
José Luis Puga Sánchez
Mañana muy de mañana, Edgar corría apresurado hacia el Cobat en Apizaco, pues el tiempo le comía el día y las clases no perdonan. Trepó a su bici y raudo salió de su casa, pero el destino lo esperaba justo en el recién inaugurado bulevar La Libertad. Un automóvil igual de raudo no lo vio, o no lo quiso ver, y lo arrolló. Las lesiones no fueron graves, pero requirió una operación que le obligó a una rehabilitación de pocos meses.
Condenado a ver por un tiempo solo cuatro paredes, una ventana y una puerta, su mamá y su hermano, Gustavo Alberto Hernández Cabrera, tejieron a su alrededor una red de cuidados. Pero la ayuda externa no tardó en llegar también. Lazos de amistad unía a la familia con algunos pintores apizaquenses, entre ellos José Luis Rodríguez Quirino y Armando Núñez “camaleón”, ambos fallecidos ya.
Esos dos pintores amigos, en contubernio con otros artistas plásticos, impulsaban, en ese albor de siglo, un movimiento de arte urbano en la colonia San Martín de Porres de la ciudad rielera. El arte inundó entonces esa pequeña recámara de convalecencia a través de materiales, pinceles, bastidores… La casa misma atesoraba una pequeña galería religiosamente cuidada por la madre, espacio poblado por obras de Quirino “camaleón” y de Hilario Monzón, otro apizaquense viejo conocido.
Esa ebullición artística hogareña empuja al propio Gustavo, preparatoriano en ese momento, a involucrarse en los entretelones de la creación, sendero que abraza diligentemente hasta hacerlo suyo. Coincide la realización en la prepa de un concurso de creatividad de arte y Gustavo “le entra”, con asesoría de hermano y amigos. Su pintura es seleccionada para un concurso, “de estos concursos” que hacen en el sistema de bachillerato de Cobat.
Se trató de su primer acercamiento al arte público, su primera participación en una exposición individual. Fue en nacimiento de Travis.
Su origen fue un tanto circunstancial. El periodo de convalecencia de su hermano lo semi recluye también a él. Adicto a la televisión desde niño, cuando no apoyaba a su hermano, estaba ante la pantalla, pero arriba del televisor, a su alrededor, estaban los cuadros de los amigos… y los empezó a observar, les prestó detenida atención. Vio los óleos de “camaleón”, los de Monzón, pero sobre todo lo de Quirino, “hasta que llegó una pintura que se titula ‘Imaginación’, pintura que es parte de mi acervo ahora, porque mi mamá ya falleció hace unos años. Es de Quirino y desencadenó un tipo de adrenalina, llegar a deducciones, llegar a ponerse en el lugar del artista, por qué para él fue importante plasmar esa obra, y qué poder tiene su título. O sea, qué poder tiene la imaginación en el desarrollo de las personas y de la humanidad”.
Aquel joven Travis de 18 años estaba en pleno proceso de maduración, rodeado de un grupo de artistas plásticos en plena ebullición, con quienes compartía muchos ideales, pero también rechazaba ciertas actitudes, como el alcohol y las drogas. Ese joven calibraba su entrada al mundo del arte. Percibía la multiplicidad de enfoques, de posturas, las muchas etiquetas, los estereotipos… Conocía el romanticismo y su mirada se detenía en Van Gogh, en Frida Kahlo y en Diego Rivera. Su visión del mundo estaba en formación.
El grupo de artistas plásticos que le arropa, lo lleva de expo en expo colectivas, visita así plazas comerciales, la plaza Guadalupe, el kiosco, el centro cultural, el Tec de Apizaco, “donde fuera” …
Su círculo era de solo pintores urbanos, autodidactas la mayoría. “Me impactó mucho conocer la historia de José Luis Rodríguez Quirino, porque resulta que por alguna situación que desconozco, fue a dar a la cárcel de Santa Martha, en la Ciudad de México, donde tomó talleres y aprendió pintura”. A su regreso a Apizaco Quirino funda su grupo de “movimiento pacifista, artístico y cultural, informal y alternativo”. Y ese espíritu Travis lo sintió muy cercano a su realidad, muy alejado también de esas historias de otros “artistas de élite. O sea, era un artista urbano, callejero, cercano y hasta amigo mío. Esa parte la aprecié mucho, la valoré y la quise continuar. Ese compromiso, ese amor, esa vocación, ese deseo de trascender y de generar una presencia, un impacto a través de la creación de imágenes”.
