Vie. Mar 6th, 2026

José Luis Puga Sánchez

El universo artesanal en Tlaxcala está impregnado de historias, significados, valores, estética… y bordados y textiles son una de sus vertientes más extendidas y reconocidas, pero su permanencia enfrenta fuertes tensiones ante los cambios de hábitos, las nuevas tecnologías y los cambios culturales que la modernidad trae aparejados. El tema fue el punto de enfoque en la mesa “Textiles y bordados de Tlaxcala, un legado de creatividad y preservación”, en programa encaminado a la creación del laboratorio de gestión e innovación en el estado.

Las interrogantes fueron planteadas desde el inicio y despejarlas, o abrir alternativa, correspondió a Arcadio Nava y a Marino Armas, dos artesanos textiles de Contla, así como a Verónica Arce, bordadora de San Isidro Buensuceso.

Nacida y crecida en un ambiente de pobreza, Verónica Arce se introdujo al bordado por herencia familiar… y sigue ahí por convicción, pese al violento aprendizaje obtenido de su padre, quien a sangre y fuego la mantuvo sujeta a una máquina de coser de pedal, allá en las alturas de San Isidro Buensuceso. Para ella, el proceso de aprender requiere “mucha motivación, mucha paciencia y mucha imaginación”. Este proceso, transmitirlo es muy fácil, pero realizarlo es muy difícil, porque “expresar en una blusa, en un mantel, cuesta”. Manejar la máquina de pedal es tener una coordinación entre pies, manos, ojos y la mente, afirma.

“Se puede enseñarle a mucha gente, pero son muy pocos los que llegan a realizar un bonito trabajo. De todas las personas que hemos aprendido en mi comunidad, solo somos tres familias que sí practicamos el bordado como es. Hay muchos más que sí lo saben y lo trabajan, pero ya lo toman como hacer en serie las cosas, entonces ya no es artesanía. Nosotros estamos tratando de recuperar, rescatar, lo que es el verdadero bordado artesanal, porque podemos mezclar el industrial”. 

Y blandió un recuerdo, doloroso para ella: el gobierno, la institución, la SEP, quiso retomar los trajes típicos, pero en lugar de rescatar bien los trajes típicos, estamos actuando de diferente manera, haciéndolo todo industrial. Ahí como que ya se distorsiona el rescate y lo original. Pero, bueno, estamos conservando nuestras tradiciones, entre comillas, y nuestro traje regional.

Marino Armas es artesano y diseñador, herencia de cuatro generaciones nacida en su bisabuelo, quien antes de la revolución creaba productos de lana en un telar de madera. En la revolución se hizo coronel y luchó al lado de Juan Cuamatzi, pero no abandonó el tejido. Al contrario, lo transmitió a sus hijos y esa sangre llega a hasta este momento. “La gracia que yo tuve fue tener una familia integral, que es papá y mamá, que querían lo mejor para sus hijos. A mi mamá le gustaba el sonido del telar, a mi papá le gustaba tejer… y entonces empezaron a tejer, tenían el conocimiento por sus abuelos, pero empezaron prácticamente de la nada”.

Varios años después, el padre de Marino, tejedor desde niño, decide hacer un primer rebozo de Tlaxcala, con diseño propio y punta propia. “Cuando yo tenía 17 años, recuerdo que pasa un indio que le dice a mi papá: véndame su diseño, mi papá dijo que no, “porque es la herencia de mis hijos”. Ahora en la actualidad lo comprendo y digo, gracias a mi papá que dijo eso, hoy le agradezco porque es una herencia inmaterial. 

Esa su experiencia de vida le hace preguntarse ahora la ausencia de trabajo en equipo entre los artesanos. Cuando cursaba la universidad, invitaba a sus compañeros a trabajar en equipo, en grupo, pero al final “terminamos trabajando individual. Así creo que pasa con la mayoría de los jóvenes, porque no estamos educados”.

A diferencia de la industria, afirma que el artesano textil trabaja con valores, pero van desapareciendo. En los años 50 en Contla había muchas familias que tejían saltillo y ahora (el número) se ha reducido. “Cuando me integro a la comisión en contra del plagio y del comercio ilegal a nivel federal, había 300 saltilleros en Contla. De esa fecha, yo quería como rescatar esa parte, pero al final la política sabemos que se mueve, es cambiante. Al final, todos tienen sus corrientes, sus ideologías. Eso afecta al artesano porque no sabes cómo modificar la ley hacia una manera más justa, para que esté libre de corrupción, eso es lo complejo porque afecta a las comunidades. De esos 300 cuando yo estaba, ahorita en la actualidad creo que hay como 180 saltilleros. O sea, se va reduciendo”. 

