularidades que deben legislarse en cada congreso estatal.

Antonia Luna: Su experiencia en Pacmyc le ha dejado la impresión de una carencia de reconocimiento y de acompañamiento del Estado a los artesanos. Por ello, pidió una identificación gubernamental con las manifestaciones en los pueblos, que usualmente son varias y de diferente tipo, que generan expresiones de “buena calidad”, pero que no han sido visibles sin acompañamiento, menos la posibilidad de desarrollarlo como un sistema productivo. “Es cuestión de dignificación: hago cosas, pero no se valoran. Hasta en esto se ve la marginación”.

Lucina Jiménez: Necesitamos hacernos conscientes y actores en consecuencia de que el proceso creativo se desenvuelve en un ecosistema. Y si se desenvuelve en un ecosistema, es necesario tomar en consideración precisamente el entorno que rodea y hace posible u obstaculiza ese ecosistema. Identificar debilidades y fortalezas.

Ese procedimiento nos permitiría incluso ir ordenando las necesidades de carácter formativo y las de conexión.

Adjudicó a las instituciones la responsabilidad de conectar necesidades con respuestas, “y eso muchas veces es parte de un diseño justo de gestión. Las instituciones hoy en día estamos obligadas a ser facilitadoras de los procesos”.

¿Cuáles son las necesidades básicas de esa formación? ¿Cómo nos enfrentamos al mundo de la producción profesional, a veces sin herramientas? ¿Cómo puedes decir cuánto vale tu fotografía, si no sabes llegar a esa conclusión? Se trata de proporcionar a los artesanos una visión más allá de la herramienta jurídica, sino que sepan que ellos juegan parte de ese entorno de ecosistema que requiere mucha integralidad y permanencia. Para eso es este laboratorio.

No es conveniente una licenciatura porque quienes entra en la licenciatura no tienen la experiencia del conocimiento de la producción ancestral y contemporánea que se está haciendo. Además, se corre el riesgo de buscar solamente ser funcionales a un estado de las cosas, cuando lo que hay que hacer es transformar y conectar lo que ya existe, lo que sí tenemos y cómo lo vamos a potenciar desde esos procesos formativos y colaborativos, porque es ahí donde podemos avanzar.

Karen Villeda: Estamos trabajando en la ley cultural para el estado de Tlaxcala, vamos trabajando, con ciertos diputados y diputadas locales, una lista de un legado de patrimonio que tenemos ya, como el “saltillo” (le cuesta decir a la secretaria “sarape”, como se le dice en Tlaxcala) de Contla, faltarían, por ejemplo, los “basarios” de San Isidro Buensuceso que estamos trabajando con la diputada de distrito.

Estamos trabajando –dijo-, desde el año pasado, una ley cultual que “sí sea para el estado”, que defienda nuestro patrimonio. Estamos acompañando a los artesanos, por ejemplo, en Contla con una asociación civil desde el plagio ocurrido contra su trabajo de esas marcas que son monstruosas, con más poder que un estado o nación. Así nos defendemos, en comunidad. Lo mismo está ocurriendo con la talavera y el plan de salvaguardia, con las alfombras de Huamantla. Habló de planes para talleres de administración, de relaciones públicas.

Pregunta: ¿cuál sería los objetivos principales y la línea de acción prioritaria de un laboratorio de gestión e innovación enfocado en la cultura, las artes y el patrimonio?

Ignacio Netzahualcóyotl: Crear el laboratorio con representantes de diferentes sectores y trabajar mucho en las particularidades, pues en un mismo lugar ocurren muchas diferencias. Su atención es prioridad para el laboratorio.

Antonia Luna: Se sumó a los señalamientos de escucha por parte de las autoridades, oír el sentir de los creadores, de la población, y con esa base diseñar acciones de respuesta específica, justamente el diálogo una de las primordiales.

Cristina Zempoaltécatl: Subrayó la importancia de los proyectos antes de la gestión. “No hay gestión si no existe un proyecto detrás, si no hay algo que se ejecute”. Los proyectos deben ser parte fundamental del laboratorio, además de su ejecución, pues el éxito depende en mucho de la respuesta de la institución, del público, de algo…

Emilio Alejandro Cruz: En la música, económicamente, la inversión será siempre mayor a lo que se recibe. Y planteó un proyecto personal: la creación de una orquesta del estado. Pero inmediatamente aclaró: no una orquesta sinfónica o una orquesta de ópera, que sería genial, pero aún estamos lejos. ¿Cómo vamos a acercar a la gente a escuchar otro tipo de música? Y no porque sea mejor o sea peor, la música no debería tener esa etiqueta, simplemente la música es, y también uno tiene que abrazar las nuevas tendencias.

Y el tema lo ubicó entre las prioridades del laboratorio en ciernes: accionar, experimentar y analizar resultados de para ver qué sí funciona, para eso son los laboratorios.

Pedro Netzahualcóyotl: El laboratorio debe generar entendimiento de la comunidad artística y no generalizar las leyes, porque cada quien tiene sus propias necesidades y sus propias ambiciones. Creo hace falta ese entendimiento de ambas partes.

Pregunta: ¿Qué tipo de perfiles profesionales y conocimientos deberían converger en este laboratorio, para generar proyectos innovadores y sostenibles?

