
José Luis Puga Sánchez
Los tlaxcaltecas fueron indios conquistadores. Se aliaron con los españoles en un cálculo político y bélico que finalmente les llevó a derrotar a sus enemigos mexicas. Esa alianza les permitió también conservar muchos privilegios ante la corona española y, de ninguna manera, su decisión puede calificarse como traición. Así de categóricos fueron el historiador Nazario Sánchez Mastranzo y la doctora Isabel Bueno Bravo, especialista en historia prehispánica y del siglo XVI.
En conferencia impartida en el Museo de la Memoria, a propósito de la celebración de los 500 años de la fundación de la ciudad de Tlaxcala, Nazario puso ese punto, incluso, en tela de juicio. “No sólo 500 años. A mí me parece que hablar de 500 años nos quedamos cortos, voy a poner sólo el ejemplo de lo que están celebrando nuestros amigos de la Ciudad de México, es que 700 años de la fundación de México Tenochtitlan. México Tenochtitlan no tiene 700 años, tiene más de mil años, porque antes de los tenochcas ya existía población en el entorno del lago de Texcoco”.
Fue ese el espíritu que permeó la charla toda: la revisión, el cuestionamiento, la argumentación, la reflexión, la aclaración…
Isabel Bueno lo dejó en claro inmediatamente: “es necesario hacer celebraciones (el quinto centenario de Tlaxcala capital), pero este tipo de celebraciones no solamente son para celebrar, también son para reflexionar y pocas veces se hace, porque lo que se celebra suele ser a veces menos importante de lo que se calla, de lo que se oculta. Y eso que se oculta, hay que preguntarse por qué se hace y a quién conviene”. Por eso llamó a que cada quien se forme su propia opinión, “no lo que lean en los periódicos, no los focos que alumbran esta conmemoración, que normalmente, no sé si es adecuado decirlo aquí o no, pero como españoles da igual lo que digamos (ella es española), suelen ser celebraciones políticas y las luces que enfocan los temas son los que interesan en ese momento al sistema político que hay”.
El estigma de la traición pesa aún sobre los tlaxcaltecas y por ello crecimos heridos, según estudio de la doctora Justina Olco, de la Universidad de Varsovia, reveló Mastranzo. Su estancia en Tlaxcala para la investigación, “ojalá le haya servido –a la doctora Olco- para entender que para los tlaxcaltecas del siglo XXI eso no nos importa, como seguramente a los habitantes de Tlaxcala Virreinal tampoco les importó. Defendieron su honor, defendieron su participación y siempre se asumieron como los conquistadores”. Nunca Tlaxcala –recalcó- se vio como el territorio conquistado y las fuentes primarias hablan justamente de eso.
La presencia de una serie de documentos y de una serie de privilegios asientan que en “las famosas embajadas tlaxcaltecas en España”, no solamente iban a recoger o a pedir alguna cédula real, iban a reclamarle al rey que se había olvidado de la promesa que hizo a los tlaxcaltecas de hacerlos señores de aguas y tierras, de esas tierras y esas aguas donde participaron.
No podemos –conminó Nazario- seguir creyendo las mentiras que nos contaron incluso desde nuestra educación básica.
Creemos saber qué es el mestizaje, pero no hay definición única, dijeron ambos historiadores. El mestizaje no tiene que ver tanto con condiciones físicas, sino que es algo más interior, algo que no se ve, pero se siente. Genéricamente es el mismo idioma, pero hay muchos regionalismos que no entendemos. El mestizaje es –recalcaron- una manera de entender el mundo, los valores, de disfrutar de la misma manera.
En la universidad –recriminó Nazario- nos enseñan frases muy academicistas, muy lejanas de las comunidades. Eso que nos hicieron aprender y repetir, pero resulta que no se aplica porque obedecen a otro tipo de realidades. “Tenemos que ser capaces de construir una teoría a partir de las realidades que vivimos, la que conocemos”.
