Vie. Mar 6th, 2026

Eduardo Matos Moctezuma

Entre estas sociedades, y en particular entre los mexicas, había varios lugares a los que el individuo iría después de la muerte. Esos lugares estaban marcados, y esto es muy importante, por la manera en que se moría.

A diferencia del mundo occidental, sobre todo del cristianismo, el catolicismo marca un aspecto moral, es decir, quien se porta bien y no peca va a ir a gozar, quien se porta mal y peca mortalmente va a ir irremediablemente al infierno. En el caso del mundo prehispánico, lo que prevalecía era la manera en que se moría. Eso era lo que iba a determinar el lugar al que iban a ir estas esencias de los individuos muertos.

Entonces, tenemos así que hay varios lugares. Empezaré con aquel que era acompañar al sol en una parte de su recorrido. Esto les estaba destinado principalmente a los guerreros que morían en combate o eran capturados para ser sacrificados al sol.

En el caso de los mexicas, era ser sacrificado a Huitzilopochtli, el dios solar y de la guerra. Entonces, estos guerreros, ya sea que morían en combate o que eran sacrificados, iban a acompañar al sol, a Huitzilopochtli, desde el orto, es decir, desde el momento en que el sol es parido por la tierra, por el oriente, y empieza a ascender hacia el mediodía. Este transcurso de tiempo está marcado por estos guerreros que iban entonando cantos de guerra, que iban con sus escudos, sus rodelas, etcétera, hasta llegar al mediodía.

Aquí vemos cómo ese lado este del firmamento o del universo correspondía al rumbo masculino del universo. En cambio, del mediodía al atardecer era el sol acompañado por las mujeres que habían muerto en su primer parto. Ustedes se preguntarán por qué, pues, esas mujeres habían muerto en un combate. Se consideraba que el parto era un combate en el cual, si ellas morían, habían muerto en una guerra. Por lo tanto, acompañaban al sol como mujeres guerreras, como mozihuaquesque (mujeres valientes), cihuateteos (mujeres diosas). Lo acompañaban hasta el atardecer, en donde el sol iba a caer e iba a ser comido, devorado por la tierra, para al día siguiente volverlo a parir por el oriente. Ese rumbo poniente del universo representa el rumbo femenino del mismo. Ahí tenemos un aspecto muy importante en cuanto a este destino de morir en guerra.

Un siguiente lugar al que se iba y que nos indican varias fuentes históricas, entre ellos Sahagún, por ejemplo, es el Tlalocan. El Tlalocan era el lugar, el paraíso del dios Tlaloc y de los tlaloques, sus ayudantes. Allí iban todos los que morían en relación al agua, o sea, por enfermedades ligadas al agua, como hidrópicos, ahogados, muertos por un rayo, pues el rayo se relaciona con la lluvia, en fin. Entonces, todas estas personas iban a ir al Tlalocan, que se describe en las fuentes como un lugar en el que siempre había un verano, constante. Estaban las plantas plenas, era un lugar de verdor, etcétera, y allí irían las personas que morían en relación al agua.

Un tercer lugar era el Mictlán. Al Mictlán iban todas las otras personas que morían por otras causas, no relacionadas ni con la guerra ni con el agua, sino de muchas otras formas. Para ir a este lugar, el Mictlán, se concebía que había que atravesar varios peligros, varios parajes en los que había acechanzas y peligros para las esencias que se les deparaba ir a este lugar. Eran en total nueve lugares, empezando por la tierra misma, por Tlaltecuhtli, que devoraba los cadáveres y daba paso a que las esencias fueran al destino al que se les había reservado, según la forma de muerte. Esas esencias tenían que atravesar la tierra misma, atravesar un río, llegar al lugar donde chocan dos montañas entre sí, poniendo en peligro a esas esencias, un lugar resguardado por la lagartija verde, por una serpiente, en fin. Son en total estos pasos que finalmente el noveno lo constituía el Mictlán, el lugar de los muertos, y allí habitaban Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, el señor y la señora del lugar de los muertos, del inframundo.