Travis buscaba construir su propuesta, delinear un mensaje con sus propios atributos, como la autonomía, la libertad de expresión. “Tener una voz propia, un mensaje que no esté como censurado, que no esté condicionado. Y veía que, desde la creación gráfica, de plástica, podía construir esa voz”.
En aquel su inicio solo tanteaba el mundo; estaba en búsqueda de su voz. Pero su maduración le lleva a conocer la historia del grabado y “ves que el grabado se conecta mucho con una lucha social, con una lucha política, con una lucha ideológica, anticapitalista, anticlasista. Ese es el sello que tiene la gráfica popular mexicana”.
Reconoce sus dificultades, desde sus inicios y a la fecha, para armar un mensaje, “porque hay tantos temas y de repente tienes que ser muy específico; a veces procuro ser más general, pero en ese tránsito hay mucha separación. No es fácil crear imágenes y tener una permanencia, una consecuencia, y que esa consecuencia se refleje en toda tu obra. Hay que madurar esa parte gráfica. Todavía estoy en esa parte de maduración”.
Travis regresa a su memoria y recuerda una convocatoria alrededor del 2003, en esas sus épocas bisoñas, para apoyo a la creación por parte del ayuntamiento de Apizaco, programa solo vigente dos o tres años. Travis, enfermo de “viruela o varicela, o algo así”, no puede acudir a registrar su proyecto, pero lo hace su hermano… y obtiene el apoyo, que consiste en un estímulo económico para la creación de diez pinturas. Le asignan una asesora, que resultó ser Rosa María Lucio. Por su cuenta, Travis recibe asesorías paralelas de Darío Monzón y de Alejandro Martínez Rubín. Esa su primera exposición sucedió 2003-2004 en el centro cultural La Libertad.
Viene un periodo de crecimiento para Travis, su obra recorre salas de exposición y él continúa su crecimiento, su evolución… hasta su integración al comité consultivo de artes visuales, creado, junto con otros comités similares para distintas actividades artísticas, a principios del siglo por iniciativa de la comunidad artística y cultural tlaxcalteca.
En esa su estancia en el comité consultivo, experimenta un acercamiento más profundo a la diversidad de visiones de los artistas. Conoce ahí a Enrique Pérez Martínez, quien seductoramente lo envuelve y lo conduce al Tebac (Taller de Estampa Básica y Avanzada Camaxtli), apenas en proceso de formación.
Las influencias de Gustavo en las artes plásticas provenían, hasta ese momento, fundamentalmente de Bob Ross, un pintor estadounidense que difundía por televisión comercial pequeños videos sobre técnicas elementales de creación, no más. Estaba también Joel Rendón, quien conducía un programa en Canal 11 llamado Estampas al Minuto, y ante Rendón Travis quedaba “fascinado viendo cómo hacían sellitos en la televisión, en un minuto, era hacer un sello con goma, y en un minuto, casi como un comercial”.
Centrado ya en el grabado, recibe la invitación de Enrique Pérez para acercarse al Tebac, ubicado en aquel momento en San Bartolomé. Y fue, vio, conoció, se convenció y se quedó. Se engancha así en otro tipo de entorno de aprendizaje, “ver otros materiales, como sale la tinta fresca de la estampa, como tiene una intensidad así, pues cuando seca la tinta cambia, entonces ya se ve distinto, el aroma de la tinta y todo eso”.