¿Cómo definimos el concepto de barrio? Porque, además –señaló Mastranzo- todo mundo cree que en Tlaxcala como en Tenochtitlan, el barrio es el calpulli, pero en Tlaxcala no hay calpullis, hay tlaxilacallis o tlaxilacallime, y el tlaxilacalli tlaxcalteca es diferente en esencia al calpulli mexica.
En Tlaxcala –explicó- un barrio es un grupo de parentesco relacionado, en un territorio compartido y bajo la protección de un santo común, “y así nos definimos”. El barrio es San Hipólito, es San Marcos, es San Cosme y cada uno de los miembros del barrio se asume como hijo del barrio, en tanto que participa de la cooperación, de la participación, del cuidado de la imagen como mayordomo, como fiscal, como merino, etcétera.
Definimos de una manera, nombramos de una manera, en cuanto al entorno que nos rodea, pero cuando nos asomamos al mundo resulta que somos capaces de compartir para el mundo y para muchos.
“El indio era santo, era un san indio, porque, lo vemos claramente en Tlaxcala, el indio de papel, el indio arqueológico, era el sabio, era el que tenía el conocimiento, era el que descubrió el cultivo y la milpa, era el que descubrió la observación astronómica. El indio actual, y somos nosotros mismos en Tlaxcala, somos o hemos sido capaces de querer borrar nuestra herencia india. Muchos de nosotros, no sólo por los apellidos, sino por de dónde somos y qué somos, pareciera que queremos borrar o queremos desviar la atención a nuestra identidad india. Si entendiéramos y valoráramos todo eso, estaríamos, tendríamos Tlaxcala en otra dimensión”, restregó Mastranzo.
Ponemos –continuó- en una sala de museo al indio arqueológico y nos sentimos orgullosos, los cuatro señoríos. ¿Cuántos de nosotros realmente valoramos la expresión actual en esos cuatro señoríos y en esos más de 300 altepemes que existían en el pasado prehispánico?, hoy todavía presentes, y que se han reproducido, que nos siguen dando 360 comunidades indígenas en Tlaxcala, cada una con su propia identidad, cada una con su propia forma de gobierno, cada una con su propia tradición y cada una con su propia costumbre.
Tenemos que ser capaces de ir modificando, ir adaptando, irnos modernizando, modernización que tiene que ser con el sentido de la cual somos herederos. Tlaxcala no fue conquistada, más bien los tlaxcaltecas fueron conquistadores, y ese manejo también de la imagen y de los vocablos, de repente puede ser muy peligroso. Como nos percibe el mundo no es un problema de la gente, es un problema de nosotros. Hemos dejado mucho también, y tenemos mucha herencia de lo que los otros han dicho en torno a nosotros.
El punzón ahora fue de Isabel Bueno: Parece que todos los especialistas saben a partir de la llegada de Hernando Cortés, pero no tienen idea de lo que es la cultura prehispánica. El encuentro de esos dos mundos no se puede comprender si no conoces la cultura prehispánica. Tlaxcala estaba formada por una confederación poderosa, exactamente igual que toda la tradición mesoamericana.
Enfrente- recapituló- antes de la Triple Alianza, Texcoco estaba aliado con Azcapotzalco, pero la lucha por el poder y el control económico suscita traiciones y cambios políticos. “Digo esto porque van a comprender un hecho histórico en el que está implicada Tlaxcala y que no se suele decir”. En la caída de Azcapotzalco, los tlaxcaltecas fueron fundamentales para la independencia mexica. Tenían muy buenas relaciones con los acolhua, con los señores de Texcoco. Cuando Tezozómoc puso precio a la cabeza de Nezahualcóyotl, le dieron cobijo en Tlaxcala.
“Cuando Izcoatl y sus muchachos querían atacar Texcoco, no eran suficientes numéricamente. Azcapotzalco, porque Azcapotzalco era la señora del valle y tenía mayoría en el ejército. Entonces, la labor diplomática para convencer a los tlaxcaltecas le tocó a Nezahualcóyotl. Y cuando llegó con todas las tropas tlaxcaltecas fue cuando pudieron vencer a los tepanecas”.