Emilio Alejandro Cruz: De todo tipo, tanto profesionales como gente que hace su arte desde la tradición. Hay gente que son maestros sin haber ido a la universidad, que tiene otro tipo de formación. Si conservar todo el registro de los estilos de la música mexicana, no voy a estudiar en Viena o en Berlín, tengo que ir a las regiones de México donde se hace esa música y a partir de ahí avanzar, tal vez fusiones.

Antonia Luna: Habló de su experiencia en Pacmyc las fases que lo componen: diagnóstico, planeación, ejecución, seguimiento y evaluación y en cada etapa se requieren ciertos perfiles. Ahora, en el laboratorio necesitamos un abogado, un administrador, “necesitamos alguien que nos lleve las cuentas”, gestores, líderes comunitarios… debe ser un equipo multidisciplinario, pero muy centrado en usos y costumbres, porque generalmente se hacen cosas desde el escritorio, porque así está el sistema.

Las instituciones no van allá, a las comunidades. Los gestores comunitarios somos quienes movemos, los líderes que de alguna manera dicen, vamos a hacer eso, aquello. Entonces, deben ser de la propia comunidad, quienes los conocen y, a su vez, son aceptados por esa misma comunidad. Un proyecto en que la comunidad no se sienta protagonista, difícilmente llegará a buen término.

Cristina Zempoaltécatl: En Tlaxcala y en todo México hay en cada pueblo, en cada cerro, un músico brillante, una bailarina extraordinaria y muchos artistas más, todos sin academia de formación… pero existimos. Y muchos de esos ejes brillantes se fugan, ya no están aquí, llevándose su sabiduría, sus conocimientos, sin derramarlos en el estado. Los agentes culturales ya estamos en nuestras comunidades, ya tenemos un “laboratorio” ahí, ahora deber accionar en nuestros lugares.

Sin embargo, en inusual, saludable y honesta autocrítica, Cristina narró una experiencia: alguna vez presente una convocatoria y me fueron una buscar a mi casa, donde me cuestionaron: ¿por qué tus vecinos no saben quién eres? Perdón, perdón, mi abuela respondió por mí y explicó que en esa comunidad eres hijo de, nieto de, no precisamente tú. Así funcionan las comunidades. Pues entonces soy hija de alguien, soy nieta de alguien, pero me surgió la necesidad de decir que tengo que accionar más en mi comunidad para que me conozcan…Si ya lo hice, si ya soy, puede haber más.

Lucina Jiménez: Buenísimo, he. Si, en cada lugar, los usos y costumbres tienen una manera distinta de llegar al sujeto, y el sujeto a veces es colectivo, y si no es colectivo no se entienden. Eso también habla de la necesidad de que un laboratorio de gestión cultural responda a esas necesidades.

Hablar de un laboratorio es hablar de experiencia concreta, si no la hay no estamos hablando de gestión. La gestión es un campo de experiencia que se nutre de muchos conocimientos, por eso tiene que ser interdisciplinario, pero además debe reconocer esas gemas que existen.

Creo este laboratorio puede trabajar de manera “desterritorializada”, pero en el territorio, generando procesos locales en esas realidades que tienen necesidades específicas, pero están nucleados con otros procesos que están ocurriendo y sí necesita un lugar donde se puedan compartir los saberes, compartir los procesos, donde se pueda comercializar, donde se pueda tener un taller donde se pueda visibilizar.

Eso no quiere decir que no ocurra en las comunidades y en los pueblos. O sea, la joyería filigrana se recuperó en un lugar específico con una persona específica que hizo un trabajo específico. Pero esa joyería de filigrana necesita un entorno para que se visibilice, para que sepan a quién interesa, quién va a comprar, como se está haciendo, el catálogo, los diseños, todo lo que acompaña ese proceso. Y así con todas las disciplinas artísticas.

En eso el laboratorio puede trabajar, de ahí la importancia de los perfiles de sus integrantes: Ustedes, ustedes, porque son quienes más saben. Nosotros, las instituciones, vamos a facilitar las conexiones y poner ciertas especialidades que probablemente no se han desarrollados con tanta fortaleza, además de conectar con otras experiencias.

Ignacio Netzahualcóyotl: Pugnó por perfiles orientados a la enseñanza, la difusión, la ética. Aunque dejó entrever su idea de que los perfiles ideales están “mil veces ocupados”, mucho más que los que realmente asumirán el cargo.

Pedro Netzahualcóyotl: Los perfiles deben ser cubiertos por gente capacitada y sensible a las necesidades de la comunidad artística.

“A veces como imagen, creo que somos importantes para este tipo de proyecto, pero no somos la gente más idónea para estar ahí. Sí estando en la comunidad, empapada de los procesos artísticos, pero no al frente en un sector administrativo. Para tener credibilidad, un artista debe estar al frente de un proyecto, la imagen, pues para nosotros como artistas es más atractivo acercarnos a un artista.

Al final, el conversatorio Creación e innovación. Proyecciones y nuevos derroteros de la cultura y las artes, rumbo a la construcción de un laboratorio de gestión e innovación, significó un estudio breve del campo de trabajo. Se mostró el sentir de un grupo de artistas y artesanos seleccionados para intervenir por algunos criterios no aclarados, pero que bosquejaron un panorama herido, árido, pero con gran potencial. Desnudaron quejas y liberaron esperanza, en un auditorio casi desprovisto de asistencia, sin gestores, sin autoridades, sin artistas, sin artesanos…

contacto: piedra.de.toque@live.com

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