Para llegar ahí, el último paso era atravesar un río acompañado de un perro de color bermejo, y así aquella esencia llegaba ante la presencia de los señores del inframundo. Este viaje duraba cuatro años, en lo que iba pasando de un lugar a otro, etcétera, hasta llegar al Mictlán. Yo lo he relacionado, en los estudios que he hecho sobre el particular, que aquí hay una relación, pienso yo que muy directa, con el tiempo de nacimiento del niño, es decir, desde el momento que la mujer sentía que había vida en su interior y que se manifestaba por aspectos notorios en su persona, etcétera, entre ellos la detención del flujo menstrual, entonces, sabiendo que estaba embarazada, pasaban nueve lunaciones, o sea, nueve ciclos lunares. ¿Por qué hablo de nueve ciclos lunares? Porque la cuenta de ellos no era como la nuestra, o sea, un mes tiene 30 días entre nosotros, para ellos no, para ellos eran 18 meses de 20 días. Entonces, esto es muy importante tomar en consideración, porque no se contabilizaba a partir de nuestra concepción, sino de la de ellos, en la cual habían pasado nueve lunaciones para que hubiera vida, para que naciera el niño. De allí que estos nueve pasos para llegar al Mictlán.

Y aquí hay otro aspecto interesante, ya posteriormente el individuo crecía, en fin, hacía todo su ciclo de vida y al morir, aquel niño que había nacido, iba al morir a hacer el viaje de retorno al vientre materno, al vientre universal. Por lo tanto, tenía que pasar de regreso por esos pasajes peligrosos, por los que había pasado al nacer. Esto nos explica, en cierta forma, cómo esta persona finalmente iba a regresar a ese vientre universal, a la tierra misma.

Por otro lado, también hay otro lugar, ya hemos visto tres, pero falta uno dedicado a los niños muertos. Se decía que los niños que morían dentro del vientre o al nacer, iban a ir a un lugar en el cual había un árbol nodriza, es decir, un árbol cuyas hojas tenían leche, manaban leche para alimentar aquel niño, mientras esperaba ese niño a que los dioses volvieran a colocarlo en la matriz de alguna mujer. Estos cuatro sitios están condicionados, sobre todo los tres primeros, en relación a la manera en que se moría y no a aspectos morales, como ya luego en el siglo XVI entró con la evangelización.

Dicho esto, vamos a empezar a ver algunas imágenes:

Códice Laud

Empezamos con un códice muy interesante, el códice Lot o Laud, en el cual vemos a la madre con el niño recién nacido, todavía, diríamos, amoratado, y frente está el señor del inframundo, Mictlantecuhtli. O sea, ya desde el momento en que nace va a haber el peligro, la acechanza de que el niño muera. Había una mortalidad muy grande en el mundo prehispánico, sobre todo de infantes.

Códice Laud

En la siguiente lámina, también del mismo códice, vamos a observar algo muy muy interesante. Primero, exactamente en el centro la imagen de un esqueleto. En el centro vemos un cráneo de tono rojo y el cuerpo, la pierna, los brazos extendidos, etcétera, y allí se nos indica cuáles eran los lugares en el cuerpo humano donde residían las esencias.

O sea, en el cráneo, en la parte superior exactamente de él, hay una serpiente viendo hacia arriba, en la cual está pintada de gris y el pecho blanco, de sus fauces surge la lengua bífida, y vemos cómo surge de la cabeza. Allí se encontraba la tona, es decir, esta esencia que correspondía a la cabeza. Después vemos otra especie de personaje que surge casi del pecho del esqueleto, también pintado en gris con blanco y con una especie de pico en el rostro, que corresponde a otra esencia que es la teyolía, que radicaba en el corazón. Esta es la que iba a viajar y a ir a los lugares que se deparaba, según se moría. Por eso tiene también en la cabeza el rostro de Ehécatl, el dios del viento. Era entonces esta teyolía la que iba a ir al lugar que se le deparaba.

Finalmente, tenemos un tercer lugar de esencias que era el hígado. Ese lugar… si se ve la pierna en rojo del personaje semi descarnado, vemos cómo sale una serpiente de color rojo, su rostro se ve muy bien a la izquierda, hacia la parte media, en donde es el ihíyotl. El ihíyotl se concentraba en el hígado, que era el lugar donde también estaban los humores, en fin, toda una serie de cosas que condicionaban al individuo.