Durante esta independencia, -prosigue la historiadora- todos sabemos que la enemistad con los mexicas va en aumento. Y se produce un periodo que yo he denominado de guerra fría, que son las guerras floridas, que, en mi opinión, son una parte de las guerras de conquista. Cuando se compara el número de efectivos, se ve que no pueden atacar de frente. Tienen que buscar otras estrategias. La estrategia mexica fue sitiar para cortar las redes económicas y provocar desgaste. En esa estrategia de desgaste, de igualdad de fuerzas, es cuando se establecen las guerras floridas, especie de torneos medievales, pero con final muy diferente.
Es un momento muy convulso en Mesoamérica, en el que Tenochtitlán necesitaba plantearse la centralización de sus superestructuras, porque los pueblos que estaban más distantes de la metrópoli se subrogaban y el control era difícil. En la política exterior de Moctezuma, el elemento que llegó para desestabilizar todo fue la llegada de Cortés. “Y aquí empiezan muchísimos mitos de los que son protagonistas los tlaxcaltecas. Primero, tenemos que decir que los tlaxcaltecas ni fueron a buscar a los españoles, ni pidieron nada, ni nada”.
Cortés llega “muy despistado”, porque en el principio no se trató nunca de una conquista. Lo que estaba pasando en este momento, en el siglo XVI, en Europa, es una expansión económica y hay una lucha hegemónica entre Portugal y España por acceder a las especies de las Indias. Entonces se echaron como a suerte los dos caminos, a Portugal le tocó ir por la parte de abajo de África y los españoles dijeron, “a nosotros nos ha tocado el gordo porque nosotros vamos a ir derechito”. Y topan con América, pero lo desconocían, una molestia porque no sabía cómo pasar. Por eso desde el principio todo el dinero de Cortés se fue en buscar el paso a la mar del sur, porque él era empresario, no conquistador.
No venían los españoles –remarcó la española- con ánimo de conquistar. No. Iban a encontrar ese paso económico para ganar a los portugueses y hacerse con el comercio de la “especiaría”. Por tanto, “aunque suene raro, encontrarse con el continente americano fue un dolor de muelas, porque no había cómo salir al otro lado”.
Tan era una misión comercial –continuó-, que las ciudades se van haciendo a la manera cartaginesa, fenicia, etc., que es en la costa. Son ciudades costeras. Tan no era de conquista porque en cuanto ya se conoció el territorio y que era grande, la gente venía con su familia a establecerte. Eran inmigrantes que venían a buscar una mejor vida, porque en Europa había mucha carestía, habíamos tenido continuas pestes y se había mermado muchísimo la producción, los campos se habían quedado sin labrar y entonces la gente, igual que ahora, iba a buscar una mejor vida. Iba primero el marido y en cuanto podía llamaba a la mujer, a los hijos.
“Así que el mito de la conquista, nada. El mito de que los tlaxcaltecas fueran corriendo, mentira”.
Y la doctora reconstruye pasajes históricos: Fue el cacique de Cempoala quien dijo a Cortés: “mire usted, yo tengo ciertos problemas por allá adentro, pero si usted me ayuda a resolverlos en alguna manera, yo le prometo a usted un ejército, le prometo tamemes para el transporte y le prometo la llave que va a abrir el éxito de su empresa”. Bueno, ninguno de los dos sabía de qué empresa hablaba, porque uno hablaba del mar del sur y el otro hablaba de Tenochtitlán.
Se crea entonces un gran ejército de totonacas y de todos los pueblos que estaban subyugados con los totonacas y, ante la total ignorancia española del territorio y de sus pobladores, los dirigen hacia los tlaxcaltecas, no simplemente porque fueran los enemigos seculares de los mexicas, sino porque era la confederación más pareja a ellos.
