
José Luis Puga Sánchez
Acto de fin de cursos en la Escuela de Música del Estado de Tlaxcala (EMET). Es julio de 2025 y es el Centro de las Artes. Auditorio plagado de jóvenes en egreso y alumnos, familiares y amigos. Todo en la normalidad de todo acto de tal signo. Sube entonces al proscenio Sagrario ‘Sagrii’ Bahena, muchos años dedicada de cuerpo entero al teatro y hoy en la conclusión de su periodo como aprendiz en la música y el canto.
El escenario es, para ella, un espacio natural.
Frente a todas y todos, rodeada de sillas, un piano, atriles y otros instrumentos musicales más en descanso, tomó aire tratando de relajarse, sabedora de lo que sus palabras podrían despertar, y, ante un atento público, habló:
“Para mí, el canto ha sido un proceso que me ha enseñado demasiado, me he ido conociendo mejor, pero también he aprendido a cuidar más de mí, porque nuestra voz está intrínsecamente relacionada con todo lo que somos en persona.
“Entré a la escuela con la ilusión de encontrar mis sonidos y fluir en ellos, por eso me encontré con varias realidades que me parece importantes y es fundamental apuntarlas, porque lo que parece un proceso individual, es más bien sintomático.
“Es verdad que tenemos unas instalaciones bellas, como la sala en la que nos encontramos en este momento, pero es triste que más que disfrutar este escenario, muchas veces se vuelve sufrible, que tiene que ver con los procesos de enseñanza-aprendizaje, con un sentido de competencia
impregnado con la idea de pensar y ejecutar la música y no sentirla ni entenderla. Y si, ejecutamos, pero con falta de técnica, de métodos adecuados y de guías con pedagogía.
“No hablaré de manera general, aunque sé que el canto no es la única área con estas falencias. Estoy aquí después de tres años, cuando debí haberme presentado hace un año. Estaba consciente de estar el tiempo que fuera necesario para llevar mi proceso de una manera fluida e in crescendo, pero no fue así, me llevó año y medio llenarme de vicios e inseguridades y año y medio trabajar sobre eso, con clases por fuera, claro.
“Es verdad que cuando llegué estaba en blanco respecto al canto, pero traía nociones importantes sobre mi cuerpo. Aun así, me afectaron comentarios como ‘no afinas y quien no afina está perdido’, ‘los peores cantantes son aquellos que no logran afinar’, comentarios como estos hacían temblar mi canto, y hoy lo sigo trabajando.
“Llegué a pensar que me había equivocado respecto a mis decisiones, como muchas personas que me han compartido por qué desertaron de la carrera. No es verdad que nos topemos con la dificultad de la música y nos rindamos. Entrar a la EMET es una lucha constante para que, además de sostener nuestras diferentes circunstancias para poder estar aquí, puedas con los tratos autoritarios, sobajadores, humillantes, misóginos y acosadores.
“¿En qué momento la música deja de ser humana? ¿Cuándo decides estudiarla? No estoy de acuerdo, y estoy segura que, si de verdad se ponen a escuchar al estudiantado, las estadísticas no serían cinco personas graduadas de más de 100 que ingresan cada año, sin embargo, sé que esto es algo utópico pedir, porque lo que llevo aquí me he dado cuenta que el sistema del Estado se reproduce en la Secretaría de Cultura y así también en la escuela.
“No olvidamos que, a través de una convocatoria nacional, se nos invitó como estudiantes a ser partícipes para la elección de una nueva directora, suceso que no duró más de un mes y regresamos a lo mismo, casi como un hecho fantasmal.
“Nos pidieron guardar silencio y enfocarnos en el estudio, como si nuestra voz no fuera importante, como si el estudiantado no mereciera una explicación, pero el trato que le dieron a la maestra Dulce no es ajeno a como nos tratan aquí, demostrándonos quiénes tienen el poder.
“Nos aleccionan para aguantar con la cabeza agachada, o irnos como la decisión más sana. Se nos ha inculcado que uno no debe meterse en estos temas, que hay que evitar meterse en problemas.
“Nuestra educación separa la mente del corazón, el cuerpo de nuestros instrumentos y el estudio de las políticas de la escuela, pero la realidad es que somos un todo y en la medida en que seamos conscientes de eso, nuestras condiciones serán otras.
“Deseo de verdad, de fe, que toda persona, sea cual sea la razón por la que se quiera acercar a este bello arte, disfrute su proceso y le permita desarrollar su sensibilidad, su escucha y su empatía.
“Para quienes se encuentren con personas que estén poniendo en peligro ese proceso, ojalá que sepan detectarlo y tengan la capacidad de siempre elegir su bienestar y buscar en otro lado, porque cada quien es libre de decidir su pensar, pero en lo personal creo que la música no nos pone en competencia, no nos hace mejores por tocar o cantar bien, al contrario, en la medida que abracemos lo que somos, nuestra música va a fluir, va a remover y va a conectar.
“Ante el sistema inhumano con el que nos confrontamos, el arte está para sostenernos y para recordar nuestra humanidad.
Gracias”.
contacto:; piedra.de.toque@live.com