
José Luis Puga Sánchez
¡El agua arde!
La pluralidad de las cosmogonías ancestrales extendía muchos lazos en común entre culturas, pueblos que navegaban en sus formas de ver y vivir su entorno, culturas en estrecha conexión con su mundo y su universo, no iguales, pero sí parecidos.
Entre los rituales que practicaban para dialogar con sus dioses, estaban aquellos de combinaban lo espiritual y lo lúdico, el jugo de pelota uno de ellos.
En el Palacio de Cultura fueron escenificadas dos formas de este juego: el juego de pelota purépecha encendida y el juego de pelota de cadera.
Antes de las demostraciones se habló de su relato, el mito que los origina, su razón de ser…:
Al inicio de los tiempos todo era caos en el universo. En ese caos, el sol y la luna se disputaba su dominio sobre la tierra. Era tanto el conflicto que existía entre el sol y la luna que idearon una forma de decidir quién iba a dominar sobre la tierra. Para esto convocaron a las estrellas y utilizaron un cometa como su instrumento.
Un grupo de estrellas representaba al sol y otro grupo de estrellas representaba a la luna. La batalla duró un tiempo indefinido, pero fue “muchísimo, muchísimo tiempo en el universo”. En este juego, que además de todo, buscaba la permanencia, el dominio del sol o de la luna, se empezó a crear lo que es el día y se empezó a crear lo que es la noche.
Cuando el sol dominaba e iba arriba en el marcador, existía el día. Cuando la luna dominaba e iba arriba en el marcador, existía la noche. En este proceso de batalla eterna se empezó a crear equilibrio y todo lo que es dual.
Se creó el día y se creó la noche. Se creó el cielo y se creó la tierra. Se dio origen al hombre y se dio origen a la mujer. Se dio origen a lo bueno y se dio origen a lo malo. Y así consecutivamente con todo lo que es dual.
El juego de la pelota purépecha representa la permanencia de la luna en el día y en este caso, que es la pelota encendida, representa la permanencia del sol durante la noche. Representa todo lo que es dual. De esta manera, el pueblo purépecha en su cosmovisión y en su caso de la pelota purépecha.
En cuanto a Lama, el juego de pelota de cadera, se dijo que también nuestros ancestros idearon una forma de combate y de representar toda su sabiduría.
Y se vio la representación de los cuerpos celestes de la dualidad. Del sol tratando de ganarle a la noche y de la luna tratando de ganarle al día…
En el patio central del Palacio de Cultura de la capital tlaxcalteca se trazó un rectángulo alargado delimitado por reflectores con luz azul para el juego de pelota purépecha. Cada lado del área marcada se dispuso para un equipo de seis jugadores, integrado por hombres y mujeres cada equipo.
Para mover la pelota, de alrededor de 20 centímetros de diámetro, cada jugador usaba un bastón como de rugby, de aproximadamente un metro de largo en forma de “L”.
Y a correr, golpear la pelota encendida para intentar hacerla llegar al lado opuesto de la cancha, lo que representaba un tanto.
Mientras el público observaba a cuando menos 20 metros de distancia del encuentro, para prevenir cualquier incidente, la pelota corría veloz sobre el cemento del recuadro marcado, o volaba en el aire impulsada por un golpe desmedido.
La pelota se apagó varias ocasiones y cuando eso sucedía, inmediatamente la ayudantía se materializaba, vertía un chorrito de gasolina sobre la esférica y la encendían nuevamente, para reanudar el juego.
El resultado poco importa, pues el objetivo fue cubierto: mostrar el juego tal como los organizadores y los jugadores suponen que se realizaba siglos atrás.
El juego de pelota de cadera es más conocido en territorio tlaxcalteca, tan así que existe desde años atrás un colectivo dedicado a su preservación. Y el juego de pelota de cadera es común en casi toda la meseta central del país.
El juego se desarrolla también entre dos equipos, integrados igualmente por hombres y mujeres. En la misma cancha de la demostración anterior, un rectángulo iluminado, los equipos mueven la pelota que es golpeada solamente con la cadera y ningún jugador dos veces seguida.
Se igual manera, se trata de llevar la pelota hasta el otro extremo, guarecido por el equipo contrario. El juego demanda una gran fuerza muscular y perder el miedo a los raspones.
Y el resultado tampoco importó.
Esa noche otoñal la capital tlaxcalteca recibió una inyección de muy viejas energías, en ese su andar en el camino a su revaloración.