Recuerda de esa época germinal en Tebac, personal y del taller, y él estudiando ya sociología en la universidad, un curso de mezzotinta tomado con el maestro polaco Bela Cepesi, así como un curso de xilografía con la afamada Nunik Sauret, dibujo con Germán Venegas. Othón Téllez ofreció también cursos diversos en Tebac. El taller fue inaugurado por José Luis Cuevas y el nombre Taller de Estampa Básica y Avanzada Camaxtli fue propuesta de Felipe Ehrenberg, toda una referencia de la gráfica en México. En aquel momento fuera del Tebac no había gráfica en Tlaxcala. Empero, la guía nodal de su evolución en Tebac, la de Gustavo y la del taller, estaba a cargo de Enrique Pérez Martínez y, en menor medida, de Leopoldo Morales Praxedis.
En las expectativas de interés de Travis estaba también periodismo cultural, o mercadotecnia cultural, pero no pudo llegar a estos campos.
De aquel periodo inicial recuerda un proyecto “emblemático”: ‘titeregrafías’, un trabajo colectivo. Frente al páramo en Tlaxcala para la especialidad. Tebac abre un intercambio con el taller de litografía Erasto Cortés en Puebla, así como con un taller de serigrafía en la Ciudad de México. “Nosotros fuimos a Puebla y a la Ciudad de México a aprender litografía y serigrafía, mientras que los otros talleres vinieron aquí a aprender calcografía”.
En proceso de consolidación en una sociedad tlaxcalteca aún demasiado estéril de expresiones artísticas, en esa primera década del siglo Tebac albergó al colectivo “Estallido”. Travis se impone la tarea de investigar y registrar la historia del colectivo, pero al final no cumple ese proyecto por desconfiar de sí mismo. “Me resultó complicadísimo hacer esa investigación, porque no me sentía con la confianza para preguntar ciertas cosas, con ciertas personas dudaba de las respuestas. Me costó trabajo, me costó hacer el tejido de todo lo que implicaba ‘Estallido’, temáticamente,
históricamente, simbólicamente, técnicamente y quedó solo en el ejercicio de hacer entrevistas, porque fue un fenómeno ‘Estallido’, fue un fenómeno auténtico”.
Y recuerda Travis la primera exposición de ‘Estallido’. “Me impactó mucho saber que tenía raíces en el dadaísmo, en fluxus y con el arte kitsch”. El proyecto fue dirigido por Leopoldo “Polo” Praxedis y en el grupo estaba Ángel Torres, Patricia Mosqueira, Enrique Pérez Martínez, Galdina Galicia, Violeta Sosa, en algunos momentos estuvo el músico Manuel Ramos Negrete y otros artistas.
En Tebac se realizó otro proyecto especial, que fue una carpeta en homenaje a José Guadalupe Posada. Travis participó como asistente, “cortando papel para imprimir un montón de grabados, luego observando el proceso de elaboración de una carpeta”.
El taller era ya visitado por artistas nacionales con importantes trayectorias, como Leo Acosta, Luis López Loza, Francisco Patlán, que en su momento eran artistas muy reconocidos, algunos ya fallecidos. La gráfica experimentaba un lento crecimiento, no al ritmo deseado o posible para el estado. “Fue asombroso ver que, por ejemplo, cuando llegó Nunik Sauret llegaban de otros estados a tomar ese curso en Tebac, en Tlaxcala, pero gente de aquí, a veces no. Llegaban de Tijuana, de Chiapas, de Oaxaca, de Ciudad de México, y de Tlaxcala yo era de los afortunados, entre otros poquitos que se enteraban y asistían”.
Paulatinamente Travis aprendió cómo se hacen ciertos intercambios, cómo se organizan ciertas actividades que estaba en su interés aprender para después aplicar. “Mi interés era llegar a un espacio como el que ahora tenemos (Taller de Estampa Venus), mi interés era llegar a ser un artista, un creador autodidacta, independiente, con un espacio propio, dedicándome a mi producción personal”.
Vive la transición de Tebac de San Bartolo a Tlaxcala. Gustavo en ese momento meditaba su salida del taller, pues consideraba que después de tantos años, “ya había aprendido lo que tenía que aprender”. Se sentía seguro, confiado; tenía ya una trayectoria consolidada. “Sabía que tenía que dar el paso para algo diferente”.
