Recibe J. Concepción Jaén Gaspar el Premio Bellas Artes de Literatura Tlaxcala en Lenguas Indígenas

José Luis Puga Sánchez

Soy hñähñu y desde esta raíz hablo. Mi palabra está tejida con la tierra, con el murmullo del maguey, con el canto de la milpa y del monte. La poesía que nace de esta voz es presencia, resistencia y horizonte. Así se presentó J. Concepción Jaén Gaspar, ganador del Premio Bellas Artes de Literatura Tlaxcala en Lenguas Indígenas por la obra “Territorios ancestrales”, escrita en otomí/hñähñu de la región del Valle del Mezquital, Hidalgo.

En el Teatro Xicohténcatl, ante la gobernadora Lorena Cuéllar y la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), Alejandra de la Paz Nájera, el escritor hidalguense afirmó que “escribir en mi lengua significa afirmar que nuestra palabra respira en la comunidad y en el territorio, que puede tender un puente entre lo íntimo y lo colectivo, entre los saberes que recibimos y las preguntas de nuestro tiempo. Una raíz, sin embargo, no es una forma inmóvil; crece, busca el agua, se abre paso, así vive también nuestra lengua, cambia sin dejar de ser ella misma, se renueva en quienes la hablan y adquiere posibilidades nuevas en cada generación. El hñähñu no es una presencia detenida en el pasado. Nombra el presente y se abre hacia lo posible. En él conviven las palabras heredadas y la palabra que aún no existe, la experiencia de la comunidad y la imaginación de quienes vienen”.

Filósofo, poeta y traductor, Jaén Gaspar es ingeniero químico-industrial por el Instituto Politécnico Nacional, con un curioso caldo de estudios que involucran una licenciatura en filosofía y estudios de teología en Argentina. Y para él, un escritor en lenguas primigenias, antes que escritura, la poesía es percepción, es una manera de escuchar lo que dice la tierra y de dialogar con los elementos que sostienen la vida y el tiempo. Cada verso enlaza la experiencia, imaginación y dimensión espiritual, transforma lo cotidiano en símbolo y lo íntimo en palabra común. La poesía es metamorfosis, un arte vivo que se redefine en cada época.

Y se adentra en el sustrato. “En nuestras comunidades originarias, la palabra poética ha sido plegaria, rezo, conjuro, canto ritual y voz comunitaria. En ellas no existen pueblos menores. Cada lengua porta dignidad, conocimiento y sensibilidad. Una lengua no pertenece únicamente a los libros, a las academias ni a las instituciones, pertenece ante todo a quienes la hablan, a la madre que conversa con sus hijos, a quienes trabajan la tierra, a quienes nombran las plantas y los animales, a quienes transmiten sus saberes y sostienen la vida común”. Por ello –recalcó- este premio no reconoce solamente una obra, reconoce la fuerza creadora de una lengua y la dignidad de quienes la mantienen viva.

Su lectura trasciende los tiempos: Escribir en hñähñu –dijo- significa participar en ese movimiento. La poesía no conserva la lengua como una pieza del pasado, la escucha en el presente, la transforma y ensancha sus posibilidades, ahí donde una lengua ha sido reducida al silencio. Escribir es también ejercer el derecho a imaginar el mundo desde nosotros mismos, este reconocimiento nos invita a escuchar la oralidad que sostiene la vida colectiva. La oralidad no es ausencia de escritura, es otra forma de conocimiento, otra manera de preservar la experiencia y otra posibilidad de construir comunidad, esa voz cambia sin desaparecer, se renueva en quienes hablan, nombran, cantan y comparten el mundo desde su propia lengua.

Autor de cuatro libros, ‘Marcha y olvido’, ‘Canto roto’, ‘Tentación de luna’ y ‘Aleteos de colibrí’, reconoció que vivimos un tiempo marcado por el desplazamiento de comunidades, el deterioro de los territorios y la conversión del agua y de la tierra en mercancías. Frente a esas realidades, dijo que la poesía en lenguas originarias afirma nuestra existencia y nuestra capacidad de nombrar el presente. Escuchar a quienes han sido marginados o silenciados, es un principio de justicia y una condición de la vida democrática. “Defender la diversidad lingüística no significa separar nuestras voces, sino garantizar que ninguna de ellas tenga que desaparecer para que otra pueda ser escuchada. México no habla desde una sola lengua, ni desde una sola experiencia, su riqueza reside en la convivencia de distintos mundos y en el derecho de cada pueblo a nombrarse desde su propia palabra. Este premio honra a quienes escribimos en lenguas originarias, pero también a quienes la hablan cada día sin publicar un libro y sostienen con su voz la riqueza cultural de México. Al mismo tiempo nos recuerda que hablar y escribir en una lengua indígena continúa siendo un desafío, persiste la exclusión, la marginación y las dificultades materiales y editoriales que limitan la publicación y la circulación de nuestras obras”.