El “cacique gordo” (de Cempoala) era una persona muy inteligente, quien ideó toda la alianza, quedándose luego en su pueblo, “no vaya a ser que Moctezuma se enterara y le adelgazara”. Entonces –dice- claro, es que los tlaxcaltecas les dimos batalla, no sé qué, a los españoles. Mentira, no dieron batalla a los españoles porque ni los conocían ni verían a 400 españoles “desarrapados apestosos” en medio de un mar de indígenas. Ellos vieron a un pueblo tributario de los mexicas, por lo tanto, sus enemigos. Los tlaxcaltecas podían haber vencido a los españoles fácilmente, porque Cortés pidió hasta tres veces la paz y Xicohténcatl, el viejo, y la última vez que pidió la paz Cortés le dice a su hijo: “no les ataques”. Ahí podía haber acabado con ellos (los españoles), porque estaban todos muertos de diarrea, se le caían los dientes. Cortés, en la última batalla, va atado al caballo porque había estado dos días con diarrea y no se sostenía en el caballo.
Xicohténcatl, el viejo, reúne a sus colegas y dice: mira, creo que hay que tener visión de futuro. Solos no vamos a salir de esta situación, no nos llega algodón, no nos llega sal, el agua cada vez menos potable. Esto creo que puede ser un elemento que podemos utilizar.
Queda claro –asegura Isabel Bueno- que los tlaxcaltecas libremente deciden aliarse, nadie les obliga. Entonces, que los españoles vencieron a los tlaxcaltecas no es verdad, porque, simplemente, numéricamente era imposible. Solo hay que aplicar el sentido común para que vean que hay muchas cosas que nos dicen que no encajan.
Hasta la segunda vez que vuelven a México, Cortés es un “pelele” absoluto de los indígenas, porque, por muy listo que fuera, por muy seductor, por muy cariñoso que era, porque he tenido el placer de leer las cartas personales a sus hijos –se ufana la historiadora- y no se imaginan lo cariñoso que era, lo enamorado que estaba de Tenochtitlán y cómo le pesó toda la vida que Cuauhtémoc no se rindiera, porque él no quería destruir Tenochtitlán.
Cuando hacen la alianza y van para Tenochtitlán, podían haberse ido por cualquier sitio mucho más cómodo que por Cholula. Pero, como los españoles no se enteraban de nada, ‘vamos a llevarlo por aquí que hay un sitio muy bonito, vengan, vengan’. Y entonces los llevan ahí porque los tlaxcaltecas tenían cuentas pendientes con los de Cholula.
Aprovechan los tiros, el caballo y todo eso que desconcertaba más que efectivamente, además de lo poco efectivo que eran las armas españolas, por eso rápidamente se abandonaron.
Entonces, lo llevan a Cholula, terminan los tlaxcaltecas con el problema que tenían y en el lugar del tlatoani que había antes, ponen un “títere” de acuerdo a los intereses tlaxcaltecas. Fíjense –ironizó- lo dóciles que eran los tlaxcaltecas, la poca visión de futuro que tenían.
El 13 de agosto de 1521 ¿Hace 500 años de eso?, ya tenemos una fecha. ¿Ustedes han pensado si Tlaxcala alguna vez fue derrotada por lo que estamos hablando? ¿Fue atacada? ¿Las batallas fueron en campo abierto? ¿Había algo que fundar? No, no. Pues entonces no sé, ¿qué puedo decir? No sé qué 500 años, ni qué fundación, sinceramente.
Nazario Sánchez Mastranzo interviene para señalar que este hecho fundacional, el triunfo de Cortés y de los tlaxcaltecas sobre Tenochtitlan, se tiene que entender como un mito, como una historia fundacional, como un hecho fundacional.
Efectivamente –apunta-, el día de San Hipólito México-Tenochtitlan sucumbe ante no solo los tlaxcaltecas, ante otros pueblos indígenas que acompañan a Cortés, con la ayuda incluso de Texcoco. Yo siempre, siempre me pregunto, ¿por qué nunca a Texcoco le han dicho traidor?
La noticia de la caída de México-Tenochtitlan, sucedida el 13 de agosto, llega a Tlaxcala dos días después, el 15 de agosto. ¿Y qué se celebra el 15 de agosto? –interroga al aire Mastranzo-: La Asunción, se contesta. Y desde ese primer año -explica-, 1521, para Tlaxcala el día de la Asunción no solamente ha sido un día religioso, también un día político. Se celebraba la gran fiesta de Tlaxcala, la de nuestra querida madre, la Asunción.
