Munati

Ago 13, 2026

Editorial

35 años de vida celebró el Museo Nacional del Títere.

Hace 35 años Alejandro Jara y Guadalupe Alemán pusieron la primera piedra de su sueño: la construcción de un territorio físico, filosófico, onírico y cultural que fuera dominio de los títeres, de tan rotundo linaje en el estado de Tlaxcala.

Y hoy, 35 años después, ese pastel celebratorio tiene visos fúnebres.

El Museo Nacional del Títere parece atestiguar si no la muerte, sí la indigencia de una actividad artística y cultural que hunde sus raíces en la historia de Tlaxcala.

Hubo un tiempo, tal vez 20 años atrás, cuando la frondosidad de la actividad titiritera era abordada, en Tlaxcala, en toda su amplitud.

Había un Munati que centraba su atención en el pasado de esa actividad.

Operaba un festival, el Rosete Aranda, que agitaba la cotidianidad, el presente, de los títeres y los conectaba ampliamente con la gente.

Y se trabajaba arduamente en una escuela, donde se trazaban los pilares que en el futuro sostendrían, trabajaban para ello, el arte de los títeres en el estado, en la región y en el mundo: La Escuela Latinoamericana del Arte de los Títeres Mireya Cueto.

Pasado, presente y futuro vistos, abordados y trabajados con tres herramientas diferentes pero una sola visión.

Hoy la escuela está muerta. Con varios años sepultada.

El festival, pese a los discursos y a las incomprobables cifras oficiales, está en terapia intensiva, sin el lustre y el impacto que en el país entero y fuera de él llegó a presumir.

Hoy ningún otro estado quiere una extensión del festival.

Son historia sus desfiles.

El museo parece la única pieza con cierto grado de salud, pero…

La administración lorenista ha descobijado a los títeres.

Volteó la vista ante el sepelio de la escuela, sin giño alguno de comprensión.

Apenas sostiene un festival Rosete Aranda, lo suficiente para festinar su contacto con 30 municipios, cuando hubo un tiempo, de esplendor real, que el festival llegó a los 60 municipios y algunos otros estados.

Hoy una galería privada, la del Agua, en Altzayanca, recibe, como ejemplo, un recurso económico superior al destinado para la realización del festival todo.

Hoy, de suma gravedad, solo Guadalupe Alemán parece buscar servicios asistenciales de urgencia para la actividad de los títeres en Tlaxcala.

Desde la Unima, La Unión Internacional de la Marioneta, Alejandro Jara parece vivir solo en el recuerdo.

Los grupos y ejecutantes de títeres locales en corto sueltan lastimeros sollozos, pero no pasan de ahí.

El arte de los títeres en Tlaxcala está desarticulado y en categórica desnutrición.

¿Qué hay para festejar?

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