Los reconocimientos alcanzan su sentido más pleno –sentenció- cuando se convierten en condiciones duraderas para crear, publicar, traducir, enseñar y leer en nuestras lenguas. “La diversidad lingüística necesita celebraciones como esta, pero también políticas públicas, espacios editoriales, presencia educativa y comunidades de lectura. Necesita que las nuevas generaciones encuentren en su lengua no un motivo de exclusión, sino una fuente de conocimiento, creación y dignidad”.

Que este acto sea testimonio –concluyó- de que la diversidad lingüística constituye una de las mayores riquezas de México. Que ninguna lengua sea considerada menor, que ninguna comunidad tenga que renunciar a su palabra para participar en la vida cultural de nuestro país, que la poesía en lenguas originarias continúe abriendo caminos de dignidad, justicia y belleza, que nuestra palabra siga siendo raíz y horizonte, presencia y posibilidad, resistencia y campo, que ya hay territorios ancestrales, sea apenas una pequeña continuidad de esa conversación iniciada hace mucho antes de nosotros y que continúe cuando ya no estemos.

Lorena Cuéllar Cisneros destacó en su momento que Tlaxcala es el único estado del país que cuenta con un premio bella artes de literatura dedicado específicamente a las lenguas indígenas, creado en 2025 en coordinación con la Secretaría de Cultura federal y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), para reconocer la creación literaria en lenguas originarias y ampliar su presencia en libros, espacios culturales y comunidades.

En este gobierno –recalcó- decidimos trabajar para fomentar la cultura, pero sobre todo que nuestros pueblos originarios tuvieran un lugar digno. Me comprometí a construir la Universidad Intercultural y hoy es una realidad, tenemos una universidad que precisamente guarda el pasado, pero también lo hace presente. Decidimos tener una licenciatura en artes visuales y plástica, en música, en arte textil, decidimos también tener la maestría en museografía y curaduría que era muy importante para Tlaxcala.

Estamos construyendo en este momento –remarcó- el centro cultural Yolanda Ramos 500 años, que será también una ventana importante a la cultura de todos los tlaxcaltecas. Estamos por iniciar la construcción de lo que será el Conservatorio Estatal de Música. Y todo eso es arte, es precisamente lo que ustedes han pedido, que no se pierdan nuestras tradiciones, que sigamos fomentando a nuestros pueblos originarios, pero sobre todo que la cultura siempre siga brillando en el estado de Tlaxcala y perdure por siempre.

La directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), Alejandra de la Paz Nájera, expresó que hablar de literatura en lenguas originarias es hablar de creación contemporánea, es hablar de escritores, escritoras, que sienten, construyen y experimentan con el lenguaje para expresar ideas, sentimientos, posturas y distintas perspectivas sobre el mundo. Es una literatura –dijo- que dialoga con otras tradiciones y participa plenamente de la conversación cultural de nuestro tiempo. México es un país plural y lingüísticamente diverso, diversidad que no es estática, se mueve, cambia, incorpora nuevas experiencias y encuentra nuevas formas de expresión. Otorgar el Premio Bellas Artes de Literatura Tlaxcala en Lenguas Indígenas 2026, significa contribuir a que estas obras encuentren lectores, circulen y puedan generar nuevas reflexiones y conversaciones.

En un Teatro Xicohténcatl apuntalado por alumnos de cuatro escuelas: una primaria, dos de nivel medio superior y de la Universidad Intercultural de Tlaxcala, se leyó que en su valoración, el jurado destacó el manejo de recursos poéticos como la sinestesia y la metáfora, así como la presencia de elementos profundamente vinculados con el entorno comunitario, el trabajo en el campo, los paisajes desérticos, la medicina tradicional, la maternidad, el erotismo, la relación con los astros, los seres cerrados y distintos momentos de la vida cotidiana.

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