Y el cabildo de Tlaxcala paseaba desde las casas de cabildo, es decir, desde el Palacio de Gobierno hoy en día, hasta llegar a la catedral, paseaba todos los privilegios, paseaba el escudo de armas, paseaba la imagen de la Virgen que les regaló Cortés. Y todo ese día era el día de Tlaxcala, era el día de fiesta de Tlaxcala.
Muchos de los grandes acontecimientos, muchas de las grandes alianzas posteriores, se van a dar para conmemorar justamente el día de la Asunción, y por lo tanto el triunfo de Tlaxcala, el surgimiento de Tlaxcala no solamente como ciudad, sino incluso como vencedora. Es la Tlaxcala vencedora la que se está manifestando. No solo son 500 años, sentencia Nazario Sánchez.
El historiador abrió aquí un paréntesis: mi compañero, el arqueólogo Eduardo Contreras, ha documentado la presencia prehispánica en distintos puntos de la ciudad de Tlaxcala, sobre todo de la Avenida Independencia, en la esquina de Guerrero e Independencia. En Lardizábal e Independencia realizó un rescate hace tres años, cuando cambiaron el sistema pluvial, que sigue sin funcionar, y documentó perfectamente la presencia anterior a los españoles en la ciudad, en lo que llamamos la ciudad de Tlaxcala. Igualmente, el sitio que se escoge para la edificación del convento de la Asunción no fue un azar, no fue por casualidad. Se construye en la cima del Chalchihuapa, el sitio donde se veneraba a la diosa Chalchiuhtlicue, la diosa de las aguas terrestres.
Luego, en 1541, con la llegada de los frailes de la evangelización, nos salta otro mito fundacional: la aparición de la Virgen de Ocotlán en el Pocito, que es una zona de manantiales donde se veneraba a Xochiquétzal (diosa asociada con el amor, la belleza, la fertilidad, las flores, el arte, el tejido y la prostitución),
En este ambiente de guerra, hay también una guerra de imágenes. ¿Cómo Tlaxcala no va a tener una aparición, una mariofanía (los casos de aparición de la Virgen María reconocidos por la iglesia católica)? La aparición de la virgen de Ocotlán tiene atrás un “evidente” juego político. Es a un descendiente de los Maxixcatzin a quien, se dice, se le aparece la señora del cielo en Tlaxcala, el Juan Diego de Santa Isabel Xiloxoxtla.
El doctor Emanuel Rodríguez Sánchez –recalca- ha documentado perfectamente que ese señor era descendiente de la casa de Ocotelulco y del linaje de los Maxixcatzin y Calmecac, por eso su tumba en la iglesia de Santa Isabel Xiloxoxtla.
Estamos ante un mito fundacional. Todo esto que nos hicieron aprender desde niños, queriendo ver a Tlaxcala como los traidores. “Ustedes son los traidores”. Y “viéndonos como el prietito en el arroz en la construcción del Estado nacional a partir del siglo XIX, repitiéndose una mentira hasta quedar perfectamente grabada hasta hoy en día”.
Isabel bueno retoma el hilo de su propio relato: En 1521 ya sabemos que el día de la Asunción el enemigo está derrotado para la alianza tlaxcalteca y el resto de los pueblos que se terminan aliando. Pero los tlaxcaltecas libremente siguen aliados con los españoles y los vemos en México, en Perú, en Guatemala, en Honduras, incluso… y la historiadora española mostró en la conferencia una pintura japonesa que representa una supuesta batalla ganada por tlaxcaltecas en Japón. Los tlaxcaltecas decían: “la corte no nos da lo que exigimos, porque nos lo deben, vamos a coger un barquito y vamos a ver que se cuece por allí”.
