De izquierda a derecha: Juan Carlos Ramos, Luis Martín Martínez, Mariana Herrera y Armando Ahuatzi

José Luis Puga Sánchez

La Secretaría de Cultura de Tlaxcala inició un proceso que deberá culminar con la creación de un observatorio cultural ciudadano, organismo “totalmente autónomo e independiente” que tendrá por misión “sugerir” el rumbo de las políticas públicas en materia de cultura, políticas públicas que tienen que ver con las estrategias, con los programas y con los proyectos que se echan a andar a nivel estatal dentro de la Secretaría de Cultura, es esa la directriz que anima el proceso que se efectúan en el museo Casa de Piedra, en Apizaco, precisa Juan Carlos Ramos Mora, coordinador del proyecto.

El observatorio se dibuja como un organismo totalmente “autónomo” y “ciudadanizado”, sin injerencia alguna de la Secretaría de Cultura, sin embargo, ese plan abortó desde su inicio, pues la serie de foros previos encaminados para la formación del observatorio, las temáticas abordadas, las sedes, los participantes, la convocatoria para su nacimiento, las reglas de selección de los integrantes del observatorio y la designación de los miembros, todo eso y más, han sido, son y serán decisión única de la Secretaría de Cultura, sin injerencia ajena a la propia institución. Además, la asistencia de posibles integrantes del observatorio, contrastada con el universo existente en el estado de Tlaxcala, ha sido muy mínima.

Los primeros pasos en el proyecto son la realización de foros temáticos, los cuatro iniciales en Apizaco y los restantes se planean itinerantes. El motivo esencial de estos foros, explica Ramos Mora, es brindar primero un contexto teórico de discusión, de diálogo, centrando algunos temas de interés comunitario que están en torno a la gestión, a la difusión, a la promoción de la cultura. Los restantes foros proyectados tendrán lugar en el Palacio de Cultura en Tlaxcala, luego en Chiautempan, Contla, Huamantla y Hueyotlipan.

Piedra de Toque: ¿Por qué no se aprovechó y se socializó la iniciativa de ley de derechos culturales que está en el Congreso?

Juan Carlos Ramos: Desde el ojo de la Secretaría de Cultura, a través de la Dirección de Extensión Cultural, es un proceso totalmente diferente. Aquel que tiene que ver con la ley. Es un anteproyecto ya tiene ya un proceso que empezó hace tiempo, entonces ya está dentro del ámbito legislativo. Y este es un proceso que debemos de impulsar como comunidad, como ciudadanía.

En referencia al observatorio ciudadano en proyecto, el coordinador del proceso asentó que “si lo contaminamos (el proyecto) con abrazarlo mucho desde la parte institucional, llámese Secretaría de Cultura, llámese municipio, llámese X, creo que dejaría de tener la iniciativa ciudadana de observación a la cultura que este comité, que este órgano, debería de tener”. 

Piedra de Toque: ¿Quién va a definir a los integrantes del observatorio? 

Ramos: Las reglas van a estar ya dispuestas.

Piedra de Toque: ¿Quién las emite? 

Ramos: En poco, la Secretaría de Cultura va a emitir la convocatoria. Ahí viene quiénes se pueden inscribir, cómo se van a inscribir y quiénes van a ser aceptados.

Piedra de Toque: ¿Por qué la Secretaría define cómo el ciudadano se organiza? 

Ramos: No es tanto eso. Es encabezar un proyecto que hasta la fecha… 

Piedra de Toque: ¿Lo está dirigiendo la Secretaría de Cultura? ¿Son foros y emite la convocatoria? 

Ramos: Así es. Lo encabeza, lo dirige, lo coordina, pero realmente el resultado tiene que ser totalmente ciudadano. 

Piedra de Toque: ¡Imposible! Ya lo está trabajando, lo está dirigiendo. No puede ser totalmente ciudadano. 

Ramos: Tiene su símil, yo lo veo así, con unos comités consultivos que se crearon hace años, hace décadas. Pero hoy en día estamos fundamentados en este concepto de la gobernanza cultural, en donde cada vez la ciudadanía, cada vez la comunidad tiene que ver más en la injerencia del diseño de las políticas y de las estrategias que se echan a andar en tu comunidad, en tu estado, en tu región. Este es el primer paso y es difícil porque la comunidad tiene diferentes intereses, como toda sociedad, y aquellos voceros que encabezan algún movimiento, a ver si tienen intereses personales y entonces se manifiestan como tal, que finalmente deben de ser transparentados, puestos en marcha, en voces comunitarias. 

Después de aclarar que será la institución gubernamental la que decida quién representará a la sociedad, Juan Carlos Ramos abrió el segundo foro bajo la temática de “gobernanza”.

