
José Luis Puga Sánchez
Celebrar los 500 años de la fundación de Tlaxcala, solo es pura forma, hay que darles contenido. Y el contenido es la misma historia de Tlaxcala, “una historia de tremenda riqueza”, advierte un Paco Ignacio Taibo de visita en el estado.
El director del Fondo de Cultura Económica aprovechó, a propósito de la pregunta, para informar que el Fondo acaba de publicar “algunos” códices para su difusión. Sin embargo, para resignificar la historia urgió a un debate social con participación de universidades, ferias locales del libro, investigadores… “Hay que ponerse de acuerdo y volver el tema una conversación constante, no simplemente una inauguración o una celebración. El gran problema no es la formalidad, 492 años, sino el contenido. Aquí había una república en el altiplano, en conflicto con la Triple Alianza náhuatl”.
Hay que entrar en serio a contar esta historia, conminó. Y esbozó, en su florido lenguaje, puntos para el debate: Primero hubo una versión españolista, donde la conquista eran 25 gachupines armados con escopetas y tres caballos. Luego vino la versión aztequista, con la heroica resistencia de Tenochtitlán. Y al final apenas empieza a haber una discusión en serio sobre… Había previamente una guerra en el altiplano, y los españoles incidieron en esa guerra. Y el gran conflicto era Tlaxcala…
– ¿Por qué ese debate cinco siglos después?
– Porque los debates tardan más tiempo que uno quisiera. Porque toma tiempo la recuperación real de la historia. ¿Por qué, a tantos años de la independencia, apenas se está dando hoy la discusión sobre el papel verdadero y profundo de Hidalgo?… Porque la figura de Hidalgo ha sido debilitada por las versiones de estatuita y nombre de calle y estampita, y le quitaron todo contenido a un personaje fascinante como Miguel.
Paco Ignacio Taibo muchas veces ha declarado su aversión por las ceremonias y los actos protocolarios, y esta ocasión lo reconfirmó ante trabajadores y directivos de la Unidad de Servicios Educativos de Tlaxcala (USET)
Fui un niño –abrió su álbum de recuerdos- que sufrió durante años las ceremonias al patio de escuela, bajo el sol, nunca me acordaba de qué trató la ceremonia. Y, sin embargo, tengo que reconocer lo mucho que me gustan las bandas de guerra. “Tengo que decir que canto fervorosamente el himno, y lo canto además en términos de lo que estamos viviendo, lo que significa, que por cierto no es el real, al himno real le hemos mochado cuatro estrofas, porque eran horribles y reaccionarias, hubo que eliminarlas de la versión oficial del himno”.
Cuando suena –continuó- el “más si osare un extraño enemigo”, no me queda de otra que decir: bajo la continua presión del imperialismo norteamericano, de los alardes del demente Donald Trump desde Estados Unidos, la amenaza de intervención en México está en el aire. Y el grito del himno que dice ‘un soldado en cada hijo te dio’, resuena, para que te pongas a pensarlo, cómo puede responder este país ante cualquier tipo de agresión extranjera e imperial.
Taibo extiende su crítica al episodio de los niños héroes. ¿Cuáles? ¿Cuántos? –cuestiona- porque la historia oficial que se instituyó en años pasados dice que hay seis niños héroes, pero los cadetes que defendieron el Colegio Militar contra una invasión armada norteamericana, no eran seis, eran más de cien. Los muertos fueron seis, pero los que combatieron fueron cientos de adolescentes que violentaron sus armarios donde estaban escondidas las armas, y contra las órdenes del director del Colegio Militar abrieron, rompieron los armarios, tomaron los fusiles y empezaron a dispararle a los gringos que subían por las lomas del Castillo de Chapultepec.
Y cuando dicen –prosigue incansable- el inicio de la independencia, ¿qué tipo de Hidalgo recordamos? ¿cómo lo recordamos? ¿cuál es el gran problema?…
Necesitamos cada vez más volver a hacer de la historia de México algo vivo, algo no retórico, algo desprovisto de estatuas que no dicen la verdad, de nombres de calles que nadie sabe quién se las puso y cómo se las puso, de nombres de plazas, de aeropuertos y volverle a dar contenido a la historia de México, volver a encontrarnos al verdadero Morelos y su segunda batalla por la independencia, revisar los comportamientos de nuestras regiones en los conflictos de la revolución, hacer de la historia algo caliente, ameno, apasionante, divertido….
Esa es una tarea –señaló- de la Secretaría de Educación Pública y de los maestros, con Homero Meneses a un metro de distancia. Tenemos que volverle a dar calor a la historia.
¿Ya se acostumbraron a que la culpa de la caída de Tenochtitlán sea de los tlaxcaltecas? ¡Mentira! La culpa de la caída de Tenochtitlán la tuvieron los aztecas, por andar chingándole la borrega a los tlaxcaltecas antes de tiempo.
Toda la revolución que hoy existe en la historia –urgió- hay que darle ese sentido. Necesitamos volver a contarnos la historia de manera ágil, agradable, conflictiva, crítica y volverla material de identificación.