Hay celebraciones religiosas con mucho sesgo –abre nuevo punto de atención-, porque muy poca gente conoce a los primeros franciscanos que llegaron: Dante y los Juanes, que para mí son quienes pusieron la semilla e hicieron comprender a un lado y a otro del océano, que el garrote no valía y que todos éramos iguales. El valor del otro con su lengua, sus costumbres, todo…
Esa herencia de los franciscanos pasa “a regañadientes” a las otras órdenes que los indígenas no querían. En todos los títulos primordiales se ve cómo las comunidades pelean contra el cabildo, o lo que sea, para que no les quiten a los franciscanos, porque eran los que más gustaban de todos. Entonces, lo que se produce es una “nahuatización” de la doctrina cristiana, “eso es más claro que el agua”.
Ustedes –señaló a sus escuchas- viven en un multiverso paralelo. No solo salen a recorrer el mundo voluntariamente al lado de los españoles, donde les interesa se quedan, donde no les interesa se vuelven.
En cuanto a la “tlaxcaltequización” en el norte, la historiadora dijo que los tlaxcaltecas podían “mestizarse” con otros pueblos que encontraron, pero no lo hicieron. “Replicaron el modelo de la Nueva España, construyeron las ciudades separadas de los indígenas, les impusieron su lengua”.
Provocadora, Bueno Bravo lanza una pregunta a sus espectadores: ¿Cuál es la lengua oficial de México? Y explica: Desde el principio Isabel la Católica quiere que se mantengan las lenguas indígenas, porque no son pueblos indígenas, son súbditos españoles que viven más lejos de España. Como Isabel era castellana, pero Fernando era aragonés, no era catalán, entonces comprendían muy bien y, además, “nosotros (los españoles) convivíamos con árabes, con judíos, con franceses, genoveses…”.
México –subrayó la historiadora- es la única Constitución del mundo que no tiene lengua oficial. “El español no se impuso nunca”.
Nazario Sánchez retoma ese mundo tlaxcalteca que busca mostrar, al señalar que el Lienzo de Tlaxcala es una manera muy efectiva de reclamar lo que se debe y, además, de todas las maneras posibles. Normalmente –apunta-, hay uno o dos españoles en cada lámina, el resto son tlaxcaltecas. Como los tlaxcaltecas es el pueblo conquistador, esto que tanto se utiliza ahora de los indios conquistadores, no es un invento de estos académicos. En los documentos tlaxcaltecas del siglo XVI dicen: nosotros somos indios conquistadores.
El hecho de presentar el Lienzo de Tlaxcala ante el rey en la embajada de 1562, pintado a petición del cabildo, porque en los mismos actos de cabildo de Tlaxcala se lee claramente que el cabildo le pide, “por favor”, que se elabore la manta de guerra, (11:56) el yaotlacuilole, para ser llevada a nuestro tlatoani el rey. Eso tiene que ver también con la nahuatización del mundo hispano. ¿Quién es el rey? ¿Qué es el rey? ¿Quién es el Papa? Ya estamos hablando de la nahuatización. “Nuestro tlatoani el rey”. “Nuestro tlatoani el Papa”. En muchos de estos documentos vamos a encontrar ese juego de palabras.
Veremos, además, cómo la liturgia cristiana o la liturgia católica se apoya en la lengua náhuatl, incluso para la creación de lo que hoy llamamos el sistema de cargos.
O, en la vida espiritual, oraciones, por ejemplo, el catecismo de Fray Pedro de Gante, que es tan pequeño como una cajetilla de cerillos, pero que es hecho a partir de la manera en que nuestros “chosnos”, nuestros bisabuelos, tatarabuelos, escribieron el Padre Nuestro en imágenes. El mismo Fray Toribio de Motolinía dice claramente que tuvieron que elaborar catecismos en imágenes para poder evangelizar.
¿Cómo se dio la cristianización de los tlaxcaltecas? Es muy fácil decir: con los niños mártires. También ahí hay un mito fundacional.
Los títulos primordiales, en la cuenca de México, son la historia que escriben los pueblos y tienen un punto cero. ¿Cuál es el punto cero? ¿La llegada del cristianismo o la presencia de Hernán Cortés?
Y en Tlaxcala, aunque no se dice por escrito, se cuenta en la palabra, es que Hernán Cortés trazó el convento de Atlihuetzía. Ese es un título primordial. Es que los niños mártires son heraldos del evangelio en Tlaxcala y en América. Es un mito fundacional también. Es un título primordial.