La parte inicial fue de Armando Ahuatzi, quien por casi una hora habló de su trayectoria en la pintura, sus inicios, sus estudios, sus influencias, sus experiencias y de sus relaciones. Todo muy bien, aunque inexplicable su intervención con ese tipo de discurso en un foro previsto para abordar la gobernanza y con miras a la creación de un observatorio. Nadie consideró necesario aclarar tan alejada disertación del tema del día.

La maestra Mariana Herrera dividió su participación en dos facetas, la primera como representante de Armando Ahuatzi, mostrando material impreso sobre la obra del pintor. En la segunda parte vertió sus comentarios personales: habló del largo y sinuoso camino del artista, de su precario estatus; destacó su beneplácito por las medallas, por los diplomas, pero dijo que los reconocimientos no dan de comer, por lo que propuso la instauración de premio por adquisición, premios para montajes… Demandó la realización de concursos con jurados realmente imparciales y honestos; también la creación de consejos consultivos y de evaluación rotativos, arreglar y consolidar lo que ya existe, revisar y fortalecer los centros culturales. “Que los artistas, algunos, no sean flojos, que se documenten sobre cómo bajar recursos económicos y cumplir los lineamientos”.

Recalcó la importancia del aprendizaje y de la actualización. Fustigó a los artistas bisoños que buscan ya montar su obra en las grandes galerías, sin la trayectoria, la experiencia y la calidad necesarias, dijo. “No cualquiera puede ser un maestro”. Y para rematar, citó a Platón: El primer acto de corrupción de un funcionario es aceptar un cargo para el que no está preparado. “Y esto se debe de aplicar no solamente a los funcionarios, sino a uno mismo”.

La respuesta fue inmediata. Eduardo Ojeda, quien se identificó como “promotor cultural de la Secretaría de Cultura federal en el área de cultura comunitaria”, reprochó a Mariana Herrera su falta de derecho a los derechos humanos, porque “mencionaste que como artistas emergentes ya quieren exponer en ciertas salas. Pues sí, también es parte de su derecho al acceso a la cultura y a su creación, a crear”.

Le cuestionó también haber utilizado las palabras “flojo” o “mediocre”, “palabras muy subjetivas”, dijo, para añadir que “los ciudadanos tenemos derecho a gestionar nuestras políticas públicas”.

Pero Ojeda dio marcha atrás a lo dicho apenas días atrás, de apartarse de la iniciativa de ley de derechos culturales hoy en el Congreso local: Aseguró que se comprometió con Karen Villeda, secretaria de Cultura, a fortalecer tal iniciativa.

Sucedió después una larga exposición de esfuerzos artísticos y creativos individuales de diversa índole y en varios campos, con su cauda de lágrimas y risas, valiosos todos ellos en cuanto a su posibilidad de despertar el espíritu del esfuerzo y del tesón, valiosos en cuanto a que mostraron caminos alternos, otras posibilidades, pero inexplicables en cuanto a afinar la mirada para desmontar la realidad circundante, estudiar el entorno, disectar las políticas y las prácticas gubernamentales para identificar su impacto social, imaginar alternativas posibles y sostenibles a problemas detectados…

La parte medular de las sesiones es la enfocada al tema del día, esta sesión correspondiente a la biocultura. La conducción de la sección, de toda la sesión, y de todo el programa, está a cargo del antropólogo Luis Martín Martínez, quien recordó su participación en la redacción de la iniciativa de Ley de Derechos Culturales del Estado de Tlaxcala, actualmente en proceso legislativo, aunque dejó en claro que la construcción de la propuesta fue un trabajo colectivo.

Inició su presentación recordando la primacía de la cultura colectiva de Tlaxcala, con su marcado énfasis en los ciclos agrícolas, lo que refuerza su carácter comunitario. Recordó después el nacimiento del concepto de derechos humanos, justo d4spués de la segunda guerra mundial, y justo como consecuencia de ella.

Subrayó la necesidad, en la ruta de conformación del observatorio cultural, de entender estos conceptos, comprender “nuestra propia comunidad, nuestras tradiciones y costumbres”.

Y entró en materia. Dijo que la gobernanza cultural es un enfoque plural, participativo y estratégico que busca equilibrar los intereses públicos y privados. Su aplicación asegura que no sea solo un objeto de consumo, sino un recurso compartido y sostenible para la transformación de toda la sociedad. La gobernanza cultural trasciende el modelo tradicional donde el Estado era el único decisor. Hoy se define como el ecosistema de políticas, procesos y actores que gestionan la cultura de manera horizontal.

La gobernanza significa un cambio de paradigma, donde se sustituye la visión verticalista por una red donde los políticos estatales comparten influencia con organizaciones no gubernamentales. Se generan, así, políticas indirectas que reconocen acciones que acciones en áreas como economía, educación o urbanismo tienen un impacto profundo y directo en el tejido cultural.

Y alienta la producción de significado, pues no se limita a museos. Se ocupa de cómo la sociedad genera símbolos, sistemas de conocimiento y formas cotidianas.

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