En busca de vivir dignamente, señala que el artesano se contrata en una empresa donde ofrecen vales de despensa, un sueldo, pero al final esa empresa, si es de otro país, se va a ir. “Explota el pueblo, explota la tierra y no te deja nada”. Un empresario tlaxcalteca, en sentido contrario, afirma que se va a quedar porque aquí vive, tiene mayores responsabilidades y al final “va a quedar mal con su propia gente donde vive”, en caso de malos tratos hacia sus trabajadores.

Y afloran sus contradicciones, humano al fin: cuando era niño yo visualizaba que mi ropa la iba a hacer a la clase alta. Hubo un tiempo como que me acercaba hacia la vida política y yo decía: quiero diseñar para la clase política. Pero al final me llevó a hacer puros rebozos… y ahora hago rebozos de todos los colores y de todas las fibras. Ganamos un concurso nacional del rebozo con un rebozo con hilo de plata.

Arcadio Nava Cuatecontzi es poseedor de Artesanías Nava y es la segunda generación en ese taller, nacido en la década de los 70 en las manos de su padre, quien con un telar hacía solo gabanes. A la muerte de su padre, Arcadio toma el taller y lo diversifica. A la fecha se dedica solo a la hechura de piezas de charrería, actividad declarada en 2017 patrimonio cultural. También ha hecho trabajos para varias personas del “mundo artístico” y para deportistas. Parca intervención.

Situados los tres, como productores artesanales, frente a la transmisión de sus saberes a las nuevas generaciones, ante el reto de las nuevas tecnologías, Verónica Arce afirmó que para transmitir el legado “necesitamos el apoyo del gobierno, porque o enseño o trabajo”. Podrían, tal vez, aquell@s artesan@s con pareja que proporciona el sustento, “o sea, que no dependa nada más de lo que hago, pero muchos compañeros dependen únicamente de su trabajo”.

Otro nuevo desafío mencionado por la bordadora es la comercialización, donde encuentran a uno de sus mayores problemas: el regateo. La necesidad les obliga entonces a malbaratar sus piezas que “tanto, tanto, tanto, tiempo” les lleva urdir. Son piezas infravaloradas en el mercado –acusa-, únicas por tratarse de artesanía, no de producción en serie.

Esa mala comercialización, ese malbaratar su producción, ha llevado a malos ingresos y, con ello, desalentar a las nuevas generaciones a seguir el camino artesanal. Se van a una fábrica, cumplen una jornada laboral y se olvidan hasta el día siguiente, lamenta Verónica. La producción artesanal –subraya- exige atención todo el día y todos los días. En la fábrica se va y se trabaja. En la producción artesanal hay que poner la maquinaria, la electricidad o combustible, el diseño, la materia prima, el embalaje, el transporte…

¿Cómo enfrentar los obstáculos que las circunstancias plantean?

Arcadio Nava y Marino Armas coincidieron en señalar que las artesanías no están peleadas con la innovación, por lo que las redes sociales son muy importante herramienta que permite la difusión, tanto de sus saberes como de sus productos, pero también se sienten alertas ante esa posibilidad, estar pendientes de lo que publican, pues “al rato ya lo están haciendo (su producto) y se apropian de tus diseños”, por eso muchos se abstienen de usarlas. El temor serpentea en el gremio artesanal: “En redes sociales no subo nada, porque yo me mato trabajando y otro se lleva las regalías (…). Ya lo hemos visto, ya lo hemos vivido”.

Otro punto a considerar: casos en que el artesano se adapta, evoluciona y usa nueva tecnología para diseñar, para producir o para promocionarse, pero entonces no es raro que se etiquete a sus productos como comerciales, no artesanales, “cuando no vieron lo que nos costó adaptar nuestra artesanía con lo nuevo. Cuando también nosotros nos dicen: ah, por ahí no es”.

Una eventual salida a sus complicaciones la ven en “hacer equipo” entre los propios artesanos, pero “nos cuesta mucho trabajar así”. Difícil, pero no lo ven imposible. Serían equipos para crear, para enseñar…

Exhortaron, finalmente, a crear una “mejor cultura” y a consumir los productos locales.

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