José Luis Puga Sánchez

Fue un pequeño y muy participativo grupo de trabajadores de la cultura que se reunió, en respuesta a una convocatoria abierta, para descargar anhelos y sinsabores en torno al sector cultural, muy marcadamente sobre el actuar institucional. Y lo primero que se dijo es que se desligan de la iniciativa de ley sobre derechos culturales actualmente en el Congreso local, por no provenir de toda la población que “nos dedicamos a las disciplinas artísticas”.

Pero ese deslinde no significó alejarse de las propuestas. Todo lo contrario. Ese fue el espíritu de la convocatoria y en ello se concentraron. El grupo de trabajadores de la cultura, liderados por Eduardo Ojeda Mejía, reunido en Tochtli Estudio Nomadx, recalcó que se trató de la primera plenaria de cuatro programadas, la final ya con Karen Villeda, secretaría de cultura, para enterarla de las problemáticas y las propuestas de solución recabadas en el proceso, también con presencia de administrativos de la dependencia, así como titulares de otras secretarías.

Uno de los temas torales propuestos en la plenaria es la constitución de un consejo ciudadano, un observatorio ciudadano, cuya función sería, desde la propia secretaría, acompañar, guiar y supervisar todas las actividades institucionales.

Se recalcó también la urgente necesidad de aplicar mecanismo de evaluación, de supervisión, de análisis, pues “si no evalúas, no tienes indicadores de qué efecto, qué impacto está teniendo tu programa, tu festival, tu evento, lo que sea que realices en la sociedad, para mí el arte no estaría cumpliendo su función, no tendría una incidencia social. Evaluar también el desempeño de los funcionarios públicos, porque si ellos reciben un presupuesto anual para generar programas, esos programas se deben evaluar para ver, no solamente si les llegaron a 100 personas, como les encanta hacer sus encuestas, que dan información cuantitativa, pero no cualitativa”.

Otro punto propuesto es fijar la obligatoriedad de hacer públicas todas las convocatorias institucionales para programas o proyectos de arte a nivel estatal. Además, hacer públicos también las condiciones y los requisitos, con sus tabuladores salariales, para cubrir necesidades técnicas o administrativas de personal, tales como curadores, ilustradores, etc., cuya disponibilidad también sería del dominio público. Además, difundir las bases técnicas, de experiencia y conocimientos sobre las que se contrata al personal eventual o permanente, si es que lo hay.

La publicación de los tabuladores salariales detendría el “desvío de recursos en programas”, pues permitiría corroborar que lo que el artista cobra es lo que el programa le asigna. “Ese desvío de recursos es evidente, todos lo saben y de cierta forma, por la necesidad o por miedo, no se hace público. La solución es la redistribución y transparencia en la gestión de presupuestos”. Además, eliminar las “trabas” que enfrenta el artista para finalmente cobrar un pago de la institución respecto a un servicio acordado y ya ofrecido.

Se pidió revisar el derecho a la salud para artistas.

Sentidos reproches hubo sobre el alejamiento oficial del concepto de pueblo, pues con la creación de las ciudades temáticas (de la cultura y el entretenimiento, de la salud, judicial, administrativa, de la juventud, etc.), la idea de pueblo, de comunidad, en su opinión se hace de lado.

Otro punto es considerar que los espacios que se desocupen con la creación de las ciudades temáticas, puedan ser usados por artistas para su producción, o para impartir talleres, conferencias…

Los plenarios subrayaron lo que ven como desarticulación entre la realidad artística y sus necesidades, con las políticas y/o premios institucionales. Ejemplo: el premio de artes visuales, desasociado con “lo que nosotros queremos investigar, explorar, con lo que se pide de hablar de Tlaxcala, pero con un sesgo que te corta desde el lado artístico, como una forma de manipulación, como de la forma que tendría que ser la cultura o el arte”.

El surtidor parece imparable: Hay en Tlaxcala pocos festivales sostenidos y con pagos dignos para los artistas. Los festivales –argumentaron- son punto de encuentro entre artistas, comunidad, personas de otros estados…

Las comunidades originarias, por otra parte, “estamos muy estigmatizados porque la visión del Estado es folclorizarnos. Estamos perdiendo nuestra lengua, nuestra vestimenta, nuestra forma de vivir. A veces lo indígena es moda. El español que ha avasallado a las lenguas, falta de oportunidades laborales…”.