Esta imagen es muy importante porque marca esos lugares que en el cuerpo humano tenían las esencias del individuo.

Desde época muy temprana hay una presencia de la muerte y eso lo vemos más o menos alrededor del año 1000 antes de nuestra era. Aquí tenemos esta máscara de barro, esta mascarita, no es muy grande, fue encontrada en Tlatilco, un sitio muy antiguo del año 1000 antes de nuestra era, en el cual observamos un aspecto muy importante, el rostro está dividido en dos, es decir, una parte, la que está a nuestra derecha, está descarnado, vemos la órbita del ojo vacía, los dientes, la mandíbula, en fin. En cambio, el lado de la izquierda lo podemos observar que tiene piel, vemos la nariz, los labios, la lengua inclusive. O sea, ¿qué es lo que están queriendo representar aquí? La vida y la muerte, es decir, esa dualidad que era muy importante en el mundo prehispánico y que partía, esto es muy interesante, de la observación que el hombre veía a lo largo del año. La parte de la vida, la de la izquierda, indicaba la temporada de lluvias, en que todo renacía, las plantas daban sus frutos, etcétera. En cambio, la otra parte descarnada nos está indicando precisamente la temporada de secas, en que los árboles pierden su verdor, no hay lluvia, en fin.

Entonces, vemos cómo estas dos partes eran representadas, yo diría que magistralmente, en la forma que observamos, o sea, la dualidad vida-muerte. Esto lo vemos presente a lo largo de varias culturas mesoamericanas y vamos a poder observar en la siguiente imagen una lápida de Izapa, en Chiapas. Esta imagen es muy interesante porque corresponde al año más o menos 250-300 antes de nuestra era, antes de que surgiera plenamente el mundo maya.

Lápida de Izapa

¿Qué es lo que vemos? Es un esqueleto sentado y de su vientre, entre las costillas, surge una banda que da una vuelta y sube, y ahí vemos a un niño. O sea que se trata del cordón umbilical, que la muerte también puede dar vida. Y esto partía de esa observación, porque después de la temporada de secas en que todo moría y demás, volvía a resurgir la vida de las plantas a través de la conjunción del agua y la tierra. La lluvia era el semen divino y la tierra la recibía, ese semen para hacer brotar, para que nazcan las plantas que van a alimentar al hombre. Entonces esta imagen nos hace ver cómo de esa temporada de secas proviene la vida misma. 

Tumba de Palenque

Aquí tenemos otra imagen muy conocida, porque corresponde a la tumba de Palenque. Ya estamos en el clásico maya, o sea, ya estamos en el año 650, 670 de nuestra era. Allí vemos cómo fue enterrado el personaje, el gobernante palencano que se llamaba Pakal, y colocado al interior de este elemento que guarda cierta forma de matriz, y tapado con una losa. Encajaba perfectamente en este agujero, y al fondo se ve una lápida, una línea blanca, en posición horizontal, que después de que se tapaba esta matriz era corrida y cubría todo el sarcófago.

Esto es muy interesante porque nos va a dar cómo a los altos personajes, en este caso Pakal, se le hizo un edificio completo para su cámara funeraria, el templo de las inscripciones, que es uno de los edificios más altos de Palenque, que tiene nueve cuerpos superpuestos que van angostándose hasta llegar a la parte superior, donde hay un templo, y por ese templo es que viene la escalera que nos lleva al interior, hasta llegar a esta cámara mortuoria. Entre los mayas se han encontrado varias tumbas de personajes muy, muy importantes, y también se han excavado restos, esqueletos de gente del pueblo, en sus habitaciones, etcétera.

Lápida

En la imagen que sigue vamos a observar la lápida que cubre totalmente esta tumba. En medio hay un personaje recostado, y ese personaje, o esta lápida, más bien, nos está indicando los tres niveles del universo que tenían algunos, o la mayoría de los pueblos mesoamericanos. Ven ustedes que surge una especie de cruz, que en realidad no es tal, sino que es la ceiba o árbol sagrado de los mayas. Hasta arriba se ve un ave con largas plumas que representa el nivel celeste, que es una de las ideas de cómo estaba compuesto el universo, el nivel celeste.