La característica de los títulos primordiales, como los códices techialoyan, es que tienen gran parte de verdad. Obedecen a un discurso, obedecen a una intención. Y parece que es legítimo, pero el trasfondo solo lo conocen unos cuantos.
Y en Tlaxcala tuvimos, hay que decirlo, gente que se dedicaba, hoy lo llamaríamos, a falsificar códices, a elaborar mapas de tierras. “Ustedes díganme qué quieren que le ponga”. Hay un corpus de mapas que son igualitos, nada más cambian los nombres de los pueblos, por su costo: Zacateco, San Francisco Tetlanohcan, San Dionisio Yauhquemehcan, San Matías Tepetomatitlán… Los mapas desgraciadamente están en la biblioteca del Congreso de Estados Unidos y son hechos a la medida, al gusto del solicitante. Esos son los títulos primordiales de Tlaxcala.
Nueva información proporcionada por el historiador: Se está digitalizando el archivo de fiscales de Atlihuetzía, documento por documento y hoja por hoja, tomándole fotografías. Y ustedes llegan a Atlihuetzía y ven en el convento y dice: “aquí se puso la primera campana de la nueva España en 1521”. Dice el maestro Antonio Corichi, que participa en la digitalización, que no hay tal primera campana. Se encontró un recibo, un contrato, para elaborar una campana en Atlihuetzía en 1636, es un recibo en náhuatl, de 64 pesos, y que debía pesar 18 quintales. Ese es el dato más antiguo que tenemos de las campanas de Atlihuetzía.
Que si Hernán Cortés trazó el convento de Atlihuetzía, otro mito fundacional. No lo sabemos. El convento de Atlihuetzía se termina de construir hasta 1550 y la merced es de 1540. Cortés ya no está. Sabemos que Cortés se viene a refugiar a Tlaxcala en 1530, y coincide con Fray Pedro de Gante cuando seguramente ya estaba construido el convento de la Asunción.
Cortés llega Tlaxcala porque ya no lo quieren en Tenochtitlán. Los tlaxcaltecas le ofrecen –asegura Nazario- atacar Tenochtitlán en represalia, pero el español les calma diciéndoles que es “pasajero”, porque en la primera audiencia con Nuño de Guzmán, estaba tratando de hacerle un juicio de residencia a Hernán Cortés. “Y Cortés se refugia en dónde, no se va a refugiar con sus enemigos. Se va a refugiar donde lo quieren, donde lo reciben”.
Tlaxcala, estratégicamente, juega su papel en el proceso de construcción de este país. Y la leyenda negra es esta construcción de todo aquello que suene a España. “Crecimos, nos contaron una historia que no era verdadera y que creíamos. Nos la creímos. Todavía más, la hicimos nuestra. Y todavía más, la seguimos repitiendo”, raspa Nazario.
Como investigadores –previene ataques-, no somos ni pro hispanos ni anti hispanos. Tenemos que ser objetivos justamente en esta posición de la investigación, de la difusión, de la divulgación del conocimiento histórico.
Isabel Bueno refuerza esta posición de Mastranzo. Afirma que los tlaxcaltecas no fueron ni marginados, ni engañados, ni pasivos. “Durante más de un año observamos las redes sociales y entre los estudiantes tlaxcaltecas el tema terminaba con el concepto de la traición. Muchos de los males de este mundo tienen que ver con la desinformación. La gente lee poco en general, sobre todo nuestros libros”.
La historiadora ahonda en la razón del estigma: Porque todos los imaginarios, mexica, español o cualquier otro, necesitan inventar lo que los políticos “pomposamente” llaman “argumentario”. Intentan inventar un cuento que a nosotros nos convenza, que a ellos les levante y que lo que está feo detrás de ellos, no se vea. Entonces, con la independencia en el siglo XIX y también en el siglo XX, se empieza a crear ese imaginario que ustedes conocen muy bien.