Y se fue… Aunque no del todo…
En 2023 políticas erróneas llevaron a la desaparición del Tebac. Travis fue la cabeza más visible de resistencia a la decisión oficial, frente al inexplicable mutismo del que fue su único director, Enrique Pérez Martínez, y de sus dos gurús iniciáticos: Polo Praxedis y Teódulo Rómulo. La resistencia fue enconada de un grupo de artistas… hasta que el tiempo y el desgaste los venció. Murió el Tebac.
Pero mucho antes del cierre, cuando Gustavo toma la decisión de salir del Tebac para transitar su propio camino, se inscribe como auxiliar de restauración en la Basílica de Ocotlán, periodo que le ofreció un regalo: conocer a su pareja, Ángeles Burgos. En esa restauración del templo se repararon los retablos, se bajaron las esculturas y se le encomendó la asistencia en el taller de restauración de las esculturas.
Y ahí, en el trajinar de gubias, barnices y esculturas en resurrección, Gustavo y Ángeles pulen la idea de montar un taller independiente de grabado. Ella también es grabadora, es restauradora, artista plástica y recientemente psicóloga. Discuten pros, contras e inseguridades y toman la decisión de montarlo, inicialmente con talleres para niños y para estudiantes en secundarias. Su enseñanza para otros artistas ha sido mínima, fundamentalmente por carencia de espacio adecuado.
El Taller de Estampa Venus cumplió este agosto 10 años de actividades para promover, para enseñar artes plásticas; el arte-terapia se encuentra aún en fase de planeación. El taller sigue abierto para infantes, adolescentes y adultos, con o sin experiencia.
El dilema persiste para la pareja Travis-Ángeles: mantener Venus con su actual orientación, o bien enfocarlo sustancialmente hacia los creadores profesionales, “que es el público ideal al que podemos dirigir nuestro espacio. Muchos artistas profesionales no conocen del grabado y yo ya me especialicé, ya tengo un aprendizaje vasto”.
Su reticencia para ingresar sus servicios al mercado profesional, obedece a “cálculos”: “hay que hacer cálculos de distinta índole, cálculos en cuanto al espacio, a los materiales y los costos, o cómo va a ser la relación. Podemos ser muy flexibles para integrarlos, hacerlos parte del taller. No tenemos como que una regla así muy definida para poder establecer contacto, Por ejemplo, recientemente nos visitó el maestro Armando Ahuatzi y nos dio la sorpresa que le interesa grabar”.
Egresado de La Esmeralda, la trayectoria de Ahuatzi es ampliamente conocida en Venus. “Conocemos su pintura tan realista, su técnica casi impecable. Eso, por ejemplo, no estaba ni en nuestros cálculos, por la trayectoria y por el perfil del maestro”. Ante esta posibilidad, Travis reveló un permanente deseo de agruparse con otros artistas ya reconocidos. “Reunirnos, compartir, hacer proyectos… “Eso es una constante, pero de eso a que se concrete este paso… mmmmm”.
El contacto de Armando Ahuatzi con Travis y Ángeles fue justamente eso: un primer contacto. Falta caminar más para formalizar el trabajo conjunto, después que ambas partes han manifestado su disposición para ello.
En algún momento –medita Gustavo- me planteé dirigir los talleres a estudiantes de arte, pero tiene también sus inconveniencias, porque los estudiantes están ocupados, están en sus labores, están saturados con sus tareas, entonces no lo ven viable. “Yo tuve que pasar por esa fase de intentarlo para darme cuenta de lo que sí es viable y lo que no es viable. Ahora veo que muchas cosas son viables, pero se tienen que hacer organizadamente y en sus tiempos”.
Venus ha emitido ya dos versiones de la carpeta de grabados de carnaval. La primera carpeta, a decir de Travis, tiene “muy buena calidad” y con la participación de Juan de la Cruz y de Polo Praxedis.
El proyecto empuja, desacelera, recobra vigor y prosigue su paso, como toda persona o grupo ha experimentado en esta tambaleante escena del arte y la cultura en Tlaxcala. Los recursos llegan, no tanto como se quiere o se necesita, igual que todas y todos. A veces una venta, a veces las inscripciones, a veces programas como Pacmyc, a veces los encargos, a veces clases en universidad, a veces venta directa, incluso entre su pareja Ángeles, que también hace grabado, y él, “entonces, si no se venden mis grabados, se venden los de ella, o los vendemos, nos los ofrecemos”.
