IA

Sep 19, 2026

Editorial

Dos meses atrás un programa de inteligencia artificial (IA), diseñado para investigación, “decidió” por su cuenta hackear a otro programa igualmente de IA. Lo hizo sin autorización a sus controladores humanos y extrajo información crucial para el programa asaltado, violando instrucciones y cortafuegos habilitados.

Cierto o no, exagerado o no, la noticia ha despertado un encendido debate en el mundo, pues los CEO de las cinco empresas de desarrollo de inteligencia artificial más importantes en el mundo, se han unido en sus diferencias para pedir se ralentice el desarrollo de la IA, pues el descontrol en que su evolución ha caído está ocasionando fuertes problemas que, incluso amenazan con agravarse.

“La IA matará a la humanidad”, hay quien ha gritado.

Cualesquiera sea el camino que siga la IA, nadie queda fuera de su impacto, sea cual sea su sentido. El arte y la cultura están ya afectados.

Basta decir que en Tlaxcala para la actual designación de los premios estatales de literatura, la UNAM brindó asesoría en la detección de potencial uso de inteligencia artificial en la construcción de los textos.

Esa “mente siniestra” está ya hasta en la sopa.

El solo hecho de poner sobre la mesa de análisis la amplia gama de realidades y de posibilidades que se abre para las artes, para la cultura y para la humanidad toda, el impacto de la IA en nuestra cotidianidad, permitirá aclarar caminos, limpiar ductos, iluminar áreas y, con ello, revisar nuestro propio andar, colectiva e individualmente.

Hay productos culturales realizados ya con inteligencia artificial: pinturas, videos, música, textos, esculturas, artesanías…

A ese panorama súmese el agravante de la impresión en 3D.

O relecturas de la historia.

O capacitación con asesores virtuales.

El mismo arte tiene ya muchos, muchos avisos de un futuro dominado por máquinas.

Claro, voces hay, también muchas, que recriminan la siembra de miedo con afán de dominación…. Y hay razón en ello.

Voces que acusan manipulación explosiva de los gigantescos emporios, con intenciones de justificar mayores recursos económicos hacia sus intestinos… Y hay razón en ello.

Voces que señalan diferencias ideológicas, filosóficas que explican ataques y contrataques sobre la OIA, su desarrollo y su uso… Y hay razón en ello.

Socialmente la inteligencia artificial es una entelequia de ciencia ficción.

Pero existe.

Y este niño-robot crece a una velocidad insospechada.

Está década puede morir la humanidad, grita un catastrofista.

No cerremos los ojos.

Por admin