Luego vemos el nivel terrestre representado en el personaje, en Pakal, que es el que se representa en medio, muerto, subiendo del inframundo, que está abajo de él, donde vemos un rostro descarnado, que pertenece al dios del inframundo, y toda una serie de elementos que están indicando el Mictlán o Xibalbá, entre los mayas. Entonces, es una composición en la que vemos el nivel celeste, el nivel terrestre y el inframundo. Es una pieza labrada en piedra caliza, que corresponde a los años 670 más o menos, de nuestra era.

Tumba 104 de Monte Albán

Vamos a pasar a otra área, a otra zona en Oaxaca, donde tenemos también múltiples ejemplos de cómo se enterraba a los muertos. Aquí vemos la tumba 104 de Monte Albán. Esta tumba está policromada totalmente, sus paredes muestran una serie de personajes, de aspectos que están en relación con todas sus creencias.

Por cierto, hay otra tumba que se encontró en Suchilquitongo, Oaxaca, en la que los murales son sorprendentes. Vemos, inclusive, ceremonias en relación a la muerte. Pero, en este caso, ésta es una reconstrucción que hay en el Museo de Antropología, pero tomada del original.

Se ve el esqueleto a la mitad de la escena, a su lado, toda una serie de vasijas, vasos, ollas y demás. Pero, en la entrada, abajo, un personaje central con cuatro figuritas menores, que a la vez son recipientes, y que están, por decir así, resguardando la entrada a la tumba. Estas tumbas que se encontraron en Monte Albán, que son muchísimas, corresponden al momento zapoteca de la ocupación del lugar, porque el primero fue ocupado por los zapotecas, después entraron los mixtecas.

Ahora bien, había la costumbre de reutilizar una tumba. Por ejemplo, una tumba hecha en la época zapoteca, podía reutilizarse para colocar nuevos individuos muertos ya en la época mixteca.

Tumba de Saachila

Ese es el caso de la siguiente imagen, en donde se puede ver la tumba de Saachila, un lugar cercano a Monte Albán, en donde por cierto la cámara ya había sido excavada, ya se habían extraído por el arqueólogo los objetos que la acompañaban. Pero del lado izquierdo alcanzamos a ver en la pared, un esqueleto de cuerpo entero, también del lado derecho y además representaciones, por ejemplo, de búhos y animales relacionados con la muerte. 

Tumba 7 de Monte Albán

En la siguiente se aprecia la famosísima tumba 7 de Monte Albán, excavada por Alfonso Caso (en la imagen, con lentes). Se ve el techo con grandes piedras muy pesadas, inclinadas y apoyadas una en otra, y abajo la cámara sepulcral. Ellos están sentados ahí en el acceso, en la puerta de acceso a la cámara.

Este es un buen ejemplo de una tumba zapoteca que se reúsa a partir del año 1000 de nuestra era por los mixtecos, que hacen a un lado los objetos zapotecas y colocan una gran ofrenda formada por collares de oro alternados con piedras jadeitas y otras, en fin, una cantidad de materiales bastante ricos, es un buen ejemplo de la orfebrería que fue una de las características de los mixtecos, además de que eran grandes hacedores de códices y de una cerámica muy bella, policromada, etcétera. Aquí se observan algunas de estas piezas. La del medio es un pectoral en oro que nos muestra el rostro del dios de la muerte, además se ven todos los adornos que trae alrededor con una filigrana impresionante del dios de la muerte.

Rostro de Soyaltepec

Vemos ahora el rostro de Soyaltepec, también en Oaxaca, donde podemos observar nuevamente esta presencia de la dualidad vida-muerte. Esta pieza de cerámica de Soyaltepec está compuesta igual con el rostro de la vida y de la muerte. Del lado derecho observamos, igual que aquella de Tlatilco hacía mil años atrás, antes de nuestra era, aquí hacia el año 800 de nuestra era, o sea, mil ochocientos, dos mil años después, sigue esta concepción de la dualidad con el rostro descarnado de un lado y el rostro vivo del otro, es decir, la vida y la muerte.

