Editorial

El penetrante estudio del historiador Enrique Florescano, vuelto a publicar en este número 158 de Piedra de Toque, arroja luces y proporciona un lente por el cual observar el trajinar actual de la institución de cultura en el estado de Tlaxcala.

Florescano, en su ensayo, hace distinciones sobre la definición de “patrimonio”: lo universal frente a lo particular, lo institucional ante lo social.

Lo establece como herramienta de dominio hegemónico de un grupo político e ideológico frente a una sociedad dominada.

Recuerda que en los siglos XIX y XX, pese a todo, se reprodujeron los mecanismos de dominación propios del etnocentrismo occidental, en busca de una identidad propia.

Y arroja un postulado: El patrimonio nacional, producto de un proceso histórico, es una realidad que se va conformando a partir del rejuego de los distintos intereses sociales y políticos de la nación, por lo que su uso también está determinado por los diferentes sectores que concurren en el seno de la sociedad.

Extrapolada, su hipótesis permite auscultar algunos rasgos del devenir hoy día de la Secretaría de Cultura en Tlaxcala.

Con año y medio en el cargo, la actual titular de Cultura, Karen Álvarez Villeda, recurre aun municipios para firmar acuerdos que hablan de hipotéticos futuros. Se busca, dice, ensamblar programas, recursos e intereses. Nada concreto en presente. Todo a futuro. Un futuro que adelgaza vertiginosamente.

Claro, puede argumentarse, como ejemplo contrario, el exuberante festejo de los 500 años de la ciudad de Tlaxcala, pero ese cumpleaños ha sido duramente criticado por su dispendio de dinero sin organicidad, sin transparencia, por su afán de mayoritariamente proveer distracción y diversión, antes que conocimiento y reflexión; por la terrible valoración de la comisión interinstitucional coordinadora, que abandonó la ciudad homenajeada, seriamente lastimada por una serie de eventos climáticos sin precedente, para no distraer la programación de la fiesta. La ciudad y la ciudadanía quedaron inermes.

El conversatorio sobre políticas culturales, desarrollado días atrás, mostró una falta de interés por avanzar en la construcción real de un andamiaje legal sólido, amplio y contemporáneo que aliente el florecimiento cultural en la entidad.

La iniciativa de ley de derechos culturales para el estado de Tlaxcala, ya con dos años en trabajo legislativo, solo poco más que el tiempo en el cargo de la actual titularidad en la Secretaría de Cultura.

¿Y cuál es su avance?

Cierto, la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología del Congreso local es, en esta fase, la primera responsable del proceso, y quien debiera informar. Pero se trata de la ley de derechos culturales. De fondo es responsabilidad de la Secretaría de Cultura.

¡No ha sido así!

Quejas, reproches, desencantos e irritaciones suben en los gremios artísticos, en agentes culturales, en investigadores, en la sociedad…

Resta año y medio de labor a la actual administración gubernamental estatal.

Un año de trabajo afectivo, antes de los cierres e informes.

Un año para la Secretaría de Cultura es mucho tiempo, cuando ha arrojado por la borda casi dos años para construir programas y tejer alianzas con los gremios culturales. Un año por delante parece minúsculo, más aún cuando no está en planes hacerlo…

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