Editorial

Ana Lilia Rivera Rivera fue elegida coordinadora estatal de la defensa de la transformación y la soberanía nacional en Tlaxcala.

El cargo es considerado la antesala de la candidatura de su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), a la candidatura a la gubernatura del estado.

Todo indica que el hilo sucesorio de un grupo político, que nace con Emilio Sánchez Piedras, será interrumpido en la próxima elección estatal.

Esa línea tuvo un “descanso” con la gubernatura de Marco Antonio Mena Rodríguez, pero tal parece esa tregua fue solo para preparar el ascenso de las segundas generaciones del grupo.

Así llegó Lorena Cuéllar y así se pretendía sucediera con Alfonso Sánchez García… pero el hilo se rompió.

Ana Lilia Rivera es una política absolutamente alejada de los actuales cenáculos de poder. Es de extracción campesina y proveniente de una zona sin gran peso político y con poco más de 150 años de anexarse a Tlaxcala: Calpulalpan

Culturalmente sus raíces culturales son importantes, pues en el norte del Valle de México el pueblo acolhua fue el dominante, Calpulalpan tiene esa raíz y eso explica su muy reciente anexión al estado de Tlaxcala. Apenas siglo y medio.

La zona arqueológica de Sultepec-Tecoaque, a escasos kilómetros de Calpulalpan, fue habitada por acolhuas.

Ana Lilia Rivera tiene raíces culturales acolhuas.

Se desconoce aún su eventual programa de gobierno en caso de llegar a la gubernatura.

Nada se sabe aún de un posible equipo de trabajo.

Culturalmente, es defensora del maíz nativo.

Tal vez un atisbo de su posible accionar sería un mensaje que ella misma difundió en la red X: La justicia social debe estar en el centro de las decisiones públicas. No podemos hablar de desarrollo mientras las mayorías quedan al margen de sus beneficios. Defender la transformación exige mantener firme la convicción de que el bienestar de México comienza por quienes más lo necesitan.

¿Cómo podría ser de otra manera su sentido?

Habrá que esperar aún.

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