Mictlantecuhtli de el Zapotal

Vamos a pasar ahora a otra región de Mesoamérica, que es la costa del Golfo. Aquí, en El Zapotal los arqueólogos veracruzanos encontraron esta maravillosa imagen en barro, toda hecha en barro, con la figura de Mictlantecuhtli, señor del mundo de los muertos, ataviado magníficamente. Está centrado prácticamente en su trono y el tocado que lo acompaña, o sea, esta parte de arriba con grandes elementos, etcétera. Luego está el dios en sí, descarnado o semi descarnado, porque noten que en las piernas tiene carne y no así en las otras partes del cuerpo y sobre todo el rostro, que es realmente impresionante.

Cihuateteo

Ahora bien, esta figura no se encontró sola, sino que junto a él estaban fragmentadas muchas esculturas de cihuateteos, estas mujeres que acompañaban al sol del mediodía al atardecer. Aquí una de ellas con su tocado de doble cabeza de serpiente y el cuerpo pintado en amarillo, su falda, los ojos semi cerrados y viene entonando; está con la boca abierta cantando cantos rituales, etcétera.

Dios de la muerte sedente

Vamos ahora a otra figura, también del área de Veracruz, en la que vemos una figura no muy grande, quizá unos 30 centímetros, del dios de la muerte sedente. Es una figura que está sentado y con sus brazos entrecruzados, pero vean el conocimiento anatómico, vemos el húmero, luego los dos huesos que conforman el antebrazo que son el cúbito y el radio. Estas figuras pues nos están hablando de todo este ritual que había del culto a la muerte y del culto a los muertos.

Tumba de tiro

Pasamos ahora al occidente de México, donde tenemos un ejemplo de las famosas tumbas de tiro que se han encontrado, llamadas así porque se entraba por una especie de túnel, una chimenea, que abajo se había hecho más ancha para poder hacer la tumba propiamente dicha. En este ejemplo se ven los cuerpos descarnados y la gran cantidad de vasijas que acompañan a los personajes, pero además noten los brazaletes que adornaban los brazos de estas personas, además de caracoles. El caracol es un símbolo de fertilidad, por eso no es extraño encontrar en diversas tumbas esta asociación con los entierros.

Coatlicue

Pasamos ahora al centro de México, donde tenemos figuras como la que estamos observando, Coatlicue, la madre de los dioses, que se encuentra en el Museo Nacional de Antropología. Es una composición impresionante del o los escultores que intervinieron en su elaboración. Primero, lo que parece ser cabeza es en realidad son dos serpientes que surgen y se encuentran en la parte alta. Surge inclusive la lengua bífida, están los colmillos y los dos ojos, pero estas dos serpientes surgen a manera de sangre, de un cuello cercenado.

La diosa está decorada con un collar de corazones y de manos humanas, todo en el pecho. Estos elementos tienen como dije central un cráneo. Ahora, la falda de la parte media hacia abajo está conformada con serpientes entrelazadas y de ahí el nombre de la deidad. Coatlicue quiere decir “La de la falda de serpientes”.

Finalmente, hasta abajo vemos estas garras enormes que juegan el papel de pies, donde se observan igualmente estas como cabezas de serpiente, al igual que en los muñones de las manos. Manos y pies están cortados y en realidad lo que vemos es la representación de las serpientes como salen.

Abajo de toda esta figura, que mide más de dos metros, casi tres, de alto, tiene la efigie de Tlaltecuhtli, o sea del señor de la tierra, del señor o señora de la tierra.

Se ve entonces que ya en la cultura mexica se observa la dualidad hasta arriba formada por las dos serpientes que conforman a la vez una cabeza de frente, luego el nivel terrestre en que están las serpientes en la falda y demás, y finalmente el inframundo, que es el que tiene grabado en su parte inferior. Todo esto ya es mexica, o sea que corresponde ya al año 1325 en que se funda la ciudad de Tenochtitlán, hasta el momento de la conquista española en 1521.

Tlaltecuhtli

En la siguiente imagen se observa otra enorme escultura, en este caso se trata de Tlaltecuhtli, en este caso en su versión femenina, porque puede ser el señor o la señora de la tierra. Esta figura hecha en piedra volcánica tiene alrededor de cuatro metros por lado. Se encontró frente al templo mayor, o sea que está al poniente del templo mayor, que estaba orientado hacia ese rumbo del universo, pero cómo se le representa.