Un año dio clases en la Facultad de Artes Visuales de la UAT, experiencia que le hizo descubrir la diferencia entre su trabajo, el grabado, y la orientación en la universidad hacia las artes visuales, dirigidas en la UAT más hacia lo digital, el video, el diseño, “pero más hacia lo digital. Me di cuenta que no tenía mucho sentido estar allá y descuidar acá” … y renunció.
Sentado ante una mesa olorosa a tinta, en su taller Venus, Travis deja salir su visión del estado actual de la gráfica en Tlaxcala y sin mayor temor afirma que la gráfica no ha madurado aún en el estado. Ha aumentado, sí, el número de practicantes, sobre todo cuando Tebac mudó de San Bartolo a Tlaxcala capital, donde fue aprovechado en su mayoría por alumnos de la UAT, “que pueden tener calidad algunos, pero aún son estudiantes, todavía están en el proceso de maduración, y con otra idea, lo digital y todo eso. Ha habido y hay gente destacada en la gráfica, pero los menos… los menos”, lamenta un apesadumbrado Travis.
En lo personal, reconoce que sigue siendo un proceso lento y difícil.
Debe, con demasiada frecuencia, decidir si invertir su tiempo en promover el taller para la asesoría o la mentoría a otros creadores, o su producción personal. Ambas al mismo tiempo no le es posible por la demanda de tiempo y desplazamientos necesarios. Se aboca a una y la otra decae.
Terrible disyuntiva.
Adicionalmente, aun le es difícil elegir temática para cada obra o para cada serie. “De repente es un desaliento no saber… Que te contagie el ambiente no tan fértil, no tan propicio. Sí, es algo que se contagia”.
Por otra parte, una decisión tomada años atrás, hoy es un obstáculo. “Hace muchos años no le vi caso exponer en ningún sitio. Dije, ¿para qué voy a exponer? O sea, mi móvil no ha sido estar exponiendo. Aunque después me di cuenta que exponer tiene su importancia, sirve de promoción, pero también sabes que no hay esa garantía de hacerte una buena promoción, que se reconozca tu oficio o tu trabajo. Y ya no hablemos del talento, porque yo me trabo en eso del talento”.
Pero Travis sigue sumando a su desventura: se siente un artista poco virtuoso, alejado del nivel que demuestran otros artistas, quienes, quizá, pasan por la academia y tienen una ejecución en el tiempo extraordinario, que “cuando ves una obra de ellos en el grabado, te conmueve brutalmente. Siento que no he llegado a ese punto, pero estoy satisfecho con lo que hago”.
Tan satisfecho está que en su aportación a la producción muy reciente del libro “Leyendas de Atlihuetzía”, Travis se aventuró a trabajar sus ilustraciones con materiales muy poco usuales en él: el linóleo. “No lo había explorado tanto porque mi predilección durante muchos años fue el grabado en metal, hacía más grabado en metal, que es distinto, y grabado en relieve, o sea, grabado en madera o en linóleo casi lo había relegado”.
Gustavo pone pesar en su aniñada cara e insiste que toda la urgencia de su diario trajinar le ha restado tiempo a lo importante: su producción profesional personal. Y esa indisponibilidad de tiempo para sí mismo recrudece su ánimo, más ahora que cuenta con dos invitaciones para exponer en la Ciudad de México, una sobre el Che Guevara y otra sobre el día de muertos.
Gustavo Alberto Hernández Cabrera, Travis, aspira profundamente y marca con nítida claridad sus urgencias: trabajar en su obra personal, nutriéndola de sus nuevas experiencias, su mirada contemporánea, pero sobre todo se abocará a la consolidación del Taller de Estampa Venus, “no importa que no haga mi producción personal, pero estoy enfocándome a que el taller tenga vida, que cumpla su propósito que es como nuestro proyecto… mantenerlo vivo…”.
Y la tarde irrumpe por el amplio ventanal, iluminando los muchos grabados que se agarran desesperados a las obedientes paredes, todo en una danza de olores y colores…