Por tanto, que replanteen los conceptos de entretenimiento y cultura, además de construir herramientas o mecanismos de eventos con enfoque interseccional, que no es el mismo público, de una comunidad originaria a quien hay que llevarle un algo muy específico con enfoque comunitario.

A veces –se precisó- la cultura se usa como decoración institucional, no como una fuerza amigable de transformación social. Se utilizan, sí, todos los delineantes y discursos identitarios, pero rara vez se fortalecen las condiciones reales en que se sostiene la cultura.

Proponen, como alternativa, lanzar campañas de educación sobre la formación de nuevos públicos y campañas de sensibilización al público sobre el arte como profesión. “Formar públicos desde edades tempranas no va a transformar artistas, pero van a ser capaces de valorar su vida y entender, como ejemplo, los sistemas de mayordomías y ver cómo la comunidad toma la iniciativa”.

Muchos trabajadores culturales tienen miedo de hablar –revelaron- porque dependen laboralmente de las mismas estructuras que los invisibilizan. También hay un problema profundo de educación cultural.

Si una sociedad no aprende a convivir con el arte –se dijo-, tampoco aprende a lograrlo ni a conseguirlo. No basta con formar artistas, también necesitamos formar críticos. Vivimos una crisis de sensibilidad.

Ese su diagnóstico señala que hoy “todo debe ser rápido, rentable y constructivo. Y el arte necesita tiempo, reflexión y comunidad. Mucha gente talentosa termina yéndose de Tlaxcala porque siente que aquí no puede crecer. Se pagan más eventos culturales que realmente apoyar el arte. O sea, hay una expropiación del arte en las instituciones”. 

El arte debe sensibilizar, evolucionar a las personas. En caso contrario, el arte es entretenimiento, genera una cultura de consumismo, de destrucción del ambiente, de destrucción de nuestras raíces, de nuestra identidad, señalaron. 

Detectan, en otro sentido, la falta de comunicación inter gremial, lo que los foros recientes no han resuelto. Ah, pero achacan esa incomunicación a una desatención gubernamental, sin asumir responsabilidad de los creadores, ejecutantes o los portadores, desatención que tendría su punto fino en la inexistencia de una plataforma que facilite la comunicación entre ellas y ellos… La culpa es de la tecnología. Por ello, se pronuncian por construir una comunidad real entre artistas, gestores y colectivos, compartir espacios, contactos, conocimientos y comunidades. Su fin último sería conformar, en cierto sentido, un “sindicato de artistas”.

Otro sentido reclamo es dirigido hacia la anémica “política” de difusión institucional, pues desde su perspectiva la difusión solo se mueve por Instagram y por Facebook. Se debe cubrir con publicidad –especifican- las comunidades alrededor de los centros culturales, usar difusión en radio, medios digitales, perifoneo… “Hay menos públicos que nunca, porque todo ese público está en las redes sociales, está en otro tipo de lenguajes, está direccionado hacia las artes audiovisuales”. Además, existen bajos o nulos presupuestos para incentivar trabajos en investigación periodística.

Demandan apertura institucional a propuestas independientes, ya que se registra poca o nula participación de directivos y agentes institucionales en eventos independientes, o también escolares. Proponen, por ello, aumentar el número de escuelas de artes en el estado. Llevar proyectos artísticos a las escuelas, además de “Teatro en tu escuela”. Además, exigen se entreguen becas estatales, independientes de las federales.

Unánime y ferviente es la exigencia de desterrar el trabajo gratuito de los creadores, cuya aplicación ha motivado la existencia de un sector cultural que vive una “precarización normalizada”, pues se sigue manejando como “apoyos” los pagos que “en realidad” se dan por servicios profesionales ejercidos.

Como cereza en el pastel, demandan se ponga fin a la “violencia institucional” de algunas direcciones con su maltrato o trato grosero. A ello piden se sume resolver la poca o nula profesionalización en algunos directivos institucionales, así como diseñar y aplicar filtros, protocolos, investigaciones y sanciones contra la violencia de todo tipo: verbal, económica, sexual…

La cultura de Tlaxcala se presume, pero no se sostiene… Se dijo en la plenaria.

Y como corolario de la reunión entre alrededor de 15 agentes culturales, se pidió aplicar encuestas para detectar los “verdaderos líderes” que representen a los gremios artísticos. Y, bella pieza de diplomacia, se solicitó la convocatoria para encuentros presenciales. “Que el gobierno haga una comida para todas y todos los artistas”.

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