En primer lugar, veamos el rostro, que muestra una boca enorme, de la que ella está sorbiendo sangre que viene de su ombligo, de su matriz. Después están los adornos, las orejeras que cuelgan a ambos lados de la cara, y arriba, en tono rojo, se ve el pelo de la figura. Nada más que yo observé que este pelo en realidad está recortado seguramente de un sacrificado, porque vemos cómo en la frente tenemos este elemento que representa el corte de la piel.

Luego vean la posición en general, es decir, las manos levantadas con grandes garras, grandes uñas, y también las piernas abiertas en posición de parto. Entonces, ¿qué está representando esta enorme escultura? Pues a la diosa Tlaltecuhtli, señora de la tierra, que devora con esa enorme boca a los individuos, los pasa a su interior, y en su matriz se hace lo que los antropólogos denominamos un rito de paso, es decir, allí el personaje muerto, devorado, van a ser paridas sus esencias para que vayan al lugar que se le destina, conforme al tipo de muerte. Por cierto, noten que está totalmente pintada en amarillo, salvo su faldellín que muestra blanco, rojo, etcétera. Corresponde más o menos a la época de Ahuizotl, uno de los últimos gobernantes mexicas, o inclusive de Moctezuma II, que entró a reinar en 1502. Entonces, más o menos alrededor de esas fechas es cuando debió ser elaborada esta importante figura. 

Coyolxauhqui

Vemos ahora otra gran escultura mexica, que representa a Coyolxauhqui, otra deidad femenina muy importante. Se ve en forma circular porque es la deidad lunar, es la diosa de la luna, pero vean cómo el cuello está decapitado también. Estas como vírgulas que marcan el lugar de la decapitación, igual que vemos los cortes en brazos y piernas en que han sido separadas del tronco.

Sabemos que hay todo un mito alrededor, una leyenda alrededor de esta diosa que representa a la luna y su lucha con el sol, con Huitzilopochtli, en la cual ella, como elemento lunar, es vencida junto con sus hermanas las innumerables estrellas y entonces se le da preponderancia al dios solar, al dios guerrero, sobre los poderes de la noche representados en ella. Esta pieza también se encuentra en el museo del templo mayor y en este caso corresponde más o menos al año 1470 de nuestra era.

cihuatetéotl

Vamos a ver otras imágenes en donde tenemos, por ejemplo, una cihuatetéotl. ¿Recuerdan aquellas del área de Veracruz? Aquí tenemos una cihuatetéotl mexica con los mismos elementos: su falda, los pechos descubiertos, al igual que las veracruzanas, el rostro descarnado, el pelo lo vemos colocado en su posición correcta y las manos, desde luego con estas garras levantadas que son propias de las figuras relacionadas con la tierra, con la muerte, etcétera.

Mictlantecuhtli

Seguimos adelante y vamos aquí a poder ver esta maravillosa escultura en barro. Son dos que encontró el doctor López Luján al norte del Templo Mayor, en el llamado recinto de los Guerreros Águila. Ahí también se encontraron las grandes figuras, tamaño natural, o sea, de 1.70 de altura, también hechas en barro, al igual que estas de los guerreros Águila, que también ha sido muy dada a conocer. Aquí tenemos a Mictlantecuhtli otra vez con las garras levantadas e igualmente semi descarnado. Vemos las costillas, el rostro, pero tiene orejas, tiene la piel, al igual que en las piernas muestra también piel. Hay un elemento hacia la mitad de la figura que es un elemento trilobado de tres elementos que, después de diversas especulaciones, se pudo comprobar, por parte del mismo doctor López Luján, que se trataba del hígado. Muchos hablaban del corazón, etcétera, el corazón en realidad estaría más arriba, sino del hígado, ese lugar en que se concentraba el ihíyotl, estas esencias que se relacionan también con el inframundo. El tamaño de estas piezas, para ser de barro, es bastante impresionante porque tienen 1.67, 1.70, casi la estatura de un individuo normal.

Mictlantecuhtli en el Códice Borbónico

Apreciamos ahora en el códice borbónico otra imagen de Mictlantecuhtli. Aquí lo vemos con todos sus adornos, igualmente semi descarnado y arriba se ve un bulto amarrado con una soga. Es un bulto mortuorio, así se les preparaba para ser enterrados o quemados. Se hacía un bulto que cubría con mantas, papeles, adornos, acompañando a este bulto mortuorio, para ya llevar a cabo las ceremonias de enterramiento o de cremación, según el caso.

