Xochitiotzin ilustra la migración tlaxcalteca

José Luis Puga Sánchez

Un día, en junio de 1591, 400 familias, o 324 familias, partieron de varias poblaciones de Tlaxcala hacia la aventura de colonizar la “gran chichimeca”. Tenían la encomienda virreinal de edificar poblados en todo el norte de la Nueva España, desalojando a los pueblos semi nómadas que se desplazaban continuamente por ese territorio que llegó hasta Nuevo México. Pero la sangre tlaxcalteca se esparció en muchas otras regiones del planeta, como Centro y Sudamérica, hasta Perú, así como hasta las lejanas Filipinas en el lejano oriente.

Francisco Mendoza, con estudios de maestría en historia, pero también psicólogo, actor, director y productor teatral, además de jugador, entrenador y juez internacional en tenis de mesa, en el Museo de la Memoria realizó, con ánimo de divulgación, un somero vuelo reconstructivo sobre ese periodo histórico

Aceptó de entrada la incertidumbre existente sobre el número correcto de familias que emprendieron el viaje, 400 o 324, pero sorteó esa polémica para centrarse mejor en su valor en la construcción del proceso identitario mexicano. Dijo: Somos mestizos: la parte originaria y la parte europea, pues la mitad es española y la otra mitad árabe, quienes por 700 años dominaron la península Ibérica. “Entonces, yo soy mitad mexicano, 25% español y 25% árabe. 

Empero, aceptó que los pueblos originarios tenían, en ese momento, diversos problemas entre sí, pero se ha “satanizado la problemática entre Tlaxcala y los mexicas. Se ha satanizado por completo con un objetivo: mantenernos desunidos, desconfiar unos de otros. Pero todos, todos venimos del norte del continente. Todos venimos de las migraciones del norte. Tlaxcaltecas, matlazincas, cholultecas, texcocanos… todos somos hermanos… Y esa satanización persiste hasta la actualidad”.

Reprochó la falta de unión actual entre los mexicanos. “Tenemos problemas porque los campechanos no se llevan con los yucatecos, los de Nuevo León no se llevan con los de Coahuila; en el área del sur de Coahuila tenemos Lerdo, tenemos Torreón y tenemos Gómez Palacio, Durango, y las tres ciudades pegadas no se llevan. Los de Baja Norte con los de Baja Sur, los de Oaxaca con los de Puebla… Y nadie se lleva con los chilangos, no nada más uno…. ¡con nadie!”.

Con esa idea regresa en el tiempo al conflicto antiguo entre tlaxcaltecas y mexicas. “De pronto los cuatro barrios se unen y Xicohténcatl del viejo decide apoyar a los españoles, porque Tlaxcala estaba sitiada y no les llegaba la sal para conservar los alimentos, no se les permitía el algodón y tenían que utilizar otro tipo de fibras para la ropa. Los tlaxcaltecas descubren entonces a Cortés y lo que significaba. Después de algunas batallas, se unen contra los mexicas, pero a Cortés solo le importaba el oro y a plata. Pero no queramos tapar el sol con un dedo. Para conquistar estas tierras llegaron aventureros, tahúres, jugadores, violadores; no llegaron médicos, científicos o artistas. Después llegaría gente tan valiosa como Motolinía, como los franciscanos, los jesuitas, los agustinos, los dominicos…. Gente que vino a enseñar”.

Señala la sucesión de masacres, como la matanza de cuatro días en Cholula, o la batalla del Templo Mayor. En Tlaxcala también hubo batallas, remarca, pero llegan los evangelizadores y se abocan a “convencer” a los indígenas para que “adopten” la religión católica; además, emplean otra estrategia, ya usada en Europa por miles de años, para tejer alianzas: los casamientos. Así, Pedro de Alvarado se casa con la hermana de Xicohténcatl el joven, Luisa Xicohténcatl, y se la lleva a sus viajes. Ambos están enterrados en Guatemala. Por tanto, Pedro de Alvarado fue cuñado de Xicohténcatl el joven. Hernán Cortés también tuvo mujeres aquí, entre ellos Marina (Malintzi) y él estaba casado con Catalina. 

Señaló la presencia tlaxcalteca en Centroamérica y en Sudamérica, hasta el Perú, donde algunos pelearon con Pizarro, para seguir alimentando la idea de la traición. Otros grupos de tlaxcaltecas llegaron hasta las lejanas Filipinas, algunos más emprendieron la marcha al norte de México.