Más explicación: para que un cuento funcione, como en las telenovelas, debe haber un buen relato, buenos y malos. No necesitamos nada más. ¿Quiénes son los malos? No sólo los tlaxcaltecas, por traidores. Moctezuma, Malinalli (nombre original de la Malintzin), Cortés, el malo de los malos. Al principio yo también me creía esos relatos. Cuando vas leyendo y leyendo, pues esto no tiene ni pies ni cabeza.
Entonces –reflexiona-, si todo este rollo lo empiezan los totonacas, que nadie les llama, porque los otros (los españoles) están alucinados al ver dónde han embarrancado ahí, lo empiezan, crean el chismito y lo lleva (a Cortés) a los tlaxcaltecas, pero ya acompañado de todos los otros. Llegamos después a Cholula, pero ¿qué pasa a partir de Cholula? Que todos los tributarios de los mexica, pero todos se dan en paz a Cortés, sin luchar y por la espalda de Moctezuma. A mí eso sí me parece ser traidor.
¿Y la patria?, pero, ¿qué patria? Si eran ciento y la madre de comunidades diferentes, que no tenían nada entre sí, nada más que la competición por los nichos ecológicos. Sabemos que era tanta la identidad, que eran capaces de comerse unos a otros. “Fíjense hasta qué punto Cortés era el que manejaba, que el 13 de agosto de 1521, de su puño y letra, no creo yo que eso le beneficiara a él, dijo que ese día había sido de gran victoria, que los aliados amigos, refiriéndose a los tlaxcaltecas, les había ayudado y que hicieron gran fiesta y se llevaron muchos tasajos, literalmente, de los enemigos para Tlaxcala, para festejar en Tlaxcala”.
Lo que hemos visto desde el principio –señala-, es que los tlaxcaltecas, desde que llegan a estas tierras de esa larga migración, son unos actores “superactivos”, capaces de construir su identidad, de ser generosos y aliarse con los pueblos que le van a pedir ayuda, como hemos visto, de mantener su integridad cuando les hubiera sido más fácil claudicar. Conservaron bastante de su autonomía, ustedes lo ven cada día cuando van al mercado, cuando celebran, cuando se sientan a tomar un cantarito,
Para mí, no fue un choque de dos mundos, puedo decirlo después de estar 40 años dedicando mi corazón a conocer esta tierra fabulosa de la que yo me siento parte y siento mi identidad.
A mí me parece que muchas veces los antropólogos, los historiadores en general, son más indios de papel. Cómo puedes hablar de un temazcal y de los sudores de la muerte, si nunca te has metido dentro y te has tiznado. Me parece ridículo.
Para mí –expone- no es un choque de dos mundos, es un entramado tan complejo de decisiones por un lado y por otro… Hay mucho mito de que vinieron los pioneros. Eran reos, venían obligados, había mucha miseria.
La historiadora cita entonces un episodio “muy humano”: Alvarado tenía temperamento, era apasionado. Cuando llega a Tlaxcala, para mí es la historia de amor más preciosa que se da con estos pioneros que vienen de Castilla, es la de Doña Luisa con Alvarado. Alvarado no pudo casarse con ella nada más llegar porque estaba casado, pero siempre estuvo al lado de ella porque se bautizó. En España convivían distintos credos y para que un castellano pudiera casarse con un árabe o con una judía o viceversa, había que convertirse al cristianismo. Entonces, aunque tuviera mujer legítima, pero le había hecho ojitos a otra y se sabía si estaba convertida, había una figura legal que se llamaba Barraganía. Entonces, no estaban incumpliendo la ley. En esa situación estaba Alvarado con Doña Luisa, que era la hija de Xicohténcatl, era la princesa. Entonces, siempre estuvo a su lado, tuvo los hijos con ella y en cuanto enviudó, se casó con ella. Estuvieron juntos hasta el final de sus días… Eso es un amor.
Como ven, son decisiones individuales, alianzas. Hubo momentos, como en toda alianza, que hubo traiciones por ambos lados. Pero hay que pensar en el resultado final.
Espero que, después de todo esto, podamos mirar hacia nuestras ideas preconcebidas con otros ojos. Olvídense de los estereotipos, déjenlos para Hollywood…
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