Vaso funerario

En la siguiente imagen observamos algo que puede ser desde un vaso funerario, tiene la imagen de Mictlantecuhtli, o también puede ser una urna funeraria, de las cuales en la siguiente imagen vamos a observar cómo se han encontrado. Pero antes de eso, un hallazgo que se dio recientemente, hace pocos años, frente al Templo Mayor.

Tzompantli

Allí se encontró el Tzompantli, una estructura baja, hecha de piedra, recubierta de estuco y encima se clavaban postes. En los extremos, nos dice algún cronista, como Tapia, por ejemplo, que había dos torres de cráneos. Pues resulta que Raúl Barrera, el arqueólogo y su equipo, encontraron que son cráneos, uno sobre otro, amarrados con estuco. Esta es la parte interna de la torre que forma una especie de rosca. Todo esto ya es alrededor del año de 1450 en adelante.

Dios murciélago

Y ahora sí, en la siguiente algunas representaciones de deidades o de personajes asociados a la muerte, como es el caso del dios murciélago. Este lo pueden ver en el Museo del Templo Mayor, una pieza enorme que mide 1.80 metros de altura. Tiene el rostro de un murciélago, con la lengua, los colmillos y demás. En el cuello trae tres campanitas como adorno, y el badajo, o sea, lo que hace sonar a la campana, tiene forma de pequeños fémures. La figura fue pintada en negro. En la mano, a la izquierda del personaje, y en los pies las garras típicas del murciélago. Son elementos asociados a la muerte porque el murciélago vive en cuevas, sale en la noche, o sea, tiene una serie de asociaciones con la muerte.

Urnas funerarias

Finalmente, aquí se ven dos urnas funerarias muy parecidas, aparecidas a un lado de Coyolxauhqui. Las dos urnas tienen sus tapas y representan a dos deidades. En su interior se encontraron restos de huesos que han sido analizados por Jimena Chávez, quien ha identificado que eran masculinos. Cuando aparecieron hace 40 años, yo hacía la afirmación de que muy posiblemente se trataba de los restos óseos de dos guerreros colocados al interior de las vasijas, dado que estaban colocadas en la plataforma del lado de la guerra, de Huitzilopochtli, y muy cerquita de la diosa guerrera Coyolxauhqui. Están hechas de barro.

Urna funeraria

Esta es otra urna funeraria hecha en travertino, en tecali, color blanco, y tiene una tapa de obsidiana. En su interior se encontraron restos quemados, que también fueron analizados por la doctora Chávez, y también se pudo identificar que eran partes escogidas del esqueleto de un importante personaje.

Urna funeraria en forma de perro

Este perrito hecho en barro es también una urna funeraria. Recuerden que el perrito, color vermejo, era el que acompañaba a atravesar el río al personaje que iba al Mictlán.

Esqueleto de niño

Ahora tenemos el encuentro de este esqueleto de un niño, asociado a Huitzilopochtli. Se encontró del lado dedicado al dios de la guerra y del sol. Es muy interesante porque el niño estaba ataviado con elementos de gavilán. Recuerden que al morir se podrían convertir en aves de bello plumaje.

Restos de niños

Finalmente tenemos estos restos que se encontraron del lado de Tláloc. Son varios niños, infantes, estudiados por Juan Román Berrelleza, un antropólogo físico del Templo Mayor, sitio en el que encontró más de una treintena de esqueletos de niños en honor de Tláloc. Se les ha fechado alrededor del año mil cuatrocientos cuarenta y tantos, cuando hubo una gran sequía en el Valle de México, que provocó muchas muertes, que no crecieron las plantas, etcétera, y se colocaban o se sacrificaban niños en honor a Tláloc para que enviara la lluvia.

Espero haberles dado una idea, aunque muy general… Son muy profundos los aspectos relacionados con la muerte en el México prehispánico… pero una idea, aunque sea muy general, de cómo se concebía la muerte, cuáles eran las prácticas mortuorias, y mostrar muchos de los entierros, de los hallazgos arqueológicos que nos hablan tanto de la vida como de la muerte. 

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