“Si ustedes van un día al Perú, busquen el apellido Mexicano. Hay mucha gente en Perú con ese apellido: Pedro López Mexicano, Agustín Mexicano Yáñez, Leonor Mexicano Pérez. Todos los que tienen el apellido ‘Mexicano’ son descendientes de tlaxcaltecas. Porque allá hablaban el quechua y no entendían la lengua de los tlaxcaltecas. Entonces decían, ¿de dónde vienen? Pues de México… ah, son mexicanos… y se les quedó como apellido. Y hay muchos descendientes tlaxcaltecas en el Perú”.

Se instaura Antonio de Mendoza, el Moro, como primer virrey, quien encuentra la zona norte del virreinato habitada por pueblos pequeños, semi nómadas, cada quien con cultura propia. Esa característica de movilidad social dificultaba su “control”. “Nunca, en 300 años, pudieron dominar la zona chichimeca”.

El segundo virrey, Luis de Velasco, toma la decisión de fundar ciudades en el norte, que puedan servir como puntos de control en la zona, además de facilitar el acceso a las minas de la región. Para ello invita a mil familias tlaxcaltecas “voluntarias” para que poblaran el norte del virreinato, pero finalmente se reunieron 400 familias.

Como aliciente para motivar a esas familias, el virrey les ofreció las capitulaciones: no pagar impuestos, autorización para montar caballos (los indígenas lo tenían prohibido), les permite tener armas, les ofrece instrumentos de labranza, se les permite tener títulos nobiliarios y se les permite usar cinturón, lo que significaba que su nombre podía ya ser antecedido por el “Don” o el “Doña”, que incluso era un título de nobleza hereditario.

El grupo de indígenas tlaxcaltecas que emprendió el viaje, un viaje muuyyy lento por ser los carromatos tirados con bueyes, tuvo en sus entrañas numerosos jóvenes, jóvenes de 18, 20, 22 años. “Acuérdense que se casaban a muy pronta edad. Había parejas recién casadas o con niños muy pequeños. Fue la gente que escogieron para que resistieran el viaje. No se iban de vacaciones. No era un viaje sencillo”. 

Tras cuatro o seis meses de viaje, la gente de Ocotelulco llegará hasta la Nueva Galicia, hoy la zona de Jalisco y Zacatecas. La gente de Tizatlán va a llegar a Nuevo León, a Durango y a Coahuila. La gente de Quiahuixtlán llegó a Jalisco, Colima y Nayarit. Los de Tepeticpac arribaron a San Luis Potosí. En varias de estas zonas las primeras poblaciones fueron fundadas por tlaxcaltecas, pues los pueblos nativos eran semi nómadas.

Los combates con los indígenas originarios fueron cruentos, “hubo muchos muertos, muchos enfrentamientos con los pueblos chichimecas. Los migrantes tlaxcaltecas llegaron muy arriba de Mesoamérica, hasta Nuevo México

El aliciente de las familias tlaxcaltecas fue la negociación acordada entre el gobierno virreinal y el cabildo de Tlaxcala, lo que les permitiría formar pueblos propios, con sus propias autoridades; poblaciones separadas de los españoles. El acuerdo involucraba tierras y recursos, protección para sus tierras, autonomía y gobierno, separación de otras poblaciones, apoyo para establecerse, conservarían sus privilegios, armas y caballos y privilegios permanentes. 

Pero los tlaxcaltecas no fueron el único pueblo que viajó para colonizar la “gran chichimeca”. Juntos a ellos viajaron mexicas, otomíes, mixtecos, purépechas… “Badiraguato, donde nació el chapo Guzmán, fue fundado por purépechas”.

Pedro de Alvarado también llevó tlaxcaltecas a luchar contra los mayas, el último pueblo de lo que actualmente es México, conquistado a finales del siglo XVII. Les llevó 150 años conquistar al pueblo maya, porque los mayas se metieron a la selva y “a ver, sácame de aquí”. 

O sea –dice Mendoza- la sangre tlaxcalteca se regó por muchas partes. Estamos hablando del norte del Virreinato, del centro del país y estamos hablando de la península de Yucatán. Capitales fundadas por tlaxcaltecas son Saltillo, Coahuila; San Luis Potosí, varias poblaciones de Sinaloa, en Puebla, en Guatemala. Tlaxcaltecas en Perú, en Filipinas donde hay narraciones que dan cuenta de enfrentamientos de tlaxcaltecas con los famosos samuráis japoneses. 

Y de la Nueva España salieron y salieron galeones de monedas acuñadas con la plata extraída de las minas en el norte del país.

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